Biodiversidad / Calentamiento global

Meta establecida en el programa de recuperación productiva de los bosques quemados en 2017 lleva 36% de avance

El plan del Ministerio de Agricultura tiene como objetivo reforestar 21 mil hectáreas a 2022 y ya se han plantado 7.680. Los beneficiados son principalmente pequeños propietarios que perdieron sus plantaciones en los mega incendios que hace tres años consumieron 570 mil hectáreas en todo el país. “En términos económicos (el programa) supone una inversión directa del Estado del orden de 21 millones de dólares”, explica el director ejecutivo de CONAF, José Manuel Rebolledo.

Hace tres años, por esta fecha, se registraban en el país los incendios forestales más destructivos de los que se tenga registro en territorio nacional, con una superficie arrasada de 570 mil hectáreas, especialmente entre las regiones de O’Higgins y Biobío, y con la mayor pérdida en Maule (43% del total nacional).

Desde entonces, desde diversos sectores se están realizando esfuerzos para recuperar tanto las plantaciones forestales, principalmente pino y eucalipto, como la vegetación natural, básicamente bosque nativo, dañadas en la temporada 2016-2017. De la superficie quemada en esa ocasión, el 49% corresponde a plantaciones, con poco más de 281 mil hectáreas, y 45% a vegetación natural, con cerca de 256 mil ha.

En esa línea, el Ministerio de Agricultura (Minagri) está ejecutando, a través de CONAF, el Programa de Recuperación Productiva de Bosques Quemados, lanzado a mediados del año pasado para ayudar a los pequeños y medianos propietarios de predios forestales y comunidades indígenas afectados por esos mega incendios en las regiones de O’Higgins, Maule, Ñuble y Biobío.

Dicho programa fue planificado en 2018 para un periodo de cinco años, es decir, hasta 2022, y se estableció como meta recuperar poco más de 21 mil hectáreas. Esta cifra, “en términos económicos supone una inversión directa del Estado del orden de 21 millones de dólares”, según explica José Manuel Rebolledo, director ejecutivo de CONAF.

Hasta la fecha se ha alcanzado el 36% de esa meta, es decir, unas 7.680 hectáreas. En 2018 se reforestaron 2.489,3 hectáreas, mayoritariamente en O’Higgins, con 1.164,6. Mientras que en 2019 la cifra aumentó a 3.450, de las cuales 1.650 corresponden a Maule. El director ejecutivo de CONAF comenta que el año pasado también se recuperaron otras 1.350 ha, comprometidas de otros programas y aportes, con lo que, en total, en 2019 se llegó a cinco mil hectáreas.

Respecto al detalle de las labores realizadas en el marco del programa, el directivo de CONAF informa que se “han ejecutado actividades de reforestación a través de manejo de regeneración vegetativa, como de semillas y plantaciones, con especies nativas y exóticas, según las necesidades de cada pequeño o mediano propietario”.

Para financiar el plan, el Estado aporta directamente un promedio de $ 750.000 por ha y la cobertura anual depende de lo aprobado por el Congreso Nacional anualmente en la Ley de Presupuestos, además de recursos del gasto corriente de CONAF y aporte de convenios público-privados para situaciones específicas de cada región, según explica el director del organismo.

Para 2020 el objetivo es reforestar 3.500 hectáreas y, según Rebolledo, “con el dinero asignado en la Ley de Presupuestos de este año, más la incorporación de convenios de colaboración público-privada, esa meta será alcanzada”.

Convenio con CORMA

En cuanto a los recursos utilizados en 2018 y 2019, el director de CONAF explica que la gestión institucional operó directamente con los recursos asignados al Programa de Recuperación Productiva de Bosques Quemados, complementado con el Programa de Forestación Subsidiaria de CONAF y convenios público-privados, estos últimos con un aporte de 700 hectáreas, aproximadamente.

Uno de los convenios fue firmado con la Corporación de la Madera (CORMA) en junio de 2019, donde esa asociación gremial se comprometió a donar cuatro millones de plantas a pequeños y medianos propietarios forestales en un plazo de tres años. “Este proceso implica un trabajo coordinado, para primero producir la cantidad de plantas en vivero, realizar las labores de preparación de los terrenos donde se plantará y luego plantar en la fecha adecuada (no después del 15 de agosto), para lograr un buen número de plantas vivas al final de la temporada de crecimiento (primavera-verano) y asegurar la sobrevivencia de los árboles”, explica el gerente de estudios de CORMA, Francisco Sierra.

En virtud de ese acuerdo, a la fecha la corporación ya ha entregado, a través de la donación de sus empresas socias, 344.101 plantas, que según la planificación corresponden en su gran mayoría a especies productivas (250 mil) y el resto a especies nativas. Para este año, las empresas socias tendrán a disposición casi un millón y medio de plantas para este mismo fin, confirma Sierra.

“En términos productivos madereros tradicionales, este programa significa poner en producción esas 21.000 ha en manos de pequeños y medianos propietarios, quienes abastecerán de materia prima a las pymes de las regiones afectadas por los incendios de la temporada 2017”.

José Manuel Rebolledo, director ejecutivo de CONAF.

Medidas preventivas

Si bien los incendios del verano de 2017 fueron excepcionalmente destructivos, cada año se pierden decenas de miles de hectáreas de bosques por esta causa. Las instituciones se preparan para enfrentar la temporada alta de incendios (de octubre a marzo), asignando recursos para el combate así como con medidas preventivas, pero las condiciones en terreno (sequedad, viento y altas temperaturas) y las acciones irresponsables (99,8% de los incendios se deben a causas humanas) provocan un escenario altamente peligroso.

Este año ya se han quemado casi 35 mil hectáreas, (151% más que la temporada anterior). Al respecto, el presidente de Corma, Juan José Ugarte señaló hace pocos días a T13 radio que “de acuerdo a nuestros registros históricos, es la peor temporada, en cuanto a cantidad de incendios a la fecha y superficie dañada”.

Entre las medidas preventivas adoptadas para esta temporada se cuentan estrategias de silvicultura preventiva, como la segmentación de la cobertura boscosa, reducción de la cantidad de árboles por hectárea próxima a poblados y el establecimiento de una franja de protección entre el límite del bosque y la primera casa. En las nuevas plantaciones que forman parte del Programa de Recuperación, el director de CONAF indica que “en la medida que la escala de operación de la reforestación lo permite, el plan incluye la incorporación de técnicas del protocolo de plantaciones en relación a la silvicultura preventiva, protección de cauces de aguas temporales y permanentes, y protección de la biodiversidad”.

Sin embargo, existen otras medidas que se pueden aplicar y que podrían ser aún más efectivas, en especial en el marco de un programa de recuperación. Por ejemplo, realizar un manejo del paisaje que no sea solo un continuo de plantación forestal, sino que incluya otras especies.

La ecóloga Marcela Bustamante-Sánchez, académica del laboratorio de Estudios del Antropoceno de la facultad de Ciencias Forestales de la Universidad de Concepción, señala que “la matriz de plantación de pino y de eucalipto es bastante continua, hay muy poco bosque nativo entremedio, u otros usos de suelo que impidan el avance del fuego; probablemente, ese es un factor importante en la propagación de los incendios”.

En este sentido, la especialista plantea que se debe “avanzar hacia un paisaje que sea más heterogéneo, no tan homogéneo como el que está actualmente”, donde haya plantaciones intercaladas con bosque nativo, que impide el avance tan rápido del fuego, y campos agrícolas, que también funcionan como barrera contra el fuego.

En esa misma línea, el director de CORMA, en la mencionada entrevista señaló que a futuro “no queremos repetir la experiencia de estas grandes extensiones de monocultivos, sino que hacer un trabajo a escala de paisaje fragmentando ese bosque”.

“La matriz de plantación de pino y de eucalipto es bastante continua, hay muy poco bosque nativo entremedio, u otros usos de suelo que impidan el avance del fuego; probablemente, ese es un factor importante en la propagación de los incendios”.

Marcela Bustamante-Sánchez, académica del laboratorio de Estudios del Antropoceno de la facultad de Ciencias Forestales de la UdeC.

Bosque nativo

El plan de recuperación del Minagri es productivo, es decir, pone énfasis en las plantaciones de árboles exóticos que se explotan para la producción maderera. “En términos productivos madereros tradicionales, este programa significa poner en producción esas 21.000 ha en manos de pequeños y medianos propietarios, quienes abastecerán de materia prima a las pymes de las regiones afectadas por los incendios de la temporada 2017”, explica Rebolledo.

En este sentido, es importante hacer la distinción entre este plan, que consiste principalmente en reforestación, y lo que es la restauración ecológica del bosque. En este último caso, según explica la ecóloga Bustamante-Sánchez, “se apunta a recuperar los ecosistemas con todos sus atributos de la biodiversidad, en un sentido amplio, y ojalá llegar a una recuperación completa del bosque nativo que estaba ahí”.

A juicio de la académica de la UdeC, es importante que a nivel país se decida que los bosques que eran nativos sigan siéndolo, porque si no es así continuará la degradación. “Ya hay suficientes hectáreas de plantaciones, entonces tiene que haber prioridad para la recuperación del bosque nativo”, comenta y agrega que por ejemplo en las regiones más afectadas por el fuego, como O’Higgins, Maule y Biobío, queda muy poco bosque originario.

Además de recuperar la biodiversidad, priorizar las especies locales también sería una forma de hacer frente a los incendios. “El nativo no tiene características tan inflamables como las especies exóticas”, dice Bustamante-Sánchez, pero agrega que en ese punto “existe controversia: desde el mundo forestal dicen que no hay diferencia de inflamabilidad entre especies, que un eucalipto puede ser tan inflamable como una especie nativa. Sin embargo, hay varios estudios que muestran que el avance del fuego en bosques nativos es menor que en una plantación exótica, y también hay estudios que muestran que los eucaliptos son particularmente inflamables, que tienen características que los hacen incendiarse más y también propagar más el fuego”.