Industria / Compra responsable

Algramo entra a las grandes ligas de economía circular con su modelo 2.0 de venta a granel

Vigente desde 2013, la empresa creada por José Manuel Moller añadió una nueva capa en su negocio y creó un sistema de venta de productos de limpieza a través de dispensadores que llegan a los hogares por medio de triciclos eléctricos. Los clientes, a su vez, bajan una app y cargan dinero a una cuenta para solicitar este servicio al gramo, que resulta una alternativa más económica y sustentable al evitar el uso del plástico. Este sistema Algramo de dispensación se acaba de lanzar en Nueva York, y su fundador cree que será la llave maestra para seguir creciendo en el mercado mundial de economía circular.

Nacida en 2013, Algramo ha tenido dos fases muy marcadas, dice su fundador José Manuel Moller. Al principio fue creada con el fin de crear productos de marca propia para almacenes de barrio basada en envases retornables. La diferencia era que el cliente devolvía un envase de detergente, lavaloza, limpiapisos y suavizante vacío, y se llevaba uno nuevo, tal como una bebida retornable. Paralelamente, Algramo diseñó un prototipo de dispensador que ofrecía alimentos como arroz, lentejas, porotos y garbanzos en las cantidades justas que el cliente requería de acuerdo a lo que pagaba.

Si bien ese modelo sigue vigente en 2.500 almacenes de barrio de la Región Metropolitana, José Miguel Moller decidió cambiar el giro o, en sus palabras, “agregarle una nueva capa” a la empresa. “En 2018 hubo un quiebre y se empieza a acelerar la historia. Llegamos a un punto de equilibrio, ya que la operación se pagaba con la marca propia”, señala. Y constató que el porcentaje de personas que volvía con su envase sobrepasaba el 80 por ciento, lo cual era un gran logro en honor a la conducta que se trataba de intencionar.

Ese año, además, se recortó el horizonte a 2030 para alcanzar las metas pactadas en el Acuerdo de París, por lo que Moller pensó que la red de almacenes de barrio que cubría con su exitoso modelo, aunque llega a beneficiar a 300 mil personas, no era suficiente para tener un impacto global o, por lo menos, más significativo. “En esta crisis ambiental éramos un aporte, pero estábamos lejos de mover la aguja”, ejemplifica el emprendedor.

“Me pregunté cómo podía hacer un cambio en la industria. Y en este cambio de giro, decidí ir a convencer a los mayores productores y consumidores de plástico en el mundo para que se sumaran a un sistema tipo Algramo. Tuve que tecnologizar toda la solución, porque antes era bien análogo, doméstico”, explica Moller, cuya empresa ha obtenido varios reconocimientos a nivel internacional por su protagonismo en la economía circular.

Antes de implementar este “Algramo 2.0”, como lo llama su director ejecutivo, la empresa obtuvo el lugar número 11 a nivel mundial de las Mejores Empresas Para el Mundo (Best For The World), ranking realizado por B Corp (Empresas B), y una de las tres empresas B chilenas mejor evaluadas tras destacar en dos de las cinco categorías de la evaluación (La Mejor Empresa Para el Mundo y la Mejor Empresas para la Comunidad).

Este modelo Algramo de dispensación permite generar un ahorro considerable a las familias ya que la compra se hace sin tantos intermediarios y, por lo tanto, se evita el castigo a la compra en bajas cantidades, cuenta Moller. El sistema actualmente vigente involucra la existencia de una app a través de la cual los clientes cargan su dinero y piden la visita de un triciclo eléctrico que lleva dispensadores a domicilio, y depositan productos de limpieza en envases que tienen un chip similar a cómo funciona la tarjeta BIP del sistema de transporte público en Santiago.

Este es uno de los tres triciclos que dispensará alimentos de mascotas Purina a domicilio.

“La gente compra como una bomba de bencina: la cantidad que quiera, sin estar obligada a comprar por kilo o litro. Lo interesante es que paga a través del envase, no tiene que llevar tarjeta ni billetera, porque está vinculada a la cuenta de la persona, la cual está cargada con plata”.

José Manuel Moller, fundador y CEO de Algramo.

Por ahora las dos marcas asociadas al sistema son Omo y Quix, ya que la primera alianza fue con Unilever. Funciona con ocho triciclos eléctricos en 20 comunas de Santiago y muy pronto lanzarán la misma solución con Purina, en alimentos de mascotas, para lo cual implementarán otros tres triciclos. “La gente compra como una bomba de bencina: la cantidad que quiera, sin estar obligada a comprar por kilo o litro. Lo interesante es que paga a través del envase, no tiene que llevar tarjeta ni billetera, porque está vinculada a la cuenta de la persona, la cual está cargada con plata”, narra Moller.

Según el fundador de Algramo, el sistema busca resolver el tema del “impuesto a la pobreza”, que se manifiesta cuando “la gente que compra en pequeñas cantidades paga más que la gente que compra en grandes cantidades”. El segundo problema que busca solucionar es la cantidad de desechos que se generan en torno a este consumo. Ese es el corazón de Algramo, dice Moller, cuyo sistema procura estimular económicamente la reutilización de los envases.

“Cada vez que compras decimos cuánto plástico evitaste en esa compra. Si pasa ese número, Algramo te devuelve un poco de plata en la cuenta. En otras palabras, es como si te recargara la tarjeta de la BIP. Si pierdes el envase, pierdes también la plata que te regalé, pero si lo mantienes puedes usarlo para la próxima compra. Es un incentivo económico”, se explaya José Manuel Moller, que lanzó el piloto en mayo de 2019 para luego funcionar a plenitud en enero de 2020.

En ese sentido, lo más trascendental para Moller es que “queremos romper el paradigma de que las soluciones medioambientales son más caras, o para un ABC1, millenial y vegetariano”, ilustra. Por eso, Algramo apuesta a que esta opción sea “la más barata” y, como guinda de la torta, sea sustentable. “Pero no puede ser que tengamos que elegir entre el medioambiente y nuestra billetera para llegar a fin de mes”, agrega.

Cualquier persona que necesite estos productos puede bajar la app y cargar dinero a su cuenta. Sin embargo, Moller tiene pensado abrir en un plazo cercano un modelo de suscripción. De todas maneras, dice, “la mayoría de la gente que prueba el sistema se queda adentro. Es importante para nosotros el crecimiento boca a boca, y es lo que estamos buscando para llegar a más canales”.

“El mundo está avanzando hacia los sistemas de dispensación. Eso iba a ocurrir con o sin Algramo, pero sí podemos reconocernos como uno de los actores. Estamos compartiendo nuestro relato de marca. Y para llegar a tiempo a esta crisis ambiental, no queda otra que aprender a colaborar con las grandes marcas”.

José Manuel Moller.

Hito en Estados Unidos

Moller dice que su empresa ya tiene un relato de marca consolidado y por lo tanto apuntó a abrir las fronteras. La semana pasada, Algramo logró marcar un hito que seguramente lo enviará a las grandes ligas de la economía circular. Mal que mal, ya tienen contacto con grandes empresas como Nestlé, dispuestas a trabajar con Moller en este tipo de soluciones.

En efecto, hace unos días fue presentado Algramo Nueva York, que permitirá mantener dispensadores en una lavandería del barrio de Brooklyn con marcas como Pine-Sol y Clorox.  “El modelo Algramo fue diseñado como franquicia, ya que necesitamos operadores locales que nos ayuden a replicar esto para estar en 2015 entre las principales economías del mundo. Hay operadores que tienen la representación de Algramo en Estados Unidos. Nosotros ponemos el software, el hardware, el branding y el marketing, y ellos operan”, complementa el CEO de Algramo.

Este suceso, dice Moller, les permite estar posicionados “en un escenario mundial de economía circular”. De acuerdo al emprendedor, el tiempo los pilló con la solución justa en el momento indicado, ya que “el mundo está avanzando hacia los sistemas de dispensación. Eso iba a ocurrir con o sin Algramo, pero sí podemos reconocernos como uno de los actores. Estamos compartiendo nuestro relato de marca. Y para llegar a tiempo a esta crisis ambiental, no queda otra que aprender a colaborar con las grandes marcas porque necesitamos que mucha gente use este sistema, a escala mundial”.

Este será el empuje para, también en Chile, implementar el sistema de dispensación en nuevos almacenes, en el retail y en los supermercados. “No todo va a ser delivery”, dice Moller, quien sueña con llegar a concretar el famoso “pasillo sin plástico” en las grandes tiendas. “La única forma de hacerlo es con dispensadores”, cierra Moller.

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