Industria / Entrevista

Hans Eben y el desarrollo sostenible: “Si como país creemos en esto, entonces apostemos de una vez fuerte ahí”

Para el ex CEO de Unilever y actual presidente de Pacto Global, hoy es necesario que como país nos preguntemos si las energías renovables, el reciclaje, la economía circular, le van a dar crecimiento y mejores trabajos al país. No simplemente porque sea bueno, sino porque es un buen negocio. Y si lo creemos, tenemos que impulsarlo ahora. Si es no ocurre, agrega, es porque realmente no creemos que es el futuro crecimiento, “pero tenemos que salir de esa lógica de que esto es un lujito o algo que algún día vendrá”. En esta entrevista habla de la incertidumbre en que hoy deben actuar las empresas, del rol que están tomando frente a la crisis y de un mundo político donde “falta más diálogo, tolerancia y objetivos comunes”. También da su visión sobre la crisis social, económica y sanitaria del país, un escenario del que, afirma, “quiero pensar que para una élite de la sociedad, vamos a salir mucho más humildes y mucho más conectados con nuestro entorno”.

Jorge Molina Alomar | 15 Jun 2020 a las 6:00 am

Desde su cargo como CEO de Unilever, Hans Eben fue uno de los primeros promotores de la incorporación de la sostenibilidad en la estrategia de los negocios, siguiendo el liderazgo de Paul Polman mientras estuvo a la cabeza de la multinacional a nivel global. El objetivo entonces era mostrar que la sostenibilidad sí es un buen negocio para las empresas, y esa es la visión que mantiene Eben al momento de hablar de una salida a esta crisis mediante una recuperación verde, como propone un documento que suma ya más de 2 mil firmas de personas y organizaciones. Pero para ello, insiste, “primero tenemos que convencernos de que es un buen negocio hacer el bien”.

En los últimos meses Hans Eben, desde su rol como presidente de Pacto Global, ha dedicado parte de su tiempo a conversar como más de 30 líderes de empresas para conocer su visión, y sus aprendizajes, frente a la crisis que enfrenta el país. Y también ha participad activamente en la plataforma “Tenemos que hablar de Chile”, impulsada por la PUC y la U. de Chile para que múltiples personas dialoguen sobre una hoja de ruta conjunta para definir el futuro del país. “Iniciativas como esa son súper válidas y ricas, porque nos hacen conversar con pares improbables y nos fuerza al diálogo, a estar abiertos a ser convencidos”, dice Eben.

Recogiendo ambas experiencias, y también la acumulada durante años en la primera línea de las empresas en Chile, en esta entrevista conversa sobre el escenario actual, su mirada de la crisis, el rol que ha tenido la empresa y cuáles son las posibles salidas, frente a un escenario de gran incertidumbre y donde -explica- existen numerosos escenarios posibles que llevan a la vez, a múltiples miradas de lo que ocurre.

¿Cómo ve que está pasando hoy en Chile, donde en los últimos meses se nos han sumado una serie de crisis sociales, sanitarias y económicas?

La primera palabra que se me viene es fragilidad. Si uno piensa en muchos indicadores, en los crecimientos que teníamos, y obviamente las desigualdades, creo que esto -más que el estallido social- nos muestra la fragilidad en la que estamos y que muchas veces no queremos entender. Esta misma fragilidad el día de mañana se va a acentuar con el cambio climático, pero hasta que no nos pasa creemos que siempre vamos a tener una solución, siempre le vamos a poder dar la vuelta. Pero creo que lo que más nos deja desconcertados es la incertidumbre. Hoy, sobre todo el empresariado, los ejecutivos… Nosotros siempre manejamos matrices de riesgo, con la probabilidad de ocurrencia de algunos eventos y el impacto que podría tener, y más o menos puedes ver -incluso si se te cae toda la fábrica- el impacto, qué se puede hacer, un montón de cosas. En este caso, no hay nada que indique una probabilidad, y tampoco sabes el impacto, entonces genera un grado de incertidumbre enorme porque pasa a ser una crisis no trackeable, y no estamos acostumbrados a tener situaciones así. Situaciones difíciles o de incertidumbre sí, pero esto hace que tengas que estar constantemente generando escenarios -ni siquiera planes, ir monitoreándolos y generando nuevos escenarios. Y por eso hay muchas discusiones hoy en día, porque todos tienen una opinión en base a escenarios distintos.

Esta fragilidad es algo que todos estamos sintiendo, porque lo que pensábamos que era muy sólido terminó cayendo bastante rápido. ¿Cuáles son los problemas que nos llevaron a eso, y cómo salimos con un sistema más resiliente?

Para mí hay dos temas ahí. Uno podría hablar de una fragilidad de un sistema, o de una sociedad, con muchos de los temas del estallido social, y creo que ahí la pregunta es más válida porque en el tema de la pandemia está mucho más allá de cualquier forma de pensar y de lo que pudiésemos estar preparados, y lo hemos visto hasta en los países más desarrollados. Sí creo que es válida esa pregunta en el sentido de cómo no vimos esa fragilidad del sistema, de la gente que pedía una vida más digna. Nosotros creíamos que el crecimiento iba a ir resolviendo todos esos temas, que es el famoso chorreo, y no funcionó. ¿Dónde falló? Creo que la velocidad de los cambios es cada vez más rápida, y nosotros venimos con ciertas inercias y ciertas formas de hacer las cosas que creemos que pueden durar muchos años más. Lo del chorreo, Milton Friedman, etc., fue bueno en una época. Es cierto que hay mucha desigualdad, mucha hambre, hay muchas cosas que hacer y muchas cosas inaceptables, pero el mundo está mejor que lo que estaba antes. Para mi esto es lo mismo que en las grandes empresas, cuando tienes productos que siempre se han vendido cuesta mucho decir “mi vaca lechera ya no va a seguir siendo mi vaca lechera”, porque ese es el modelo en tu cabeza y le das y le das. Eso es lo que nos pasó. Esta fragilidad es porque no hemos ido acorde a los cambios que requiere la sociedad, las empresas y el Estado, que va mucho más atrás incluso.

“Los países van a tener que invertir en instituciones que estén pensando en temas de cambio climático, de salud. Chile no tiene la capacidad como país de dar respuesta a todos estos temas, pero sí creo que tenemos que tener instituciones que estén mejor financiadas y mejor estructuradas entre la ciencia, la academia y la empresa”

Sí, pero también nos ha demostrado una fragilidad en términos de la economía. La globalización, con todo lo bueno que tiene, también nos pone limitaciones en cuanto a lo que necesitamos hoy por la falta de una industria local fuerte, por ejemplo.

Sí, y levanta una pregunta súper válida para la cual no tengo una respuesta: ¿vamos a querer -por ejemplo- depender de tener PCR o el día de mañana otro tipo de test comprados afuera, o vamos a desarrollar las capacidades en Chile para eso? Yo creo que ahí el Estado tiene que invertir más en instituciones que estén trabajando en diferentes crisis. Y no sé si la Onemi, por ejemplo está pensando en esto y tiene todos los recursos para solucionar las crisis del futuro, o estamos solo pensando en comité de crisis. Los países van a tener que invertir en instituciones que estén pensando en temas de cambio climático, de salud. Chile no tiene la capacidad como país de dar respuesta a todos estos temas, pero sí creo que tenemos que tener instituciones que estén mejor financiadas y mejor estructuradas entre la ciencia, la academia y la empresa.

¿Y cuál es el rol de la empresa en esto? Porque también tiene que hacer inversiones en esta materia, en I+D, si finalmente le afectan estos impactos.

Dada la incertidumbre y que todos estamos pensando en qué estamos fallando, hasta que salga una vacuna las empresas vamos a tener muchas preguntas sobre cómo mantener saludables a los trabajadores, cómo testeo, qué protocolos aplico, qué hago con esos datos. El rol de la empresa en esto específicamente -y se está dando- va a ser el de generar alianzas, porque las empresas más que nunca vamos a necesitar investigación y desarrollo. Estos problemas tienen una magnitud tan grande, que van a implicar una investigación continua. Tal vez antiguamente contrataba a una empresa para que me ayudara, pero creo que hoy la academia va a ser más necesaria que nunca porque voy a necesitar gente que sepa cómo es una investigación, sepa leerla, tenga laboratorios, me ayude a entender y que sea algo continuo. Creo que hoy, más que nunca, el rol de la empresa va a ser generar estas alianzas colaborativas para que exista esta investigación continua en distintos ámbitos.

Usted ha dicho antes que la obsesiva obsesión por las utilidades nos llevó a creer que el crecimiento lo resolvía todo, y que esto -a partir de la crisis social- derivó en un quiebre de las confianzas. Eso no se ha detenido con la crisis de la pandemia, hay una desconfianza transversal y poco diálogo. ¿Cómo se pueden hoy recomponer esas confianzas?

En mi rol en Pacto Global hemos preparado un documento sobre lo que las empresas han aprendido en todo este proceso, y he conversado con cerca de 30 grandes empresas de esto. Y creo que las empresas se han ido horizontalizando y, así como se ha acelerado la transformación digital en muchas industrias, también creo que se ha acelerado este cambio desde el foco en el accionista al foco en múltiples actores. Cuando hablas con las empresas, se han preocupado mucho más de sus proveedores, ya sea porque los quieren ayudar o porque les interesa que su cadena de abastecimiento permanezca. La eterna discusión del pago a 60 días, por ejemplo, hoy la cantidad de empresas que están pagando en la semana es enorme. Entonces vas creando un vínculo mucho mayor, porque las confianzas se van fortaleciendo. Esto ha ocurrido en el caso empresa-proveedor, y en términos de empresa-comunidad también. Las comunidades están viendo la experiencia que tiene la empresa de convocar, de ejecutar, de coordinar proyectos. Una empresa del sur organizó una comunidad para que hubiesen cuatro taxistas para que fueran a Valdivia a comprar las cosas que necesitaban, por ejemplo, y eso hizo que la gente estuviera tranquila en sus casas. Otras que han prestado sus instalaciones al Estado. Y a esto se suma el trabajo que han hecho con sus colaboradores, donde se está trabajando fuerte en el problema actual, con charlas sobre el coronavirus, si están teletrabajando apoyando su trabajo con psicólogos, planas ejecutivas que están teniendo una comunicación mucho más estrecha con toda su empresa, a través de mensajes por video o en webinars…

Si, pero eso pasa a nivel interno y en la relación con las comunidades, donde efectivamente se ha avanzado en los últimos años, pero hay una desconfianza más estructural que es con la sociedad. Cuando se reparten utilidades a mismo tiempo que hay despidos, por ejemplo, hay un quiebre ahí… Cómo se recupera esa confianza.

Yo ahí separo, porque lo que estaba explicando era justamente para hacer un contrapunto: creo que en esas confianzas y esa relación de la empresa con sus ecosistemas, esta crisis ha fortalecido cualquier cantidad esas relaciones, de manera extraordinaria. La pregunta es si esas empresas van a seguir así de cohesionadas post crisis, pero pensemos que sí. Ahora, eso yo no lo veo en el mundo político. El desarrollo de confianzas, proyectos comunes, decir “de esto salimos todos juntos”, en el entorno general de las empresas lo veo potente, en algunas empresas está bien, y en algunas empresas se rompen las confianzas. Ahora, en Chile somos muy buenos para los estereotipos. Desde el estallido social hice el ejercicio de participar más activamente en Twitter para interactuar de forma abierta, con gente que piensa distinto. Es toda una experiencia, evidentemente, pero muchos te sacan la foto solo porque eres la elite del retail y te mata. Entonces sí, hay casos que no han ayudado, pero lo que está haciendo la CPC es realmente extraordinario, y así y todo cuando llegaban los ventiladores en las redes mataban a Sutil. Creo que eso hay que dejarlo un poco de lado, y sí creo que el gran desafío es el mundo político.

“Me cuesta pensar en un reseteo, porque hay muchos aspectos en nuestro país que creo que tomarían tiempo, y no sé si tenemos tanto tiempo. Pero tampoco soy de la idea de decir ‘partamos como sea y vamos viendo las cosas en el camino’. Sí creo -por ejemplo-, que en el salvataje de algunas empresas o industrias sí se pueden tener algunas conversaciones sobre cómo condicionar la vuelta con mejores prácticas ambientales o sociales, poner ciertos compromisos de huella de carbono, de impacto en las comunidades, objetivos de mediano plazo”

¿Por qué?

Porque hay agendas personales muy potentes. Con esta pandemia, he visto en las empresas cómo esta frontera de hasta donde pueden llegar se ha ido desdibujando, porque las comunidades, las instituciones de gobierno en regiones, se han abierto a decir “necesito a la empresa privada”, y la empresa va más allá pese a que posiblemente no le corresponda. Entonces esas fronteras se han ido desdibujando y todos quieren participar, y hay esta sensación del proveedor y de los colaboradores de salir con la empresa a ayudar. Sí, sé que hay veces en que se ha despedido gente, pero el esfuerzo que han hecho las empresas para no hacerlo es enorme, y habrá algunos que tienen más espaldas que otros, pero están todos en la misma. Cuando se han rebajado los sueldos desde la plana ejecutiva, o los trabajadores se toman sus vacaciones, todos aportan porque saben que están colaborando para que la empresa siga viva, hay un objetivo común. En el tema político, yo veo que ese objetivo común está desdibujado y hay agendas personales o partidarias muy potentes. Yo tengo mucha confianza en el mundo empresarial, está haciendo cosas extraordinarias, se están desdibujando fronteras y hoy no se esta preocupado solamente del accionista, pero en el mundo político creo que falta más conversación, diálogo, tolerancia y objetivos comunes.

Hablemos de la salida a la crisis. Hay una propuesta de más de dos mil personas y organizaciones por una reactivación verde, ¿si no ponemos la obsesión en la utilidad, dónde ponerla ahora?¿Está de acuerdo en que esta reactivación tiene que ser sostenible?

En esto puede haber distintas escuelas. Una que dice que tenemos que entregar trabajo lo más rápido posible, como sea. Después, en el otro extremo -y de esto se está hablando mucho-, se dice “este es el minuto para resetear”. Yo soy más de la idea de que tenemos que ir rápidamente desarrollando empleo, pero en ese camino empezar a ver las oportunidades que voy creando para el futuro. Me cuesta pensar en un reseteo, porque hay muchos aspectos en nuestro país que creo que tomarían tiempo, y no sé si tenemos tanto tiempo. Pero tampoco soy de la idea de decir “partamos como sea y vamos viendo las cosas en el camino”. Sí creo -por ejemplo-, que en el salvataje de algunas empresas o industrias sí se pueden tener algunas conversaciones sobre cómo condicionar la vuelta con mejores prácticas ambientales o sociales, poner ciertos compromisos de huella de carbono, de impacto en las comunidades, objetivos de mediano plazo. Yo creo en una vuelta verde, pero no solamente pensando en que es el momento, en que queremos un mundo más verde, sino porque la segunda ola tras la pandemia va a ser un grado de cesantía enorme, y la tercera ola sabemos que va a ser el cambio climático. Ya estamos viendo hoy sus impactos, nos dicen que hay que lavarse las manos cinco veces al día pero hay lugares en Chile que no tienen agua, y van a haber cada vez más lugares que no tengan agua.

¿Cuál crees que debiera ser el camino, considerando que hay varios instrumentos: la NDC, bajo un paraguas ODS, o la economía circular, por ejemplo?

Primero tenemos que convencernos de que es un buen negocio hacer el bien. La pregunta que tenemos que hacernos como país es si las industrias o los sectores económicos son las energías renovables, el reciclaje, la economía circular… Si realmente creemos que sí, que eso le va a dar crecimiento al país, y que son trabajos de mejor calidad, tenemos que partir por esa conversación, porque sino será muy difícil continuar. Si creemos eso, por qué no empezamos desde ya a apostar más fuertemente ahí. Esa es la parte que está tomando velocidad cuando miras lo que está pasando afuera, y como los grandes fondos de inversión están saliendo de fuentes fósiles, o las empresas de fuentes fósiles están comprando empresas de energía verde. Entonces, si como país creemos en esto, apostemos de una vez por eso. Ahí el gobierno puede hacer regulaciones para incentivar ese tipo de sectores de la economía, y eso podría ser ahora ya, y es paralelo a la recuperación. De nuevo, no porque creas que se necesita para un planeta más bonito, sino porque es un buen negocio y porque le va a dar crecimiento al país. Desde mi ángulo, que es desde el negocio, mi punto es primero ponernos de acuerdo en que esos son los futuros sectores de crecimiento de la compañía. Listo, check, lo creemos y apostemos a eso. ¿Qué significa apostar a eso? El gobierno puede hacer una serie de regulaciones, reglamentos e incentivos; la academia tiene que apostar a eso y desarrollar carreras que estén relacionadas con estos ámbitos, y así vamos subiendo el nivel de los trabajos en Chile.

“Una de las lecciones (de la crisis) es que tiene que haber un mejor equilibrio entre Estado, empresa y comunidad (…) Es en el equilibrio entre estos tres pilares donde uno consigue una mejor sociedad, y estamos viendo su importancia. Para mí el principal aprendizaje es que tiene que haber un Estado que no esté pensando solamente en el día a día, que esté invirtiendo en ciencia, en instituciones para el futuro, y para ser también más eficiente”

Creo que ese convencimiento se estaba generando de manera incipiente antes de octubre, ¿es posible que las crisis que hemos tenido desde entonces le hayan puesto un freno?

Es que si eso ocurre, es porque realmente no creemos que es el futuro crecimiento. Si alguien dice que esto es un lujo, en el escenario actual -y uno incluso lo dice en la casa- se va a decir que no estamos para lujos. Pero tenemos que salir de esa lógica de que esto es un lujito o algo que algún día vendrá.

Este cambio requiere de inversiones importantes también, y hoy la brecha para ello es grande. ¿Es viable que ese financiamiento esté disponible en el escenario actual? ¿Podrían las AFP, por ejemplo -como se ha propuesto- abrirse a invertir en empresas que tengan el foco en la sostenibilidad, o en empresas B?

Ahí yo muchas veces devuelvo la pelota a nosotros mismos como ciudadanos. Todo esto va a explotar y se va a acelerar en el minuto en que los fondos de inversión comiencen a meter la plata ahí. Ahora, estos fondos invierten donde hay mayor rentabilidad, pero la pregunta es: ¿nosotros sabemos dónde invierten nuestra plata? En el minuto en que nosotros empecemos a hacer esas preguntas, a decir “no quiero invertir en fuentes fósiles”, etc… Lo que pasa es que todos nos movemos hoy por la rentabilidad, y es entendible. Y el trabajo de la AFP es darle la mayor rentabilidad al pensionado, porque que pensionado va a decir “invierte en un fondo más verde aunque tenga menor rentabilidad”. Entonces nuevamente volvemos al tema: es posible si y solo si se logra igual o mayor rentabilidad que los demás fondos. Y para ello tenemos que hacer que esos negocios den mayor rentabilidad, y castigar -y ahí sí los fondos de inversión pueden hacer un trabajo que ya están iniciando- aquellas inversiones o compañías que no están en esta tendencia.

¿Y que oportunidades tienen los ciudadanos de cambiar tendencias mediante el consumo?

Es un cambio lento, porque uno busca hacer la compra más inteligente y eso implica la mayor calidad al mejor precio, y si no tienes el mejor precio no lo compras. Todavía. Sí se está moviendo hacia allá, pero ahí si creo que la situación actual puede frenar un poco más porque los ciudadanos van a estar más preocupados de su presupuesto. Pero sí tenemos un rol de ser mucho más consecuentes con nuestros discursos en la compra y en la inversión. Pero insisto, yo no creo que esto vaya a cambiar por las voluntades, porque la gente se ponga más verde o tenga mayores preocupaciones sociales. Puede ser, pero ahí si que nos vamos a demorar años. Pero si yo tengo dos productos que valen lo mismo, y que me entregan lo mismo… eso es lo que tenemos que lograr. Hay muchos ejemplos de productos que en términos ambientales son mucho mejores que el de la competencia, pero el consumidor no ganaba nada al comprarlo más que la conciencia de que estaba generando menos impacto ambiental, y finalmente a ese producto no le va bien porque la realidad es que nadie está dispuesto a dejar plata demás por eso. Eso no basta. Lo sustentable tiene que estar en la estrategia misma del negocio. Por eso Polman, que era el CEO de Unilever, era muy rudo con los resultados, porque él quería comprobar -y de hecho lo hizo con el precio de la acción- que el modelo de la sustentabilidad en la estrategia del negocio era, precisamente, un buen negocio. Ese es el camino. Cuando en los fondos de inversión se desplomen todas las inversiones que no sean verdes, y comience a dar rentabilidad lo verde, ahí ya es exponencial.

Va a pasar esta crisis, y vamos a entrar en un tema constitucional, que nos va a llevar a otra larga discusión respecto de hacia dónde queremos seguir. ¿Qué lecciones tenemos que sacar de todo lo que hemos vivido estos últimos meses en el país, y cuáles son los temas que debieran estar sobre la mesa en esa discusión?

Una de las lecciones es que tiene que haber un mejor equilibrio. A mi me encanta el libro El Tercer Pilar, que lo escribe un economista, y lo que se esta viendo acá es la importancia de que haya un buen equilibrio entre Estado, empresa y comunidad. Y él hablaba del tercer pilar de la comunidad, porque uno muchas veces discute si más o menos Estado, si más o menos empresa, pero se nos olvida la comunidad. Es en el equilibrio entre estos tres pilares donde uno consigue una mejor sociedad, y estamos viendo su importancia. Para mí el principal aprendizaje es que tiene que haber un Estado que no esté pensando solamente en el día a día -y esto pasa en todo el mundo, no es una crítica a Chile-, cómo hacemos para tener un Estado que esté invirtiendo en ciencia, en instituciones para el futuro, y para ser también más eficiente. Esa es una de las cosas que estamos aprendiendo, siempre hemos dicho que el Estado tiene que ser eficiente, pero qué difícil es y qué importancia tiene. Necesitamos un Estado más estratégico en temas de más largo plazo. Otro aprendizaje que estamos viendo es el rol de las empresas dentro de la sociedad, y la importancia de que tengan vínculos muy afiatados con todos los actores a sus alrededor. Ahora, hasta en los mejores países del mundo está pandemia se ha llevado puestos a los servicios de salud, pero creo que si tuviera una ficha, yo la invierto en educación. Ese es el gran tema en Chile. Es un camino largo, con un retorno a largo plazo, pero por otro lado es lo que realmente puede cambiar de forma más estructural a una sociedad.

¿Cómo cree que nos ha cambiado todo esto, como sociedad y cómo personas?

Creo que somos todos un poco más humildes en general, y que también ha sido una pausa forzada para muchos sobre las cosas que realmente importan. Tal vez hemos logrado una mirada sobre muchas cosas de la vida que antes se nos pasaban por el lado y no las valorábamos, o cosas que antes no nos importaban y ahora nos importan. Ha sido duro, y para mucha gente muy muy duro; uno es privilegiado en ese sentido, porque puede hacer esta reflexión en forma cómoda desde la casa, pero hay gente que está haciendo la reflexión con hambre. Pero quiero pensar que para una élite de la sociedad, vamos a salir mucho más humildes y mucho más conectados con nuestro entorno.

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