Consumo y Producción / La Araucanía

Primer diagnóstico regional de economía circular muestra bajo conocimiento e implementación, pero una mayor adopción en empresas más jóvenes y emprendimientos

Realizado por el consorcio Araucanía Circular 2025, el diagnóstico se aplicó a 292 empresas de 26 comunas de la región, y abarcó además de siete sectores productivos: Turismo, Construcción, Manufactura, Agrícola, Forestal, Servicios y Comercio. El índice de circularidad de la región es de 3.3 en una escala de 1 a 7, lo que la instala en un nivel bajo. Sin embargo, las micro y pequeñas empresas, en su mayoría emprendimientos jóvenes, muestran una alta tasa de adopción de prácticas circulares que pueden ayudar a la instalación de esta tendencia en la región, y en el país.

País Circular | 18 Jun 2020 a las 6:00 am

Conocer para mejorar, y sentar las primeras bases para la adopción de esta tendencia. Ese es el principal objetivo del “Diagnóstico Regional de Economía Circular” que se realizó en la Región de La Araucanía, y que encuestó a casi 300 empresas de la zona para que realizaran una revisión de toda su cadena de producción e identificaran los ámbitos donde están incorporando conceptos de circularidad, pero principalmente, para que tomaran conciencia de los aspectos que sí están haciendo bien o que pueden mejorar con pequeños ajustes.

Si bien en 2019 ya se había realizado una primera encuesta de alcance nacional sobre sostenibilidad y circularidad en las empresas chilenas, este es el primer mapeo a una región específica del país, y fue realizado por el consorcio Araucanía Circular 2025. El diagnóstico se aplicó a 292 empresas de 26 comunas de La Araucanía, y abarcó además de siete sectores productivos: Turismo, Construcción, Manufactura, Agrícola, Forestal, Servicios y Comercio.

Y la primera mirada, el resultado global, no es muy alentador: el índice de circularidad de la región es de 3.3 en una escala de 1 a 7, lo que la instala en un nivel bajo. Un 65% de las empresas de la región está en un nivel bajo, un 29% en un nivel medio y solo un 6% en el segmento alto de circularidad, a lo que se suma que un 59% de los encuestados desconoce qué es la economía circular y qué ventajas puede tener para su negocio.

Sin embargo, señalan los expertos, el resultado es esperable considerando que se trata de un tema nuevo para el país, que recién este año inició la construcción de su Hoja de Ruta 2040 en esta materia, y en el que los principales impulsores de esta tendencia a nivel global tampoco tienen muchos años de delantera.

Por ello, si bien es importante conocer esta primera “foto” de la realidad regional, lo principal es el “para qué” medirse. “Esto tiene que ver con poder conocer para transformar. Si queremos avanzar hacia la economía circular necesitamos reconocer las brechas, qué sectores productivos requieren un aporte, cuáles tienen un grado más de avance que permita ir generando también los primeros pilotos de experiencias exitosas. Y también busca aportar al conocimiento de construcción de la economía circular, porque es una innovación social y un proceso en desarrollo. Esta encuesta nos da un primer eslabón desde donde uno puede empezar a construir”, afirma Pamela Ríos, representante de Fundación Avina en el consorcio Araucanía Circular 2025.

Para alcanzar ese objetivo, se tuvo especial cuidado en el diseño de la encuesta. Que fuera sencilla y fácil de entender, que permitiera puntuar acciones en base a su importancia relativa en la circularidad, y que ayudara a las empresas revisar tanto su cadena productiva completa como su conocimiento en temas específicos de sostenibilidad y economía circular.

“La importancia de un diagnóstico con preguntas simplificadas es que te permita repasar tu cadena, reconocer tu ciclo, y al mismo tiempo tener preguntas que te hagan cuestionar si lo que estás haciendo es mejorable o no. Ese es el objetivo de la encuesta, recorrer el proceso por etapas simplificadas -desde la obtención de materias primas hasta la disposición final de sus residuos-, y que de ahí se generen antecedentes para determinar el grado de conocimiento y de circularidad de las empresas”, explica Javier Obach, consultor en economía circular y diseñador de la encuesta de diagnóstico.

Este cuestionario permite además a las empresas, agrega, que al mismo tiempo que analizan su respuesta se cuestionen o replanteen sus procesos, y además se empieza a instalar la importancia de reportar y transparentar la información en esta materia.

“Cuando haces toda esa mirada de la linealidad, las empresas se hacen las preguntas necesarias para ver qué tanto de esa linealidad puede circularizarse, y eso ya es un tremendo aporte. Muchas veces las empresas se desmotivan de forma muy temprana cuando dicen ‘no, esto es muy difícil, son muchos pasos’, o ‘esto aplica para las empresas grandes nomás’. Pero cuando se van dando cuenta de que hay cosas que sí hacen, y que la economía circular es más cercana a lo que pensaban y que tiene prácticas que ya están empezando a incorporar, se empiezan a motivar”, dice Obach.

Micro y pequeñas empresas traccionan el sistema circular

Al revisar la encuesta más allá de la evaluación general y poner el foco en los elementos de circularidad que están adoptando las empresas encuestadas en la Araucanía, hay una serie de aspectos que muestran cifras mucho más alentadoras. Por ejemplo, a nivel regional casi un 60% afirma que diseña productos considerando su reparabilidad, separabilidad y/o aprovechamiento de componentes; un 41% dice sustituir parte de sus materias primas vírgenes por materiales excedentarios de otros procesos; un 51% utiliza envases ecológicos o no usa packaging, y un 72,6% indica que al menos el 40% de sus residuos no son destinados a relleno sanitario o quemados de forma no controlada.

Resultados que lucen bien, pero que también tienen matices. El primero es que aún existe una confusión entre economía circular y reciclaje. Cuando se pregunta a una empresa si diseña sus productos pensando en la reparabilidad o reciclabilidad, por ejemplo, es -como en todas las encuestas- una pregunta que puede depender de su interpretación, donde no significa que se haga hoy sino que es posible de hacer.

“Si hago una mesa, puedo pensar que el fierro, la madera y los tornillos los puedo reciclar de una manera. O si hago un producto como una campana para asados también lo puedo reparar si el cliente lo requiere. En muchos casos no es que lo estén haciendo sino que lo pueden -o quieren- hacer, pero no está incorporado en el modelo de negocios como un servicio a ofrecer”, explica Obach.

Sin embargo, agrega, ese es precisamente uno de los aspectos relevantes de esta encuesta de diagnóstico: “que al revisar su cadena completa, el dueño de la empresa pueda poner en valor qué es lo que está haciendo en cada uno de esos procesos, y mirar esa linealidad con una óptica de ver qué cosa podría circularizar. Ese es finalmente el objetivo, ir relacionando las cosas que hace con la temática de la economía circular”.

Otro aspecto interesante que muestra la encuesta es que los valores más altos se dieron principalmente en las micro y pequeñas empresas (que concentran el 75% de la muestra), en su mayoría emprendimientos jóvenes. “Probablemente la aceptación de estos temas, que les hacen sentido, es bastante mayor ahí. En las empresas más grandes o que ya llevan muchos años funcionando cambiar algún proceso implica replantearse el modelo de negocios completo, pero empresas jóvenes que parten como emprendimientos podrían tenerlo más incorporado en su ADN”, plantea Javier Obach.

Un ejemplo de ello es la empresa Berrysur, que fabrica jugos y alimentos saludables en Villarrica. “Con mi familia tenemos la conciencia, desde que nació la empresa de que todo lo que hagamos tenga el menor impacto negativo y el mayor impacto positivo posible”, dice Paola Martini, gerenta comercial de la empresa. En esa línea, por ejemplo, desde hace tres años trabajan con una empresa que recicla todas las toneladas de vidrio que cada año ponen en el mercado, y su mirada respecto del rol de las pequeñas empresas en esta materia es concordando con la visión de Obach.

“En Santiago hay mucha más conciencia de alimentación saludable, reciclaje, de reducir el impacto de lo que hacemos, pero en regiones no se ha dado tan fuerte esta nueva tendencia. Entonces la gente no lo conoce, salvo las personas que son más jóvenes. Me hace mucho sentido que sean las empresas jóvenes. O las antiguas que están reformulando su forma de presentarse o están contratando a gente más joven que está adoptando estas medidas, probablemente en áreas que son más tendencia global como el reciclaje”, afirma.

Sin embargo, esto que puede generar un impulso desde las pymes, también plantea un problema, dice Pamela Ríos. “Yo concuerdo con ese diagnóstico y es muy bueno, pero también nos muestra que aún se trata de un grupo de empresas, pequeñas la mayoría, y que no son necesariamente las que mueven la aguja de la economía regional”.

Al respecto, Paola Martini platea que en ello deberá jugar un rol importante el gobierno regional y los municipios, principalmente en términos de realizar acciones concretas que empujen este cambio, y lo mismo con los sectores productivos de la región.

“En La Araucanía hay empresas bien grandes que pueden marcar un gran impacto en cuanto al ejemplo, va a ir muy de la mano con hacer conciencia en las grandes empresas para que empiecen a marcar un impacto mayor. Creo que las nuevas empresas vienen con esto de la mano, los que están emprendiendo ahora vienen con ganas de cambiar al mundo. Al final lo que hay que lograr es que las personas cambien sus percepciones para que así cambien las empresas, porque de las personas depende todo”, plantea.

Agricultura y Manufactura los mejor evaluados; Forestal y Turismo al debe

Al hacer un análisis por sector económico, la encuesta muestra realidades dispares entre los distintos sectores económicos de la región. Los sectores mejor evaluados son Agricultura (con un índice de circularidad de 3,9) y Manufactura (3,6). En el primero caso, plantea Pamela Ríos, esto tiene relación con prácticas históricas del sector que quizás no se habían valorado y que por lo mismo no se les saca provecho, pero que ayudan a ir avanzando hacia la circularidad. Un ejemplo clásico es el uso de estiércol como abono para praderas, pero a ello se han sumado el uso eficiente de tecnologías para el consumo de agua o la disminución de residuos. También el hecho de que gran parte de los productos agrícolas van a otros procesos industriales y no necesariamente a consumidor final, lo que disminuye el uso de packaging.

“En el caso de la manufactura -agrega- hay varias empresas que participan de encadenamientos productivos más largos, y que están avizorando que necesitan hacer cambios para poder seguir en ese encadenamiento porque así lo requiere el cliente. Por ejemplo el uso de tecnologías, del diseño de productos, cosas ya están empezando a ser un condicionante para el sector. En Construcción es similar, puede ser que sea una de las áreas donde más se pueda movilizar a los pequeños y medianos, porque hay todo un ecosistema alrededor del mundo de la construcción, que si decide incorporar con fuerza la circularidad -y ya lo está considerando- va a ser un gran traccionador de un cambio en los más pequeños, que es lo que nos interesa en las regiones también”.

En cuanto al sector forestal, el índice de circularidad de 2,7 parece mostrar poco interés en cambiar un modelo de negocios que lleva décadas en la región, y que funciona. “Creo que es parecido a la minería, que se ha ido quedando con una tecnología bastante obsoleta porque les resultó de una manera y se han quedado ahí. Sí, se usan residuos y de hecho hay ejemplos de uso de poda para biomasa u otros, pero no es la norma porque finalmente no les mueve la aguja del negocio”, plantea. En el caso del Comercio y los Servicios, los más bajos -ambos con un índice de 2,3-, la respuesta parece estar en que aún existe muy poca demanda de los clientes en esta materia.

La sorpresa, reconoce Pamela Ríos, fue el Turismo, que no solo tiene el potencial sino que es un sector que lleva ya varios años a nivel global y nacional en la integración de conceptos de sostenibilidad y economía circular, y que además es el que tiene una mayor representación en la encuesta, con un 28% del total de las empresas. Su índice de circularidad fue de apenas 3,1.

“Quedamos impactados. Creo que hoy lo que se vende es el paisaje, pero no el servicio de turismo. No hay consideración de uso de energías renovables, los sistemas de transporte no están considerados aún en su diseño. Entonces, cuando te venden el turismo sustentable es el lugar a que voy a ir a visitar, pero no han incorporado la sustentabilidad en lo que hacen. Ahí hay una oportunidad de trabajo enorme en La Araucanía, y seguramente va a haber que trabajar bastante de la mano de normativa pública, que va a ir traccionando la demanda, y algún tipo de financiamiento y apoyo específico en circularidad. Las empresas de turismo no lo están viendo. Todo el tema de la reutilización de aguas, un montón de elementos que no han incorporado para nada”, afirma.

Oportunidades a partir del diagnóstico

Este diagnóstico de la economía circular en La Araucanía es la primera de tres etapas planificadas por el proyecto de Araucanía Circular 2025, donde la segunda ellas considera la realización de un programa de formación de modelos de negocios circular (Camp Circular), una etapa de diseño de intervención en las empresas (Experimentación Circular), e instancias de difusión de los aprendizajes (Lab Circular). ¿Cómo y dónde avanzar, entonces, a partir de este diagnóstico inicial?

Para Javier Obach, una mirada es apuntar a aspectos que hoy marcan números bajos y que tienen una importancia relativa más alta en circularidad, como temas de extracción virtuosa, el uso de materias vírgenes que puedan ser utilizadas en otros procesos, y considerar la posterior reparabilidad, separabilidad y reciclaje. “Ese es un tema que es bien negativo y que relevante porque está relacionado con la Ley REP. La cantidad de residuos que se generan las empresas agrícolas y de manufactura es muy alto, los envases y embalajes. Y temas de gestión en la recuperabilidad al final de vida de los productos, que es bastante negativo y que también es muy relevante ponerle hincapié”, apunta.

Para Pamela Ríos, al momento de comenzar a delinear estrategias de avance, será importante trabajar con algún sector industrial que sea abarcativo de la región y que pueda generar nuevos estándares desde la demanda de servicios.

“Puede ser el ámbito de la construcción porque es un ecosistema mucho más poblado, desde la persona que hace los perfiles de aluminio, -por ejemplo- entonces generas un movimiento mucho más grande. Me parece que se necesita algún tipo de industria que genere este movimiento, y que traccione al ecosistema hacia otro nivel. Y sin duda la agricultura también podría ser un buen gatillador en esto”, plantea.

También será importante ir generando una nueva cultura en torno a la economía circular, una materia que deberá ir guiada por los incentivos normativos y de políticas públicas que ya se están trabajando a nivel nacional, pero que también requiere de acciones regionales.

“Por ejemplo, con la pandemia toda la industria del turismo va a tener que revisar sus prácticas, y uno podría aprovechar este momento para decir `bueno, si vamos a hacer la transformación, hagamos una transformación radical, pensemos cómo generamos una nueva industria’. Esta es una súper buena oportunidad, pero que pasa por el darte cuenta, pasa por un cambio cultural”, afirma.

Una visión que comparte Paola Martini: “Creo que el turismo es la forma más rápida y fácil de partir, sobre todo con lo que está pasando ahora, porque las empresas van a tener que reestructurar completamente sus modelos de negocios. Uno de los mayores ingresos de la región están en el turismo, junto con la agricultura, y ahí están los dos grandes ejes de circularidad que se podrían dar en La Araucanía”.

El objetivo final, concuerdan todos, es ir avanzando en economía circular en la región para ir haciendo su propio aporte a la construcción de este tendencia en el país. “Pequeños cambios marcan la gran diferencia -dice Paola Martini-. Esta es una visión muy de persona de región, pero cuando las cosas se hacen a nivel nacional uno entiende que el gran esfuerzo va a estar puesto en Santiago. En cambio, cuando las regiones empiezan a hacerse cargo de educar a su propia gente, las personas empiezan a tomar más conciencia”.

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