Industria / Entrevista

Dante Pesce: “Si no hubiera sido por la presión de mercado, las empresas chilenas habrían tardado más en incorporar la sostenibilidad”

A 20 años de la fundación del Centro Vincular, plataforma cobijada en la Universidad Católica de Valparaíso que promueve la sostenibilidad corporativa, su director repasa cómo ha sido la evolución de las empresas sobre esta materia, partiendo desde un vacío total hasta convertirse hoy en un eje principal de sus políticas. Sin embargo, dice Pesce, dichos avances aún no son suficientes, y si el empresariado nacional ha integrado la sostenibilidad lo ha hecho de acuerdo al movimiento y tendencias de los mercados internacionales, que exigen altos estándares de cumplimiento de metas en salario justo, trazabilidad y vocación medioambiental.

El año 1997, Dante Pesce tartamudeó, no supo qué hacer. Un profesional estadounidense que hacía un doctorado en Chile y que trabajaba en una ong de desarrollo solidario, le preguntó cuál era el rol de las empresas en la sociedad. No supo qué responder. Pese a provenir de una familia de empresarios, Pesce se quedó en blanco ante la consulta.

Hoy, con la ventaja que otorga el paso del tiempo, Pesce visualiza ese instante de turbación como el germen de lo que años después sería el Centro Vincular, un espacio nacido al interior de la Universidad Católica de Valparaíso que promueve la sostenibilidad corporativa. Aquel lejano 1997 Pesce presidía el directorio del Hogar de Cristo de la Provincia del Choapa, en el Norte Chico, y cuando hubo de reverberar la pregunta en su cabeza, emprendió vuelo a Estados Unidos para estudiar e investigar cuál era el rol de la empresa en la sociedad. A él le asistían dudas, pues trabajando en paralelo en una organización de superación de la pobreza, recuerda haber sido testigo de cuando la minera Los Pelambres irrumpió en Illapel “de manera muy avasalladora”.

“Descubrí en EE.UU. que había un mundo que no conocía: el mundo de la filantropía empresarial, de la llamada ciudadanía corporativa. Era un término que allá tenía mucha presencia y yo no lo había escuchado en Chile. Ni siquiera la Responsabilidad Empresarial Nada. Era un no-tema”, afirma Pesce, quien también es miembro del Grupo de Trabajo de Empresa y Derechos Humanos de las Naciones Unidas. Luego de un intento de regreso a Chile y otro viaje al país del norte a robustecer sus estudios, llegó a la conclusión de que debía abocarse con total propiedad a esta misión: contactó a la Universidad Católica de Santiago y a la Universidad Alberto Hurtado, sin buenas respuestas.

En cambio, el entonces rector de la PUCV, aunque poco y nada conocía de la propuesta de Pesce, aceptó incubar el proyecto. Era el año 2001 y casi dos décadas después, Centro Vincular se ha convertido en un referente chileno en esta materia, colaborando en la transición a la sostenibilidad de una lista extensa de clientes, sean éstos nacionales y extranjeros.

Con la experiencia que le dan estos 20 años de trabajo, el director ejecutivo de Centro Vincular -cientista político e historiador titulado en la PUC y magíster en gestión pública en la Universidad de Harvard- analizó con País Circular cómo visualiza la evolución de la cultura empresarial en términos de sostenibilidad desde que fundó el centro universitario hasta nuestros días. Si bien reconoce que naturalmente los avances son sustantivos, aún quedan pendientes varios desafíos, toda vez que el empresariado chileno aún se maneja con un cierto pragmatismo y poco convencimiento más allá de responder a las tendencias de los mercados internacionales.

-¿De qué conceptos se hablaba en 2001 cuando nació Centro Vincular? ¿Había algún esbozo de políticas sostenibles o medioambientales en las empresas? ¿Qué existía con respecto a responsabilidad social empresarial (RSE)?

-No existía en ninguna parte; existía en el corazón de algunos bienhechores, desde el punto de vista filantrópico. Estaba como dentro de un departamento de relaciones públicas/buena onda/gerentes generosos. Destaco a Eugenio Heiremans de la ACHS y a Hermann von Mühlenbrock de Gerdau AZA. Eran personas individuales, generosidad de buenos cristianos, que ni siquiera buscaban comunicarlos, les incomodaba mucho que se supiera. Pero cero ubicación estratégica ni nada que se parezca. Nuestros primeros contratos de trabajo fueron a fines de 2001. AZA era un poco más estratégico; la ACHS era buena intuición y olfato. Era la misma época en que la Unión Social de Empresarios Cristiano (USEC) estaba dando primeros pasos, Acción Empresas también. Pero estaban todos muy en la filantropía, un poco caritativo, o sea, no tiene nada que ver con la conversación de hoy, por ninguna parte.

“(Con respecto a sustentabilidad) Hay empresas que han puesto la carreta delante de los bueyes: se han puesto las medallas antes de merecerlas. La evidencia no ha acompañado al cacareo, y tiene que ser suficientemente sólida para que uno se ponga una medallita, y la medallita la tienen que poner otros, no uno mismo. Hay que ganárselas, porque uno ha hecho el mérito y no por el futuro mérito”.

Dante Pesce es miembro del Grupo de Trabajo de Empresa y Derechos Humanos de la ONU.

-¿El cambio fue gradual hasta incorporar la sostenibilidad en su política interna? ¿Qué puede decir de la evolución en esta materia hasta la actualidad?

-El discurso ha cambiado mucho, pero la profundidad lo ha hecho insuficientemente, excepto en algunas empresas. Las empresas son pragmáticas, no ideológicas, salvo algunos gremios. Cuando esos gremios son ideológicos, la embarran: anuncian el fin del mundo con el retiro de los fondos de las AFP y no pasa nada. Dan un paso ridículo y es una torpeza mayúscula. Quedan patinando. El mundo se está moviendo hacia mayor trazabilidad social y ambiental; mayor fortaleza corporativa; mayor integridad; mayor diversidad. Y en la medida en que estoy integrado al mundo, me muevo para allá. Si el capital se mueve hacia allá, si mi sector exporta en esa dirección, me muevo más rápido. Si soy exportador de vino a Escandinavia, me muevo hacia allá. Porque Escandinavia puso sobre la mesa la orden de compra con respeto al medioambiente y a los trabajadores. En el fondo, si no respeto a mis trabajadores, no vendo en Escandinavia. Independientemente que yo sea más o menos respetuoso de las condiciones laborales, más o menos verde, son las condiciones del mercado las que me mueven esa dirección. En Chile si hay algo que caracteriza a los empresarios es el pragmatismo, le gusta ganar plata. Un ejemplo de ese pragmatismo es lo que pasó el domingo, cuando Juan Sutil, líder de la CPC, destaca la victoria de Gabriel Boric en las primarias y hace el link con el alza de la bolsa de valores. Qué más pragmático que eso. Es como decir “ganó Boric, no está mal, vamos a convivir razonablemente bien y no se acabará el mundo”.  Esa lógica es un poco caricaturesca, pero en definitiva así es el mundo. ¿Qué puedo mirar en 20 años? La ideología no mueve los cambios, sino los factores de mercado. La aguja se mueve en una dirección por estos factores, quizás no con suficiente sentido de urgencia y velocidad. Me gustaría también que el gobierno diera señales más audaces.

-¿Lo que me trata de decir es que si no fuera por la rentabilidad, los temas de sostenibilidad hubieran tardado más en incorporarse a las empresas?

-De todas maneras, más que la rentabilidad, la presión de mercado. Sin duda se habrían tardado más. Si no hubiese sido por los inversionistas institucionales del resto del mundo, nos habría tomado más tiempo; si no fuera por el origen de las inversiones, de las matrices, se demoraría más. No es por la presión interna, sino más bien por un fenómeno global porque Chile es un país que juega global y es muy chico. Reaccionamos muy rápido a lo global, porque, en tanto estamos muy abiertos, si pestañeamos, perdemos.

-¿Percibe algún momento histórico en estos 20 años en que las empresas dejan de tener un departamento de medioambiente y empiezan a considerar la sostenibilidad como uno de sus principios rectores?

-Siento que eso se empieza a dar cuando empezamos a entrar en la OCDE. En ese momento las variables ambientales y de gobierno corporativo se empezaron a incorporar a las empresas en serio. Nuestro acercamiento a la OCDE cambió de parámetros, empezamos a hablar en un tono OCDE. Esto puede ser arrogante y puedo ser criticado, pero cuando empezamos a imaginarnos como parte de la OCDE más que de Latinoamérica como parámetro de referencia, nos hizo bien. Ahí el mundo empresarial hizo una transición cultural al comenzar a compararnos con otros benchmarks. El segundo peldaño se dio cuando empezamos a compararnos en RobecoSAM, cuando 90 de nuestras empresas comenzaron a ser evaluadas por estándares globales de sostenibilidad que también opera en Brasil, México y Estados Unidos. Ahí se comparó con otras 4 mil empresas en el mundo que representan el 90 por ciento de la capitalización bursátil del mundo. Pero cuando nos miramos en el espejo, nos dimos cuenta de que no éramos tan capos. Cuando llegamos a este índice de sostenibilidad Dow Jones, fue por invitación de la Bolsa de Valores de Santiago, pensando que nos iba a ir súper bien y salimos malitos. Todavía nos gana Brasil y Colombia, pero no por tanto. Fueron dos momentos de pruebas de blancuras.

-Habló hace rato del pragmatismo del empresariado chileno. ¿Diría que hay industrias más reticentes hacia el cambio hacia una cultura más sostenible y otras que vayan más a la vanguardia en estos temas?

-Sí, las más reticentes son las que se mueven en promedio en el mercado doméstico, de propiedad chilenas, porque son estilo antiguo: algunas son intensivas en capital, como el retail, la banca, construcción, que trabajan en el mercado local. Les cuesta: son de familias tradicionales, hay muchos hombres en el directorio. Luego están las que están muy marcadas al mercado internacional. Aunque tengan una raíz conservadora, a estas empresas orientadas al mercado externo les cuesta mucho menos, como la industria del vino, por ejemplo. Uno piensa en el vino y son familias conservadoras, de apellidos tradicionales, en apariencia resistentes al cambio, pero conocen el resto del mundo, entonces es lo contrario. Llevamos 12 años trabajando con la industria del vino y ellos nos dicen: “Hablo todos los días con mis clientes, si no, no vendemos”. Hay otras empresas que son intensivísimas en capital, como la minería. No se pueden dar el lujo de pelearse con su entorno. Si te va mal con tu entorno, no recuperas nada, es pura pérdida. Si lo haces mal desde el principio, te comes la pérdida. Eso fue lo que sucedió con HidroAysén, por ejemplo. Las industrias intensivas en capital la tienen que hacer bien a la primera. Y luego hay otra clase de empresas que tienen un genuino liderazgo, como Sodimac: es una empresa chilena, que perfectamente podría ser a la antigua, y no lo es. Tiene gente adelantada a los tiempos. Tienen los incentivos super claro y un necesario perfil de liderazgo. Tienen gente que leen bien el entorno y jefes que les hacen caso.

“El mundo se está moviendo hacia mayor trazabilidad social y ambiental; mayor fortaleza corporativa; mayor integridad; mayor diversidad. Y en la medida en que estoy integrado al mundo, me muevo para allá. Si el capital se mueve hacia allá, si mi sector exporta en esa dirección, me muevo más rápido. Si soy exportador de vino a Escandinavia, me muevo hacia allá. Porque Escandinavia puso sobre la mesa la orden de compra con respeto al medioambiente y a los trabajadores. En el fondo, si no respeto a mis trabajadores, no vendo en Escandinavia”.

La Universidad Católica de Valparaíso apostó por Pesce e incubó Centro Vincular en su casa de estudios.

-¿Hay riesgos de que la sustentabilidad sea netamente una declaración de intenciones que derive en greenwashing? En la discusión constitucional, por ejemplo, se habla de poner fin al extractivismo, de limitar el trabajo de las mineras, de las forestales. ¿Qué hacer para que la sustentabilidad no quede solo en el papel?

-Hay un riesgo gigantesco. Mi impresión es que muchas de las empresas, no todas, se han hecho un flaco favor al cacarear más de la cuenta, de no ser humildes en su cacareo. Hay empresas que han hecho bien la pega, y cacarear lo justo y lo necesario. Han ganado espacio y haciendo mejores paso a paso. Pero hay empresas que han puesto la carreta delante de los bueyes: se han puesto las medallas antes de merecerlas. La evidencia no ha acompañado al cacareo, y tiene que ser suficientemente sólida para que uno se ponga una medallita, y la medallita la tienen que poner otros, no uno mismo. Hay que ganárselas, porque uno ha hecho el mérito y no por el futuro mérito. Uno se la pone cuando están los resultados, no cuando inicia el proceso. Hay un déficit ahí. Se han puesto más primeras piedras que realidades, y eso es contraproducente y expone a que haya un ejercicio pendular, en el sentido de que puede haber una sobrerreacción regulatoria y paguen justos por pecadores.

-Pero aún desde el activismo se critica el término “minería verde” o “minería sostenible”. Dicen que es imposible hablar de ambas juntas. ¿Qué dice al respecto?

-Yo creo que la minería verde y sostenible es posible; el problema es que yo he escuchado también “Chile sin minería” o “Territorio libre de minería”, y ahí estamos en un problema. La transición energética, como la del hidrógeno verde, requiere mucha minería verde y sostenible. Parte del supuesto de que vamos a tener mucho cobre verde, paneles solares verdes, líneas de transmisión verde, parte de un montón de supuestos. Eso no es compatible con hidrógeno verde. Una parte de la industria se la ganó, pero hay un problema de legitimidad. Los sectores productivos tienen que ser legítimos. Si no hay legimitidad, no hay viabilidad, y si no hay viabilidad, hasta aquí no más llegamos. Es una buena pregunta la que planteas, pero estamos enfrentados a un dilema donde no hay una cuadratura de círculo.

-Por último, Dante, de acuerdo a sus 20 años de experiencia en Centro Vincular, pongamos una mirada de futuro. ¿Hacia dónde deben transitar las empresas? ¿Qué nuevos paradigmas de desarrollo se deben instalar? ¿Se deben incorporar mecanismos o políticas internas de cambio climático a la luz de la crisis global que estamos viviendo?

-Hay un estudio público de hace seis meses que dice que a nivel de las 500 empresas más grandes del mundo, solo el 3 por ciento de los directores tiene formación en cambio climático, o sea, capaz de entender un ejercicio de evaluación de riesgo climático para su propia empresa. Eso tiene implicancias en el hecho de traducirlo en políticas para la empresa. Eso quiere decir que hay directores masivamente ignorantes en estas temáticas, y que hay graves dificultades para tomar decisiones y están expuestos a una variable de riesgo gigantesca en función de la propia empresa que les toca liderar. El cambio climático representa un factor de riesgo existencial para la especie humana, y una empresa no existe si no existen humanos. El riesgo existencial se refiere a cómo los humanos vivimos hoy en el planeta. El riesgo existencial también es para la empresa.

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