Consumo y Producción / FSC Friday

Regina Massai: “El objetivo de sostenibilidad de la economía circular conversa coherentemente con el del FSC”

A 27 años de la creación del Forest Stewardship Council (FSC), la organización de acreditación y certificación de productos de origen forestal, su directora ejecutiva en Chile analiza los avances y oportunidades de la industria en materia de cambio climático, sostenibilidad y economía circular.

País Circular | 24 Sep 2021 a las 5:50 am

El Forest Stewardship Council (FSC, o Consejo de Administración Forestal en español), tiene su origen en un grupo de usuarios y comerciantes de madera, representantes de organizaciones ambientalistas y de derechos humanos, que se reunieron por primera vez en California en 1990, ante la necesidad de contar con un sistema que pudiera identificar creíblemente que bosques bien manejados eran el origen de productos de madera fabricados responsablemente. Pero tuvieron que pasar cuatro años para su constitución formal como una organización no gubernamental de acreditación y certificación que hoy tiene su sede en Bonn, Alemania. Hoy, a 27 años de ese hito, se conmemora el tradicional “FSC Firday”, que este año se celebra bajo el lema “Salva el bosque, salva el clima”, debido a su importancia como reguladores climáticos y, por lo mismo, la necesidad de cuidarlos.

“El FSC nace con la misión de detener la deforestación en el mundo, esa es la preocupación original: cómo asegurar que el producto tiene un origen que no proviene de tala ilegal o destrucción de bosques. De ahí surge la necesidad de crear un sistema de origen del producto, y el concepto de manejo forestal responsable”, dice Regina Massai, directora ejecutiva de la organización en Chile y que en esta entrevista analiza los avances y la importancia de esta certificación.

A propósito del lema de este año del “FSC Friday”, en un escenario climático donde los bosques tienen un rol clave, ¿cómo se concilia la protección de los ecosistemas naturales con las plantaciones del sector productivo?

El estándar, los principios de manejo forestal responsable, incorporan aspectos sociales, ambientales, de gestión y económicos, y dentro de los aspectos ambientales, y de las acciones no permitidas por el FSC, está precisamente la sustitución de bosque nativo por plantaciones. Todo esto obviamente post 1994, que es cuando nace la organización. Entonces, ahí hay una señal muy clara de cuáles son las actividades que no son admisibles, como la tala ilegal, la sustitución de bosques y aspectos que tienen que ver también con las comunidades. Y después, en las prácticas de manejo que promueve el FSC, muchas de ellas tienen que ver con la protección de ecosistemas, de los bosques de alto valor de conservación. En las actividades de manejo forestal tienes que velar porque eso esté protegido, y que las comunidades tengan acceso a ellos.

La captura de carbono por parte de los bosques hoy es un elemento de mitigación fundamental, ¿Cómo este tipo de cuestiones climáticas se insertan hoy en la certificación?

Uno podría decir, desde el punto de vista del bosque, que tiene que ver con conservar, proteger y aumentar esa masa boscosa, y al final con la capacidad de captura de stock de carbono. Como decía, hay indicadores y criterios que apuntan a la conservación de ecosistemas, pero además en 2018 en FSC se creó un nuevo procedimiento -que se ha ido profundizando y mejorando- para certificar y verificar impactos positivos de los servicios ambientales. Se priorizan cinco servicios del bosque: captura de carbono, conservación de la biodiversidad, agua, suelo y recreación, y están todos interrelacionados. Entonces, desde el momento en que contamos con este nuevo procedimiento, las empresas que están certificadas pueden mejorar la calidad de ese certificado profundizando, por ejemplo, en la conservación de biodiversidad. Y si se adquiere ese compromiso, debe velar porque esa masa se mantenga o se mejore. Esto también nos abrió la puerta a otros sectores que también tienen bosques, como las viñas. Un caso emblemático que tenemos es Concha y Toro, que tenía un programa de conservación de bosques en torno a los viñedos, e identificaron esta oportunidad con FSC de hacer esta certificación con fines de conservación. Está el parque Oncol también certificado en este momento como FSC Servicios Ecosistémicos.

¿Cómo se traduce esto en una señal para los inversionistas, por ejemplo, que hoy están tomando cada vez en mayor consideración estos atributos ambientales, sociales, de ASG?

Ahí tenemos una contribución importante, porque si los inversionistas quieren invertir para contribuir al cambio climático a través de la conservación, son todos efectos de mediano y largo plazo; cómo le aseguro hoy a un inversionista que en el futuro ese impacto va a ocurrir. Entonces, eso se hace a través de un procedimiento de certificación que implica que monitoreas todos los años y te comprometes con un plan de acción, que en el fondo son indicadores de proceso para lograr un impacto futuro. Además, con la flexibilidad que se requiere, con una auditoría de seguimiento puedes ir también actualizando esas actividades, porque va cambiando el entorno, y puede que tengas que hacer más actividades para lograr esa meta a medida que pasa el tiempo. Entonces se juega un rol importante ahí por el lado del monitoreo, porque estamos trabajando en un ámbito donde los efectos son de largo plazo, particularmente cuando se trata de conservación, donde pueden pasar muchas cosas entremedio, como un incendio.

“Tenemos que avanzar en estos factores que demuestren ese carbono que queda en los productos de origen forestal, que no lo estamos en este momento necesariamente valorizando, y hay una preocupación de la sociedad en que al cortar el bosque esa captura de carbono se pierda. Pero queda capturado en el producto. Ese concepto hay que fortalecerlo”

¿Qué pasa con el carbono que queda capturado en los productos, una vez que esa materia prima es transformada?

Otra cosa importante que estamos entendiendo es que tenemos que avanzar en estos factores que demuestren ese carbono que queda en los productos de origen forestal, que no lo estamos en este momento necesariamente valorizando, y hay una preocupación de la sociedad en que al cortar el bosque esa captura de carbono se pierda. Pero queda capturado en el producto. Ese concepto hay que fortalecerlo, porque hay mucho desconocimiento en eso. Otra contribución que se está discutiendo en FSC es avanzar en un modelo a escala de paisaje, y esto tiene un impacto muy significativo en el cambio climático, porque ya no se hacen talas rasas extensas, no son grandes paños. Hoy esa planificación tiene que hacerse considerando también estos efectos.

¿Cuáles son los avances más importantes que se ven en los últimos años en la industria, en materia de certificación?

Hay varios reconocimientos. Por una parte en los aspectos sociales, vinculados principalmente a las grandes y medianas empresas, porque se formalizaron los procesos de consulta e involucramiento con las comunidades. Ante esa responsabilidad social del pasado muy puntual, muy filantrópica, hoy lo que promueve el FSC es involucramiento, y eso quiere decir hacer participar a las partes interesadas en las decisiones que los afectan, partiendo por los impactos -que es el “desde”-, y con una mirada también de contribuir al desarrollo local. Eso se ha hecho en forma colaborativa; las empresas ya venían con estos programas, pero con el FSC se refuerza como un elemento crucial en el pilar de ser socialmente beneficioso. Se formaliza algo que se venía haciendo, y se fortalece. También cambiar la relación desde el conflicto hacia la colaboración, estamos en una transición importante en eso, pero con mucha más conciencia. El abrir los espacios para la recolección, por ejemplo, cuando se abre un predio que antes estaba cerrado, identificando dentro de ellos espacios que son de beneficio para las comunidades, o nos reencontramos con actividades tradicionales en ese entorno. Hay que abrir esas unidades de manejo, y las empresas lo hacen y lo valoran, porque ha ido estrechando las relaciones.

¿Cómo se empieza a insertar esta industria forestal, del papel, las fibras, en la economía circular?¿Se está trabajando en las certificaciones en esta materia?

Todo parte en el bosque, que es lo que hemos estado conversando, con los 10 principios del FSC que se abren en 70 criterios y más de 200 indicadores, que además tienen una bajada nacional, fueron adaptados a la realidad y desafíos del país. Y también están los estándares del FSC de trazabilidad, donde esta materia prima del bosque, en su proceso de transformación, puede mezclarse por ejemplo con madera ilegal, o con malas prácticas ambientales y sociales, entonces ahí es importante el estándar de cadena de custodia, que se acaba de actualizar. Entonces, hay un control de origen y de la trazabilidad de esa materia prima, donde recién al final de ese proceso puedo etiquetar el producto para garantizar que cumple con todos los requisitos del FSC, que cumple con los atributos sociales y ambientales. Hay una contribución a esta lógica de la economía circular también desde los aspectos sociales, porque lo ambiental no se puede separar de lo social.

¿Qué rol cumple esa trazabilidad en la circularidad de los productos?

La cadena no se puede cortar, esta certificación termina con un etiquetado que asegura el control de origen de la materia prima, que puede ser 100% FSC, por ejemplo, o FSC Mix que acepta un porcentaje de mezcla con fibra controlada y/o reciclada. Y está el FSC Reciclado, hecho con material reciclado pre-y post-consumo. Este último es un particular aporte a la economía circular, ya que el sistema acepta materiales recuperados y los “equipara” con las fibras vírgenes certificadas, es decir, permite que esa fibra recuperada pueda constituirse en materia prima para dar origen a un nuevo producto que el FSC avalará con la certificación. También es importante destacar que en general los productos de origen forestal son degradables, reciclables, compostables. Cobran particular relevancia por estas características en un contexto de crecientes exigencias normativas ambientales para sustituir productos que no se degradan o son dañinos para el medio ambiente en general. Nuestro desafío en un contexto de economía circular igualmente apunta a contribuir a sensibilizar mas no solo aguas arriba (control de origen y trazabilidad de productos de origen forestal) sino también, aguas abajo. Aquí se requiere también innovación, investigación y trabajo colaborativo, acercarse a la industria del reciclaje, fomentarla. Creemos que el objetivo de sostenibilidad de la economía circular conversa coherentemente con el del FSC.

¿Cómo se está avanzando en esto en Chile?

Hay un desafío de poder contribuir e incorporar el final de la vida útil, de si se recicla dentro del sistema. Estamos avanzando en FSC a nivel nacional en el tema de mercado, porque está todo ligado. La fuerza del mercado es muy potente para generar conciencia, estamos trabajando con el retail y otras empresas -por ejemplo- en generar conciencia en el consumidor, en saber elegir, en reconocer. Yo diría que un desafío hacia adelante va a ser cómo contribuimos a cerrar este ciclo, que ya por su origen es más amable. Ya hay una etiqueta FSC que permite incorporar material reciclado, pero aún no aprovechamos todo el potencial que hay ahí. Con el retail estamos acompañando con el mensaje de qué significa la etiqueta FSC, que es el reconocimiento a lo que hemos señalado: control de origen y trazabilidad hasta llegar al producto final. Las grandes empresas tienen esta lógica hoy, cada vez más, de pensar en el posconsumo. El papel y cartón, así como la madera, tiene espacios para reciclarse. En el caso de papeles y cartones ya hay una industria de reciclaje, y ahí es interesante el caso de Tetra Pak, que tienen el cien por ciento de todos sus envases certificados en Chile, y están permanentemente pensando en el posconsumo y en el reciclaje de sus envases. Como FSC es un trabajo que tenemos que destacar y comunicar más, como parte de la cadena, y es un trabajo que tenemos que hacer con la industria.

Hoy existe un espacio de oportunidad grande para este material en términos de envases, cuando se empieza a pensar en el reemplazo del plástico, por ejemplo. ¿Cómo ve esta oportunidad?

El año pasado tuvimos una entrevista con el gremio de envases y embalajes, ahí hay un espacio importante de oportunidad para socializar, en los gremios, porque viene también el incentivo por parte de la legislación. Cuando sale está ley que prohíbe el plástico hubo que adaptarse, y se adaptaron rápidamente. No quedaron fuera del mercado. Entonces, primero es la conciencia de reconversión hacia productos biodegradables. Pero también diría que en términos de la oferta del mercado, nos damos cuenta de que quizás nos deberíamos mover más rápido y tener una oferta de materia prima que permita acompañar esa transición. Aquí hay un espacio y vamos de la mano con el cambio de legislación, pero ojalá nos pudiéramos anticipar también. Esto ya llegó, y ahora hay que acompañar esta transformación con una oferta de productos certificados.

La circularidad de los envases, o al menos su posibilidad de reciclaje, es una exigencia que va en aumento por parte de los consumidores, ¿Cómo ayuda el sello FSC en esta decisión de compra?

Yo diría que lo más fuerte de la etiqueta es control de origen y trazabilidad, pero al final también el por qué lo hago, el propósito. Y eso tiene que ver con conciencia ambiental. Entonces, si yo elijo un producto que es ambientalmente sostenible, no tiene sentido hacer luego un mal uso posconsumo. Independiente de que el producto te tiene que decir en si mismo cómo se recicla -como lo hace Tetra Pak, o en general la industria del reciclaje de papel y cartón-, la etiqueta en el fondo te dice que no pierdas el valor al estar eligiendo algo que es ambiental y socialmente sostenible por la forma en que después lo vas a desechar. Tiene que haber coherencia cuando un promueve el consumo de productos responsables.

¿Cómo puede avanzar este sello en los próximos años, en materia de circularidad?

Si uno ve la etiqueta misma, yo diría que hay mensajes que podrían acompañarla en esta línea, pero esos mensajes tienen que tener respaldo, tienen que tener acción. Hemos escrito harto a nivel internacional sobre el tema, y nos sentimos parte de esa cadena porque todo parte en el origen, pero hay un mensaje ahí que fortalecer. Hay que educar en esa línea. Y eso lo hace mucho FSC, la manera de vincular con todo este proceso, y creo que hacia futuro tenemos que hacer un esfuerzo mayor en ese proceso de educación, de cómo seguir agregándole valor a todo este trabajo que hay desde el origen y la trazabilidad hasta el producto final. En el proceso de certificación no tenemos control sobre el consumidor, pero si tenemos una responsabilidad de socializar, de comunicar, y de trabajar junto con el mercado, que es algo que siempre ha hecho FSC porque sabemos que al final del día cuando cambia el consumidor es cuando cambia el sistema. Vamos a tener que trabajar con las empresas en campañas con este foco de socializar la economía circular, porque también ese concepto lo tienen quizás personas que trabajan en el ámbito ambiental y tenemos que llegar a un público más amplio, es una oportunidad de trabajo conjunto. En la etiqueta se podrían generar mensajes, pero cuando invito a hacer algo tengo que tener también la industria para satisfacerlo, entonces nos impulsa un poco más allá, nos hace ver cuál es el estado de esa industria hoy en el país.

¿Cuáles son los principales desafíos que ve a futuro?

Entender que estamos en un ámbito de acción que es responsabilidad de todos. Como FSC estamos tratando de dar muy fuerte la señal de que hoy, sin tener una mirada más sistémica y colaborativa, va a ser difícil seguir aumentando el impacto de lo que hacemos. Nosotros estamos muy conscientes de que se viene un cambio relevante en el sector forestal con la certificación, pero seguir nivelando hacia arriba, como nos exigen hoy las crisis que estamos viviendo en el ámbito climático, social y sanitario, nos interpela a tener primero que nada una mirada más amplia y colaborativa, convocar más actores. Y con esta mirada sistémica -y no de “check list”- prepararnos para los cambios que ya están ocurriendo, y los futuros. Diría que tenemos un desafío grande también de contribuir a formar en estos temas, en el propósito.

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