Agenda 2030 / Entrevista

Humberto González adelanta informe Criósfera-Antártica: “La ley debería ver a los glaciares a nivel de ecosistema, no solo como un pedazo de hielo”

El coordinador de la Mesa Científica COP25 Criósfera-Antártica presentará en los próximos días el informe que entrega las principales recomendaciones desde la evidencia científica a los tomadores de decisiones. En Antártica se sugiere la creación de áreas marinas protegidas para proteger el krill, las ballenas y, en general, todas las especies que cumplen una función en la absorción de carbono desde la atmósfera. En tanto, en Criósfera chilena, el documento propone robustecer la discusión de la ley de glaciares y reducir la brecha de conocimiento sobre ellos. “En el centro-norte del país, la situación es dramática: puede que de aquí a fin de siglo no quede ningún glaciar”, lamenta el director del Centro IDEAL.

“En Chile somos reactivos”, comienza diciendo Humberto González, coordinador de la Mesa Científica COP25 Criósfera-Antártica, para ilustrar por qué recién ahora se reanudó la discusión por la ley de glaciares. “Este año la Cámara de Diputados y el Senado se puso a conversar, pero la ley estuvo 15 años durmiendo. En ese momento teníamos agua, glaciares, el embalse El Yeso estaba lleno, Aculeo tenía agua, nadie hablaba de ducharnos rápido. Ahora a la Laguna de Aculeo le vamos a hacer un funeral, así como pasa en el hemisferio norte”, grafica con pesar el director del Centro de Investigación Dinámica de Ecosistemas Marinos de Altas Latitudes (Centro IDEAL) y académico de la Universidad Austral de Chile, quien asistió a la COP25 en Madrid.

Tras arduos meses de trabajo junto a 10 coautores y cerca de 50 contribuidores, González presentará en los próximos días las principales conclusiones que arrojó el informe sobre Criósfera-Antártica en el marco de la pasada COP25. En sus páginas, el documento divide su análisis y recomendaciones en estas dos disciplinas. En primer lugar, los científicos entregaron sus propuestas en el ámbito de la criósfera chilena, la que comprende el estudio de todas las grandes masas de hielo y nieve, incluidos los glaciares. Luego, el documento se abocó a las sugerencias centrales respecto de la situación de la Antártica. Claro que, como explica González, todas las medidas que se tomen en torno al continente blanco son resorte de tratados internacionales como el Tratado Antártico.

Donde sí las propuestas podrían tener aplicación directa es en la criósfera chilena. A este respecto, González explica la necesidad imperiosa de acelerar la discusión por una ley de glaciares robusta y que proteja efectivamente a estos cuerpos de agua fundamentales para paliar la megasequía que arrastra el país desde 2010.

-¿Qué propuestas entrega el informe respecto de los glaciares?

-En primer lugar, hay que decir que en Chile nunca ha habido un proceso serio de sentarse a hablar sobre mitigación, adaptación y gobernanza. Nosotros no somos proactivos; actuamos cuando estamos haciendo crisis. Es una gran deficiencia que tenemos como sociedad. Ahora que falta agua, recién consideramos la discusión. Tenemos reservas de agua que son las represas o los embalses, pero nuestros glaciares son reservas de agua que se entrega de a poco. Decidimos dividir el informe en dos partes: los glaciares de la región centro-norte, donde la situación es dramática, y puede que de aquí a fin de siglo no quede ningún glaciar. Y los glaciares del extremo sur, donde el requerimiento de agua no es tan exacerbado. Chile tiene la tercera reserva de agua dulce más grande del mundo en sus glaciares del sur. Y de todos los glaciares que hay en Sudamérica, Chile tiene el 94 por ciento. Y de ese conjunto, el 90 por ciento está entre Aysén y Magallanes. Por eso lo dividimos. En la zona centro-norte los requerimientos de agua son brutales y los glaciares se están derritiendo. En Chile la migración ya comenzó: la gente ha tenido que moverse a la zona centro-sur porque no tiene agua. El 94 por ciento de los glaciares en Chile están en retroceso, esto es muy serio. Lo que pensamos como informe es que este recurso muy preciado debería verse no solo con el prisma medioambiental, sino con el prisma social y económico.

-¿Cómo es eso?

-El desarrollo sustentable tiene tres patas: medioambiental, social y económico. Los pequeños agricultores y ganaderos que tienen sus animales requieren de los glaciares de forma vital. Ahora, la minería requiere mucha agua, ocupa muchos recursos y se está tratando de adaptar a través de la desalinización. Eso igual trae consecuencias, porque se saca agua dulce a partir del agua de mar, pero la sal hay que dejarla en alguna parte. Hay muchos componentes de los que dependen las microalgas, los crustáceos. La desalinización igual tiene su impacto. Pero hay un conflicto social: al turismo le interesa que el glaciar sea protegido y eso choca con el sector productivo. Es un problema complejo. Es muy importante tener una buena ley de glaciares que signifique una protección efectiva para los mismos.

“En la zona centro-norte los requerimientos de agua son brutales y los glaciares se están derritiendo. En Chile la migración ya comenzó: la gente ha tenido que moverse a la zona centro-sur porque no tiene agua. El 94 por ciento de los glaciares en Chile están en retroceso, esto es muy serio. Este recurso muy preciado debería verse no solo con el prisma medioambiental, sino con el prisma social y económico”.

-¿Y cómo se logran congeniar estos dos puntos?

-Es complejo. El ministro Baldo Prokurica dijo hace un tiempo que se iban a perder 36 mil puestos de trabajo en la gran minería si se aprobaba la ley de glaciares. Eso es terrorismo verbal. Hay algunos que dicen que el glaciar se va a derretir igual, entonces usémoslo. Lo primero es reducir los gases de efecto invernadero, pero también es importante reducir las micropartículas como el carbono negro. Todos los combustibles producen este residuo, que le llamamos hollín. Se desplaza por la atmósfera. Se han encontrado concentraciones muy grandes de carbono negro en la cordillera de los Andes, alrededor de Peñuelas y cercano a las grandes urbes. Reduce la capacidad de reflexión del glaciar y aumenta la de absorción del calor. Entonces esto, para peor, acelera el retroceso del glaciar.

-¿Qué de distinto propone la mesa respecto de la actual discusión de la ley?

-No hay que ver al glaciar como un pedazo de hielo que empieza aquí y termina allá, sino que hay todo un continuum. Tanto el glaciar como los cursos de agua y el sistema costero son una unidad, que debería verse a nivel de ecosistema. Ese aporte es novedoso. También hay que revisar el Código de Aguas, por el hecho de tener el agua privatizada. Hay un trabajo largo. Quienes discutieron la ley decidieron no meterse a trabajar en el permafrost ni en la región periglaciar, es decir, en el área de influencia del mismo que delimita con la zona de árboles en un sector más bajo. El tema es que el permafrost es distinto según cada glaciar, entonces no se puede generalizar. Depende del tipo de suelo, de porosidad. Queremos avanzar en eso.

-¿Qué otras sugerencias realiza el informe al respecto?

-Reducir las brechas de conocimiento. Lo que es pérdida de masa glaciar está súper relacionado con la dinámica del clima. No basta solo con medir el glaciar, sino entender lo que ocurre en el acoplamiento entre el océano, la atmósfera y la criósfera. Necesitamos tener series de tiempo más prolongadas, de varias décadas, para ir alimentando los modelos predictivos climáticos. Es importante también trabajar de forma mancomunada las universidades, los centros de investigación, el sector público y el sector privado. Hay un divorcio entre el sector productivo y la academia; cada uno trabaja por su lado. Necesitamos más cooperación, aunar esfuerzos, coordinar. Estamos postulando un sistema nacional de coordinación de la información científica y que esté disponible para su uso.

Protección del krill y las ballenas

En el tercer taller que se realizó en La Moneda en septiembre pasado, en el marco del informe, González discutió acerca de las propuestas que podrían ser plasmadas en el documento final. Citó, por ejemplo, la necesidad de proteger el krill de la Antártica por su capacidad de secuestrar el carbono de la atmósfera hacia el fondo marino. Esta y otras propuestas finalmente ingresaron al documento que se presentará en los próximos días.

Pese a que las recomendaciones están dirigidas a los estamentos chilenos, González reitera que las medidas se toman de forma unánime por todos los países que conforman el Tratado Antártico. De manera que Chile es solo un actor más dentro del contexto internacional antártico.

-¿Qué propone el informe respecto del krill?

-Cuando estuve en la Base Yelcho del Instituto Antártico Chileno (INACH), pusimos unas trampas de sedimento que van colectando las partículas que van cayendo, y esas partículas tienen carbono, es decir, era carbono que estaba en la atmósfera. Cuando el CO2 de la atmósfera está en equilibrio con el océano, hay microalgas que hacen fotosíntesis y toman del agua el CO2. Como lo sacan de la atmósfera, el krill lo toma, se lo come, produce unos pellets grandes que se hunden. Esas trampas que pusimos eran puro krill. Nosotros le llamamos la “bombita biológica de carbono”. El krill está en la península antártica y es importante protegerlo porque está haciendo un secuestro natural de carbono en el fondo. Lo que proponemos es cuidar ese espacio con áreas marinas protegidas. Digámosles a los noruegos que no saquen tanto. Ellos están sacando casi el 90 por ciento de todo el krill que se extrae en la Antártica.

“El krill está en la península antártica y es importante protegerlo porque está haciendo un secuestro natural de carbono en el fondo. Lo que proponemos es cuidar ese espacio con áreas marinas protegidas. Digámosles a los noruegos que no saquen tanto. Ellos están sacando casi el 90 por ciento de todo el krill que se extrae en la Antártica”.

-¿La recomendación es no pescar el krill o limitar su extracción?

-No pescar en esas áreas protegidas donde se cría y alimenta el krill. No les prohibimos que saquen, pero esa parte específica, cuidémosla. Después el krill se desplaza hacia el mar de Escocia o hacia el mar de Weddell. Hay otras partes donde se podría extraer.

-¿Hay otras especies que hagan una contribución similar a la del krill?

-Las ballenas son una especie clave del sistema, porque fertiliza áreas para que el fitoplancton tenga los elementos que le faltan para hacer una buena fotosíntesis. La actividad de la ballena es muy importante. Lamentablemente a nivel internacional a la ballena se le puso precio en términos de lo que hace por el medioambiente. Vale dos millones de dólares. Eso vale una ballena si quisiéramos ponerle un número. Lo que pasa es que hay científicos que trabajan en la parte ambiental, pero también son economistas. Necesitamos humanizar más la discusión, y dejar de comercializar todo. Vivir mejor como seres humanos. Más allá de eso no podemos meternos. Damos recomendaciones a los que toman decisiones en Chile.

-¿De qué manera el informe propone posicionar a Punta Arenas como polo de desarrollo en investigación antártica?

-Lo que pasa es que hay muchos barcos y rompehielos que investigan en la Antártica y se abastecen en Punta Arenas. Llegan ahí, usan los servicios. Nuestra idea es hacer más agradable esa gestión, facilitar el trámite aduanero y las provisiones de recursos para esas embarcaciones. Eso nos podría posicionar como la puerta de entrada de la parte científica hacia la Antártica, porque la batalla por ser líderes en turismo ya la perdimos con Ushuaia. Pedimos además que el centro antártico internacional de Punta Arenas pueda ser revivido y desde ahí coordinar el trabajo científico.

-¿Cómo bajar la gran cantidad de turistas que está llegando a la Antártica?

-El informe propone tener una regulación en cuanto a las cuotas de turistas. Hay gente en Punta Arenas que dice que los turistas son los mejores embajadores, pero resulta que vamos en el orden de los 50 mil al año. Y no se distribuyen en toda la Antártica, sino que están concentrados en algunas áreas de la península, por lo que el impacto es mucho mayor. Si se distribuyeran de forma homogénea, el impacto sería mucho menor. Depende de las tasas de recambio de las aguas. Hay que recordar que la Antártica es un sistema prácticamente aislado porque tiene una barrera que es la Corriente Circumpolar. Pero se han encontrado microplásticos, antibióticos y un montón de agentes que han llegado hasta esas zonas por la circulación. Además, no hay que ser brujos para saber que en las bases se trae lo que más se puede y otro resto se incinera. Echan humo que tiene hollín y se depositan sobre los glaciares. Es importante aislar mejor los sistemas para usar menos combustible. Allá se usan calderas a pellet, que son más eficientes que la leña, pero igual tienen impacto. Son pequeñas cosas que se pueden ir mejorando.

-Usted también es oceanógrafo y plantea el tema de los glaciares como un ecosistema que integre a los océanos. ¿Conversarán con la mesa Océanos en algún momento?

-Claro. Los informes Criósfera-Antártica y Océanos trabajaron de forma separada, pero ahora en una segunda etapa la idea es juntarnos, y verlo como un ecosistema completo. Este equipo trabajará todo 2020 hasta entregar la posta a la COP26 de Glasgow. Es importante sumar a los océanos en la discusión. Yo estuve trabajando en algunas NDC en compromisos de protección del medioambiente frente a la minería marina. Hay recursos marinos que no se han tocado, que podrían ser rentables, pero no estamos preparados para eso. Hay que recordar que la acuicultura,  en particular la salmonicultura, se veía como la revolución azul, es decir, la que iba a proveer la proteína que iba a salvar los recursos pesqueros. Y eso no ha sido así: un pedazo de salmón cuesta como un filete, con eso no se va a proveer la proteína para el mundo, sino para una clase acomodada. Y para tener un kilo de salmón, necesitas otros tres kilos de otros pescados que van al sacrificio. Entonces hay que tener cuidado. Por eso es importante juntarse.

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