Industria / Gestión del agua

Ulrike Broschek: “Necesitamos una política hídrica que establezca metas para avanzar”

La semana pasada, Fundación Chile presentó su documento “Transición Hídrica, el futuro del agua en Chile”, que propone 212 medidas para enfrentar las mayores dificultades que presenta la gestión del agua en Chile. Ulricke Broschek, quien lidera este proyecto, explica que el principal problema hoy es de gestión y coordinación de los recursos hídricos, así como la falta de una política estratégica de largo plazo a nivel país. “Cada gobierno ha tenido su política y su estrategia en el tema hídrico, pero son insuficientes porque son más bien intenciones, pero han carecido de indicadores y metas, que es la única forma de medir la gestión”, afirma. En agosto iniciarán un proyecto piloto en seis cuencas para proponer medidas que ayuden a mejorar la gestión.

Jorge Molina Alomar | 25 Jun 2019 a las 6:30 am

En 2016, la Fundación Chile inició el proyecto “Escenarios Hídricos 2030”, que busca recoger las miradas de los distintos actores en torno a este recurso para avanzar hacia la seguridad hídrica considerando las necesidades de desarrollo del país y el nuevo escenario que plantea el cambio climático. Para ello reunieron a más de 55 instituciones considerando gremios, ministerios, ong´s y la academia para desarrollar indicadores de brechas y riesgos hídricos, y determinar el estado de situación de las zonas más afectadas.

El primer resultado de este trabajo fue la “Radiografía del Agua” en Chile, trabajo que integró toda la información existentes en el país en esa materia, publicado en 2018. Y la semana pasada, se entregó un nuevo documento, “Transición Hídrica, el futuro del agua en Chile”, que pone el foco en seis cuencas representativas de los problemas y las realidades geográficas del país (Copiapó, Aconcagua, Maipo, Maule, Lebu y Baker) y propone 212 medidas para enfrentar las mayores dificultades que presenta la gestión del agua en Chile.

Todo este trabajo fue liderado por Ulrike Broschek, químico ambiental y subgerente de sustentabilidad de Fundación Chile. Lo primero que saltó a la vista del trabajo en específico con las cuencas, dice, fue que si bien cada una tiene temas que son propios de su territorio y geografía, hay problemas que son transversales y que se repiten.

“Ahí te das cuenta que hay un problema de gestión- dice-, de nivel del Estado. Hay problemas relacionados con la coordinación entre los actores, tanto públicos como privados, para la gestión del agua en los territorios. Hay un aumento de demanda de agua que es muy relevante por el desarrollo productivo de actividades que son intensivas en el consumo de agua. Minería, agricultura, sector forestal, son todos desarrollos productivos que ha crecido muchísimo en los últimos 20 años de la mano con un aumento en el uso de agua, y por otro lado la disponibilidad de agua obviamente es limitada y ahora, con el cambio climático, está bajando. Entonces tienes ahí una suma a negativo: un aumento de demanda y un decrecimiento en la oferta.

¿Esto es algo que se repite en todas las cuencas en que trabajaron?

Se repite en todas las cuencas, incluso en el Baker. Uno piensa en una zona con mucha agua, pero la verdad es que el cambio climático la ha afectado un montón, han bajado los caudales, han retrocedido glaciares por el aumento de temperatura, entonces incluso en zonas tan australes se vive hoy este problema.

Lo que salta a la vista del último estudio, de su propuesta de Transición Hídrica, es que los factores climáticos son repsonsables de solo el 17% del problema del agua, y que la mayor parte, el 44%, se debe a problemas de gestión y gobernanza. De hecho, todas las demás causas están de alguna manera relacionadas con esto.

Bueno, esa es la excelente noticia, porque se puede resolver. Y es un desastre desde el punto de vista de que no hemos sido capaces de visualizar esto. Nosotros veíamos muchos estudios hablando de cambio climático, y mucha gente afectada te decía que no es solo eso, porque ven que hay una mala gestión. A hacer el análisis vimos que efectivamente es así: fuimos a los territorios, levantamos las causas e hicimos el análisis con evidencia y estudios, y te das cuenta de esto. Es súper claro que el problema tiene que ver con una falta de gestión.

«Sin cambio climático esto va a ocurrir igual, dados los porcentajes altos que tienen que ver con gestión. Esto nos lleva a que los sectores productivos se siguen desarrollando, pero pierden competitividad porque tienen cada vez menos agua (…) Al encarecer un insumo que es clave, aumentan los costos y pierde rentabilidad y competitividad en el mercado»

¿Donde se evidencia principalmente esa falta de gestión, cuál es el nudo del problema?

El principal problema es la falta de coordinación. A nivel nacional, hay 43 instituciones del Estado relacionadas con la gestión del agua, que tienen recursos, pero finalmente al no enfocar esos esfuerzos en el recurso hídrico cada uno en su cartera prioriza sus temas, y a veces un proyecto va en contra de otro. Algo que puede ser beneficioso para la minería va en contra de la agricultura, o viceversa. Entonces tienes una pérdida de recursos muy grande, porque no tienes una visión sistémica. Cuando vas a los ministerios, cada uno está haciendo todo el esfuerzo que puede para poder avanzar en el tema, pero al no tener las competencias para la mirada desde otro ángulo se ve limitado en su gestión. Entonces, tienes una serie de limitaciones en los roles de cada uno de los departamentos del Estado, que pueden hacer muy bien su trabajo pero a final no es sinérgico. Muchas veces es descoordinado, con pérdida de recursos, donde los recursos que se colocan están mal invertidos.

¿Qué pasa con los privados en esta ecuación, no hay una coordinación en los territorios? Porque también terminan gastando muchos más recursos que los que necesitarían si se coordinaran

Claro, pero no tienes hoy un instrumento que los obligue a coordinarse entre ellos, voluntariamente eso no va a ocurrir. Entonces, cada empresa tiene su derecho de agua y si tiene problemas ve como lo soluciona. Es un problema difícil para ellos, hemos trabajado con muchas empresas donde hay voluntad de hacer algo, pero se encuentran con un sistema que funciona al revés y que no los habilita. Cuando necesita el apoyo del Estado, no existe esa entidad que lo pueda ayudar, y si existiera no tiene los recursos necesarios para hacerlo. Es un problema super sistémico, eso es lo que hay que entender. Cuando no tienes un liderazgo que esté viendo esto, nadie está entendiendo el problema acumulado. Que en la Fundación Chile hayamos sentado a todos los actores, nos da la facilidad de poder entender mejor cómo ocurre el tema finalmente en el territorio, porque cada uno está aportando. Por eso este trabajo es tan valioso, porque hemos podido juntar todas las visiones. Muchas veces los intereses son súper válidos, pero esto pasa por algo que tiene que ser mucho más, con una mirada país, y básicamente es un tema de coordinación.

Escenarios futuros

¿A dónde nos lleva este camino, en un escenario de cambio climático además, en 10 o 20 años más?

Un primer punto es que sin cambio climático esto va a ocurrir igual, dados los porcentajes altos que tienen que ver con gestión. Esto nos lleva a que los sectores productivos se siguen desarrollando, pero pierden competitividad porque tienen cada vez menos agua y, como son intensivos en su uso, tienen que ir a buscar soluciones para abastecerse, como la desalación, profundización de pozos, embalses, y eso encarece. Al encarecer un insumo que es clave, aumentan los costos y pierde rentabilidad y competitividad en el mercado.

¿Quiénes son los más perjudicados en este escenario?

Cuando no hay colaboración entre los actores, los más vulnerables son los que se ven perjudicados. La pequeña agricultura, la pequeña empresa minera, las comunidades rurales, no acceden a soluciones por si mismas porque no tienen los recursos técnicos y financieros, ni las capacidades para poder encontrar su propia solución. Por lo tanto, ellos tienden a desaparecer, a cambiar de actividad, empiezan a trabajar en empresas más grandes o migran a la ciudad, y eso genera un problema demográfico y va centralizando el desarrollo productivo. Las ciudades se agrandan, y eso también genera problemas, pero básicamente pierdes diversidad productiva en todos los niveles, porque se concentra el desarrollo productivo en los más grandes y todos los más pequeños desaparecen.

«Agua en la llave probablemente va a haber siempre, pero estamos viendo en las zonas urbanas que los parques y plazas se van convirtiendo en cemento, y uno ve que eso a la gente no le gusta, pero esa es la realidad que va a ir ocurriendo, y eso probablemente lleve a mayor conflictividad. Socialmente es un impacto muy grande, y nadie lo está visualizando»

Y también impacta en los ecosistemas

Vamos degradando todos los ecosistemas, que son las fuentes de agua. Los ríos se van secando, las aguas subterráneas van bajando de nivel porque hay más extracción que lo que ingresa, y disminuyen las reservas de agua. También con los glaciares, como van retrocediendo el día de mañana vas a tener menos aporte de agua.

¿Esto afecta a todos los sectores productivos por igual?

Al final, terminan colapsando todos, porque aunque los más grandes tienen sus propios sistemas, básicamente te queda el agua de mar, y el que no logra eso finalmente también limita su producción. Por ejemplo, hoy hay una migración de la agricultura hacia el sur por dos motivos: por falta de agua, y también porque aumenta la temperatura y desde el punto de vista agroclimático eso genera buenas condiciones para algunos cultivos. Entonces empiezas a trasladar el problema al sur, y se genera una sobreexplotación del agua en una zona geográfica menor, donde aumenta la presión, y queda todo el desierto del centro-norte sin actividad productiva, o concentrada solo en minería. Ese es el escenario futuro al 2030, es bien dramático.

¿Y qué pasa en las ciudades, cuál será el impacto?

El general, el sector sanitario ha logrado dar un abastecimiento de agua adecuado. Lo que ocurre es que se encarece el agua, porque las mismas sanitarias en busca de fuentes van a tener que ir a desalar. Antofagasta hace rato que lo está haciendo, ahora se suma Copiapó y se anunció Arica. Y vamos así, en la Quinta Región probablemente también vamos a tener que llegar a eso, y por lo tanto se va a encarecer el servicio de agua potable. Eso es lo que pasa a nivel de abastecimiento urbano.

¿No hay riesgo de que las ciudades tengan problema de abastecimiento?

En general no, pero sí es un sector bastante reactivo, porque hoy tiene un marco regulatorio que lo restringe bastante para ver medidas más inteligentes. El cambio climático genera hoy fenómenos extremos, sequías prolongadas pero también lluvias concentradas. El marco regulatorio no fomenta, por ejemplo, que las sanitarias hagan acciones para acumular esa agua e infiltrarla. Hoy se evacúan las aguas de estos grandes desastres, y la inversión pública está concentrada en evacuarla cuando debiéramos empezar a pensar en almacenarla, algo que otros países ya están haciendo. No se visualizan problemas de agua en las ciudades porque la sanitaria siempre puede ir al agua desalada, pero el tema es que se encarece significativamente, y se pierde mucho el bienestar social desde el punto de vista del recurso.

¿A qué se refiere con la pérdida del bienestar social?

Chile disfruta de una geografía súper diversa. En el norte, tienes ciertas características, en el centro y sur otras, y esa es una riqueza cultural y patrimonial, de turismo, que es súper relevante y que da bienestar general a la sociedad. Eso se tiende a perder, porque la desertificación avanza hacia el sur, y vamos perdiendo estas características y la vida se va haciendo más inhóspita. En vez de ir a un parque donde había una laguna, ahora tendrás que ir al mall porque eso ya se secó. Se empobrece mucho la vida, y eso es lo que más me preocupa. Agua en la llave probablemente va a haber siempre, pero estamos viendo en las zonas urbanas que los parques y plazas se van convirtiendo en cemento, y uno ve que eso a la gente no le gusta, pero esa es la realidad que va a ir ocurriendo, y eso probablemente lleve a mayor conflictividad. Socialmente es un impacto muy grande, y nadie lo está visualizando. Qué significa perder las zonas geográficas tan hermosas de este país; hoy se habla de que el 76% del territorio está afectado por suelos desertificados y erosionados.

Avanzar hacia una gestión sostenible

¿Cómo cambiar este escenario, cuáles son los ejes que visualizan para una transición hacia una gestión sostenible del agua? Ustedes plantean la necesidad de una política hídrica a largo plazo

Cada gobierno ha tenido su política y su estrategia en el tema hídrico, pero son insuficientes porque son más bien intenciones, son mensajes de qué tenemos que cambiar, pero han carecido de indicadores y metas, que es la única forma de medir la gestión. Eso falta, necesitamos una política que establezca metas para avanzar. Un gobierno hace anuncios de plantas desaladoras, que lo vimos en el gobierno de Bachelet: anunció cinco o seis plantas que nunca se concretaron. Ahora tenemos un plan de embalses, pero evaluamos que solo cuatro de los 26 van a poder ser gestionados. Hay mucho anuncio, pero finalmente la inversión es muy lenta.

«Tiene que ser como la política de energía, que salió a cada una de las regiones a trabajar con la ciudadanía, que propuso medidas, que ha sido súper exitosa y de la que todos los actores se han ido apropiando por lo mismo. Eso es lo que se requiere también en el caso del agua, y no lo tenemos»

El problema es que las medidas de los gobiernos están centradas en anuncios de infraestructura, no en medidas de largo plazo

Exacto, porque hay una serie de incentivos que puedes poner -y levantamos varios mecanismos a nivel internacional- para un uso más eficiente del agua, para el ahorro de agua, para recargar acuíferos. Puedes poner incentivos en los sectores productivos y domiciliarios para infiltrar agua en tu casa; en Estados Unidos, si recargas agua en tu casa con un sistema que lo implementa, lo informas y después se te descuenta en la cuenta del agua un proporcional, solamente porque estás haciendo eso. Hay una serie de mecanismos similares para el sector productivo, por ejemplo, por cada inversión que haces en un sistema de recarga de acuíferos por captación de aguas lluvias se te hace un descuento de impuestos. Esas son políticas de Estado que son fáciles de hacer, hoy estamos concentrados en las grandes obras pero hay muchísimas cosas que podemos hacer antes.

¿Y esto implica también medidas de conservación?

Hay una serie de medidas relacionadas con conservación de las fuentes de agua: rehabilitar riveras, ríos, recuperación de humedales o la forestación con especies nativas. Todas son medidas de corto plazo, relativamente simples, con bajos costos de inversión y que ayudan a mejorar la infiltración de agua, a depurarla de manera natural. El ciclo del agua nos provee estos servicios de manera natural, y que funcionan mejor que cualquier sistema artificial, pero hemos visto que se están dañando y se están perdiendo, y eso es irreversible. La conservación de las fuentes de agua es muy importante, porque además de ser una fuente de agua para los sectores productivos nos provee bienestar.

¿Cuáles debieran ser los principales lineamientos de esta política hídrica de largo plazo?

Primero, debe trascender a los gobiernos, con un plazo de 20 a 30 años y medidas a corto, mediano y largo plazo, con indicadores claros y consensuada con los distintos actores, no realizada entre cuatro paredes. Tiene que ser como la política de energía, que salió a cada una de las regiones a trabajar con la ciudadanía, que propuso medidas, que ha sido súper exitosa y de la que todos los actores se han ido apropiando por lo mismo. Eso es lo que se requiere también en el caso del agua, y no lo tenemos. Cada gobierno ha propuesto una estrategia, que tienen muchos puntos en común, pero al no tener indicadores y metas no podemos hacer el seguimiento de la gestión, si se ha logrado o no, cuánto ha avanzado.

Un eje clave de esa estrategia es que exista una sola entidad que coordine la gestión del agua, ¿Cómo debiera ser esa entidad?

La institucionalidad del agua debiera ser a menos de nivel ministerial, puede ser un ministerio del agua o que uno de los ministerios existentes lidere. Esto porque tiene que tener poder por sobre los otros ministerios, porque como tiene que actuar de manera sistémica y vinculante no puede ser un departamento de un ministerio, con menos rango político y poder, lo que hace muy difícil llegar a consensos. Debiese ser un ministerio, de todas maneras. Tiene que ser uno más neutral, que no sea sesgado por un interés de un sector en particular. Por lo menos esa institucionalidad debe asegurar una mirada objetiva sobre el sistema.

¿Y cuál debiera ser su rol?

Aplicar la política, con un plan de acción, y vincularse con los otros ministerios para habilitar los instrumentos de esa política. También debiese tener representación en cada una de las regiones, porque esto tiene que ser contrastado en el territorio, donde también necesitas una estructura de gobernanza que encabece la implementación de la política a nivel local y con directa coordinación con el nivel nacional.

Proyectos piloto en seis cuencas

La etapa que viene ahora en el proyecto Escenarios Hídricos es trabajar en los territorios con estas propuestas. ¿Qué están pensando cómo modelo, van a actuar como esa entidad coordinadora en estos proyectos pilotos?

La idea es sentar a los diferentes actores, sumando además mayor representatividad del territorio, y en función del grado de avance de cada una de las cuencas generar un cartera de proyectos como propuesta desde el territorio, donde se dimensione qué significa esta cartera en términos de inversión, quienes son los beneficiados, de qué externalidades ambientales y sociales necesitamos hacernos cargo para implementarlo. Ese trabajo va a señalizar hacia los tomadores de decisión y los inversionistas qué es lo que se requiere financiar y qué es lo que cada uno puede aportar. También vamos a ver desde el punto de vista regulatorio si se requieren algunos ajustes, algunos incentivos como los que hemos conversado.

«La señal que se quiere dar es que se puede hacer el trabajo de manera coordinada y sistémica, y que el modelo que existe no ha generado ese espacio. Si demostramos, al dar ese espacio, que resulta una propuesta que tiene múltiples beneficios, debiéramos replicarla a nivel nacional»

¿Esto se hará en las seis cuencas?

Si, la gracia de eso es tener seis modelos para distintas realidades y donde probablemente van a haber ámbitos comunes que resolver, desde el punto de vista de una política hídrica a nivel nacional, y por otro lado señalizar qué tipo de medidas y soluciones concretas se requieren para cada uno de los territorios. Probablemente eso va a ser muy representativo de otras regiones también. Vamos a partir este trabajo entre agosto y septiembre, y tiene dos años de duración. Es súper ambicioso, porque tenemos el sentido de urgencia de llegar luego con algo concreto.

¿Cuál es la señal que se quiere dar, en el contexto de la discusión política que se está dando hoy en torno al agua, que está centrada más bien en la propiedad del recurso?

La señal que se quiere dar es que se puede hacer el trabajo de manera coordinada y sistémica, y que el modelo que existe no ha generado ese espacio. Si demostramos, al dar ese espacio, que resulta una propuesta que tiene múltiples beneficios, debiéramos replicarla a nivel nacional. ¿Por qué? Porque cada sector se está viendo hoy superado por el problema, y por eso hay tanta motivación de los actores y de quienes participan en el proyecto de continuar a ese nivel. Para hablar de lo concreto, pero también porque no saben cómo resolver por sí mismos el problema. Por ejemplo, hay sectores que proponen hoy una solución y caen en un juicio, los demanda otro sector porque esa medida va en desmedro de ellos. Entonces hay una inmovilidad y es un problema incipiente, esa falta de capacidad de avanzar hace ver que se tiene que hacer de una manera integradora. Eso queremos poner como ejemplo.

¿Esta inmovilidad de todos los sectores tiene que ver con que la discusión que está hoy sobre la mesa no está dando respuesta al problema?

Eso lo han reconocido todas las instituciones. Hoy la discusión de la reforma es relevante para algunos temas, como el derecho humano al agua, aseguramiento de calidad, caudales ecológicos, pero es puntual y a veces no es retroactiva. Muchas de esas modificaciones van al otorgamiento de nuevos derechos de agua, y por eso no resuelve el problema de fondo. Hay un dato súper interesante: en Latinoamérica todos tienen distintas legislaciones, unas con más énfasis estatal y otras más hacia el sector privado, pero finalmente todos tenemos los mismos problemas en el territorio. Eso demuestra que no es un problema solamente de la ley, y por eso nosotros estamos trabajando en paralelo, porque finalmente también entrega insumos a una discusión que hoy está estancada.

Y de acuerdo al estudio, muchas de las cosas que se pueden hacer ya tienen solución normativa

Exacto, del portafolio que levantamos, el 93% de todas las medidas o dependen del particular para hacerla o ya tienen un reglamento o una ley para implementarlas. Son cosas que se pueden hacer en el corto y mediano plazo. Las cosas más grandes, de infraestructura, requieren de legislación.

Al mirar como modelo la política de Energía, ¿Pasa lo mismo con la idea de trabajar en sistema integrado similar a la red eléctrica, eso es parte de los pilotos que van a trabajar?

Si, lo que concebimos y que hemos visto en los países referentes, es que son combinaciones tecnológicas e integraciones de soluciones inteligentes dentro de los territorios; esto produce sinergias y economías de escala, como por ejemplo en el tema de la conducción. Hoy estamos evaluando proyectos uno a uno, y el 90% de la inversión de esos proyectos es conducción. Si tuviéramos sistemas de conducción de agua, como matrices dentro de las cuencas, cualquiera que tenga un proyecto de generar una nueva fuente de agua podría acoplarse a esa conducción, recibir un pago por la cantidad proporcional de agua que entrega, y luego en la cuenca quien saca agua de la matriz paga. Eso da seguridad hídrica, porque diversificas y multiplicas la oferta de agua; llegas a todas las necesidades dentro del territorio, y te ahorras ese 90% de inversión. Se hace la inversión una vez, en un buen sistema de conducción monitoreado, operado por un tercero, das acceso a todos y optimizas el uso. Hoy hay montones de soluciones tecnológicas, pero no se implementan.

¿Por qué no se implementan?

No es que no las tengamos, no se incorporan por una barrera de entrada muy alta en la inversión. El sector agrícola, por ejemplo, es muy atomizado y no ha visualizado la posibilidad de incorporar tecnología por esa barrera de inversión. Si logramos superarla, y generar modelos púbico-privados vía concesiones, o modelos públicos que invierten y luego recuperan por concepto de pago de tarifas por esa agua, podemos revertir todas las situaciones en los territorios, diversificar, aumentar productividad y desacoplar el uso del agua en la cuenca.

Antofagasta es un buen ejemplo, hay 19 proyectos de desalación para minería en Antofagasta, lo que implica 19 tuberías independientes

Son 19 sistemas de conducción, cada uno en 200 o 300 kilómetros. Imagínate la cantidad de recursos que se podrían ahorrar con un sistema único, y así aumentar competitividad. Cuando cada empresa tiene que invertir se encarece el consumo de agua muy fuerte. Si queremos ser un actor relevante a nivel mundial, si queremos ser exportadores de cobre, de litio, de agricultura de cultivo, el insumo base de todo eso es agua, y hoy no alcanza para multiplicar todo eso. Este tipo de soluciones integradoras sí pueden ayudar a desacoplarte del agua limitada de la cuenca.