Biodiversidad / Incendios forestales

Incendios destruyen más de 90 mil ha, pero se mantienen bajo las proyecciones de inicio de temporada ante el duro escenario climático

Pese a que el daño causado por los incendios forestales registra una superficie mayor en un 20% a la del año anterior, está lejos del escenario previsto previo al verano, cuando los megaincendios de Australia hacían prevén un escenario similar en Chile. Las cifras indicaban que se podían afectar desde 80 mil a 340 mil hectáreas, según las distintas proyecciones, en un escenario de sequía y con temperaturas que -en promedio- superaron los 31ºC. ¿Qué ocurrió? Las lecciones aprendidas en 2017, una mayor inversión y las mejoras en la coordinación de todos los actores del combate al fuego parecen haber sido claves. Sin embargo, aún se mantiene un factor de alto riesgo: la alta intencionalidad registrada en los siniestros, de hasta un 70% en algunas zonas.

Jorge Molina Alomar | 9 Abr 2020 a las 6:00 am
Shutterstock

El último verano se inició en Chile con una amenaza latente: las imágenes que llegaban de Australia daban cuenta de una catástrofe por una serie de megaincendios que arrasaron cerca de 10 millones de hectáreas, causaron 26 muertes y destruyeron casi 2.500 edificios. Un escenario que recordó la “tormenta de fuego” que entre el 18 de enero y el 5 de febrero de 2017 destruyó casi 500 mil hectáreas y 2.280 viviendas entre O’Higgins y el Biobío, que se transformó además en una amenaza cierta. “Tenemos las mismas condiciones para la generación de incendios que Australia”, dijo en enero José Manuel Rebolledo, director ejecutivo de la Conaf. Y con un agravante: la sequía en Chile es mucho más severa, con un verano que se preveía 2ºC más caluroso que lo normal.

De acuerdo a las proyecciones realizadas por Conaf al inicio de la temporada de incendios, se esperaba que los siniestros podrían afectar a entre 80 mil y 120 mil hectáreas, condeirando que entre julio y octubre de 2019 se había quemado ya una superficie un 108% más que la temporada anterior y 43% más que el último quinquenio. Además, las complejas proyecciones climáticas se cumplieron. Según un análisis realizado por el Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2), titulado “La temporada de incendios 2019-2020: Lecciones y desafíos”, la temperatura promedio entre diciembre y febrero en Santiago fue de 31,4ºC, valor que comparte el record histórico con el verano 2016-2017. A esto se sumó un invierno extremadamente seco, con un déficit de precipitaciones de entre un 50% y un 80%.

No obstante ello, y si bien no se trata de una cifra para celebrar, a la fecha los incendios han destruido en Chile casi 95 mil hectáreas, un valor superior al promedio histórico -si se deja fuera el excepcional verano 2016-2017-, “pero por debajo de lo que se esperaba para un verano tan cálido como este (unas 230 mil hectáreas en promedio, pero con un rango de entre 140 mil y 350 mil hectáreas)”, señala el informe del CR2.

Aunque el hecho de que la superficie quemada haya estado por debajo de las espectativas es una buena noticia, es necesario ponerla en contexto, dicen los científicos, ya que se trata de una métrica muy simplificada de los daños socioambientales y económicos que ocurren durante la estación de incendios.

“Las más de 80 mil hectáreas que se han quemado (a la fecha de publicación del informe del CR2) igualmente representan una gran supercicie y graves daños, como la pérdida de más de 200 viviendas en los cerros Rocuant y San Roque de Valparaíso. De igual forma, el megaincendio en el sector Agua Fría, en la precordillera de Curicó, iniciado a mediados de febrero y controlado la primera de marzo, consumió más de 13 mil hectáreas de bosque nativo con un alto valor para la biodiversidad”, advierte el informe del CR2.

Mejoras en prevención y combate del fuego

¿Cómo explicar que ante un escenario tan adverso, el daño no haya sido mayor? A jucio de los científicos del CR2, la reducción del área quemada en Chile Central, respecto a lo esperado por la condición climática, podría estar dando cuenta de ciertos avances en prevención y control del fuego luego de los megaincendios de 2017.

“En particular -señalan-, los sectores público y privado han aumentado los esfuerzos de detección y contención temprana de focos de incendio, para lo cual destinaron una cifra récord de $120 mil millones este verano. Nuevas tecnologías de detección, aumentos en la dotación de brigadistas y mejores sistemas de combate del fuego también ayudaron a aliviar una temporada de incendio en una condición climática realmente agresiva”.

A 1 de abril, la temporada actual registra 6.935 incendios forestales y 91.893 hectáreas destruidas, un 19% más que en la temporada anterior. Sin embargo, las cifras muestran un 46% menos de daño que en el último quinquenio, marcado por los megaincendios de 2017 que destruyeron casi 570 mil hectáreas en el país.

El aprendizaje obtenido durante los incendios de 2017 es una apreciación que comparte el presidente de Corma, Juan José Ugarte, quien afirma que estos “cambiaron la forma en que nos enfrentamos al combate. Hoy trabajamos en una coordinación público-privada que permite cubrir en forma eficaz todo el territorio nacional para proteger el bosque, sin importar la propiedad del mismo. Asimismo, lo sucedido hace tres años propició una vinculación con los vecinos y que hoy tengamos una mayor coordinación con las comunidades para generar acciones de educación y prevención”.

Esta temporada, las empresas forestales -agrupadas en Corma- invirtieron US$86 millones para la prevención y combate de incendios, el doble que hace dos años. Esto se materializó con el más alto nivel de equipamiento en aviones, helicópteros y más de 4.000 brigadistas altamete capacitados. A esto se sumaron 58 cámaras robot con vigilancia de 360º y torres de observación que monitorean casi 250 puntos en forma sumultánea.

Por su parte, Conaf contó con un presupuesto histíorico de $63.800 millones para prevención y control de incendios forestales, y fortaleció su fuerza de combate con 2.515 brigadistas y 56 aeronaves, entre ellas cuatro helicópteros Chinook, más apoyo tecnológico para ayudar a prever cuáles eran las zonas de mayor riesgo.

Las aeronaves y la incorporación de tecnología jugaron un rol esencial, dice Ugarte: “Integrar aeronaves como el Chinook y el S34 Erickson también fue clave, ya que los mega helicópteros son muy efectivos para acceder a la geografía de Chile y permiten cargar y descargar rápidamente, en ciclos de 10 por hora, más de 10 mil litros de agua”.

A esto se sumaron dos elementos: la estrategia de “golpe único”, que implica concurrir con todos los elementos -públicos y privados- a un lugar donde se avista humo, para evitar rápidamente la propagación de un incendio; y una mejora sustancial en la coordinación a través de una mesa en la que participan todas las instancias involucradas: Ministerio de Agricultura, Conaf, Onemi, Bomberos, Fuerzas Armadas, Corma, PDI, el Ministerio Público, las empresas eléctricas y el MOP.

“Esta coordinación ha sido clave para combatir el fuego, aportando cada uno desde su ámbito de acción. Todos los lunes realizamos una reunión periódica para analizar la semana que pasó y la que viene (…) Los megaincendios de 2017 significaron una lección aprendida para Conaf y para todas las instituciones ligadas a estas emergencias. La coordinación es trascendental, por lo que debemos seguir fortaleciéndola con un mejoramiento continuo”, dice José Manuel Rebolledo, director ejecutivo de Conaf.

Intencionalidad se mantiene

Pese a todos los esfuerzos, recursos, y a que las cifras están bastante lejos del escenario que se esperaba, Rebolledo rconoce que “ha sido una temporada compleja. Primero, por la más grave sequía que ha tenido Chile desde que hay registros. Además, a ello se han sumado numerosas olas de calor sobre los 30ºC, y con baja humedad”.

Esto ha llevado a que las cifras no sean halagüeñas. “Hasta el 1 de abril, se han registrado en la zona forestal (centro zur del país) 5.887 incendios, cifra un 19% mayor que el ciclo anterior. La superficie afectada por incendios ha sido de 81.348 hectáreas, que en comparación con la anterior -que llegamos a las 54.038 hectáreas- equivale a un preocupante aumento del 51%”, dice Juan José Ugarte, de Corma.

“Los incendios de 2017 cambiaron la forma en que nos enfrentamos al combate. Hoy trabajamos en una coordinación público-privada que permite cubrir en forma eficaz todo el territorio nacional para proteger el bosque, sin importar la propiedad del mismo. Asimismo, lo sucedido hace tres años propició una vinculación con los vecinos y que hoy tengamos una mayor coordinación con las comunidades para generar acciones de educación y prevención”.

Juan José Ugarte, presidente de Corma.

Y en esto, el factor humano parece seguir jugando un rol fundamental. “Lamentablemente, en cuanto al origen de los incendios, al intencionalidad se mantiene en niveles altos, del orden del 34% a nivel nacional, con mayor prediminio en las regiones del Biobío, La Araucanía y Ñuble. Las policías han intensificado la vigilancia y la fiscalía ha realizado las investigaciones correspondientes, con aplicaciones de sanciones en algunos casos, pero aún no disminuye el número de la intencionalidad”, afirma el director de Conaf. Las ciras de Corma son aún más alarmantes: durante esta temporada, han detectado zonas donde en hasta un 70% de los incendios se presume intencionalidad.

Esto, dice Juan José Ugarte, “genera un desafío aún mayor, ya que el dolo no se modifica con campañas preventivas. Por lo mismo, hemos entregado todas las pruebas y elementos que recogen los peritos tras los incendios al Ministerio Público, para que esos hehcos delictivos que generan daño a las personas y al medio ambiente sean perseguidos y castigados”.

Esto es particularmente grave en sectores cercanos a ciudades. “En el caso de Valparaíso -agrega Ugarte- los mismos vecinos vieron cómo, deliberadamente, personas le prendían fuego a las quebradas, generando incendios de grandes dimensiones que afectaron a zonas pobladas. Esa es la imagen que debemos evitar para no lamentar pérdidad de viviendas”, agrega Ugarte.

Los incendios cerca de poblaciones, señala Conaf, están siendo cada vez más frecuentes, porque las personas han ido avanzando hacia los bosques mientras otras buscan construir una segunda vivienda en medio de la naturaleza. Una tendencia, dicen, que solo se puede afrontar con medidas de prevención.

“Es sumamente importante que la sociedad, y las personas de manera individual, tomen conciencia de la necesidad de un cambio cultural en relación al uso del fuego en el período estival, dado el riesgo en la generación de un incendio con su consiguiente costo social, ambiental y económico”, dice José Manuel Rebolledo.

En casos como el de Valparaíso, agrega, se conjuga al construcción en zonas riesgosas con un mal manejo de la vegetación y la proliferación de  microbasurales. Y tanto en esta como en otras zonas similares, el trabajo de prevención es esencial. Anualmente Conaf entrega al municipio un plan de prevención de incendios forestales para toda la comuna, cerro a cerro, específicando -entre otras medidas- dónde construir cortafuegos. Sin embargo, dice Rebolledo, “es necesario desarrollar una labor de planificación urbana y territorial en Valparaíso, como también en todos aquellos sectores donde tengamos esa topografía, y en las zonas de interfaz entre lo urbano y los bosques”.

En ello concuerda análisis realizado por los científicos del CR2, quienes señalan que destinar más recursos, distribuirlos adecuadamente a lo largo del país y aumentar la eficiencia para la supresión de los incendios forestales es solo parte de la solución. En ello la experiencia internacional es contundente -dicen-, pues países como Estados Unidos; España y Asutralia invierten mucho más que Chile en el combate de incendios, y los megaincendios continúan ocurriendo con daños cada vez mayores.

“La planificación territorial (incluyendo la gestión de las áreas de interfaz urbana-rural, la diversificación del paisaje y las limitaciones al aumento de plantaciones exóticas), sistemas de alerta temprana y educación de la población, siguen siendo las grandes áreas pendientes para evitar tragedias y avanzar hacia un paisaje socioecológico más resiliente, en un futuro climático cada vez más complejo”, concluye el informe.

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