Industria / Reciclaje

La ropa también contamina: Con iniciativas aisladas Chile avanza en el tratamiento de residuos textiles de la industria de la moda

El fenómeno global conocido Fast Fashion ha puesto urgencia a la gestión de una de las industrias con mayor impacto en el medio ambiente. Mientras Europa apunta a mejorar la recolección de aquí a 2025 y promueve la moda inteligente, en Chile se abren camino las primeras iniciativas para la valorización de los residuos provenientes de la industria textil.

Luis Valenzuela | 8 May 2019 a las 6:30 am
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En la planta de Rembre, en Quilicura, Pedro Bulnes y su equipo se hacen cargo de los residuos que nadie quiere. Entre los servicios que la empresa ofrece se incluye el reciclaje de materiales como vidrio, maderas, metales, plásticos, plumavit, neumáticos, cartón, pilas y telas. En ese extenso listado, una de las iniciativas pioneras que están desarrollando en Chile es la gestión de la ropa y de diferentes residuos textiles que ya cumplieron su vida útil.

“Partimos el año pasado con las textiles. Una vez un cliente tenía toneladas de ropa y me dijo: ¿cómo no vas a ser capaz?. ‘Tienes toda la razón, cómo no voy a ser capaz”, le dije. Así, nuestros ingenieros empezaron a desarrollar procesos, hasta que dimos con los parámetros. Nuestra vocación de empresa es que ojalá lo menos posible se vaya a la basura, vamos al camino zero waste, y uno de los principales contaminantes, que es el textil, tenemos que transformarlo en materia prima a través de tecnología e innovación”, explica Bulnes, gerente general de la compañía.

Al igual que la separación de metales de un motor, el reciclaje textil es una actividad sumamente minuciosa. “Es un trabajo de hormiga, por eso cobramos por la recepción. Además, varía demasiado: tratar una polera de algodón es mucho más rápido que unos jeans. Hay prendas que son difíciles. Si tiene partes de PVC, que es un polímero que a altas temperaturas volatiliza algunas texturas, eso cuesta más procesarlo. O algo se puede ver muy simple, pero si sus hebras tienen PVC se complica todo”, explica el emprendedor.

El tratamiento de textiles consta de tres etapas: una máquina separa metales como cierres y broches de las telas, luego se tritura y el último paso es compactar. El resultado es ecorrelleno que se usa para cojines y sacos de box, entre otros. “Las prendas que están buenas las donamos a fundaciones, porque es mejor reutilizar que reciclar. Lo que está malo, lo que está dañado, lo trituramos para el ecorrelleno”, añade Bulnes.

Un problema global

De acuerdo a un informe del Parlamento Europeo titulado “Impacto Ambiental de la Industria Textil y de la Confección”, publicado en enero de este año, en las últimas décadas la cantidad de ropa comprada por persona en la Unión Europea ha aumentado un 40%. La cifra se explica por el auge de la industria de la moda rápida, que ha bajado el precio de prendas y accesorios gracias a la manufactura que las grandes marcas realizan en el extranjero.

“El reciclaje químico es el más avanzado, en Chile es casi inexistente. Me encantaría llegar allá, a las grandes ligas. En general, en Latinoamérica no se hace reciclaje textil”

Pedro Bulnes, gerente general de Rembre.

El impacto ambiental de la industria textil en la Unión Europea representa entre un 2% y un 10%, si bien la huella más significativa se produce en estos países productores. Para la confección de hilados en fibras, tejidos y teñidos, entre otros procesos, se invierten grandes cantidades de agua. Algo similar ocurre con la producción de algodón no sostenible, en que también se gastan pesticidas y fertilizantes.

Para mitigar este impacto, la UE se comprometió a garantizar que a partir de 2025 los textiles se recojan por separado en todos sus estados miembros. A la fecha ni siquiera la mitad de la ropa es recolectada para ser reutilizada o reciclada. Además, debido al todavía incipiente desarrollo de tecnología para separar fibras, lo que se conoce como reciclaje químico, mayoritariamente las telas son tratadas con procedimientos mecánicos.

“El reciclaje químico es el más avanzado, en Chile es casi inexistente. Me encantaría llegar allá, a las grandes ligas. En general, en Latinoamérica no se hace reciclaje textil”, dice Pedro Bulnes, de Rembre.

Otras propuestas del Parlamento Europeo apuntan a un paradigma de moda inteligente o moda lenta, que tienen como foco desincentivar el consumo. “Los dos principales desafíos dentro de las políticas de Estado tienen que ver con saber qué se está importando y con campañas que tiendan a alargar el uso de la ropa. Promover la compra de ropa de calidad”, comenta Pablo Galaz, director ejecutivo en Chile de Fashion Revolution, ente que global que promueve una industria de la moda más limpia, segura y transparente.

“Puede sonar ilusorio -agrega- , pero en realidad cuando hacemos campañas de sustentabilidad en el fondo estás hablando de eso: primero deja de comprar. Y por parte del consumidor, tomar más conciencia. Consumir menos, tratar de preguntar quién hizo mi ropa y en qué condiciones”

Crece importación de ropa y calzado

De acuerdo a un informe de la oficina local de Fashion Revolution, basado en el análisis de reportes del Banco Central, entre 2003 y 2018 la importación de vestuario aumentó de US$502,2 millones a US$3.264,7, lo que corresponde a un 650%. En el caso del calzado, se incrementó de US$203,5 a US$1.211,6, es decir, en un 595%.

“Hay dos desafíos: uno que tiene que ver con las políticas de Estado y otro en que los consumidores debemos entender que nuestra ropa tiene un impacto. Es como la teoría de la bolsa negra, nosotros metemos la ropa en una bolsa negra y se nos olvida. Pero ocurre que los textiles son la segunda fuente de micro plástico primario y secundario en los mares. Es un tema urgente”

Pablo Galaz, director ejecutivo para Chile de Fashion Revolution.

“Estamos por sobre la media a nivel mundial. Además, en la Ley Rep no se incorpora un estudio sobre las dimensiones de los residuos textiles en los rellenos sanitarios. Hay dos desafíos: uno que tiene que ver con las políticas de Estado y otro en que los consumidores debemos entender que nuestra ropa tiene un impacto. Es como la teoría de la bolsa negra, nosotros metemos la ropa en una bolsa negra y se nos olvida. Pero ocurre que los textiles son la segunda fuente de micro plástico primario y secundario en los mares. Es un tema urgente”, comenta Galaz.

“En Chile el mercado de la moda está absolutamente externalizado, entre un 70 y 90% de la ropa que se vende es importada. No tenemos forma de adoptar nuevas tecnologías ni comportamientos industriales, porque no hay industria. Cada día más se están cerrando fábricas de ropa. Los principales actores en Chile son las grandes marcas y el retail. Entonces, si logramos que el retail genere políticas al respecto podríamos llegar a una solución”, añade el portavoz de Fashion Revolution.

Entre las grandes tiendas locales, desde hace siete años París implementó “Ropa x Ropa”, campaña que incita a sus clientes a dejar ropa usada en cualquiera de sus sucursales a cambio de un descuento en su próxima compra. Según la tienda ya han reciclado más de mil toneladas de residuos textiles.

La gestión de la ropa recuperada es realizada por I:CO, que tiene su planta en Berlín, Alemania. “París realiza la campaña masiva de recolección una o dos veces al año, pero durante todo el año tenemos contenedores de reciclaje para recibir la ropa en desuso. Los cuatro caminos que pueden tomar las prendas son: reutilizarlas como nuevos productos, reducir las prendas en materiales, retornar a través de telas y reusar, es decir, insertar las prendas que están en buen estado en mercados de ropa usada”, indican desde la compañía.

Además, París destaca que realiza donaciones. “Son las muestras que usamos para la confección de nuestras colecciones. El 100% de nuestras muestras que estén en perfecto estado se donan a Banco de Ropa, para que luego sean entregadas a diversas fundaciones según las necesidades de cada una”, añaden en la empresa.

La marca Americanino también realiza una campaña que busca darle una segunda vida a los jeans. En este caso, eso sí, los pantalones viajan solo unos kilómetros: en Quilicura los espera la planta de Rembre.