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Rymar: la empresa pesquera que aprovecha la cáscara del camarón para hacer aderezos gourmet y fertilizantes

Los socios Williams Mauad y Sebastián Rubio botaban 10 toneladas diarias de residuos de camarón y perdían mucho dinero contratando un camión. Retomaron una antigua idea de aprovechar no solo la carne, sino el caparazón del crustáceo para fabricar subproductos. En agosto próximo la empresa Rymar contará con una planta que le permitirá procesar todo el volumen que tiraban al vertedero, y convertirlo en materia prima para aderezos, de los cuales saldrá paté, sopas y salsas premium. A partir del quitosano, una de las propiedades de la cáscara, pretenden hacer productos aplicables en la agricultura como alimento para animales y estimuladores de las raíces de los vegetales. Otro uso que se le dará es como adelgazante.

Sin saber que se trataba de economía circular, Williams Mauad y Sebastián Rubio procuraron aprovechar todo el residuo que generan los camarones y langostinos, más allá de su sabrosa carne. Su empresa pesquera Rymar fue visionaria: en 2004 llevaban cinco años en el mercado y ocupaban la cáscara del crustáceo para extraer quitina y luego procesarla para hacer quitosano, un producto natural, biodegradable y muy eficaz en la agricultura.

“En un momento tuvimos un problema legal porque había una persona que tenía la patente de ese producto y tuvimos que cerrar este emprendimiento, pero hoy lo estamos retomando”, cuenta Mauad, uno de los dos socios de Rymar, fundada en 1999 en el puerto de Coquimbo.

En los albores de su compañía, Mauad y Rubio comenzaron a vender caparazones de camarón para hacer harina. Con el tiempo el negocio no fue tan rentable y entonces los empezaron a botar. Acumulaban 10 toneladas diarias de cáscaras de camarón y langostino en el vertedero coquimbano. Conocían las propiedades del exoesqueleto de estos crustáceos, pero no contaban con la tecnología necesaria para reintroducirlo al sistema.

“Sabíamos que estábamos botando plata al basurero. El costo diario del camión era de 16,5 pesos el kilo, más lo que significa el flete. Pero sabíamos que las cáscaras podían tener destino como un producto final y, además, al sacarlas del vertedero ayudamos al medioambiente, porque la huella de carbono que dejan por la descomposición es mucha”, comenta Mauad, ex compañero en ingeniería comercial de la Universidad Católica del Norte con Sebastián Rubio.

«Sabíamos que estábamos botando plata al basurero. El costo diario del camión era de 16,5 pesos el kilo, más lo que significa el flete. Pero sabíamos que las cáscaras podían tener destino como un producto final y, además, al sacarlas del vertedero ayudamos al medioambiente, porque la huella de carbono que dejan por la descomposición es mucha».

Williams Mauad, uno de los dos socios de la empresa pesquera Rymar.

Una vez que la patente fue liberada, ambos socios retomaron en 2016 la idea de ocupar todo el residuo que genera el camarón. En 2010 y 2013 ya habían adquirido cuotas de pesca y construido dos barcos para pescar mar adentro. En agosto venidero Rymar inaugurará una planta procesadora en el barrio industrial de Coquimbo para aprovechar todos los beneficios del exoesqueleto del crustáceo.  “Aún seguimos botando toneladas de cáscaras en el vertedero, pero eso cambiará en tres meses más”, aclara.

Rymar acudió al Centro Regional de Estudios de Alimentos Saludables (CREAS) de Valparaíso para poder “a partir de la quitina y los péptidos humectar el camarón una vez que está siendo congelado”. Otro episodio importante ocurrió cuando conocieron Masmar, programa estratégico impulsado por Corfo que apoya proyectos sostenibles de la industria pesquera. Con el respaldo de ambas instituciones, Rymar creará siete subproductos a partir del que era considerado el residuo del camarón. “Hoy ya no es un desperdicio, sino una materia prima. De este problema estamos creando una oportunidad de negocio”, expresa Mauad.

El producto estrella, cuenta el empresario, es un aderezo hecho con el extracto del camarón que será ofrecido a distintas empresas que hacen paté, salsas y sopas gourmet. Otra parte irá directo a los hoteles, restoranes y casinos para que los chefs lo apliquen directamente, por ejemplo, en un risotto o crema blanca. “El producto está listo a nivel piloto, es un extracto en forma de polvo y líquido.  Lo probamos el viernes pasado en un focus group con la gente del Inacap de Valparaíso y lo encontraron súper bueno, solo hicieron unas recomendaciones”, asegura el ingeniero comercial.

Por otra parte, Rymar extraerá la fibra de la cáscara para darle otros usos. Por ejemplo, explica Mauad, el quitosano tiene un extensivo uso como estimulador radicular en la agricultura. Es decir, propende a hacer raíces más resistentes en una planta. Otros usos que se le darán al quitosano son como atrapador de grasa para adelgazar, fertilizantes y alimento para animales.

Cuando la planta procesadora comience a estar operativa, dice Mauad, “vamos a tener cero residuo de nuestros camarones, solo botaremos agua, pero esa agua también se va a reutilizar”.

Con casi 20 años de existencia, Rymar vende camarones en el mercado nacional, pero también exporta a Estados Unidos, Canadá y Europa. En el caso de los subproductos hechos con la cáscara, por ahora, solo se enfocarán en el territorio chileno. “Yo creo que la economía circular ha existido siempre, pero hoy tiene este término que ha pegado más. Pero la idea base es la misma: ocupar todo lo que se relaciona al producto que se procesa”, cierra el emprendedor.