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Karübag: el servicio que transforma toneladas de residuos orgánicos en abono para plantas

Fundada por Matías Bravo en 2017, la empresa de compostaje gestiona los desechos de más de mil hogares de Santiago y otras ciudades, cifra que esperan duplicar de aquí a fin de año. Los desperdicios recolectados semanalmente con una minuciosa logística son trasladados a Lampa, donde las lombrices californianas esperan para hacer su trabajo y transformarlas en humus.

Luis Valenzuela | 15 Mar 2019 a las 6:30 am

El trabajo de Matías Bravo (27) se resume en recoger baldes de residuos orgánicos de las casas de sus clientes, y a cambio devolver una bolsa de humus de lombriz que da vida hasta al jardín más moribundo. Entre ambas acciones, eso sí, hay tres meses de distancia y un proceso de compostaje que la empresa Karübag realiza en la comuna de Lampa.

“Esperan ansiosos, les cuesta aguardar los 90 días. Una usuaria nos dijo que tenía una plantita que estaba muriendo y que, gracias al humus, al otro día la planta estaba como nueva”, cuenta el ingeniero comercial.

La principal complejidad de este servicio ha sido dar cobertura en 15 comunas de la Región Metropolitana y una docena en regiones. Hace apenas un año esta startup gestionaba cerca de 300 kilos de basura mensualmente, y la proyección es que este mes recogerán 15 toneladas.

“Cuando llega el residuo a la compostera es el último paso. Hay una logística gigantesca para hacer el retiro semanal a domicilio. Son mil baldes. Y esa cifra va aumentando constantemente, estamos con 30 clientes nuevos cada semana. Proyectamos tener 2500. Ese es el challengemás grande, que nos ha costado miles de dolores de cabeza y noches sin dormir”, añade Bravo.

“En un año hemos recolectado 60 toneladas, y la cifra ha ido aumentado exponencialmente. Comencé solo haciendo todo, después con un ayudante para trabajar en las inscripciones. Ahora somos dos ingenieros que nos encargamos de la logística, más dos ayudantes y cuatro choferes, dos personas que se encargan del compostaje en terreno y entre 10 y 15 ciclistas. Esto sin considerar al personal en las regiones”, profundiza.

“El interés y conciencia van creciendo cada día, mucha gente no recicla porque no están las oportunidades o porque no saben cómo hacerlo. Hasta el día de hoy pasa que algunos clientes denominan como compost a los residuos del balde. Y eso aún no es compost»

Matías Bravo, fundador de Karübag.

El ejemplo canadiense

Los clientes de Karübag se concentran en Santiago y en ciudades como Viña del Mar, Concepción y Rancagua. El 90% son mujeres y sus edades van entre 25 y 35 años. Todos comparten la preocupación por problemáticas medioambientales, si bien hay conceptos que aún no son masivos. Según la Encuesta Nacional de Medioambiente 2018, entre quienes reciclan solo un 10% separa residuos orgánicos.

“El interés y conciencia van creciendo cada día, mucha gente no recicla porque no están las oportunidades o porque no saben cómo hacerlo. Hasta el día de hoy pasa que algunos clientes denominan como compost a los residuos del balde. Y eso aún no es compost”, comenta Matías.

Tras mudarse a Estados Unidos en 2012, tres años más tarde el joven pasó una temporada en Canadá. Allí realizó un descubrimiento que le abrió la mente.  “Con un amigo limpiando piscinas nos dimos cuenta que las hojas que recolectábamos debíamos dejarlas en unas bolsas especiales. Eran compostables”, manifiesta.

En 2017 importó a Chile esas bolsas para un emprendimiento enfocado en reciclar desechos de los jardines. “La idea era venderlas a las municipalidades para que realizaran compostaje. Ese fue el primer modelo de negocios, así comenzó todo. Después de varias reuniones y de darnos cuenta de que a ninguna le interesaba mucho, decidimos crear nosotros mismos los planes para las casas”, menciona.

El paso siguiente de Karübag fue implementar las karübuckets, baldes de 10 y 20 litros para reciclar los desechos orgánicos de la cocina. Hoy cuentan con planes de hogar y oficina que oscilan entre los $9.900 y los $49.990.

“A la persona que se inscribe se le entrega un balde hermético con una bolsa compostable hecha en base a almidón de maíz. Y una vez a la semana pasamos por su hogar, retiramos la bolsa con los residuos y entregamos una nueva. El karübucket small, de 10 litros, es el que más se vende. Pero mucha gente se cambia al más grande, porque se da cuentan que se producen más residuos que 10 litros a la semana”, revela.

Matías Bravo (27), el fundador de Karübag

Asesoría a domicilio

Salvo desechos de origen animal y heces de mascotas, en los recipientes se puede depositar todo tipo de desperdicios orgánicos. Cuando entregamos el bucket, entregamos una guía con recomendaciones. Una de ellas es tenerlo con aire para que no se descompongan más rápido los residuos. En una semana no alcanza a existir mal olor. No habrá olor a flores dentro del balde, pero no es algo desagradable para nada. Yo tengo el servicio en casa y no pasa nada”, explica Matías.

El resto del trabajo lo realizan las lombrices californianas, reconocibles por su rojo intenso. “A las lombrices llegan los residuos ya en proceso de descomposición. Ellas no comen, chupan. Ellas chupan esta materia ya descompuesta. Nosotros no tenemos un compostaje industrial, aunque tampoco es casero. Es intermedio. Una compostera industrial significa cerros de dos o tres metros de alto. Es un proceso mucho más largo y reciben de todo, casi exclusivamente de industrias”, manifiesta Bravo.

El próximo paso de Karübag es brindar asesoría para quienes deseen implementar composteras en su hogar.

“Estamos prontos a lanzar un plan que incluye una compostera con unas biolombrices, con asesoramiento y seguimiento por tres meses. Son muy pocos los clientes que se van, los que lo hacen es porque se sienten preparados para el siguiente paso. Nos queremos perder ese lazo, apoyamos 100% que lo hagan en casa, pero la idea es seguir conectados. Lo importante es saber qué residuos se pueden reciclar y cuáles no: cambiar el hábito, no solo tener un basurero debajo del lavaplatos. Tener los distintos contenedores para separar los residuos orgánicos”, adelanta el ingeniero.

“La gente que tratamos de ayudar es la que quiere contribuir al planeta pero no tiene el tiempo ni el espacio. Para la gente que tiene el tiempo y espacio, la recomendación es que se haga una compostera en casa”, cierra Bravo.