Fundación Mar y Ciencia acerca la cultura oceánica con experiencias lúdicas y educativas
Nacida en 2017 en Valparaíso, esta organización promueve el conocimiento del océano a través de dos ejes de acción: comunicación científica y educación ambiental, donde destacan charlas, talleres, cápsulas audiovisuales y hasta juegos de mesa que han causado furor. Actualmente la fundación está en una fase de transición: sus creadores Catalina Velasco y Felipe Pizarro, ambos biólogos marinos, viven hace tres años en la isla Cozumel, en el Caribe mexicano, y prevén incluir el ecoturismo dentro de las líneas temáticas de Mar y Ciencia.
La precuela de Fundación Mar y Ciencia se remonta a la época en que Catalina Velasco y Felipe Pizarro cursaban la carrera de biología marina en la Universidad de Valparaíso. Naturalmente ambos comenzaron a bucear hasta tomar una licencia profesional en la escuela náutica porteña Valposup. Su involucramiento y pasión por el mar los llevó a participar en proyectos comunitarios ligados al océano: limpiezas submarinas, limpiezas de playas, en fin, todo tipo de activaciones a fin de proteger el ecosistema marino.
En algún minuto, ambos se miraron a la cara y pronunciaron casi al unísono: “Hagamos esto más profesional para captar recursos”. Así, en 2017 vio la luz la Fundación Mar y Ciencia, cuyo objetivo es acercar la cultura oceánica a las personas. “Se puede decir que la fundación nació de las ganas de dos estudiantes de compartir lo que estábamos conociendo acerca del océano. Si bien Chile es un país oceánico y quiere harto su mar, no sabemos mucho de él. La idea es que se hable del océano en las mesas, en las familias”, indica la directora de Mar y Ciencia, Catalina Velasco, bióloga marina, doctora en ciencias antárticas y subantárticas y comunicadora científica, fundamentalmente de las ciencias del mar.
El trabajo de la Fundación Mar y Ciencia descansa en dos ejes centrales: la comunicación/divulgación científica y la educación ambiental. La primera se consigue a través de las redes sociales, donde se publican reels, podcast, recomendaciones de libros, cápsulas audiovisuales y otro tipo de contenidos para, según Velasco, hacer más accesible la cultura oceánica a la sociedad completa. “Participamos en ferias ambientales que se hacen mucho en la Región de Valparaíso, para el Día del Mar o el Día del Océano. Y ahí les preguntamos a las personas. Mi pregunta más clásica es ‘¿Qué es el océano para ti?’. La respuesta en un 90% es ‘un misterio’, ‘un enigma’, ‘vida’. Hay este halo de misticismo”, reconoce la también exploradora y líder joven de National Geographic.
Catalina reconoce que hay mucho trabajo de comunicación por delante, por cuanto en Chile “hay ciertas nociones sobre el océano, pero aún hay desconocimiento sobre varias cosas. Se sigue pensando en los tiburones como malos o peligrosos, y no los reconocemos como custodios del equilibrio ecosistémico. Eso lo extrajimos de un estudio de alfabetización oceánica a lo largo de Chile desarrollado por la Fundación”.
El objetivo, según la directora de Mar y Ciencia, es “generar puentes para que el conocimiento oceánico sea de libre acceso. Sucede que los papers quedan entre cuatro paredes, en una estructura aislada. Nosotros lo traducimos: no lo bajamos de la estratósfera, sino que es una traducción para que sea más amena para todas y todos”.
En cuanto a la educación ambiental, Fundación Mar y Ciencia ofrece talleres de temáticas oceánicas especializadas, pero no exclusivamente para biólogas y biólogos marinos. “Hacemos un repaso por los diferentes ecosistemas marinos, hablamos de la biodiversidad marina mundial, pero son talleres que pueden ser tomados por abogados, artistas y otro tipo de profesionales”, añade. Esos talleres se imparten bajo la modalidad online.

“Estamos en conversaciones para unir esta experiencia de educación ambiental y divulgación científica con el ecoturismo, y comenzar a impactar a esta masa crítica de jóvenes que está bajo el agua”.
De heroínas y algas
Dentro del eje de educación ambiental figura una iniciativa que ha causado furor entre la comunidad educativa chilena: los juegos de mesa. El primero fue Heroínas Oceánicas, un juego de roles que pone en valor el conocimiento que traen 16 mujeres científicas a las ciencias del mar. “Cada jugador personifica a estas heroínas que son científicas reales y contemporáneas, a quienes entrevistamos para este juego. Los jugadores deben sortear ciertos obstáculos que estas mismas científicas han tenido que derribar en su vida real”, comenta Catalina Velasco.
En Heroínas Oceánicas relucen las figuras de, por ejemplo, la científica y oceanógrafa inglesa radicada en Chile Sussanah Buchan, quien descubrió que la ballena azul distribuida en las costas chilenas tiene un dialecto propio, único en el mundo; Judith Pardo, paleontóloga nacida en Porvenir, Tierra del Fuego, quien fue aclamada por un hallazgo de más de 50 fósiles de ictiosaurios (reptiles que vivieron cerca de 150 millones de años en el mar) en Torres del Paine; y María Eliana Ramírez, investigadora y ficóloga talquina (especialista en el estudio de las algas), con cuyo nombre fue bautizado un género de alga roja Ramirezia y denominada una nueva especie como Neosiphonia ramireziaer. “He tenido el honor de trabajar con todas estas mujeres”, se enorgullece la cofundadora de la Fundación Mar y Ciencia.
El segundo proyecto de este tipo se denomina Refugio Kelp. Creado en colaboración con Within Play -editorial dedicada al diseño de juegos educativos de mesa, fundada por los hermanos biólogos marinos Jorge y Daniel Varela-, Refugio Kelp consiste en “ir creando tu propio bosque de algas en un contexto de crisis climática. Hay cartas que te ayudan a crecer tu bosque como los dispersores de esporas o el control de erizos, y otras que representan amenazas para las algas, tales como el aumento de la temperatura de las aguas o la introducción de especies invasoras”, explica Catalina Velasco, autora de los libros Vida sumergida: por qué necesitamos el océano (2021) y Navegantes ancestrales: por qué maravillarnos con las tortugas marinas (2023), ambos publicados por La Pollera Ediciones.
Para Catalina es importante concientizar y sensibilizar sobre los bosques de algas, porque sostienen la vida tanto en la tierra como en el océano. Como en los bosques terrestres, los bosques de algas producen el oxígeno y generan hábitats que ofrecen protección y refugio a numerosas especies como invertebrados, peces, crustáceos y hasta tiburones y rayas.
Ambos juegos son financiados por Ciencia Pública, un programa del Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación que, según cita su sitio web, “nace con el fin de promover la socialización del conocimiento -fuera del ámbito escolar- a través de la articulación de actores e instituciones, del desarrollo de experiencias memorables y del trabajo con comunidades”. Puesto que cuentan con financiamiento público, Heroínas Científicas y Refugio Kelp se distribuyen en instituciones que funcionan como aliados estratégicos de los proyectos, tales como establecimientos educacionales, cafés literarios, bibliotecas públicas y museos como los de Historia Natural de Valparaíso y Santiago. “Somos orgullosamente la única organización que se ha adjudicado dos proyectos de Ciencia Pública para crear juegos de mesa”, asume Catalina.
“Ha sido súper interesante explorar este mundo de los juegos de mesa. Encontramos un nicho ahí. Tenemos un público férreo y defensor de ellos. Ha sido importante porque es público que ya tiene noción de temáticas del mar y son replicadores del mensaje, invitando a otros a jugar. En particular, Refugio Kelp cumplió con todos nuestros indicadores: cuantificamos que la gente sí ha aprendido más de bosques de algas y crisis climáticas por el solo hecho de jugar”, complementa la divulgadora científica.

“Se puede decir que la fundación nació de las ganas de dos estudiantes en compartir lo que estábamos conociendo acerca del océano. Si bien Chile es un país oceánico y quiere harto su mar, no sabemos mucho de él. La idea es que se hable del océano en las mesas, en las familias”.
Mar y Ciencia en transición
Actualmente Fundación Mar y Ciencia funciona en formato híbrido: virtual y presencial. Hace tres años, Catalina Velasco y Felipe Pizarro cambiaron las frías aguas del Pacífico por las cálidas del Caribe mexicano: ambos residen en la paradisíaca isla Cozumel. Ahí Catalina trabaja como fotógrafa submarina y divemaster (buzo de categoría avanzada que puede guiar a otros buzos). A ella le interesa promover prácticas de buceo responsables, sostenibles y respetuosas con el entorno marino.
“Me hice acá instructora de buceo. Yo veo aquí un mundo de oportunidades y queda mucho por hacer. El buceo responsable es un gran aliado de la conservación, porque somos el 1% de la población que tiene el privilegio de estar bajo el agua viendo las dinámicas del ecosistema y sacar fotos. Uno bucea porque ama el océano, nadie bucea pensando en que los peces se mueran y todos queremos ver un océano sano. Sin embargo, hay una línea muy delgada entre un buzo responsable y otro que va a dañar el ecosistema, que toca a las especies, que hace disturbios, que acosa a los animales para una foto. El buzo puede ser parte de la solución o del problema”, detalla Catalina.
La experiencia del buceo en las aguas turquesas caribeñas mantiene en una fase de transición el proyecto de la Fundación Mar y Ciencia. “Estamos en un período de reestructuración interna para seguir el trabajo de comunicación científica a nivel binacional. Mar y Ciencia sigue en Valparaíso, pero queremos que se expanda”, anuncia Velasco.
En concreto, el objetivo de esta transición es incorporar al ecoturismo a los ejes de acción que vertebra el trabajo de Fundación Mar y Ciencia. “Estamos en conversaciones para unir esta experiencia de educación ambiental y divulgación científica con el ecoturismo, y comenzar a impactar a esta masa crítica de jóvenes que está bajo el agua. Eso sí, no vamos a soltar Mar y Ciencia en Valparaíso. América Mora -quien es parte de la directiva y está en la ciudad puerto- es una pieza fundamental. Si sacamos Refugio Kelp es gracias a ella. Pero tenemos muchas oportunidad de abrir un ala hacia el ecoturismo”, asume Catalina.

“Ha sido súper interesante explorar este mundo de los juegos de mesa. Encontramos un nicho ahí. Tenemos un público férreo y defensor de ellos. Ha sido importante porque es público que ya tiene noción de temáticas del mar y son replicadores del mensaje, invitando a otros a jugar”.
Ciencia vs. negacionismo
Dentro de esta reestructuración por la que está transitando Fundación Mar y Ciencia, hay un tema que desvela a Catalina Velasco: las corrientes negacionistas de la ciencia y de la crisis climática, muy predominantes en todo el mundo: “Es una gran tarea de nuestra fundación demostrar que la ciencia es necesaria, que se equivoca porque es una actividad humana, pero que tiene un proceso de validación súper importante. Que un estudio salga a la luz no es como escribir una carta y la publiquen en el diario. Todo es revisado por pares científicos, tanto por tu equipo de trabajo como por otros evaluadores, y cuando dejamos de creer en estos procesos, la desinformación gana terreno”.
Lo peor, según Velasco, es que “negacionistas de la crisis climática están llegando al poder. Tener un negacionista climático como presidente es como tener un terraplanista en el poder. No puedes negar la crisis climática. Los reportes están, los informes del IPCC están. Hechos por cientos de investigadores líderes en su área, que han acreditado la acidificación de los océanos, el aumento de su temperatura, la pérdida de biodiversidad marina. Tenemos un reporte sólido y aun así hay personas que dicen con liviandad que estos son ciclos naturales. No: hay miles de estudios que dicen que el planeta está absolutamente desequilibrado y que estamos siendo testigos de una extinción masiva. Incluso se habla de la era del antropoceno, es decir, una extinción que se da por una especie y no por un evento natural. Tenemos mucho trabajo por delante como comunicadores científicos. El panorama es bastante aterrador, se vienen tiempos difíciles de ansiedad climática, pero estos son los momentos en que el poder de la sociedad civil y de la comunidad debe florecer”.
“[Lo peor es que] negacionistas de la crisis climática están llegando al poder. Tener un negacionista climático como presidente es como tener un terraplanista en el poder. No puedes negar la crisis climática. Los reportes están, los informes del IPCC están”.







