Biodiversidad / Calentamiento global

Condiciones climáticas hacen prever un complicado panorama de incendios forestales para la temporada 2019-2020

Los sectores público y privado, a través de Conaf y Corma, respectivamente, han destinado para esta temporada una cantidad histórica de recursos para la prevención y el combate de los siniestros. Sin embargo, desde el 1 de julio a la fecha la superficie afectada ya es 108% más que el año anterior. Se espera que el aumento en las temperaturas de entre uno y dos grados en relación a lo habitual provoque una rápida propagación del fuego, no obstante, las entidades involucradas se consideran preparadas para hacer frente a esta situación. “Hay más recursos, más dotación y profundizamos las labores de prevención”, señala el presidente de la Corporación Chilena de la Madera, Juan José Ugarte.

En octubre comienza, como cada año, la época en que ocurre mayor cantidad de incendios forestales en Chile y, en esta ocasión, los pronósticos no son auspiciosos. Según las proyecciones climáticas, los próximos meses el territorio chileno experimentará un aumento de entre uno y dos grados sobre las temperatura habituales, lo que hace a las autoridades prever un escenario complicado con respecto a la propagación del fuego.

Históricamente, de diciembre a febrero es la época más difícil, lo que hace temer la ocurrencia de siniestros en momentos en que en el país se esté desarrollando la COP25 (del 2 al 13 de diciembre), principal cumbre de la ONU sobre cambio climático donde, precisamente, el objetivo es adoptar medidas que permitan detener el calentamiento global.

“Proyectamos una temporada de incendios bien compleja. Los pronósticos hablan de un grado más de temperatura en la zona central y dos grados en la zona sur; además, pueden aparecer de nuevo los vientos puelche (seco y cálido), que agravan la situación”, resume Juan José Ugarte, presidente de la Corporación Chilena de la Madera (Corma).

“Altas temperaturas, material combustible seco y vientos nos dan esta combinación 30-30-30   (más de 30 grados de temperatura, menos de 30% de humedad del ambiente y vientos de más de 30 km/he), que es el pronóstico más complejo en términos de incendios”, agrega el dirigente de Corma, asociación gremial que reúne a 190 actores del sector forestal privado y que representan más del 55% de las hectáreas plantadas del país y el 85% de las exportaciones forestales.

Por otra parte, las cifras de siniestros ocurridos desde el 1 de julio hasta la fecha no ayudan a generar muy buenas expectativas. Según cifras de la Corporación Nacional Forestal (Conaf), en estos dos meses y medio se han registrado 237 incendios, afectando una superficie de 1.165 hectáreas, lo que representa 108% más que la temporada anterior y 43% más que el último quinquenio.

“Estamos con una sequía que es más severa que la que tuvimos en 1968 -considerada una de las peores de la historia del país-, estamos con emergencia agrícola entre Coquimbo y Maule y, además, se pronostica un grado más de temperatura para primavera y dos grados más promedio para el verano”, comentó sobre la situación actual el director ejecutivo de Conaf, José Manuel Rebolledo, en declaraciones a la prensa.

“El cambio climático ya lo percibimos”, lamentó Rebolledo y agregó que “si a eso le sumamos que tenemos disponibilidad de combustible fino muerto, los antecedentes muestran que podríamos tener una temporada compleja”.

El director de Conaf subrayó que la institución ha aprendido las lecciones de temporadas pasadas y, en especial, de la de 2016-2017, cuando se quemaron 570 mil hectáreas, en circunstancias que el último quinquenio el promedio de superficie quemada ha sido de 177 mil hectáreas.

Para esta temporada, según la prognosis realizada por la gerencia de protección contra incendios forestales de Conaf, los siniestros podrían afectar a entre 80 mil y 120 mil hectáreas.

Las zonas con mayores niveles de alerta están en la macro región forestal entre Maule, Biobío, Ñuble, Araucanía y, según las proyecciones de Corma, en la zona de Maule va a ser más extensiva, es decir, con más meses de alerta, pero en las regiones más al sur puede ser mucho más explosivo -en menos tiempo, pero de mayor intensidad-, a causa del aumento de dos grados en las temperaturas.

Según el mapa de prognosis de la Conaf, en tanto, también hay una alerta importante para Maule. No obstante, según explica el director de la corporación forestal, esto es dinámico y a medida que avanza la temporada se va desplazando hacia el sur. Por ahora, los principales focos están en las regiones de O’Higgins, Metropolitana y, especialmente, Valparaíso.

“Los pronósticos hablan de un grado más de temperatura en la zona central y dos grados en la zona sur; además, pueden aparecer de nuevo los vientos puelche, que agravan la situación”.

Juan José Ugarte, presidente Corma.

Mejor preparados

Frente a estos pronósticos, los recursos destinados a prevención y combate de los incendios alcanza cerca de 120 mil millones de pesos, según cifras entregadas por el presidente Sebastián Piñera a comienzos de mes durante el lanzamiento del Plan Nacional de Prevención y Combate de Incendios Forestales para la temporada 2019/2020, que según el gobierno considera el mayor desembolso de recursos de la historia de Chile.

De ese total, 62 mil millones son aportados por Corma, y representan el doble del monto destinado por las empresas hace dos años, según explicó el presidente de la corporación privada.

“Nos hemos preparado duplicando el presupuesto de hace dos años en materia de prevención y combate de incendios; hemos incorporado más tecnología, mayores recursos humanos; fortalecimos las redes comunitarias rurales y hemos preparado el bosque para esta temporada. Hemos generado las condiciones para anticiparnos, para que no se propaguen los incendios y para ser efectivos en el combate”, dijo Ugarte.

Entre los recursos destinados por Corma destacan 3.400 brigadistas capacitados y 52 aeronaves: 24 helicópteros medianos, 21 aviones cisterna, tres aviones de coordinación y vigilancia y cuatro megahelicópteros. Asimismo, las empresas dispondrán de camiones anticombustión, 91 camiones de transporte y 56 carros cisterna, así como 50 nuevas cámaras robot 360° y torres de vigilancia para monitorear casi 250 puntos de manera simultánea, a lo que se suman 286 torres existentes de vigilancia y detección.

Mientras, Conaf ha dispuesto un total de 2.515 brigadistas y 55 aeronaves (12 más que en 2018), entre las que destacan aviones cisterna, helicópteros, y aviones de coordinación. A esto se suma la utilización de modernas herramientas tecnológicas, como un software para monitorear el comportamiento del fuego en velocidad, dirección, intensidad y altura. Además, se integra el Programa de Predicción de Incendios Forestales “Botón Rojo”, que muestra las zonas de riesgo por alto índice de combustible fino muerto, considerando factores de temperatura y humedad.

“Sumando nuestros brigadistas y los del sector privado van a ser casi seis mil personas que van a estar al frente, sin considerar a Bomberos y las brigadas del Ejército y de la Armada, con los que superamos las siete mil personas, solamente en términos del combate terrestre (…)  Desde el punto de vista tecnológico, de las personas y los recursos aéreos, estamos preparados para una condición adversa”, señaló Rebolledo.

“Hemos demostrado como sociedad que somos capaces de adoptar culturas positivas, como el uso de cinturón de seguridad, no fumar en espacios confinados, tolerancia cero al alcohol al manejar, entonces, ¿por qué no incorporar un cambio de cultura en torno al uso del fuego al aire libre en periodo estival?”.

José Manuel Rebolledo, director ejecutivo de Conaf.

Mayor prevención

En cuanto a la preparación del bosque, lo que se denomina silvicultura preventiva, tanto Conaf como Corma han estado focalizados en tres acciones principales: se ha segmentado la cobertura boscosa generando franjas que actúan como cortafuegos (en total 14 mil kilómetros de franjas); se ha reducido la cantidad de árboles por hectárea próximos a poblados, por lo cual los árboles están más distanciados entre sí; y se está manejando una franja de protección inerte de material mineral entre el límite del bosque y la primera casa, de entre 40 y hasta 150 metros de ancho.

El primer objetivo, destaca el presidente de Corma, es que los incendios no se produzcan. “Cuando entramos a combatir un incendio es que hemos fracasado en la prevención, ese es el primer axioma de esto, por lo que acciones tan concretas y específicas como generar un mosaico, segmentar el bosque y construir franjas son muy importantes para evitar condiciones que puedan favorecer la propagación del incendio”.

“Tuvimos un aprendizaje muy doloroso en 2017, respecto a lo que significó la extensión de los incendios, y desde entonces se ha ido profundizando cada vez más la agenda. Hemos traído asesores internacionales, de los países que han avanzado con mayor éxito en temas de silvicultura preventiva, y todos esos aprendizajes se han ido aplicando al bosque en Chile”, dice Ugarte.

“Prevenir los incendios forestales es la mejor manera de mitigar el cambio climático”, subraya el dirigente de Corma, y explica que cada árbol que se quema es una tonelada de CO2 que se emite al medio ambiente. “Durante el crecimiento, ese árbol secuestró gases de efecto invernadero de la atmósfera y los pasó al tronco; si nosotros quemamos ese árbol devolvemos todo lo ganado hacia el medio ambiente y contaminamos nuestro territorio”.

Factor humano

Pese a todo, existe un factor que históricamente no ha sido fácil de controlar: en Chile, 99,8% de los incendios forestales se deben a causas humanas. Las cifras de intencionalidad son variables, según explica el director de Conaf. A nivel nacional representan el 34%, pero en las regiones de Biobío y la Araucanía son de 54% y 46%, respectivamente.

El porcentaje restante, es decir, más del 65%, no son intencionales, sino que se inician, por ejemplo, por fogatas mal apagadas, colillas de cigarros, chispas de herramientas, etc.

“El incendio más importante del año pasado fue producto de un camión que tenía una cadena colgando que, al rozar el suelo, levantó chispas y prendió tres fuegos simultáneos”, relata Ugarte.

Y respecto de los fuegos que son provocados intencionalmente, cuenta que han sabido de jóvenes que prenden el bosque para ver el despliegue de las aeronaves y niñas que lo hacen para ver la llegada de los brigadistas. “No solamente estamos hablando de actos delincuenciales, o terroristas, sino de todo tipo de intencionalidad”, resume el ejecutivo de Corma.

Para que esto no siga ocurriendo es necesario generar un cambio cultural, sostiene Rebolledo, quien es optimista al respecto: “Hemos demostrado como sociedad que somos capaces de adoptar culturas positivas, como el uso de cinturón de seguridad, no fumar en espacios confinados, tolerancia cero al alcohol al manejar, entonces, ¿por qué no incorporar un cambio de cultura en torno al uso del fuego al aire libre en periodo estival?”.