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Xerojardinería, la tendencia que busca reducir el césped y flora exótica en parques y jardines para combatir escasez hídrica en zona central

Ya sea por ahorro o por buscar soluciones que sean más amigables con el medio ambiente, en los últimos años se ha optado por disminuir el alto consumo de agua en áreas verdes a través de un mejor manejo del suelo. En este escenario de abre paso la xerojardinería, un estilo de paisajismo que evita el pasto y asegura una disminución considerable del riego, sin perder la estética. Según los expertos, se trata de una medida “súper directa en el combate al cambio climático, donde el ciudadano tiene mucho que hacer. Esto afecta transversalmente, desde el patio de una casa, hasta los grandes parques de la capital”.

Natalia Heusser | 26 Jun 2019 a las 6:30 am

Por un tema cultural, según explican los expertos, se acostumbra a relacionar el pasto con jardines, parques y plazas. Sin embargo, esta especie es propia de ciudades europeas lluviosas, donde crece sin necesidad de riego, algo que no ocurre en algunas zonas áridas de Chile, donde se insiste en su uso para embellecer los paisajes. Pero mantener estas carpetas verdes existe una alta demanda de agua, un recurso que por estos días es escaso.

Para ser más precisos de lo que esto significa, Pablo García-Chevesich, miembro del Programa Hidrológico Internacional de Unesco y asesor científico de la International Erosion Control Association, explica que “en zonas mediterráneas como Chile central, el césped promedio puede necesitar hasta 7 litros/m2 diariamente durante los meses de calor. En otras palabras, si se tiene un jardín con 200 m2 de césped, dicho jardín requiere de 1.400 litros en un día”.

“Si consideramos que generalmente la gente riega durante todo el año -agrega- con sistema automático y la misma cantidad, estamos hablando de 500 mil litros de agua que se derrocha sólo por el lujo de tener césped, un lujo totalmente innecesario”.

En el mismo punto coincide Carlos Bonilla, académico de ingeniería hidráulica y ambiental de la Universidad Católica, quien aclara que “no es nada en contra del pasto, porque el pasto es parte de los proyectos paisajísticos, pero debe ser controlado porque exige una mayor proporción de agua en comparación a cualquier otra especie. En Chile hay un gusto por los jardines exóticos, de mucho verde y suelo cubierto por plantas, no tenemos una cultura de cuidar el agua, y eso radica en que por mucho tiempo este recurso fue abundante. Hoy ya no lo es y no solo ocurrió por fenómenos climáticos, también se debe a una mayor demanda, por ejemplo, de regadío”.

En este sentido Bonilla, también investigador del Centro de Desarrollo Urbano Sustentable (Cedeus), propone como solución los jardines xerófitos o xerófilos, que usan el agua de manera racional.

“Nuestro clima apunta a un tipo de vegetación que no es exuberante. La gente entiende mal este concepto y cree que esto se refiere a un patio lleno de cactus. Aquí hay n manejo de suelo que ayuda a bajar la presión de agua, y eso significa incluso un beneficio económico para las personas”, afirma.

Manejo de aguas lluvias y de especies

Ahí es donde aparece la xerojardinería, una técnica creada en 1981 en la ciudad de Dénver, Estados Unidos, debido a una fuerte sequía que azotó a la zona y que generó problemas de abastecimiento municipal.

“En zonas mediterráneas como Chile central, el césped promedio puede necesitar hasta 7 litros/m2 diariamente durante los meses de calor. En otras palabras, si se tiene un jardín con 200 m2 de césped, dicho jardín requiere de 1.400 litros en un día”

Pablo García-Chevesich, miembro del Programa Hidrológico Internacional de Unesco y asesor científico de la International Erosion Control Association.

“Todo paisajista que entiende de xerojardinería debe incluir dentro del diseño variables como hidrología (manejo de aguas lluvia), análisis de suelos, selección y ubicación de especies, reemplazo del césped por gravilla y piedras de distintos colores, riego (localizado, utilizando aguas lluvia o aguas grises), y control de la evaporación y de malezas”, detalla García-Chevesich, quien además es académico de la Universidad de Arizona.

Hace cuatro años que el diseñador paisajista Ricardo Muñoz está dedicado a la xerojardinería, y asegura que hay un interés creciente por esta tendencia. “La gente que aún no la conoce piensa que va a tener un desierto en el patio. Ahora se recurre harto a este tema, más que nada por el ahorro que significa, como lo hacen las comunidades de edificios que necesitan justificar gastos de agua”, afirma.

Muñoz explica que estos jardines se basan en especies nativas y otras foráneas como la salvia leucantha, lavanda y el olivo “que permiten el riego por goteo. El pasto se cambia por superficies lisas o cubresuelo, y hay veces en las que no se elimina completamente, pero se racionaliza sólo para determinados lugares. Ponerlo en todas partes es absurdo y más cuando se observan en las veredas para que se vean más verdes”.
Además, indica que entre los árboles y arbustos que necesitan mayor irrigación está el liquidámbar, tulipero, plátano oriental, laurentina y abelia.

Árboles nativos y menor consumo de agua

En los últimos años ha habido una mayor conciencia sobre el uso responsable de agua, situación muy distinta a lo que se vivió el siglo pasado. En 1921 Alberto Mackenna Subercaseaux, en ese entonces intendente de Santiago, comenzó a transformar la imagen del cerro San Cristóbal que, hasta ese momento, tenía escasa vegetación. A través de líneas de riego, plantaciones y terrazas partió con la forestación de este lugar, el que con los años se convirtió en el parque urbano más grande e importante de la ciudad.

“La mayoría de las especies exóticas, que resultan muy atractivas, son las mayores consumidoras de agua. Por eso se ha tratado de aumentar, en diferentes proyectos, una cantidad importante de especies nativas, que consumen un tercio de agua. Yo creo que la solución no es reemplazar todas las especies por plantas nativas, pero sí lograr un equilibrio entre ambas”

Carlos Bonilla, investigador del Centro de Desarrollo Urbano Sustentable (Cedeus).

Lograr que este espacio fuera un área verde no fue fácil, y para mantenerlo durante todos estos años se ha tenido que recurrir al regadío y a la plantación de especies foráneas. No obstante, la escasez hídrica de las últimas décadas ha llevado a las autoridades a tomar algunas medidas. Por ejemplo, las reforestaciones que se realizan en este momento en dos sectores del cerro -que fueron afectados por incendios- contemplan especies nativas como quillay y maitén, que necesitan de menos agua.

“La mayoría de las especies exóticas, que resultan muy atractivas, son las mayores consumidoras de agua. Por eso se ha tratado de aumentar, en diferentes proyectos, una cantidad importante de especies nativas, que consumen un tercio de agua. Yo creo que la solución no es reemplazar todas las especies por plantas nativas, pero sí lograr un equilibrio entre ambas”, indica Carlos Bonilla.

Agrega que los nuevos parques que hay en los alrededores de Santiago han disminuido el césped y han incorporado técnicas similares a las utilizadas por jardines xerófitos. «El parque Bicentenario partió con una gran cantidad de especies exóticas y hoy tiene una cantidad importante de especies nativas. Lo mismo ocurre con el Parque Metropolitano, y con otros proyectos asociados a inmobiliarias y construcciones en a precordillera».

Para este investigador del Cedeus lo ideal sería contar con políticas que fomenten la xerojardinería, pues es indispensable buscar normativas de mitigación frente a los efectos del cambio climático. «Esta sería una medida súper directa, donde el ciudadano tiene mucho que hacer. Esto afecta transversalmente, desde el patio de una casa, hasta los grandes parques de la capital. Hay que tomar en cuenta que la superficie que suman todos los jardines y patios de casas no es irrelevante».

Se trata de un aspecto extremadamente relevante en tiempos de escasez hídrica, ya que el riego en la gran parte de las zonas urbanas de Chile se realiza con agua potable que posee un alto nivel de calidad, ya que se puede beber. «Debe recalcarse que en los países que ya solucionaron el tema del abastecimiento de agua, riegan las áreas verdes con agua de alcantarillado tratada, a diferencia de Santiago», dice el hidrólogo Pablo García-Chevesich.

Por su parte Carlos Bonilla reconoce que, si bien existe la tecnología para hacerlo, aún tiene que haber un estándar que permita que esa agua que no es potable no signifique un potencial peligro para la salud de las personas.