Consumo y Producción / Desarrollo sostenible

Diagnóstico para hoja de ruta identifica brechas, oportunidades y desafíos para establecer la economía circular en Chile

Infraestructura, normativa, financiamiento, e incluso el proceso de desindustrialización del país en las últimas décadas, dan cuenta de una serie de desafíos a abordar para implementar la economía circular, de acuerdo a un diagnóstico elaborado por Fundación Eurochile. Sin embargo, señala, uno de los aspectos más críticos “es la falta de concientización del amplio alcance de esta, que va más allá del reciclaje”. No obstante, hay oportunidades para contrarrestar este escenario, principalmente por “el interés que hoy en día existe, en el sector público y privado, y el gran poder de convocatoria que tiene la economía circular”. El objetivo final de la hoja de ruta será entregar una dirección clara para los próximos 20 años, para permitir una transición efectiva a la economía circular como herramienta crítica para enfrentar los desafíos económicos, sociales y ambientales de la crisis climática.

Jorge Molina Alomar | 8 Jun 2020 a las 6:00 am
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Hace un mes, el Ministerio del Medio Ambiente inició formalmente el trabajo para elaborar una hoja de ruta que guíe el camino a la instalación de la economía circular en Chile, con la primera reunión de los miembros del Comité Estratégico que ayudará a fijar los lineamientos y medidas específicas para ello. Se trata de un grupo compuesto por 25 representantes de la industria, la academia, organizaciones ciudadanas, organismos públicos y expertos en la materia, a los que se suman representantes de siete ministerios.

El trabajo está avanzando, y ya hay cinco grandes objetivos trazados: conectar a los actores clave para el desarrollo de la economía circular en el país; imaginar cómo se verá el “Chile Circular” del futuro, al año 2040;  consensuar los grandes cambios que deben tener lugar para lograr esta visión; diseñar la estrategia y el plan de acción para ello, y relevar el tema de la economía circular en el país.

Las metas de la hoja de ruta, en tanto, se estructuraron en cuatro ejes, que son la obtención de materias primas, producción, consumo y servicios, y gestión de residuos. Y al mismo tiempo, ya hay un primer objetivo sobre la mesa por parte del ministerio, y es lograr que al año 2040 el 10% de residuos domiciliarios -como máximo- sean enviados a un relleno sanitario, frente al 96% que se registra en la actualidad y que tiene a Chile en el penúltimo lugar de la OCDE en esta materia, solo detrás de Turquía.

Según una encuesta reciente elaborada por Fundación Eurochile -entidad que lidera el trabajo de elaboración de la hoja de ruta- a más de 3.400 personas, un 75% de ellas declara separar y reciclar sus residuos, y principalmente lo hacen con botellas plásticas, vidrios, cartón y papel, latas y envases de cartón para bebidas. Además, un 66% se mostró dispuesto a arrendar -en vez de comprar- productos como maquinarias menores, autos, lavadoras o teléfonos, mientras que casi un 90% de ellos afirma que la capacidad de reutilización es relevante al momento de elegir un producto.

A simple vista, parecen cifras auspiciosas para la instalación de la economía circular en Chile. Más aún, un 74% de ellos piensa que sus decisiones de compra influyen en los productos que se ofrecen en el mercado, el 62% sabe lo que es la economía circular, y el 92% dice que es probable que compre un producto o servicio que sea amigable con el medio ambiente. Sin embargo, solo un 10% de las personas encuestadas estaría dispuesta a pagar más por un producto hecho con materiales reciclados o componentes reutilizados, y más de 40% dice que la información de reutilizabilidad de un producto es de difícil acceso.

¿Cuáles son hoy las brechas, oportunidades y desafíos que existen para la implementación de la economía circular en Chile? En la segunda reunión del Comité Estratégico de la hoja de ruta, realizada la semana pasada, Fundación Eurochile presentó a la mesa un informe de diagnóstico donde se presentaron los principales avances del país en esta materia.

Según señala el documento, “la economía circular plantea un cambio sistemático radical, despidiéndose de modelos de producción lineales y apuntando a mantener el valor de los recursos, materiales y productos por el mayor tiempo posible y eliminar el concepto de residuo a través del ecodiseño, reparación y remanufactura de productos, recirculación y/o reciclaje de materiales, entre otros, valorizando la innovación y promoviendo el desarrollo de nuevos modelos de negocio”.

Un cambio, agrega, para el que la crisis sanitaria y económica provocada por el Covid-19 “establece un nuevo contexto y precedentes que nos presentan la oportunidad de proponer el modelo circular como una de las soluciones a la crisis social, económica y climática, dejándonos con la tarea y el desafío de establecer, a través de la hoja de ruta, una visión de futuro atractiva con lineamientos y acciones claras que permitan poner en marcha una transformación profunda de la economía chilena, alineada con los conceptos de la economía circular”.

“En algunas áreas de la economía circular no existe suficiente conocimiento previo de ‘cómo hacer las cosas’, por lo que se da que hay bastantes profesionales que han desarrollado un interés en temas circulares y que han desarrollado capacidades por cuenta propia, o dentro de la organización en que se desempeñan, a través de la prueba y el error”

Capacidades e infraestructura en el país

Y para ello, señala el diagnóstico, a nivel de capacidades e infraestructura existentes para la adopción de la economía circular en el país ya existe un número importante acciones que están ayudando en este avance, como la Estrategia de Crecimiento Verde del Ministerio del Medio Ambiente, la Estrategia Nacional de Electromovilidad (MMA, Energía, Transportes), los instrumentos de fomento de Corfo orientados a impulsar una economía más sustentable, el fuerte impulso a las energías renovables en el sector energético, y la nuevas tendencias de mercado en el retail que marcan la entrada de la segunda mano o el arriendo para varios productos.

Sin embargo, también existen brechas importantes. Por ejemplo, el desarrollo de instrumentos económicos que apoyen el reciclaje inclusivo, y la disposición de infraestructura y maquinaria, son áreas que requieren ser fortalecidas para aumentar la capacidad de acopio y entregar un material de mayor valor. “La ausencia de estas medidas imposibilita la implementación de la economía circular”, plantea el informe.

En cuanto a la existencia de proyectos colaborativos en ciencia, tecnología e innovación, se identifican numerosas iniciativas que demuestran el interés que existe en el país por desarrollar ideas innovadoras que resulten en prototipos más circulares y tecnologías limpias, así como plataformas que aportan en la transición a una economía circular, como el Centro de Desarrollo Tecnológico de Economía Circular que se está levantando en el norte del país. A esto se suman, por ejemplo, 20 Fab Labs a lo largo del país -13 de ellos en la Región Metropolitana, espacios de creación e innovación que pueden apoyar el desarrollo de prototipos ecodiseñados y otras iniciativas relacionadas con la economía circular.
En cuanto a la infraestructura física para el reciclaje y valorización en el país, se toma como base un estudio realizado por el Ministerio del Medio Ambiente que identifica la existencia de 7.186 puntos verdes, 98 puntos limpios y 54 empresas valorizadoras de residuos -la mayoría concentrada en Santiago-, además de 216 centros de acopio.

El capital humano también tendrá un rol importante en esta transformación, y deberá comprender y tener conocimientos sobre ecodiseño, valorización de materiales y modelos de negocio asociados al reuso y remanufactura, entre otros. Para implementarla, señala el informe, “este capital humano debe estar inserto en los distintos sectores productivos”.

Si bien en Chile existen variados centros de generación y capacitación de capital humano en esta materia, dice el documento, “en algunas áreas de la economía circular no existe suficiente conocimiento previo de ‘cómo hacer las cosas’, por lo que se da que hay bastantes profesionales que han desarrollado un interés en temas circulares y que han desarrollado capacidades por cuenta propia, o dentro de la organización en que se desempeñan, a través de la prueba y el error”.

“En general -agrega- si bien hay algunos esfuerzos por actualizar los currículos en las universidades y otros centros de educación superior, y ofrecer cursos de posgrado y diplomados en economía circular, en algunas de las entrevistas se calificó a la academia como el sector más rezagado en Chile respecto de la adopción de la economía circular”.

Aún así, plantea, ya existe un número importante de casos exitosos de economía circular en Chile, que pueden tener un efecto demostrativo para impulsar otros proyectos similares. Uno de los más citados en las entrevistas realizadas para el informe de diagnóstico fue el proyecto “Atando cabos” de Comberplast, así como la biofactoría de Aguas Andinas –“es un ejemplo de cómo una empresa grande y tradicional puede innovar y repensar su modelo de negocio”-, Ecocarga como ejemplo de una iniciativa que se atrevió a romper esquemas, el rol de TriCiclos en la promoción y difusión de la economía circular, y el proyecto F4F por sub alto nivel de innovación.

“En Chile se dificulta convertir los residuos reciclados en insumos para procesos productivos, pues sucede que a veces no hay quien transforme, repare o adapte. Esto a causa de la destrucción de la industria nacional por la apertura de mercado internacional, que ha tenido muchos beneficios pero también cosas negativas”.

Principales brechas existentes

El informe también realiza un levantamiento de las brechas existentes en el país para la implementación de la economía circular, aunque hace hincapié en que se trata aún de un concepto nuevo -incluso a nivel global-, por lo que su comprensión e incorporación es aún incipiente.

No obstante ello, señala, en materia de capital humano “la falta de competencias y conocimiento en temáticas de la economía circular es transversal a todos los rubros productivos analizados en este estudio, ya sea desde la definición de sus estrategias productivas hasta los modelos de negocio adoptados”, por lo que se visualiza desde ya como una materia prioritaria de abordar.

Lo mismo ocurre con las tecnologías genéricas necesarias para la adopción de la economía circular, entre ellas las tecnologías y procesos de separación de residuos y reciclaje, de remanufactura o de reparación, nuevas tecnologías de materiales y tecnologías 4.0, entre otras. “Su manejo -dice el informe-, así como también su transmisión a los trabajadores de la empresa o sector, es clave para avanzar en la implementación de conceptos de economía circular en el ramo industrial”.

Aquí, sin embargo, aparecen algunos problemas estructurales. El primero es que el proceso de desindustrialización que tuvo Chile a fines de los 70 fue un freno para la instalación de esas tecnologías genéricas en el país, por lo que se considera necesario volver a instalar esas capacidades técnicas y tecnológicas.

“Si bien varias de estas tecnologías existen a nivel mundial, incluso en Chile, falta su adopción sistemática en las empresas del país -grandes y pymes-, brecha que es necesaria abordar y que implica cambios culturales y de estrategia económica que Chile debe enfrentar a largo plazo”, afirma el reporte.

El problema es que esto ha llevado a una falta de industrias nacionales y a un alto nivel de importación de productos de consumo e insumos para sectores primarios, a la vez que existe una carencia de simbiosis industrial que permita un uso eficiente de materias primas, insumos, líneas de energía y logística. Según señala uno de los expertos consultados para este informe, en Chile “se dificulta convertir los residuos reciclados en insumos para procesos productivos, pues sucede que a veces no hay quien transforme, repare o adapte. Esto a causa de la destrucción de la industria nacional por la apertura de mercado internacional, que ha tenido muchos beneficios pero también cosas negativas”.

Esto tiene además un segundo efecto, que redunda en brechas de acceso a mercado. Cómo el país importa muchos productos desarrollados bajo un modelo lineal, existe una oferta de productos a bajos precios que limita la competencia de productos locales eventualmente más sustentables. Además, como en nuestra economía muchas de las empresas chilenas representan solo una parte de la cadena, y existen muy pocos productos cuyo ciclo completo se haga en Chile, es muy difícil hacerlos circulares si parte de los procesos se realizan en otros continentes.

A ello se suman una serie de brechas normativas y de estandarización, de financiamiento y de infraestructura ya conocidas, a lo que se suma también una brecha cultural para la implementación de la economía circular. “Un aspecto crítico que fue mencionado por muchos de los entrevistados es la falta de confianza en procesos de articulación y colaboración, tanto en el sector público como en el sector privado, donde las empresas trabajan en forma aislada: no hay clusters ni otros mecanismos de colaboración entre empresas para abordar desafíos precompetitivos o sectoriales”, señala el informe.

“Si Chile tiene la capacidad de adaptar sus procesos para cumplir con esos nuevos requerimientos, se abre un mercado europeo con alto potencial para los sectores de la industria chilena que más exportan a Europa: minero, forestal, vitivinícola, agrícola, pesquero y químico”

Oportunidades para instalar la economía circular en Chile

Según la Fundación Ellen MacArthur, la transición hacia una economía circular en Europa podría aumentar la eficiencia de recursos en un 3% para 2030, generando ahorros por 600 millones de euros y otros 1,8 billones en beneficios económicos. Y en América Latina y el Caribe, la CEPAL afirma que podría generar 4,8 millones de empleos netos en 2030.

Por ello, en el sector empresarial se identifican oportunidades que surgen de las tendencias en los mercados internacionales, y empresas multinacionales instaladas en el país ya están estableciendo requerimientos en esta materia para sus filiales chilenas.

A nivel de mercados, una de las iniciativas que se mira con mayor atención es el Pacto Verde europeo, “que es a la vez un riesgo y una oportunidad para Chile”, señala el informe. “Si el país logra sumarse de forma temprana a la propuesta de la Unión Europea, de generar un acuerdo internacional sobre la gestión de recursos naturales, puede posicionarse como un aliado comercial estratégico de la UE”.

Esto porque, entre otras cosas, dicho pacto propondrá a través de una “regulación verde” un mecanismo de ajuste o impuesto de carbono en frontera para sectores específicos, para que el precio de las importaciones refleje con más precisión su contenido de carbono. “Si Chile tiene la capacidad de adaptar sus procesos para cumplir con esos nuevos requerimientos, se abre un mercado europeo con alto potencial para los sectores de la industria chilena que más exportan a Europa: minero, forestal, vitivinícola, agrícola, pesquero y químico”, señala el documento.

A nivel de procesos productivos, en tanto, se plantea que “una oportunidad interesante de mencionar nace paradójicamente de la economía extractiva en la que Chile basa su desarrollo, y esta es la especialización basada en recursos naturales como preparación para la inserción exitosa en lo que podría ser la próxima revolución tecnológica, probablemente basada en las ciencias de la vida y de materiales, donde la economía circular sea el sistema coordinador”.

Y en cuanto a nuevos bienes y servicios, plantea el documento, al tener una gran variedad de recursos naturales -renovables y no renovables-, Chile tiene la oportunidad de innovar en el desarrollo de materiales y productos, tanto del ciclo técnico como biológico. Por ejemplo, ecomateriales sostenibles a partir de la madera y otros recursos naturales renovables.

“Además, estos nuevos modelos de negocio en general están asociados a productos y servicios más ‘a la medida’, adaptados a las especificidades y necesidades de la región y ecosistema donde se desarrollan, fomentando así el desarrollo de las economías locales, aumentando la resiliencia de esos territorios y generando empleos”, agrega.

En definitiva, si bien el informe de diagnóstico elaborado por la Fundación Eurochile afirma que existen aún muchas brechas por superar para la adopción de la economía circular en Chile, donde “un aspecto crítico es la falta de concientización de la existencia del amplio alcance de esta, que va más allá de la gestión de residuos y el reciclaje”, también afirma que una oportunidad que se vislumbra como clave para contrarrestar este escenario “es el interés que hoy en día existe, tanto en el sector público como el privado, y el gran poder de convocatoria que tiene la economía circular”.

Además, plantea, se suma la oportunidad que entrega la crisis climática y una crisis social y económica a causa de la pandemia por el coronavirus “que se proyecta profunda, dejando de manifiesto que se necesitan modelos robustos, resilientes e inclusivos, configurándose la economía circular como un modelo para alcanzar esa robustez”.

“Estas crisis -concluye en informe- han permitido demostrar la rapidez con la cual los gobiernos pueden adaptar sus políticas, y el sector empresarial transformarse y reinventarse cuando los objetivos están claros. Ese es el propósito de esta hoja de ruta, el de entregar objetivos y una dirección clara para los próximos 20 años, para permitir una transición efectiva a la economía circular que, sin duda, es una herramienta crítica para enfrentar los desafíos económicos, sociales y ambientales de la crisis climática”.

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