Ciudad / Contaminación lumínica

José Maza: “Las luces que apuntan hacia el cielo están matando la astronomía en Chile”

El afamado astrónomo ve con preocupación cómo la contaminación lumínica de las ciudades está comprometiendo el funcionamiento de los observatorios astronómicos, sobre todo de la Región de Coquimbo. “Si seguimos así, de aquí a 20 o 30 años Tololo y Pachón no van a poder hacer astronomía de cierto tipo”, advierte el Premio Nacional de Ciencias Exactas 1999.

El pasado 24 de abril, una ovación reservada para las grandes estrellas del rock recibió a José Maza apenas salió al escenario del Teatro Caupolicán. No necesitó una banda de instrumentistas ni de virtuosos coreógrafos para cautivar a cuatro mil fervorosos espectadores que lo acompañaron en la presentación de su tercer libro, Eclipses. Armado solo con un micrófono inalámbrico, Maza marcó un récord de asistencia en una charla de un científico chileno dictada en un recinto cerrado en el país.

José Maza, Premio Nacional de Ciencias Exactas en 1999, es hoy uno de los científicos más reconocidos y populares del país. Sus publicaciones han acercado la astronomía al público masivo, principalmente porque usan un lenguaje fácil de entender. Y a este doctor en Astrofísica, ex director del Departamento de Astronomía de la U. de Chile y autor de numerosos trabajos de investigación publicados en revistas internacionales, le preocupa sobremanera el problema que compromete la observación astronómica en el país: la contaminación lumínica que está afectando al norte del país.

En su asamblea general de 2018, la Unión Astronómica Internacional (UAI por sus siglas en inglés) advirtió que los cielos del norte de Chile, sobre todo los de la Región de Coquimbo, están perdiendo su calidad de “prístinos” para la astronomía, debido a la contaminación lumínica.

El hecho puso en alerta a la comunidad científica, que viene advirtiendo desde hace años que el crecimiento de las ciudades y la incorporación creciente de “luz blanca” en las zonas urbanas está dañando seriamente la observación.

Se trata de una situación que además pone en riesgo la millonaria inversión que el mundo está haciendo en el norte de Chile. Hoy nuestro país es la capital mundial de la astronomía, con el 40% de la infraestructura mundial para la observación astronómica profesional. Sin embargo, en la actualidad se están invirtiendo US$7.000 millones en el país que incrementarán ese porcentaje a un 70%.

Esto desencadenó el inicio de un proceso de revisión de la norma lumínica vigente y, en paralelo, la presentación de un proyecto de ley que busca someter a un estudio de impacto ambiental a todas aquellas iniciativas que pudieran contaminar los cielos nocturnos. “Es un temazo para la astronomía. Si la contaminación lumínica se desboca, varios observatorios, entre ellos Tololo y Paranal, estarían en serios problemas”, plantea el astrofísico.

¿Cuáles son los principales problemas que se están registrando en el norte?

La contaminación lumínica eleva la luz del fondo del cielo. El cielo nocturno es bastante oscuro, pero la luz lo puede levantar hasta cien veces. Si hay luz contaminando el fondo oscuro del cielo, cuando queremos observar una galaxia muy débil, recibimos más luz del cielo que la que recibimos del propio objeto. Entonces, liquida a la astronomía desde la Tierra. La contaminación lumínica no permite hacer astronomía en las ciudades, pero la luz ahora está llegando a los observatorios y es muy dañina. Si alguien prende las luces dentro de la casa durante una noche, cuando trate de mirar por la ventana no verá nada, porque el reflejo de la luz de la propia casa en los cristales de la ventana es más fuerte que la luz que llega desde afuera. Entonces lo que uno hace es apagar la luz de la casa. Hay mucha gente que desgraciadamente asocia la iluminación excesiva de las ciudades a una señal de progreso, pero no hay progreso iluminando el cielo. Una lámpara que ilumine para arriba no sirve para nada. Los astrónomos queremos que se ilumine el suelo, pero sin tirar luz hacia el cielo. Una vez, en el cruce de Coquimbo, pusieron una luminaria terrible que se veía claramente desde Tololo; se veía con anteojos de larga vista. ¿A quién le servía en Coquimbo la luz que iba para Tololo? A nadie.

“La iluminación de Vallenar ataca Las Campanas; La Serena y Coquimbo afectan Tololo; Antofagasta lo mismo con Paranal. Todas las ciudades, desde el valle de Elqui hacia el norte, deberían tener una iluminación prudente”

¿Qué propone para cambiar esta situación?

Queremos que no pongan luces a 15 metros de altura, sino en postes chicos que alumbren el suelo. Cuando los astrónomos observamos, solo nos interesa el 1% de la luz del cielo. De cada 100 fotones, 99 son del cielo y apenas 1% es del objeto. Si a eso uno le agrega luz, en vez de 99 fotones, tiene 500 fotones que son contaminación, y un fotón que viene desde una galaxia distante queda perdido dentro del ruido. La iluminación de Vallenar ataca Las Campanas; La Serena y Coquimbo afectan Tololo; Antofagasta lo mismo con Paranal. Todas las ciudades, desde el valle de Elqui hacia el norte, deberían tener una iluminación prudente. En Estados Unidos gastan un dineral en iluminar el cielo, y eso no lo le sirve a nadie. Más allá de proteger la astronomía, no hay para qué gastar plata en iluminar el cielo. En la casa uno no pone focos en el techo para alumbrar a los helicópteros que pasan.

¿Qué elementos se debieran revisar de la norma lumínica vigente? Hoy se critica que existen incumplimientos evidentes que quedan sin ninguna sanción.

Según lo que yo entiendo, la norma no es mala, pero nadie la fiscaliza. Debe tener consecuencias graves. Debe venir con dientes, de manera que quien la viole se someta a castigos enormes. En Antofagasta hay unos focos enormes que alumbran avisos publicitarios y cuya luz va directo al cielo. Esa luz es muy linda para la publicidad, pero es un descriterio porque la gente en las ciudades también tiene derecho a ver un poco de cielo. En Santiago ya no vemos el cielo; en otras ciudades sí. Entonces, ¿por qué nos quitan el privilegio de ver el cielo a los civiles?

¿Diría que la situación más crítica se vive en los observatorios de la Región de Coquimbo?

Sí, porque Paranal, el observatorio más grande de Chile, se ve afectado por Antofagasta, ciudad que ha crecido mucho, pero es una sola ciudad. Pero Pachón, La Silla, Las Campanas y Tololo se ven afectados por La Serena, Coquimbo y más al norte por Vallenar. También por Andacollo y no sé si con Ovalle.

“Sería un crimen que se empezara a contaminar el cielo del cerro Armazones, donde se instalará el telescopio más grande del mundo, porque será la joya del planeta entero. Tenemos que cuidar nuestros cielos: si los contaminamos, los proyectos no vendrán”

¿Se pone en riesgo el liderazgo mundial de Chile en la astronomía, más allá de que el problema esté localizado sustancialmente en una región?

Obviamente se pone en riesgo, pero los observatorios no se irán porque aumente un poco la luminosidad. Pero a este paso un proyecto grande no tendría mucho sentido en 10 o 20 años más. Al lado de Paranal se está haciendo el telescopio más grande del mundo (ELT), con 39 metros de diámetro, en el cerro Armazones. Sería un crimen que se empiece a contaminar el cielo del cerro Armazones, porque será la joya del planeta entero. Tenemos que cuidar los cielos: si los contaminamos, los proyectos no vendrán.

Hoy existe un proyecto de ley para someter a un estudio de impacto ambiental a todos aquellos proyectos que pudieran generar contaminación lumínica en tres regiones del norte del país. ¿Le parece una buena idea?

Eso sería fantástico. Yo sé que en Andacollo hay una minera que por un problema de seguridad alumbraba el recinto desde el exterior con unas luces brutales y se negaba a apagarlas en la noche. Desde Tololo yo he visto toda la iluminación en torno a las mineras. Obligarlas a hacer un estudio de impacto ambiental sería muy interesante, que les lean la cartilla y que lo sepan desde el primer día.

Hoy se apunta a las luces LED blancas como las principales responsables de la contaminación lumínica, ¿cuál es su impacto?

Yo sé que las luces LED de moda son francamente dañinas. La luz más amistosa para los astrónomos es la de sodio a baja presión, que es una luz naranja, amarillenta, la ideal. Si los astrónomos pudiéramos ponerle luces a las ciudades, todo sería sodio a baja presión. Las luces LED son fatales porque nos echan a perder una parte enorme del espectro electromagnético; las otras luces nos echan a perder una parte pequeñita.  Las canchas de fútbol o tenis, si se iluminan con LED, tienen que pasar por un estudio de impacto ambiental y ser controladas, de tal manera que solo alumbren para abajo. Que les pongan un capuchón. Porque una plancha vertical de luces alumbrará la cancha, pero igual tirará luz hacia arriba.

¿Chile está matando la gallina de huevos de oro?

Si somos lo suficientemente tontos, vamos a perder la oportunidad. Hay que entender que los observatorios son importantes para el mundo entero. El mundo tiene la mitad de los telescopios en Chile y la ONU nos llamaría la atención por hacer esta barbaridad en Chile. Igual yo soy optimista.