Agenda 2030 / Cambio climático

Álex Godoy: “El informe del IPCC y los últimos desastres naturales invitan a trabajar el sentido de urgencia de la crisis climática”

El director del Centro de Investigación en Sustentabilidad de la Universidad del Desarrollo (CISGER) desmenuza el lapidario documento del Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), publicado justo cuando el planeta entero sufre por eventos climáticos de extrema gravedad. En esta entrevista con País Circular, el experto cree que el reporte influenciará las negociaciones en la próxima COP 26, y analiza el papel que le compete a Chile ante este nuevo escenario, partiendo por asumir algunas cuestiones elementales: que la mitad de nuestro país será árido o semiárido y habrá que adaptarse.

El lapidario sexto informe del Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) causó revuelo mundial por las catastróficas implicancias que supone para el planeta. De igual modo, los últimos eventos extremos que se replicaron en variados puntos del globo -olas de calor en Canadá, incendios en Turquía y Grecia, inundaciones en Alemania, nevadas en Brasil- constatan que la crisis climática no es un asunto del mañana, sino del presente, y que urgen medidas para contrarrestar lo que, en algunos pasajes del documento, se describe como “irreversible”.

De las implicancias de este informe validado por la ciencia, y de los últimos desastres climáticos, habla Álex Godoy, director del Centro de Investigación en Sustentabilidad de la Universidad del Desarrollo (CISGER), quien ha abordado este tema en distintas publicaciones. Defiende la importancia de agudizar el sentido de urgencia de esta crisis, al igual como sucede con el COVID, y que la próxima COP26 encarna una oportunidad para reencaminar las negociaciones entre las partes.

En el caso chileno, dice Godoy, es importante dejar de poner el foco en la mitigación, para centrarse en los planes de adaptación a largo plazo, porque las ciudades no serán las mismas. Es más, la primera tarea que Chile debiese acometer es asumir la nueva realidad climática: que nuestro país ya no tendrá estaciones marcadas y que, en el escenario más favorable, la mitad de su territorio será árido o semiárido.

-¿Quedaron cortas las proyecciones sobre el cambio climático a la luz de lo que arroja el informe del IPCC?

-No, al contrario. El informe del IPCC fue aprobado por 195 países; si no, no podría haber sido divulgado. Eso significa que todos los gobiernos están de acuerdo con sus contenidos, no he visto a ningún gobierno decir “no estoy de acuerdo con esta visión” o “no sabíamos”. El informe refleja de forma cruda muchas cosas; es contundente. No cabe duda de que la evidencia es cada vez más precisa y exacta.

-¿Y qué sensación le dejó el término “irreversible” escrito en el documento? ¿Recuerdas si los otros informes incluían esta palabra?

-Fíjate que no, porque obviamente el informe hay que escribirlo con una responsabilidad bien ad-hoc. Ahora bien, esto es como bajar de peso: cuando uno empieza una dieta, no baja de peso al otro día, se demora en el tiempo. Esto es lo mismo. Si logramos reducir las emisiones, aún existe una acumulación de gases de efecto invernadero (GEI), que hace que esto se mantenga durante un tiempo. Por eso los autores han dicho que, dada esta evidencia, no hay que ser carbono neutral, sino carbono negativos. Los cambios van a demorar; cualquier cambio que hagamos en reducción de temperaturas y estabilización climática irá más allá de nuestra generación. Yo que tengo 45 años, no lo voy a ver. Voy a vivir en un mundo con menos concentración de GEI; no obstante, el clima no cambiará. Eso es una cuota de realidad. Cuando estoy en sobrepeso, y ese sobrepeso está marcado por la balanza, eso es real. Eso no es ser pesimista.

-¿Y entonces qué nuevo empuje tienen que dar los tomadores de decisiones para dar ese salto a la carbono negatividad?

-Todos los países, incluido Chile, debe asumir, ya no solo discursivamente, que son países vulnerables al cambio climático. Chile, en particular, es un país que hoy vive una sequía feroz, y lo más probable es que la mitad de nuestro país viva en sequía. Hay que asumir que la mitad de Chile va a vivir en un clima árido o semiárido; la evidencia dice que la sequía no va a parar, sino que se va a agravar. Que ese clima mediterráneo de cuatro estaciones bien marcadas, no lo veremos más. Cuando te planteas de esa forma, cualquier política o acción debe ir orientada a esa nueva realidad.

-El informe señala inequívocamente que la humanidad es responsable del cambio climático. Pero decir que “todos” somos responsables finalmente no le endosa la responsabilidad a nadie. Entonces, ¿en quién recae esa responsabilidad?, ¿quiénes están detrás de la crisis?, ¿por qué el informe no los individualiza?

-Porque el informe no tiene por objeto buscar culpables; el informe tiene por misión demostrar la evidencia científica. Respecto de lo que dices, uno en este caso debe citar a Orwell: todos somos responsables, pero algunos son más responsables que otros. Si me preguntas, no es que sean empresas o industrias, sino personas con nombre y apellido. Recuerda que quienes toman las decisiones en las empresas son personas de carne y hueso como tú o como yo. Hay mucha responsabilidad de actores privados, que, siendo un poco escépticos, no creyendo porque económicamente no era rentable, no hicieron nada todos estos años. Ellos son los responsables. Pero al final, somos todos responsables; uno puede serlo por no exigirles a los candidatos presidenciales tener una actitud más comprometida por este tema. Todos tenemos una cuota de responsabilidad, pero algunos son más responsables que otros. Esto nunca estuvo en los planes de los gobiernos anteriores; la economía era lo más importante y estamos pagando las consecuencias.

EFE
El fuego se ha propagado con inusitada fuerza por Grecia y Turquía.

“Hay que asumir que la mitad de Chile va a vivir en un clima árido o semiárido; la evidencia dice que la sequía no va a parar, sino que se va a agravar. Que ese clima mediterráneo de cuatro estaciones bien marcadas, no lo veremos más. Cuando te planteas de esa forma, cualquier política o acción debe ir orientada a esa nueva realidad”.

-Usted ha dicho que no sacamos nada con tener muchas empresas verdes si no cambia la estructura económica. Pero, ¿qué tan lejos estamos de ello, considerando que está amarrada desde hace mucho tiempo? Más aun: varias voces críticas señalan que el cambio climático es un eufemismo, y que en realidad deberíamos hablar de la consecuencia de un modo de producción capitalista.

-Esa es una buena discusión. La única forma de cambiar los sistemas productivos sin cambiar el modelo económico es metiéndole tecnología al sistema. Si antes vendíamos un producto, ahora va a ser un servicio. El auto ya no lo vas a cambiar todos los años, sino que, con la compra inteligente, usarás el auto hasta que tenga el mejor estándar de vida posible para luego poder reciclarlo, y que ese producto se convierta en un servicio. Los modelos de negocios pueden cambiar asumiendo de que el escenario es que el modelo de acumulación de capital no va a cambiar. Tendrán que cambiar los modelos de negocios para balancear los flujos, eso será un cambio tecnológico y obviamente algunos se van a quedar atrás y otros más adelante. Se va a mantener un sistema más bien capitalista pero verde, con las mismas inequidades. La otra teoría sería el decrecimiento.

-¿Qué papel le compete a Chile en este nuevo escenario que abre el informe?

-Yo sería más optimista. El antiguo reporte del IPCC 2014 sobre base científica fue antes de la COP21 y se logró el Acuerdo de París. Hoy están dadas las condiciones para que este informe influencie las negociaciones para la COP26, en especial, porque se han dado numerosos desastres naturales que hemos visto a nivel global.

-¿Estos eventos climáticos extremos pueden señalar un nuevo comienzo en el debate?

-Por lo menos debería influenciar una negociación y forzar una aprobación como el artículo 6 de bonos de carbono o mercados de carbono, porque esto no da para más. No creo que políticamente vayan los 195 países a sacarse una foto; será una COP sumamente interesante. Además es en Europa; el norte global lleva estas discusiones más adelante que nosotros, que somos más bien observadores. ¿Y a Chile qué le queda? Que todos los presidenciables, partidos políticos y, en general, el sistema político empiecen a trabajar en planes de adaptación al cambio climático. Tenemos que pensar en dejar de ser extractivistas o desarrollar una industria extractivista 2.0 o pasar a una sociedad del conocimiento con mayor valor agregado. Esto va a encarecer la vida y, como está mal distribuido el ingreso, va a golpear socialmente y la gente estará en la calle, porque le costará más vivir. Esos son los efectos colaterales indirectos del cambio climático. Si el sistema político no trabaja en esto, van a volver lo chalecos amarillos en Francia, por ejemplo. Si los candidatos no miran esto, estamos perdiendo el tiempo.

-¿Se sigue apuntando más hacia la mitigación que a la adaptación en Chile? ¿El informe vuelve a reforzar la idea de poner el énfasis hacia este último?

-Es eso, lo que tú dices. Paremos de seguir dándole vuelta a las energías renovables. Ya somos expertos en eso. Ahora tenemos que concentrarnos netamente en adaptación.

AP
Las inundaciones en Alemania dejaron graves consecuencias.

“El informe no tiene por objeto buscar culpables; el informe tiene por misión demostrar la evidencia científica. Respecto de lo que dices, uno en este caso debe citar a Orwell: todos somos responsables, pero algunos son más responsables que otros. Si me preguntas, no es que sean empresas o industrias, sino personas con nombre y apellido”.

-¿Deberíamos pensar ahora ya en adaptar las ciudades costeras conforme al alza del nivel del mar que el informe vaticina?

-Exacto, a nivel de grandes ciudades y de obras públicas. El borde costero es menos desarrollado. Hay que pensar en qué hacer con los puertos, con las caletas, cómo proteger a los pequeños pescadores que viven de esto y que se van a ver afectados. En el agro, por ejemplo, se van a ver esos efectos e impactos en un aumento de la cesantía, porque va a migrar a las ciudades y éstas se están expandiendo. Hay que pensar en “ciudades esponja”, un concepto más bien asiático, que implica que absorba la poca agua que llega. Pensar en un transporte público que permita disminuir el uso de vehículos. Todo eso es lo que yo no veo. No se habla en Chile de ciudad esponja, de innovación en el transporte público. No estamos conectando los puntos. Seguimos regando parques con agua potable, aportando un subsidio a cultivos altamente ineficientes. Debiésemos pensar, así como estamos impulsando una política industrial de circularización de procesos en cuanto a residuos, en llevarla a otras áreas. Pero eso atenta contra este mantra de la libertad de los mercados. Yo no soy partidario de eso; la evidencia muestra que sin una fuerte regulación o política industrial, estos temas no avanzan.

-¿Hay algún margen de acción que pueda proporcionar la discusión en la Convención Constitucional en los temas de derecho humano al agua o derechos de la naturaleza?

-Me parece fantástico que se discuta, pero eso no va a hacer que llueva más ni que se distribuya mejor el agua. Lo que uno debería hacer en el primer articulado -más que ponerle derechos al gato, al perro, a la montaña, a la piedra, que es absurdo- es decir que Chile apunta hacia un desarrollo sostenible, satisfaciendo las necesidades de las generaciones actuales, sin comprometer las necesidades de las generaciones futuras. Eso da el marco para que toda actividad emprendida tenga que pensar en esa perspectiva de largo plazo. Si condicionamos la Constitución al desarrollo sostenible, involucra todo: fin de la pobreza, fin del hambre, océanos, agua y sanidad, etcétera. No sacamos nada con ponerle derechos a todo.

-¿Por qué diría usted que esta “pandemia climática”, como podría ser llamada la crisis climática, no genera acciones inmediatas como las que sí genera la pandemia del COVID?

-Tiene que ver con el riesgo: es más chocante. Es más trágico morir en un accidente de avión que uno en bicicleta, pero la probabilidad de matarse en el primero es más baja que en la segunda. Cuando ves que por el COVID mueren 200 o 300 personas, eso nos choca. El cambio climático se transformará en urgencia cuando tengamos el calor que tuvo Francia en 2008. Ahí los hospitales se llenaron de abuelitos por los shocks de calor; ahí diremos que los ancianos se mueren, pero no por COVID, sino porque el calor llegó a los 40 grados. Ahí se empieza a sentir el sentido de urgencia; en el cambio climático ese sentido es mucho más lento, pero lo vemos en catástrofes como la reciente en Vancouver.

-¿Siente que estos eventos extremos pueden marcar ese punto de inflexión en cuanto a profundizar ese sentido de urgencia?

-Bueno, gracias a la prensa, que ha socializado estos impactos, la gente hoy está interesada en el tema. Es porque los medios lo están poniendo en la agenda pública. Yo creo que a la gente, de todos los sectores socioeconómicos, le importa el cambio climático. No es solo gente ABC1. Si uno preguntara en la calle, la gente diría “No, Santiago no era así antes”.

-¿Las estrategias climáticas del gobierno se tienen que readecuar, a la luz del informe del IPCC?

-Creo que invita a trabajar con sentido de urgencia. La estrategia climática de largo plazo no es mala, pero es muy amplia. Hay que trabajar en ese mismo reporte, pero con asertividad y profundidad.

-¿La ley marco de cambio climático ayudará a agilizar las metas comprometidas por Chile?

-Mucho, muchísimo, y ojalá estuviese en la Constitución el tema del cambio climático.

-¿De qué manera incluiría el cambio climático en la nueva carta magna?

-Yo pondría tres cosas: que Chile apunta hacia un desarrollo sostenible que satisface las necesidades de las generaciones actuales, sin comprometer a las futuras; que nuestros servicios y recursos ecosistémicos son comunes y compartidos; y tercero, que la Constitución reconoce a Chile como un país vulnerable al cambio climático, siendo éste la mayor amenaza a la economía social.

-En ese sentido, ¿es una mala señal que hoy se vuelva a votar un proyecto como Dominga que estaba cerrado y judicializado?

-No sé si sea absurdo, pero sí anacrónico. No debería ser. En este minuto, cuando acaba de salir el informe del IPCC, ponerlo sobre la mesa otra vez, no es apropiado.

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