Ciudad / Crisis hídrica

Rocío Espinoza: “Si no se sabe cuánta agua se está produciendo, difícilmente la vamos a poder repartir en forma justa”

Frente a la crisis hídrica, la directora ejecutiva de la Fundación Amulén pone el énfasis en un problema invisible: un millón y medio de chilenos -unos 380 mil hogares- no tiene acceso a agua potable y se abastece de pozos, camiones aljibe y de ríos. Son además poblaciones vulnerables que solo acrecientan su pobreza por la sequía. Hoy, dice, existen en Chile 26 comunas que está igual o peor que Petorca. ¿La solución a la crisis? Implementar nuevas tecnológicas de captación de aguas, pero también mejorar la institucionalidad, poner el consumo humano como prioridad y -sobre todo- mejorar la información respecto del recurso. “Hoy somos un país que ya no tiene el agua que tenía antes, y el Código de Aguas se hizo pensando que Chile nunca iba a tener problemas de agua, pero pasó. Este es el nuevo Chile, y hay que adaptarse”, afirma.

Jorge Molina Alomar | 12 Mar 2020 a las 6:00 am

El racionamiento de agua en Chile parece estar tocando la puerta de las grandes ciudades ante la magnitud de la megasequía que afecta al país. Ya municipios e industrias han tenido que disminuir en al menos un 10% su consumo, mientras los sectores productivos buscan -en mayor o menor medida- soluciones basadas en la tecnología y la eficiencia en el uso del recurso. Eso es lo que vemos. Lo que no vemos es el drama que existe en pequeñas localidades y poblados donde el agua dejó de fluir hace años por una sequía que ya es estructural, y que se agrava por la pobreza de sus comunidades. Y sin agua, no se puede producir para revertir la situación. Una trampa perfecta.

Eso es lo que reveló el estudio “Sequía, la brecha más profunda”, elaborado por Fundación Amulén, que detectó la existencia de 26 comunas del país donde confluyen una alta brecha hídrica con una alta vulnerabilidad, donde más del 80% de sus habitantes pertenecen a los segmentos D y E, los más vulnerables en términos económicos. Allí el agua de la llave es una quimera, y el abastecimiento proviene principalmente de pozos o norias, camiones aljibe y aguas superficiales como ríos, vertientes, esteros o lagos.

Una situación que contrasta fuertemente con las cifras OCDE a las que estamos habituados, que muestran a Chile en el cuadro de honor a nivel mundial en saneamiento urbano gracias al 100% de cobertura de agua potable y de tratamiento de aguas servidas en nuestras ciudades.

“Esas cifras solo hablan de áreas urbanas, y como el mundo rural en general reclama poco, se ve poco. Hoy en las demandas sociales, por ejemplo, hay una discusión por los derechos de agua pero nadie está hablando de la gente que no tiene agua. Cuando en Osorno hubo problemas con el abastecimiento salía todos los días en los noticieros la entrega de agua por camiones aljibe, pero hay gente que vive todos los días así. Hablamos de personas que caminan todos los días a ríos, de gente que depende del camión aljibe que pasa una vez a la semana. Eso está súper invisibilizado”, dice Rocío Espinoza, directora ejecutiva de Fundación Amulén.

De hecho, afirma, la carencia de agua afecta a cerca de un millón y medio de personas en Chile, más de 380 mil viviendas. En la zona norte, porque simplemente no hay agua; y en el sur, si bien existe agua no está la infraestructura necesaria para aprovecharla.

“No puede ser que en Temuco tengamos 140 camiones aljibes mensuales recorriendo la comuna, cuando llueven 3 mil milímetros al año. En el área urbana de Temuco, la zona concesionada a la sanitaria es súper pequeña en relación con la zona urbana real, entonces tienes un círculo de gente que se abastece de camiones aljibe, es increíble”.

Según señala el estudio, esta falta de agua tiene una relación directa con la pobreza para un millón y medio de personas

El agua tiene un vínculo directo con la superación de la pobreza, porque no le puedo pedir a alguien que le dejan 50 litros de agua al día que además tenga una labor productiva. No tiene sentido. De ese millón y medio de personas, un 58% se abastece de pozos, un 25% de ríos -y eso es súper invisible-, y un 15% de camiones aljibe. Hay gente que camina al río, con baldes, bidones, lo que tengan para llevar agua a la casa. Los niños dejan de ir al colegio para ayudar a sus mamás y a sus abuelas a trasladar agua, viven en torno a eso. En Galvarino, más del 80% de la población no tiene agua, y la ciudad tiene un APR.

“Detectamos que hay 26 comunas que están igual o peor que Petorca y van a seguir así, y además demostramos con un análisis socioeconómico que están en un alto grado de vulnerabilidad. Por lo tanto, si antes eran vulnerables, sin agua no van a salir nunca de ahí. Ese es su techo. No van a poder producir nada, porque ni siquiera tienen agua para ellos”

¿Cómo se agudiza esto en un contexto de sequía, que detectaron en el estudio?

El enfoque nuestro fue mostrar por qué es dramática la situación de sequía, y superarla. Es un problema serio en la agricultura, es cierto, pero el consumo humano está antes. Y si tenemos un 85% de la población que se abastece de pozos o ríos, en un contexto de sequía esa agua no existe. Los afecta directamente, porque se quedan sin abastecimiento. Siempre se habla de Petorca, pero hay muchos Petorca en el país. De hecho, son 26 zonas. Lugares como Combarbalá, o Andacollo, donde la situación es dramática. En Andacollo un 90% de la población no tiene agua y el 94% son pobres. Petorca es crítico, tiene una alta brecha hídrica, pero nadie escucha de Andacollo. Hoy 11 de las 15 comunas de la Región de Coquimbo están peor que Petorca.

¿Cuál es la situación de esas comunas?

Todas tienen un promedio mayor al 80% de vulnerabilidad, y tienen más de un 85% de carencia. Eso significa que un 85% de sus habitantes no tienen agua por red pública y se abastecen de fuentes informales. Uno de los problemas es que no hay datos, en Chile hay 101 cuencas y solo tenemos monitoreadas 25 de ellas. Cuando se dice que queremos ser como Israel, ellos tienen monitoreada hasta la última gota de su oferta hídrica, y nosotros solamente un 25%, y tomamos decisiones así. Entonces fuimos a la información que tiene Fundación Chile en las cuencas monitoreadas, para ver la situación, y detectamos que hay 26 comunas que están igual o peor que Petorca y van a seguir así, y además demostramos con un análisis socioeconómico que están en un alto grado de vulnerabilidad. Por lo tanto, si antes eran vulnerables, sin agua no van a salir nunca de ahí. Ese es su techo. No van a poder producir nada, porque ni siquiera tienen agua para ellos.

Estas 26 comunas están concentradas principalmente en las regiones de Atacama, Coquimbo y Valparaíso. ¿Es sólo déficit hídrico, es cambio climático? ¿Cuáles son sus perspectivas futuras?

Es cambio climático y sequía estructural. En Coquimbo y Valparaíso el problema llegó para quedarse y solo podemos esperar que esto se agrave. Si no, hacer inversiones, pero me iría mucho por el mundo de soluciones tecnológicas rápidas. Efectivamente hay que hacer más embalses, pero demora 300 días solo preparar las bases de licitación. Un APR, que es mucho más chico, desde que entra la solicitud a la DOH -de una comunidad constituida legalmente y con derechos de agua- y se tramita todo, sin que nada falle y si esa carpeta nunca se atrasó, son seis años de trámite para iniciar recién la construcción. Eso implica ocho años sin agua. Entonces, las soluciones tecnológicas son “pack and play”.

¿Cuáles, por ejemplo?

Hay varias, pero necesitamos más y esa es una de las razones por las que creamos el concurso Water Challenge 2020 (que busca emprendimientos y startups de todo el mundo que ayuden a mejorar el acceso al agua), por la necesidad de ampliar esta matriz. No puede ser, por ejemplo, que Pichiulemu tenga problemas de agua si está al lado del mar, veamos que está haciendo el mundo de la desalación para dar soluciones a este tipo de problemas. Hay que empezar a integrar cosas.

“Si uno quiere soñar con una institucionalidad, debiera existir un Ministerio del Agua, al igual que existe un Ministerio de Energía; tiene que haber un ente centralizador. Entonces la pelea por los derechos de agua es secundaria, porque cómo voy a repartir lo que existe si no sé cuánto es”

¿Qué espacio de tiempo hay para encontrar e implementar las soluciones?¿Debiera haber en esto un mayor apoyo de recursos públicos?

Hay varias innovaciones que son “pack and play”, en la extracción de agua del aire se enchufa la máquina y en 24 horas tienes 900 litros diarios con un consumo energético de dos mil pesos diarios. Estamos instalando una en Petorca y otra en Los Vilos, y hay algunas que producen 5 mil litros. El Estado no tiene herramientas para hacer esto, ni tampoco para subsidiar estas soluciones, pero debiera hacerlo. Así como subsidia el APR, debiera subsidiar la innovación. Si no, estamos fritos.

El estudió demostró que la falta de agua agrava la pobreza en comunas ya vulnerables, ¿cómo cambia esto una vez que tienen acceso al agua?

Esa gente hoy vive una sequía estructural, pero tiene un pasado de agricultores, de ganaderos. Ahora tienen sus invernaderos cerrados porque no tienen agua, pero si les das el recurso ellos recuperan sus oficios. Es gente que tiene pertenencia y no se va de sus tierras, aunque sí ha aumentado la edad promedio porque la gente más joven se está yendo, pero la gente del campo no se mueve porque no les gusta la ciudad. El agua les permite recuperar su capacidad productiva, y por eso hablamos de acceso y fomento productivo. Pero primero tenemos que solucionar el acceso.

Hoy hay una serie de propuestas en evolución: la Mesa del Agua, discusión legislativa… ¿El problema es de cambio climático, de gestión, de propiedad del agua; dónde está el nudo?

Hoy existen cerca de ocho mesas del agua, en el MOP, la de Compromiso País, en Agricultura, en la ODEPA… Hay 43 organismos del Estado que tocan el tema del agua, y entre ellos no se coordinan. Entonces, para mi lo primero es la institucionalidad, aquí debiera haber al menos una subsecretaría del agua. Ese es el “desde”, porque es difícil coordinar a todas las carteras; entonces, sale el ministro de Agricultura a decir que no hay recursos para superar esta crisis, pero el MOP tiene un superávit de recursos. Cómo los distribuimos si no hay una institucionalidad que aborde el problema de manera integral. Y en segundo lugar, faltan datos, y no se sabe bien cómo repartir la cuenca, si estamos sobre entregando o sub entregando derechos de aguas. Ni siquiera hay una fiscalización.

Hoy el foco de la discusión está en la propiedad del agua, ¿cuánto influye esto en la distribución del recurso?

Se habla mucho de la privatización, pero en términos prácticos cualquier fórmula siempre va a ser similar, llámese derechos de agua, prorrateo, llámese como quiera. En Australia el sistema del agua es igual que en Chile, pero lo que hay disponible se reparte en términos proporcionales. Esa es la diferencia. Por ejemplo, si un embalse junta 100 mil metros cúbicos, se asegura el recurso humano y después se reparte el resto, entonces puede que incluso un agricultor decida no cultivar y le vende su porcentaje al del lado. No se llama derecho de agua, pero técnicamente es lo mismo. En Israel igual. Da lo mismo como se llame, el problema es que no sabemos cuánto hay arriba de la cuenca. Si no se sabe cuánto se está produciendo, difícilmente la vamos a poder repartir en forma justa. Yo no culpo a las empresas, están usando su derecho asignado, el problema es que no sabemos cuánta agua hay en la cuenca.

A esto se suma que se asignan más derechos que el agua existente

Si no existe la misma cantidad de agua que antes, si una empresa -por ejemplo- tiene asignado 100 y ahora le decimos que le toca 50, va a tener que adaptarse, porque no hay más agua en el territorio. Si uno quiere soñar con una institucionalidad, debiera existir un Ministerio del Agua, al igual que existe un Ministerio de Energía; tiene que haber un ente centralizador. Entonces la pelea por los derechos de agua es secundaria, porque cómo voy a repartir lo que existe si no sé cuánto es.

“El problema no es que alguien se esté robando el agua, la sequía es real y llegó para quedarse. Hay un problema que es de todos, pero tenemos tiempo para arreglarlo y hay soluciones tecnológicas. Israel es un desierto y exporta naranjas, hay que mirar experiencias en el mundo y aprovecharlas. Hay países que ya hicieron esto”

Pero las señales de que no hay agua hoy son evidentes, y se sigue actuando como si no faltara

Es que tampoco te notifican. Por ejemplo, nos llamó el exportador de paltas más grande de Chile para ver cómo enfrentar esto, hicimos un análisis de la situación porque quería asegurar que todas sus comunidades en Llay Llay tuvieran agua, y está invirtiendo voluntariamente en un estanque de cien mil litros para asegurarles una cobertura de 98%. Eso es lo que tienen que hacer las empresas; yo creo que hay voluntad, pero alguien tiene que articular todo esto. Ese es el gran tema, no el derecho del agua. Si el agua es 100% pública, el primero de arriba también se va a quedar con el agua porque si es de todos, no es de nadie finalmente. Hay que regularizarlo de alguna manera, y hay que fiscalizarlo de alguna manera.

El tema va a estar en la discusión constitucional y en varios debates, ya hay llamados a racionamiento a municipios y empresas. ¿Qué debiera salir de todo esto, la propiedad debiera ser el consumo humano? Porque lo cierto es que la gran propiedad del agua está en la agricultura (83%), luego la industria, y el consumo de agua potable implica solo un 6% o 7%.

Totalmente, esa tiene que ser la prioridad. La política del agua tiene que ser abordada de manera súper distinta. Como he dicho, lo primero es que necesitamos datos, tener información de las cuencas, y eso no es caro. Segundo, hacer una priorización: primero consumo humano y luego microagricultura, y a esta inyectarle muchos recursos de fomento para que hagan un riego eficiente, porque la mayoría aún riega por inundación. Y así ir distribuyendo, a la microminería y después la agroindustria. En el fondo, asegurarle el agua a los chicos y el resto para los grandes, pero con información real y con medición. Hoy pocos fiscalizan y casi nadie tiene caudalímetros.

¿Qué significaría para el sistema, para la distribución del agua, poner como primera prioridad el consumo humano?¿Van a tener que expropiarse derechos de agua a la agroindustria para asegurar primero el abastecimiento de la población?

Ahora se está estableciendo como prioridad, pero eso es lo que debiera pasar. Primero le entregas agua a las comunidades, y luego le entregas un herramienta de fomento. Eso hoy no lo podemos hacer si primero no tienen agua para un cultivo, y esa es la forma de empezar a crecer y levantar el estándar.

¿Cuál sería el diseño ideal para solucionar este problema?

Insisto en esto, tener datos. No puedes tomar decisiones si no tienes datos. Y una vez que los tengas, empezar con la priorización. Cuánta agua tiene la cuenca, cuántos son los habitantes y su demanda. Necesitamos 150 litros por persona día para vivir, y eso se asegura y se establece un APR. Pero hay que ayudarlos, porque son zonas rurales, con capacitación para su mantención. Y aquí la tecnología y la innovación son súper importantes, porque van a haber zonas dispersas donde nadie va a hacer un APR por su alto costo.

¿Qué rol tiene acá la industria, que tiene los recursos para la innovación y solucionar sus problemas?

Sí, está el caso de la minería, que prácticamente no usa nada de agua. La gente sigue creyendo que consume gran parte del agua, pero son tan eficientes en todos sus procesos que la reutilizan innumerables veces. Nosotros no somos igual de eficientes, y la agricultura está lejos de ser igual de eficiente. Entonces, en la lógica del 80/20, hay que atacar el problema donde está el 80% del consumo. El foco tiene que estar en la eficiencia en la agricultura, porque así liberas agua para el resto.

¿Qué cambio debe ocurrir para poner esto como prioridad país?

El tema del racionamiento de agua es simbólico. Efectivamente se libera carga en las zonas urbanas, pero estamos hablando de los casos críticos que no tienen agua. Se habla del tema, se sobrediagnostica, pero aquí tiene que pasar algo concreto. Hoy somos un país que ya no tiene el agua que tenía antes, y el Código de Aguas se hizo pensando que Chile nunca iba a tener problemas de agua, pero pasó. Este es el nuevo Chile y hay que adaptarse, pero siempre va a existir un derecho de agua -se llame como se llame-, y tiene que haber un fraccionamiento porque hay que distribuirla.

¿Existe una solución al problema?

Sí, me gustaría -dentro de todo este clima tan negativo- dar una mirada más optimista. Esto vino para quedarse, pero tiene una solución. Hay que ordenar la casa, crear una nueva institucionalidad del agua, hacer un ordenamiento de la información, y dejar de pensar que si mañana el agua deja de ser privada y es pública el problema se va a acabar. El problema no es que alguien se esté robando el agua, la sequía es real y llegó para quedarse. Hay un problema que es de todos, pero tenemos tiempo para arreglarlo y hay soluciones tecnológicas. Israel es un desierto y exporta naranjas, hay que mirar experiencias en el mundo y aprovecharlas. Hay países que ya hicieron esto.