Opinión / Acción Climática

La actualización 2020 de la NDC de Chile en el contexto climático internacional

“El proceso por el cual se logró consensuar la NDC presentada por Chile en esta oportunidad, fue bien utilizado para construir una plataforma que permitiera la organización de un trabajo de largo plazo de discusión y consenso intersectorial en el propio país. Es así como se puede apurar una ‘cambioclimatización’ de otras políticas públicas de alta relevancia para un país”.

Fernando Farías | 13 Abr 2020 a las 9:29 am

Una buena noticia: Chile presentó la actualización 2020 de su contribución nacionalmente determinada (NDC), cumpliendo uno de los compromisos indicados para los firmantes del Acuerdo Climático de Paris. Se convierte así en el primer país latinoamericano en pronunciarse mediante su NDC en cómo quiere abordar la acción climática en esta nueva década. Así como hace 5 años -en la ronda anterior de presentación de NDCs en Latinoamérica- fue México quien entregó en forma temprana su documento de NDC conteniendo una gran cantidad de elementos técnicos que abrieron debates, y fueron fuente de inspiración en la región para preparar sus propios NDC, parece ser que Chile será quien sirva de guía en esta oportunidad.

La presente ronda de actualizaciones a las NDC se da a nivel internacional en el marco de una madurez progresiva del entendimiento del tema de cambio climático, con dudas ya disipadas respecto a la veracidad de fenómenos físicos cada vez más permanentes e intensos, coyunturas tecnológicas favorables insospechadas o no reconocidas hasta hace pocos años, una descarbonización gradual que se vislumbra posible de las economías, en sociedades progresivamente mas sensibilizadas y con gobiernos con voluntad política de embarcar a sus países en miradas de largo plazo, con reconocimiento de la carbono neutralidad como una condición no solo deseable, sino que necesaria a la vuelta de unas pocas, muy pocas, décadas.

El proceso por el cual se logró consensuar la NDC presentada por Chile en esta oportunidad, fue bien utilizado para construir una plataforma que permitiera la organización de un trabajo de largo plazo de discusión y consenso intersectorial en el propio país. Es así como se puede apurar una “cambioclimatización” de otras políticas públicas de alta relevancia para un país: otra oportunidad que se puede estudiar para aplicar en la región.

Probablemente el principal lineamiento que ha expuesto Chile en esta oportunidad es el de cómo interpretar el aumento progresivo del grado de ambición que se espera para las actualizaciones de las NDC de los países firmantes del Acuerdo Climático de Paris, y esto lo materializó tanto en términos globales como específicos. En el primer caso, al decidir ampliar el rango de elementos incluidos en su NDC, juntando no solo los componentes técnicos esperables en un documento de este tipo: mitigación, adaptación, integración y medios de implementación con un novedoso pilar social que incluye elementos de transición justa y desarrollo sostenible.

El aumento de la ambición climática en términos de mitigación de Chile, en tanto, contempla una batería de 5 elementos que alinean al país con los requerimientos indicados por la ciencia:

  1. Definir un valor absoluto como meta de emisiones de gases de efecto invernadero al 2030, de 95 millones de toneladas de CO2eq. Este nivel es equivalente a que el país pueda volver a niveles similares de emisiones que tenía hace más de una década atrás. Esto considerando además que el tamaño de su economía en 2030 puede ser el doble del que tenía hace 10 años.
  2. Considerar 2025 como el año a partir del cual sus emisiones revertirán su tendencia creciente en el país.
  3. Contar con un presupuesto de emisiones (conocido a nivel internacional como “carbón budget”) máximo de 1.100 millones de toneladas de CO2eq entre el 2020 y el 2030, similar al ocupado por el país en los últimos 11 años registrados con estadística oficial (2006-2016).
  4. Reducir en un 25% las emisiones totales de carbono negro al 2030.
  5. Forestar 200.000 hectáreas en la presente década, de las cuales al menos 100.000 hectáreas correspondan a cubierta forestal permanente, con al menos 70.000 hectáreas con especies nativas.

Los compromisos desplegados en el componente de mitigación tienen elementos valiosos para países en desarrollo económico, como es el caso de Chile, porque sirven de ejemplo para responder ya a la urgente necesidad de quebrar pronto las tendencias de seguir emitiendo gases de efecto invernadero de manera creciente, y encaminarse a la carbono neutralidad en el mediano plazo. También aportan en presentar señales en escalas de tiempo para distintos sectores, integrando políticas públicas ambientales de alcance local, con otras de alcance global. Un ejemplo en este último caso es incluir medidas concretas para reducir las emisiones totales de carbono negro, haciendo funcionar de la mano la reducción de la contaminación atmosférica en las principales zonas expuestas del país, con la mitigación climática de escala planetaria.

Con estos elementos, Chile se presenta en una muy buena posición en el caso de sus compromisos de mitigación, que son probablemente los que serán discutidos y examinados con mayor detalle para el próximo ejercicio de Balance Mundial entre signatarios de la Convención a desarrollarse en 2023, y en el cual los países deberán mostrar cómo lo están haciendo en el marco del avance colectivo, en el cumplimiento de sus propósitos climáticos y objetivos a largo plazo.

El desafío es continuar en el país el impulso que genere la publicación de este NDC, y lograr una efectiva implementación que se refleje en sus próximos reportes de actualización ante la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático.

* Dr. Fernando Farias es experto senior del Centro de Cambio Climático y Sustentabilidad UNEP-DTU Partnership de la Universidad Tecnológica de Dinamarca.

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