Ciudad / Sequía

Olmué se queda sin agua: conexión a red de Esval, desaladora multipropósito y mejorar la gestión son las opciones frente a la crisis

La mayoría de los olmueínos no cuenta actualmente con un abastecimiento permanente de agua potable, en especial aquellos que viven en las zonas altas. La profundización de pozos por parte de los Servicios Sanitarios Rurales está llegando a un límite, por lo que recurrir a la desalación de agua de mar surge como una alternativa atractiva. Sin embargo, ese proyecto aún tardaría un par de años y no es la única solución posible para abordar la crisis hídrica que afecta a esa zona de la región de Valparaíso. A continuación, diversos actores involucrados analizan los pro y contra de las opciones disponibles para enfrentar la escasez de agua.

Foto: Gentileza Municipalidad de Olmué

Casi un tercio de las comunas de Chile están declaradas oficialmente con problemas serios de abastecimiento de agua para todos los usos, incluyendo el consumo humano, luego que a principios de abril se agregaran 25 municipios de la región de Los Lagos. El hecho de que el gobierno haya tenido que extender un Decreto de Escasez Hídrica para 104 comunas, incluyendo varias de la zona sur -una situación impensada ante su comportamiento climático histórico- , es una demostración de la gravedad del problema que el país enfrenta en relación con sus reservas de agua y al su uso que se les está dando, a todas luces poco sustentable.

Una de esas 104 comunas es Olmué, que el 21 de septiembre del año pasado fue incorporada en el decreto número 109 del Ministerio de Obras Públicas, que declaró en escasez hídrica toda la provincia de Marga-Marga, de la región de Valparaíso. Se trata de una comuna rural, con alrededor de 17.500 habitantes, conocida como “capital del folclor” y por tener uno de los accesos principales al Parque Nacional La Campana. Está entre las comunas con mayor intensidad turística (Sernatur, 2018), no solamente en verano, sino durante todo el año, lo que ha generado una importante oferta de alojamientos -incluyendo segundas residencias- y centros recreacionales.

Una de las vecinas de Olmué, Claudia Toledo, relata que el paisaje ha cambiado mucho en la última década: “Soy nacida y criada acá. He visto cómo ha cambiado el pueblo; antes era de agricultores y ganaderos, ahora la principal actividad económica es el turismo, se arriendan cabañas y cosas así. Antes llovía más y teníamos esteros hasta diciembre; desde hace unos 7 u 8 años eso no ocurre, ahora no tenemos esteros en ninguna época del año, ni siquiera corre agua en invierno”.

“Nuestro paisaje ahora se parecemos al norte, los cerros están secos, deforestados, los pocos árboles que quedan están todos café, antes era todo verde. No hay pasto para los animales, hay que comprarles forraje,”, comenta Toledo, quien preside el comité de Servicio Sanitario Rural (SSR, ex APR) de Quebrada Alvarado, que provee de agua a 1.050 familias -unas 3.500 personas- del sector alto de Olmué (por el Camino Cuesta La Dormida).

Como presidenta del SSR, Toledo debe lidiar diariamente con la escasez hídrica. Cuenta que el año pasado fue crítico y hubo meses en que solamente podían proveer de agua a sus socios una o dos veces por semana. “Hemos estado habilitando más pozos y este año tenemos mucha más agua, pero el abastecimiento no es constante, es parcializado. No alcanza para las 24 horas del día, pero sí todos los días hay agua por algunas horas”, explica la dirigenta olmueína. Por ejemplo, durante enero y febrero en la mayoría de los sectores tuvieron agua desde las ocho de la mañana hasta las cuatro de la tarde.

Toledo dice que han tenido que golpear muchas puertas y gracias a eso han tenido ayuda para enfrentar el problema del agua. Por ejemplo, con la Dirección de Obras Hidráulicas (DOH) del MOP tuvieron apoyo para nuevos pozos. Inicialmente, hace unos 20 años, el APR atendía a 400 personas y tenían dos norias; actualmente tienen, además, un pozo de 55 metros, y están haciendo tres nuevos: uno de 45 metros y dos de 80 metros de profundidad. También recibieron ayuda del municipio y la gobernación, mediante entrega de agua con camiones aljibe y tanques almacenadores donde guardan el agua para luego distribuirla.

Desde la alcaldía de Olmué, el edil Jorge Jil (PH) subraya que “a través de los fondos de la gobernación y fondos municipales estamos haciendo todo lo humanamente posible para que todos los olmueínos que lo necesiten tengan acceso a agua potable”. Dice que la tarea no es fácil porque “nuestro municipio no tiene el financiamiento necesario para poder enfrentar una crisis de esta magnitud y que se viene arrastrando hace más de diez años”.

“Recibimos un municipio donde no existían proyectos para abordar la escasez hídrica, por lo que tuvimos que empezar prácticamente de cero (…) Hemos realizado todas las gestiones que han estado a nuestro alcance y los resultados han sido valorados por nuestros vecinos”, dice Jil, quien era concejal y asumió la alcaldía en octubre de 2019, luego de la renuncia de Macarena Santelices.

“Mientras no llueva no se ve ninguna forma de que esto mejore. Este acuífero, mientras más agua se le saca y no le entre, no hay manera de que se recupere”.

Claudia Toledo, presidenta Servicio Sanitario Rural Quebrada Alvarado.

Conocer la disponibilidad y ordenar los usos

Respecto de las causas de la escasez hídrica, Toledo comenta que, si bien la disminución de las precipitaciones es importante, también hay otros factores que influyen. “No actuamos a tiempo y dejamos que los particulares, grandes agricultores o dueños de fundo, hicieran pozos profundos y secaran los acuíferos. Esto pasó antes en Petorca, quedaron con los acuíferos en cero, y nosotros no aprendimos y cometimos el mismo error”, relata la dirigenta.

El turismo también ha influido, dice: “Hay cabañas que se arriendan para 40 personas, se duchan varias veces, rellenan piscinas, riegan al mediodía, cosas que los que vivimos acá no hacemos porque para nosotros el agua es vital”.

Frente a la situación actual, Toledo prevé un futuro complejo e incierto: “Mientras no llueva no se ve ninguna forma de que esto mejore. Este acuífero, mientras más agua se le saca y no le entre, no hay manera de que se recupere”.

A su vez, el alcalde Jil considera que la escasez es un problema “estructural, la sequía ha afectado a todos”. Sobre el efecto del turismo, el edil dice que “es cierto que lo óptimo es tener un turismo sustentable y que todos ayudemos a reutilizar el recurso, pero es importante destacar que es necesario que en todo Chile el acceso al agua sea un derecho para todas las personas y no un bien transable”. Explica que para su comuna el turismo es un motor económico y de generación de empleo, y agrega que “debemos incorporar la variable de sostenibilidad en todas las actividades económicas que se generen a nivel comunal y nacional, además de crear políticas públicas para el uso racional y eficiente del agua, por ejemplo, una ley que establezca la utilización de tecnología de ahorro de agua en comunas con escasez hídrica”.

En tanto, el concejal Pablo Altamirano (PS) apunta una mirada más crítica hacia la falta de regulación del turismo. “En ningún caso queremos atacar a este rubro, pero no puede estar desregulado, y acá el que tiene recursos llega y saca agua, arma su proyecto y se llena de plata (…) Eso está pasando; los grandes resorts, las hosterías y las grandes cadenas hoteleras que se están instalando tienen un consumo hídrico súper alto porque, aunque el turista no venga, de igual forma esos centros turísticos mantienen sus áreas verdes mediante el riego, que es una de las actividades que más agua consume”.

Para abordar esa situación y sin descartar otras opciones, Altamirano señala que es indispensable “una buena administración y distribución del recurso ya existente”. Agrega que antes de pensar en megaproyectos hay que buscar alternativas como el reúso de aguas grises o llevar agua desde el río Aconcagua mediante obras hidráulicas ya existentes.

“Deberíamos hacer un catastro de cuánta agua está consumiendo el turismo en Olmué (…) Saber cuánta agua tenemos, ordenar y regular según la demanda. Eso se puede hacer a través de una ordenanza municipal que señale que todos los permisos de patentes van a estar otorgados según el acuerdo de la cantidad de agua que le tiene que tocar a cada uno. Podría ser una herramienta súper rápida, mediante un concejo extraordinario se junta el concejo en pleno y el alcalde y se resuelve”. Consultado por qué no se ha hecho esa ordenanza, el concejal PS considera que “no han estado las voluntades políticas … muchas veces no está el criterio técnico en la autoridad de turno”. Y en relación a posibles intereses económicos detrás de esa falta de voluntad, Altamirano responde: “Quisiera pensar que no”.

“Es necesario que en todo Chile el acceso al agua sea un derecho para todas las personas y no un bien transable”.

Jorge Jil, alcalde de Olmué.

Agua de mar desalada

Entre las acciones a mayor escala que se han estado evaluando para hacer frente a la escasez hídrica en Olmué, el último año ha tomado fuerza la idea de llevar agua desalada desde la costa.

En el país ya existe una treintena de plantas desaladoras a lo largo de la costa, dedicadas en su mayoría a proveer de agua a la gran minería, industria que cuenta con los recursos para realizar estas instalaciones que conllevan altos costos. Para consumo humano, este año debe entrar en operaciones una desaladora construida en la costa de la región de Atacama que llevará agua potable a varios poblados del interior, incluido Copiapó. Esa planta fue construida con subsidio estatal porque, de otro modo, las tarifas domiciliarias en la capital regional habrían subido hasta un 70%.

En el caso de Olmué, el proyecto se llama Aconcagua y está a cargo de la empresa Aguas Pacífico (propiedad del fondo brasileño Patria Investments). Se trata de un proyecto multipropósito, que podría proveer agua desalada para clientes mineros, industriales, agrícolas y sanitarios (consumo humano).

La iniciativa ya tiene aprobada la planta en la comuna costera de Quintero y un acueducto hasta Quillota; actualmente está gestionando la autorización de otro acueducto -proyecto San Isidro Quilapilún- que llevaría el agua más hacia el interior de la región de Valparaíso y algunas zonas de la región Metropolitana. Esta última tubería pasaría por Olmué y podría dejar agua desalada para su posterior potabilización y uso domiciliario.

El gerente general de Aguas Pacífico, Enrique Cruzat, señala que “el Proyecto Aconcagua ofrece como solución generar una nueva fuente de agua no continental segura, permanente y sustentable para venta a terceros. Esto se traduce en un ‘seguro’ de abastecimiento de agua de largo plazo, independiente de las condiciones climáticas, permitiendo mantener el cuidado del medio ambiente y la calidad de vida de los habitantes del valle de Olmué”.

Asimismo, destaca que el multipropósito de este proyecto conlleva beneficios económicos y ambientales: “Las economías de escala de una planta del tipo multi-usuario son mayores en comparación a las que se obtendrían al desarrollar una planta dedicada o mono-cliente, lo cual, a su vez, se traduce en tarifas ($/m3) menores para el consumidor final debido, principalmente, a que la infraestructura se prorratea entre más clientes. Además de minimizar, ambientalmente, las áreas de intervención producto de la no duplicación de obras”.

Consultado sobre los plazos, Cruzat señala que “el proyecto ya inició su fase de construcción y esperamos estar suministrando agua a mediados del año 2023”.

A la espera de esa fecha, Aguas Pacífico ha sostenido conversaciones con algunos SSR de Olmué y a fines del año pasado firmó con algunos de ellos una carta de acuerdo de abastecimiento. Al respecto, el gerente de la empresa subraya que “el proyecto Aconcagua se vincula como una alternativa de suministro de agua para los Sistemas Sanitarios Rurales (SSR). Es decir, independiza el abastecimiento de agua para consumo humano de la capacidad productiva de los pozos (…) A la fecha, seis SSR de Olmué han firmado convenio o seguro de abastecimiento de agua de largo plazo con Aguas Pacífico”. Respecto al precio de venta, Cruzat no aventuró una cifra.

“Las economías de escala de una planta del tipo multiusuario son mayores en comparación a las que se obtendrían al desarrollar una planta dedicada o monocliente, lo cual, a su vez, se traduce en tarifas ($/m3) menores para el consumidor final”.

Enrique Cruzat, gerente general de Aguas Pacífico.

Uno de los firmantes es el SSR Quebrada Alvarado, cuya presidenta Claudia Toledo cuenta que el convenio consiste en que los comités y cooperativas se manifiestan de acuerdo en que la tubería pase por Olmué “siempre y cuando nos dejen agua para satisfacer nuestras necesidades”. Explica que “sería agua para potabilizar, nosotros tendríamos que hacerla llegar a nuestra red para el proceso de potabilización”.

En cuanto a los costos, Toledo no tiene claridad. Dice que con Aguas Pacífico no se ha definido el precio, y en cuanto al costo de la potabilización calcula que sería un poco mayor comparado con el agua de pozo.

Toledo dice que los SSR están dispuestos a evaluar opciones debido a que la situación es crítica. “Al principio no estábamos muy de acuerdo con la tubería porque va a interferir la naturaleza, va a dañar el medio ambiente, pero necesitamos el agua para vivir (…) Si se nos acaba el acuífero vamos a tener que recurrir al agua desalada o a algún proyecto que presente Esval, o a otra cosa, pero necesitamos que ingrese más agua, no podemos seguir perforando”.

Uno de los opositores a este proyecto es el concejal Altamirano, quien no está en contra del agua desalada, sino que rechaza esta iniciativa puntual debido a que va de la mano con actividades contaminantes. Según relata, en su origen el proyecto Aconcagua no contemplaba el consumo humano, sino que estaba pensado un 80% del agua para la megaminería y 20% para agroindustria. “Entremedio aparece la sequía y la empresa empieza a jugar con la necesidad de la población, ofreciendo que podían vender un poco de agua, por la presión social”, señala el concejal PS.

De acuerdo con información de Aguas Pacífico, el proyecto va a producir y transportar hasta mil litros por segundo (1.000 lt/s). Según cálculos de Altamirano, para abastecer a toda la población de Olmué se requieren 180 lt/s y, actualmente, con crisis hídrica, las SSR suman 100 lt/s, es decir, se requerirían tan solo 80 a 100 lt/s extra. El concejal entrega estos datos para argumentar dos puntos: primero, que para esa cantidad de agua se pueden explorar otras alternativas antes que la desalación, y segundo, que toda esa cantidad de agua que llevará el acueducto San Isidro Quilapilún tiene como objetivo hacer viable nuevas faenas mineras en la zona cordillerana de la región de Valparaíso y la zona norte de la región Metropolitana, como el proyecto Desarrollo Futuro Andina, una ampliación de Andina que será a rajo abierto.

“Mi rechazo a este proyecto tiene que ver con dos grandes puntos de impacto que genera. Lo primero es la salinización en la costa (por la salmuera que se devuelve al mar o a la tierra), que es una zona que ya está saturada de contaminación (…) Vulneraría todos los acuerdos y sería una falta de respeto con la comunidad de Quintero y de Puchuncaví. Lo segundo en la inyección de agua a la megaminería (…) La contaminación en la región Metropolitana está hoy en 5 mil toneladas de material particulado y la ampliación de Andina, según los estudios que presentaron en el Congreso, va a aportar 8 mil toneladas más. Vamos a llegar a 13 mil toneladas, no hay aire que pueda resistir (…). No es ético que estemos destruyendo los ecosistemas para las nuevas generaciones”, explica Altamirano.

Para el alcalde Jorge Jil, en cambio, el proyecto Aconcagua es una buena alternativa: “Creemos que el proyecto San Isidro Quilapilún aborda una de las soluciones que se está implementando en Chile y a nivel internacional para contar con agua potable en lugares donde existe baja o nula precipitación, o zonas afectadas por la escasez hídrica. Por lo tanto, es una solución viable desde el punto de vista económico, ambiental y técnico”.

“La única forma de resolver el problema de la escasez hídrica en Olmué es diversificar la matriz de abastecimiento de agua y, para ello, necesitamos la inversión pública y privada”, añade el edil. Desde la alcaldía, dice, una de las prioridades es “abordar la escasez hídrica con una mirada integral y bajo el objetivo de la diversificación”. Entre las medidas tomadas hasta ahora menciona la entrega a los vecinos de 600 estanques acumuladores de agua financiados con fondos de emergencia del Ministerio del Interior y fondos municipales, la compra de una flota de camiones aljibes para el municipio (con un FNDR), y la obtención de más de 180 millones de pesos de la Subdere para potenciar el funcionamiento de los SSR, entre otros.

“Mi rechazo a este proyecto (Aconcagua) tiene que ver con dos grandes puntos de impacto que genera. Lo primero es la salinización en la costa (…), que es una zona que ya está saturada de contaminación (…) Lo segundo en la inyección de agua a la megaminería (…) No es ético que estemos destruyendo los ecosistemas para las nuevas generaciones”.

Pablo Altamirano, concejal PS de Olmué.

Agua dulce con inversión pública

Otra visión de la crítica sequía que afecta a la región de Valparaíso es la que entrega la empresa sanitaria regional, Esval, que ha debido aumentar sus esfuerzos para proveer de agua potable a las comunas urbanas. El subgerente zonal de Esval, Alejandro Romero, explica que luego de doce años consecutivos con déficit de lluvias, de nieve caída y acumulación de agua en los embalses el escenario es crítico, y frente a “las previsiones de tener nuevamente un año seco, hemos venido trabajando desde hace varios años -y lo seguimos haciendo- para reforzar nuestros sistemas productivos de agua potable, robustecer nuestras fuentes y tener una infraestructura más resiliente ante los efectos del cambio climático”.

Romero explica que han invertido más de $300 mil millones en los últimos cinco años para optimizar la operación y hacer frente a la sequía, como el proyecto de conexión Los Aromos-Concón ($28.000 millones) y el refuerzo de la capacidad de respaldo de la planta Las Vegas mediante el aumento de fuentes subterráneas.

Ninguno de esas mejorar involucra a Olmué porque, según explica el ejecutivo de Esval, “las concesiones sanitarias solo aplican a zonas urbanas y, en el caso de Olmué, por tratarse de una comuna mayormente rural, es abastecida por un sistema de SSR y la nueva ley no permite el ingreso de otros operadores a las áreas de servicio de estos sistemas”.

No obstante, agrega que “una alternativa que estamos evaluando para Olmué es la interconexión de los SSR de la zona a nuestra red como fuente productiva (es decir, solo proveyendo el agua). Esto supone una inversión pública importante que está siendo evaluada por las autoridades, pero permitiría que estos SSR accedieran a similares condiciones de calidad y continuidad del servicio que nuestros actuales clientes de agua potable, hasta el punto de entrega del agua por parte de Esval”.

Este proyecto consiste en una interconexión de los SSR con el acueducto Las Vegas, con un abastecimiento de 30 lt/s. Existe la factibilidad técnica e hídrica, pero la inversión no está decidida aún por la Subdere. Según relata la presidenta del SSR Quebrada Alvarado, “esta idea anda dando vueltas hace un par de años”.

Quien ha seguido de cerca esta iniciativa es el concejal Altamirano, para quien es una opción viable, pero podría realizarse sin la intervención de Esval, sino que mediante la gestión comunitaria. Según cuenta, el proyecto tiene un costo de seis mil millones de pesos y llevaría agua desde Limache hasta Quebrada Alvarado, y de ahí tendrían que llevar el agua hasta los sectores más altos.

“Si vamos a traer agua de nuestro mismo valle y a través de obras construidas con recursos del Estado, entonces lo lógico es que sea la comunidad la que gestione ese traslado. Si la empresa privada no va a invertir, entonces, ¿por qué debería hacerse cargo de la administración para que luego le tengamos que pagar a ellos el monopolio?”, concluye el concejal olmueíno.

“Una alternativa que estamos evaluando para Olmué es la interconexión de los SSR de la zona a nuestra red como fuente productiva (es decir, solo proveyendo el agua). Esto supone una inversión pública importante que está siendo evaluada por las autoridades”.

Alejandro Romero, subgerente zonal de Esval.
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