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Innovador proyecto de agricultura vertical produce hortalizas con menos agua, espacio y huella de carbono dentro de las ciudades

Usan menos del 5% de agua que un cultivo tradicional, controlan las variables climáticas, usan tecnología LED, producen en un ciclo de un mes y en marzo tendrán su primera producción. AgroUrbana es la apuesta de dos profesionales que vienen del mundo de la energía renovable y que pretenden tener un producto consistente durante este año, y con un precio que no se verá afectado por vaivenes climáticos.

“Lo que estamos haciendo es darle el día perfecto de primavera a las plantas todos los días del año”. Así resumen Pablo Bunster y Cristián Sjögren el innovador proyecto de agricultura vertical denominado AgroUrbana, que se emplaza en la comuna de Quilicura y que pretende convertirse en la primera experiencia en Chile y en América Latina de este tipo de cultivos, que cuentan con un desarrollo cada vez más potente en Asia, Europa y Norteamérica.

Con una necesidad de menos de 5% de agua de los cultivos tradicionales, manejo de luces LED para entregar el espectro de luz necesario para cada planta, control de humedad, balance de la cantidad de CO2 en el aire y el principio de la hidroponía -pero agrupado de manera vertical-, la estimación inicial de AgroUrbana es que en los 300 metros cuadrados de extensión de su planta inicial producirán el equivalente a tres hectáreas de cultivo tradicional. Es decir, alrededor de 100 veces lo que se produce por metro cuadrado en el campo.

Bunster y Sjögren vienen de experiencias profesionales distintas a la agricultura. Ambos se formaron y desarrollaron en energías renovables, donde participaron como emprendedores, inversionistas y ejecutivos de empresas multinacionales en un contexto de precios de la energía que era muy distinto al actual, dada la revolución principalmente de las fuentes de energía renovables no convencionales que generaron una baja del precio de la energía de más de un 60% entre 2014 y 2017.

Con la variable precio jugando a favor, con una demanda de alimentos que crece año a año y con insumos como la tecnología LED con valores cada vez más asequibles, se toparon con la agricultura vertical en San Francisco, Estados Unidos.

“Le metimos harta cabeza para entender los números, cuáles eran los patrones, y nos dimos cuenta que hay una demanda clara por comida fresca, trazable, sana, y que a la vez no tenga pesticidas, que uno sepa cómo se produce, que sea con los sabores que existían antes, porque eso es difícil de encontrar. Así llegamos a la agricultura vertical y a la necesidad de entrar a esta aventura, y llegar al primer proyecto que nosotros hemos encontrado en Latinoamérica”, explica Pablo Bunster, quien detalla que además viajaron a conocer plantas a otros países, como Canadá.

“Esto es como una agricultura 3.0, porque básicamente se pasa del cultivo tradicional a crecer y producir hacia arriba, por lo que se aumenta la capacidad de producción por metro cuadrado. El mundo va creciendo, necesitamos producir más alimentos y si seguimos haciendo las cosas como hoy, no da. Eso nos llevó a ver una oportunidad de cambiar las cosas y aportar hacia las múltiples soluciones que vamos a tener que ver a nivel planeta para este desafío futuro, y además hemos ido sumando una visión y concepto de cultivar con un sentido de responsabilidad ambiental muy fuerte”, complementa Cristian Sjögren.

Menos huella de carbono, más inocuidad

Y si bien el proyecto es innovador en el país, dado que no hay experiencias similares con tal nivel de tecnología, tuvieron una buena acogida al momento de levantar capital para desarrollar esta iniciativa.

“La inversión supera los US$ 500 mil. Hoy tenemos los recursos asegurados para la construcción de la planta y para buena parte de la primera etapa, pero dentro de los próximos meses vamos a empezar a tocar otras puertas con miras a financiar las próximas etapas”, precisa Sjögren. Es que la proyección del negocio es ambiciosa, expectativa que está determinada porque el ciclo de producción es rápido, lo que les permite ir generando producción continuamente.

“El ciclo, desde plantar la semilla hasta que el producto esté listo, es de un mes. Lo que nosotros tenemos en este minuto es una fase inicial.  Luego la proyección es crecer diez veces, y así sucesivamente, y en los próximos 18 meses queremos tener levantada la primera planta de escala. Eso quiere decir que tenemos que preparar esa fase ahora, cuando estamos aún recorriendo la primera fase. Hoy esto es algo completamente nuevo, en pañales, y la lógica de esta primera etapa apunta a internalizar los aprendizajes de la primera etapa y tener una propuesta mucho más sólida, validada”, señala Bunster.

Una de las ventajas de tener el control total de la producción y no depender de factores climáticos es que -dicen- el producto va a tener la misma calidad en invierno y en verano, y eso se verá expresado en el precio.

“La consistencia en el cultivo, en el producto, es a lo largo del año, y si un comprador nos pide ajustar hacia un producto que pega más en invierno que en verano, lo hacemos. Es la ventaja que nos da el ciclo de un mes. Si el mercado lo pide, podemos ir contraciclo. Eso mismo hace que el precio sea consistente todo el año, no porque vino una helada o llovió va a haber un impacto en el precio, acá es consistente todo el año”, plantean.

Otro aspecto destacado del proyecto es que adoptan nuevas tendencias, como la demanda por una producción más saludable y con compromiso con el medio ambiente.

“Como se produce en altura no se necesitan grande extensiones de campo, se puede producir en lugares cercanos a la ciudad. Eso hace que el tiempo desde el campo a la góndola o al plato se acorte. Pero también se acorta el transporte, la huella de carbono, porque del lugar donde cultivamos vamos directo al punto final, en un trayecto menor a una hora, así que el consumo de combustible es menor y, por ende, la huella de carbono baja. Después contemplamos hacer todo esto en base a energías renovables. Con esta cercanía a las ciudades también vamos a tener un producto más fresco, con mucha menos manipulación, es decir inocuo desde el inicio del proceso. Es distinto un producto que viajó 600 kilómetros para llegar a destino a otro que viaja 30 minutos”, destaca Sjögren.

Retail y comercio electrónico en la mira

AgroUrbana espera tener lista la primera producción en marzo, cuyo mayor énfasis está puesto en hojas verdes. Así, tienen pensado ofrecer una decena de variedades de lechuga, hortalizas baby leaf, distintos tipos de acelgas, kale, rúcula y hierbas varias.

¿El principal consumidor? “La conversación inicial es con el canal Horeca (hoteles, restaurantes y casinos), es más fácil y hay mayor flexibilidad. Uno puede ir ajustando con ese rubro, con los supermercados es más difícil. En esta etapa inicial tenemos pensado preparar y pulir la entrada a los supermercados, los tenemos en la mira porque ahí está el volumen”, explican los fundadores.

Y a futuro también tienen planes en diversos ámbitos. En lo productivo, están investigando cómo desarrollar berries con esta tecnología, y también se abren puertas para hierbas de uso farmacéutico y flores como posibles nuevas vetas de negocio.

En tanto, en materia de comercialización apuntan a aprovechar el boom del e-commerce y las aplicaciones móviles de despacho a domicilio de diversos productos.

“Pese al auge de las aplicaciones, los productos frescos uno va igual a comprarlos y a elegirlos. Uno sabe que en la góndola de la lechuga, por ejemplo, hay una diversidad grande, entonces a través de este proyecto creemos que podemos dar una consistencia para que el cliente tenga la confianza de comprar la lechuga fresca”, finalizan.

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