Industria / Cultivos

El desafío del agro ante el cambio climático: escasez hídrica, adaptación a nuevos fenómenos y una mayor inversión en I+D

La ampliación del terreno frutícola a nivel nacional es uno de los efectos del nuevo panorama de la agricultura, que año a año se ve enfrentada a nuevos episodios meteorológicos que ponen en alerta a uno de los sectores más importantes de la economía.

Agencia Uno

Los granizos que cayeron en la zona centro-sur en la semana del 12 de noviembre sorprendieron a agricultores y autoridades, dado que impactaron directamente en la producción de uno de los productos estrella de Chile en los últimos años: las cerezas.

Pese a que había una estimación de precipitaciones para la zona, el tamaño de los granizos y su intensidad fue llamativa y muy dañina para los cultivos, que en ese momento habían terminado su etapa de cuaja, por lo que no habían completado su ciclo de maduración.

El fenómeno fue una muestra más de los cambios que se han visto a nivel climático y que traen consecuencias en el agro, uno de los sectores productivos más relevantes del país, y que implican varios desafíos para la agricultura.

El catastro frutícola desarrollado por la Oficina de Estudios y Políticas Agrarias (Odepa) y el Centro de Información de Recursos Naturales (Ciren), ambas entidades dependientes del Ministerio de Agricultura, se actualizó región por región entre 2014 y 2017 y dejó varias conclusiones interesantes, como la expansión de la frontera frutícola hacia el sur, un aumento en la superficie de frutales en algunas regiones y los desafíos de reconversión que genera el cambio climático, dado que en algunas zonas se observó una incipiente adaptación a cultivos con menor necesidad de agua, elemento relevante en el contexto de escasez hídrica que se vive en el país.

Por ejemplo, en la Región del Biobío la superficie frutícola subió un 33%, pasando de 11 mil hectáreas registradas en 2012 a casi 15 mil en 2017, mientras que en la Araucanía de poco más de 7.300 hectáreas en 2012, el salto fue a más de 10.500 hectáreas dedicada a fruticultura.

«Se visualizan algunos cambios, que son moderados aún, pero lo que sí permite es hacer proyecciones, porque si este fenómeno aprieta el acelerador va a haber condiciones diferentes en disponibilidad de mano de obra y capacidades instaladas de procesamiento de algunos cultivos”

Marcos Mora, doctor en Economía de la Empresa Agraria y docente de la Universidad de Chile.

Marcos Mora, doctor en Economía de la Empresa Agraria y docente de la Universidad de Chile concuerda con que ha habido algunos cambios en la superficie. “Es efectivo pero tampoco es tan brutal, no está involucrando superficies enormes. Se visualizan algunos cambios, que son moderados aún, pero lo que sí permite es hacer proyecciones, porque si este fenómeno aprieta el acelerador va a haber condiciones diferentes en disponibilidad  de mano de obra y capacidades instaladas de procesamiento de algunos cultivos”.

Agrega que hay que tomar medidas de adaptación al cambio climático que implica modificar la forma de trabajo “porque es difícil pensar en producir como se hacía hace unos años. Hoy hay que tomar decisiones tomando en cuenta los mercados de destino. Lo que pasó con la granizada que dejó efectos en las cerezas es un ejemplo. En ese contexto, hay que pensar en modelos tecnológicos que permitan enfrentar las inclemencias de esto. Sin duda hay muchos productores que ya lo han hecho, el techar las cerezas es un ejemplo de esto, pero incluso algunos granizos rompieron esa protección”, señala.

De acuerdo a varias de sus publicaciones, el académico y director del centro de Agricultura y Medio Ambiente (Agrimed) de la Universidad de Chile, Fernando Santibáñez, plantea que son numerosas las incertezas que creará el cambio climático en los próximos años.

En específico, señala que los rendimientos podrían caer debido al estrés térmico de las plantas para mantener su temperatura, lo que debería obligar a cambios tecnológicos. A eso suma que el consumo de agua podrían aumentar debido a una mayor demanda atmosférica o que en particular la calidad de la fruta se podría ver afectada por problemas que hoy en día son ocasionales, como golpes de sol, pardeamiento, ablandamiento y deshidratación, pero que podrían volverse más habituales.

«El ideal es tener acciones preventivas, en que la información de calidad en materia meteorológica juega un rol muy relevante porque puede permitir realizar acciones para superar eventos climáticos riesgosos, pero también es necesario invertir en nuevas formas de tecnología para prevenir”

Patricio Parra, gerente general del “Consorcio I+D de Vinos de Chile”.

Por eso, postula que se debe asimilar prontamente nuevos sistemas de protección antiestrés para frutales y plantas en general, como mallas, cobertores, pantallas químicas, cortavientos, entre otros. También le otorga importancia a realizar agricultura en ambientes controlados y generar sistemas de gestión hídrica de alta eficiencia.

La industria vitivinícola lidera en I+D y adaptación 

Uno de los rubros que es tomado como ejemplo en la adaptación al cambio climático, y en la eficiencia productiva, es el vitivinícola. Patricio Parra, gerente general del “Consorcio I+D de Vinos de Chile”, destaca que la inversión en innovación y desarrollo viene siendo una prioridad desde hace más de 10 años en ese rubro, y que los proyectos que han desarrollado se han encontrado con la realidad del cambio climático.

En ese sentido, destaca que el sector tiene un Código de Sustentabilidad de la Industria Vitivinícola que cuenta con el respaldo de más de 60 viñas, y que se ampliaría a más de 80 empresas en los próximos meses. En ese proyecto abordan áreas como el cambio climático, la integración de la comunidad, nuevas tecnología de riego y energía, entre otras.

Respecto a cómo se enfrentan los desafíos que presenta el cambio climático, Parra comenta que el ideal “es tener acciones preventivas, en que la información de calidad en materia meteorológica juega un rol muy relevante porque puede permitir realizar acciones para superar eventos climáticos riesgosos, pero también es necesario invertir en nuevas formas de tecnología para prevenir otros eventos”, señala respecto a la ocurrencia de fenómenos que han sorprendido en los últimos meses por su magnitud.

El “Consorcio I+D de Vinos de Chile” cuenta con el apoyo de Corfo para desarrollar un plan a 10 años, con una inversión total de $10.350 millones, de los cuales $5.350 millones son aportados por la industria. Actualmente van en el sexto año de implementación y los recursos han permitido explorar y desarrollar proyectos orientados a toda la cadena de valor del vino.