Biodiversidad / Entrevista

Melania Guerra: “Chile es un ejemplo a nivel mundial en la protección de áreas marinas”

La oceanógrafa costarricense, quien estuvo en Chile para exponer en el Congreso del Futuro, habla sobre los desafíos que se vienen en marzo con el Tratado de Alta Mar, que entre otras cosas busca regular los recursos genéticos, la protección de ecosistemas, la transferencia tecnológica y el impacto ambiental de las actividades que se realizan en aguas internacionales. También sobre el riesgo que la absorción de CO2 por parte de los océanos tiene en los ecosistemas, el rol de Chile en la protección de reservas marinas, y el papel que tiene la mujer en enfrentar la emergencia climática.

Alejandro Contreras | 21 Ene 2020 a las 6:00 am

“Entender qué está pasando en los polos nos permite ver hacia el futuro y entender qué es lo que pasa con el cambio climático”, dice la científica costarricense Melania Guerra. Ingeniera mecánica, con maestría y doctorado en oceanografía en la Universidad de California, ha trabajado en la NASA, en universidades como la de Washington y la de Cornell, se dedicó a la diplomacia científica desde la División de Asuntos Marinos de ONU, donde se especializó en la gobernanza de los océanos y el derecho multilateral, y hoy trabaja como consultira independiente con un objetivo principal: llevar la ciencia hasta los gobiernos y las figuras políticas para incidir en la toma de decisiones.

Desde 2005, cuando inició sus expediciones en cruceros oceanográficos, su trabajo se ha especializado en el estudio del sonido de los mamíferos marinos, combinando la ingeniería con la física, la biología y la ecología, además de estudiar los impactos de la contaminación acústica provocada por las actividades industriales.

Y desde esa perspectiva, Melania Guerra, es clara: la contribución que ha realizado Chile a los océanos con sus áreas marinas protegidas es un ejemplo a emular, afirma la oceanógrafa. Durante su paso por Congreso del Futuro 2020, explicó cómo la contaminación acústica está produciendo estragos en el fondo marino, donde las explosiones para búsqueda de petróleo y otros minerales desordenan la comunicación de ciertos animales en el océano. Hoy advierte que este año será muy importante para los océanos, y que el punto de partida estará enmarcado en la discusión del Tratado de Alta Mar, el que debería ver la luz en abril de este año.

¿Cuáles son sus expectativas, y qué espera que surja del Tratado de Alta Mar que se discutirá en abril de este año?

Esta será la cuarta conferencia intergubernamental de cuatro que estaban planeadas, y dura dos semanas, entre fines de marzo y principios de abril. Habrá muy altas expectativas de poder por fin acordar un texto, que tendrá que cubrir cuatro temas y todos tienen que estar incorporados. Uno es cómo se van a gobernar o regular los bienes o los recursos marinos genéticos; esto es cuando un país saca un erizo marino de aguas internacionales y encuentra una toxina especial que tiene propiedades medicinales, y surge que la pregunta sobre quién es dueño de esa patente. Otro de los temas que se están negociando es sobre mecanismos o estrategias para generar áreas marinas protegidas en altar mar; hasta ahora el único lugar que tenemos con áreas marinas protegidas en aguas internacionales es el Ross Sea, fuera de las aguas de la Antártica, y se quiere generar las regulaciones y las leyes adecuadas para hacer más áreas marinas protegidas en el alta mar.

El tercer tema es generar capacidades y transferencias de tecnología para que los países desarrollados que tienen acceso al alta mar comportan ese conocimiento y esas tecnologías con los países en vías de desarrollo. Y el cuarto tema son los estudios de impacto ambiental. Si va a haber una actividad en aguas internacionales, entonces a quién se le tiene que enviar un estudio de impacto ambiental, quién analiza ese estudio de impacto ambiental, y cómo es el procedimiento para dar permisos para esa zona.

Esto podría imapactar muchas actividades económicas, ¿cómo se espera que actuén los países en esta negociación, es viable un acuerdo?

Esos cuatro temas cubren muchísimas actividades industriales y de interés económico muy fuerte para ciertos países, entonces hay muchas expectativas de cómo van a resolver el texto final. Dos semanas me parece un tiempo bastante ambicioso para creer que vamos a llegar a un acuerdo, pero el planeta ha hecho cosas difíciles en otros momentos y hemos acordado otras cosas así, tal como sucedió con el Acuerdo de París. Entonces, existe ya un precedente de que cuando hay una alta urgencia y estamos en una zona cerca del precipicio, los países logran encontrar acuerdos.  Vamos a estar poniendo mucha atención de cómo ciertos países, como por ejemplo China; y qué actitud ponen los países ambiciosos que están -por otro- lado tratando de movilizar en la Convención de Clima y en la Convención de Biodiversidad, cómo van a empujar la ambición para que sean logros bastante grandes. Es un reto bastante grande, no se habla todavía de qué pasaría si no se logra el acuerdo luego de esas dos semanas. Creo que los países no quieren ni siquiera contemplar esa opción, no hay un plan para el caso de que no se llegue a acuerdo. Naciones Unidas había otorgado recursos económicos solo para cuatro sesiones intergubernamentales, entonces no sabemos qué vaya a pasar, ¿se continuaría a una quinta? No estamos todavía hablando de ese escenario, y espero que eso presione a los países para que de verdad otorguen un texto final después de esas dos semanas.

“Si mantenemos el alta mar como una zona que no pertenece a nadie, impera lo que se conoce como la tragedia de los comunes, que es este mecanismo de que cuando algo no es tuyo, no lo valoras y no lo cuidas, y tratas de abusar lo más que puedas porque piensas que si no lo haces tú, alguien más lo hará”

¿Cuáles son los hoy las principales trabas para lograr un acuerdo?

El alta mar ha sido una zona que en su momento fue como ese Old West en Estados Unidos, ya que como no había reglas -y no ha habido reglas por tanto tiempo- ciertos países y ciertas industrias se han visto beneficiadas por esa falta de regulación. Entonces, por supuesto que esos países están un poco opuestos y tal vez preocupados de que vayan a haber reglas nuevas a las cuales se tienen que atener. Creo que lo complicado y lo difícil es querer atraerlos y querer impulsarlos a que estén de acuerdo con estas nuevas reglas, y que creen mecanismos internos para controlar también domésticamente que se cumplan y se monitoreen. Por ejemplo, en el caso de los recursos genéticos marinos, Alemania es uno de los países que más se ha visto beneficiado. Las industria farmacéutica de ese país se han beneficiado de patentes privadas de recursos que venían de aguas internacionales. Entonces, no estoy diciendo que Alemania haya puesto trabas, pero si es de esos ejemplos de países que se han beneficiado mucho y que de pronto, cuando se está diciendo que esos beneficios deberían ser compartidos, entonces por supuesto que es una nueva imposición que es diferente y que implica un cambio. Y los cambios siempre son complicados.

¿Cuáles son los riesgos a largo plazo que podríamos en el caso de que el alta mar quede como una zona desprotegida si no se llega acuerdo?

Si mantenemos el alta mar como una zona que no pertenece a nadie, impera lo que se conoce como la tragedia de los comunes, que es este mecanismo de que cuando algo no es tuyo, no lo valoras y no lo cuidas, y tratas de abusar lo más que puedas porque piensas que si no lo haces tú, alguien más lo hará. Por ejemplo el caso de la sobrepesca en estas zonas del alta mar ni siquiera es económicamente beneficioso, ya que implica un gran costo y una gran inversión para llegar a estas zonas tan alejadas, pero algunos países tienen subsidios para hacer que sus embarcaciones lleguen hasta estas zonas y traigan esos recursos que pertenecen a todos. Si esto se abusa -y en este momento está el problema de cómo el cambio climático y la acidificación impactan nuestras zonas costeras-, más y más presión va a haber de salirse de estas zonas que antes eran más remotas, pero que con la tecnología están muchísimo más accesibles, y vamos a terminar abusando de ese recurso de la misma manera que la tragedia de los comunes. Antes el alta mar era como esa inversión principal que teníamos en un banco, que generaba dividendos y generaba intereses -que llegaban hasta nuestras costas-, pero cuando empezamos a comernos el principal flujo de nuestra cuenta bancaria, de pronto nos empezamos a comer la posibilidad de vivir de los intereses. Ese es el gran peligro de no proteger el alta mar.

“Chile es un referente para la región”

¿Qué impacto tiene esto en los ecosistemas?

Estamos impactando en muchos casos a ecosistemas que ni siquiera conocemos bien. En alta mar, el fondo marino tiene ecosistemas que conocemos muy poco, y si empezamos a explotarlo y abusarlo de una manera descontrolada y desmedida, sin siquiera haber entendido qué habita allá abajo, cuál es su función en el rol planetario, podríamos estar generando un impacto que ni siquiera podemos prever. Por ejemplo, hasta hace muy poco se está empezando a entender cómo se guarda el carbono en el fondo abisal del océano. Entonces, si no lo tomamos en cuenta a la hora de permitir la explotación de los fondos marinos, vamos a terminar disparándonos a nosotros mismos en el pie, vamos a terminar dañando a especies que ni siquiera conocemos. Ese es justamente el potencial que existe cuando no se ha hecho una exploración científica adecuada en este tipo de zonas: podríamos estar impactando y hasta disparando un efecto dominó que no podemos prever, que no podemos prevenir, porque no conocemos el funcionamiento de esos ecosistemas. Es muy importante que, antes de poner regulaciones y leyes en el lugar, tengamos la ciencia suficiente para que esas decisiones sean tomadas basadas en el conocimiento, que nos diga qué está pasando ahí y hasta qué punto podemos explotar esos lugares y esos ecosistemas de una manera sostenible.

“El océano por nosotros ha absorbido el 93% del calor excedente que hemos puesto en el aire, y un 31% de las emisiones de carbono. Es una función súper importante, porque sino tendríamos muchísimo más calor y carbono en la atmósfera y carbono, pero tiene un precio. El precio que paga el océano es la transformación de su estructura química, porque ese carbono que se absorbe de repente deja un ion de hidrógeno suelto que hace que la acidificación se eleve o que baje el PH”

¿Cómo ha visto el trabajo de Chile en la protección de áreas marinas protegidas?

Chile es un ejemplo a nivel mundial, y definitivamente es la región latinoamericana que muchísimos quisiéramos emular. Chile tiene protegido como un 40% de sus aguas, tienen ecosistemas riquísimos, muy diversos, que cubren hasta la zona antártica y la zona subantártica, entonces son un ejemplo que países como el mío se vuelve a ver y se inspira, porque ustedes han sentido esa conexión con las zonas costeras y las islas oceánicas de una manera mucho más cercana que mi país. Mi país tiene su capital en el centro, no tenemos una ciudad grande en las orillas, entonces -históricamente- nuestras zonas costeras han recibido poca atención y el océano ha sido como un territorio olvidado. Muy pocos costarricenses saben que tenemos once veces más territorio marino que terrestre, y cuando pensamos en nuestro territorio solamente nos imaginamos el mapa de la tierra, y no pensamos en la extensión tan rica que tenemos en el agua. El ejemplo que ustedes han puesto, y lo ambicioso que han sido en perseguir la protección marina -y conozco científicos chilenos que han trabajado mucho en esos temas-, son referentes para toda la región.

El mar ha absorbido un tercio del CO2 que se ha generado desde la revolución industrial. Si seguimos a este ritmo, ¿qué consecuencias veremos en la flora, fauna y la misma composición química de los mares?

Es muy importante primero considerar que si dos tercios del planeta están cubiertos por océanos, ese intercambio entre la atmósfera y el océano es constante, y está en balance, está tratando de balancear todo eso extra que colocamos en la atmósfera. El océano trata de amortiguar el impacto y trata de succionar, de absorber; eso es justamente lo que ha hecho el océano por nosotros: ha absorbido el 93% del calor excedente que hemos puesto en el aire, y un 31% de las emisiones de carbono. Es una función súper importante, porque sino tendríamos muchísimo más calor y carbono en la atmósfera y carbono, pero tiene un precio. El precio que paga el océano es la transformación de su estructura química, porque ese carbono que se absorbe de repente deja un ion de hidrógeno suelto que hace que la acidificación se eleve o que baje el PH. Es como el experimento de poner un diente en un vaso de Coca-Cola, porque la Coca-Cola es corrosiva al calcio del diente; algo parecido a esto es lo que hace el agua cuando está acidificada con todos los organismos que generan conchas o esqueletos de carbonato de calcio, se empiezan a oxidar o a corroer, y es muy importante porque estos organismos son los que están en la base de la cadena alimenticia del océano. Si no podemos generar esa vida, que está en la base alimenticia, lo van a sentir todo el resto de las especies a lo largo de la cadena atrófica.

“El cambio climático es un problema de justicia social”

Mary Robinson comentaba que el cambio climático es un problema hecho por el hombre pero con una solución feminista. ¿Cómo proyecto Homeward Bound, que reunió a un grupo de científicas mujeres para una expedición en la Antártica, se aloja con respecto a este problema de aumentar la representación femenina en la ciencia?

Esta iniciativa de Homeward Bound nació específicamente porque personas que durante mucho tiempo habían sido coaches y capacitadoras de liderazgo a nivel empresarial, se daban cuenta que los que tomaban decisiones eran hombres y que costaba muchísimo que las mujeres accedieran a estos puestos de toma de decisión. Entonces decidieron abordar el problema y unificar la falta de liderazgo femenino con el tema de las nuevas soluciones y los nuevos paradigmas que tienen que existir para resolver el cambio climático. Homeward Bound no es el primero en encontrar esta alianza entre esta solución y este problema, porque se sabe que entre más se empodere a las mujeres, entre más acceso tengan a educación y recursos económicos propios, más se puede retraer esa estadística que dice que las mujeres son mucho más vulnerables al cambio climático. Mueren cuatro veces más frecuentemente debido a estos efectos, como en inundaciones o la elevación del nivel del mar y sequías.

Necesitamos crear una sociedad que sea más equitativas y más justa, porque el cambio climático ya no es un problema ambiental, no es un problema de que nos hace falta ciencia o más conocimiento, es un problema de justicia social, es un problema de quiénes son más vulnerables, de quiénes no han sido escuchados, y por muchísimas circunstancias las mujeres calzan en ese perfil, pero también por racismo o por otro tipo discriminación, como las poblaciones indígenas.

“Yo quisiera que de cierta forma el ir a la Antártica o a cualquier ambiente que te saca de tu zona de confort, te haga ver hacia atrás y ver al lugar de donde saliste con nuevos ojos, con más empatía. No venimos únicamente a ese pedazo de tierra que llamamos patria, sino que tenemos una responsabilidad colectiva. Cuando los países recuerdan esa sensación común no es tan difícil identificar el camino a seguir”

Así como hay una solución feminista, también hay una solución con respecto a las minorías, de incorporarlas, de atraer a todos esos que no han estado en la mesa antes, escucharlos. Entender sus problemas y sus preocupaciones, y cuáles son las soluciones con las que pueden contribuir. Homeward Bound hace esto de una manera espectacular, elevando la visibilidad de estas mujeres que ya tienen muchísimo conocimiento científico y que saben mucho sobre las soluciones que hay que implementar, y que solamente falta que las vuelvan a ver, que el foco de atención global se ponga sobre ellas para que los tomadores de decisiones -que eran los tradicionales actores de siempre, hombres blancos del hemisferio norte-  no tengan más que simplemente traer a estas mujeres a estas mesas y escucharlas, y darles el respeto que se merecen.

¿Ve una relación entre el cambio climático y la histórica ausencia de mujeres tanto en el campo científico como en la toma decisiones de políticas públicas?

Esto es como un ciclo que se retroalimenta con lo otro, entonces el hecho de que la manera en cómo se tomaron decisiones y sobre cómo se desarrollaron las civilizaciones, siempre incorporaba mayoritariamente la perspectiva de un tipo de personas, que eran los hombres blancos, entonces, por supuesto que se crea ese círculo vicioso que nos encerró en pensar el problema de una sola forma, sin contemplar otras opciones. Yo creo que lo bueno de las redes sociales, y de estar muchísimo más conectado con otras culturas y otras civilizaciones con las cuales hace 50 años uno no podría interactuar, es que así es como uno encuentra esa dignidad y humanidad. Así nos pasó en Homeward Bound, teníamos casi 30 países representados y aunque todas éramos científicas, teníamos formaciones muy diferentes, edades diferentes, momentos de nuestra profesión muy variados. Entonces, había muchísimo conocimiento y se transformó en un momento muy rico para poder aprovechar esos contactos que antes no eran posibles, sobre todo en un lugar como la Antártica, que te permite bajar las revoluciones interiores y estar muy presente en el momento.

Con la experiencia que posee en diplomacia científica, ¿qué tan complejo ves la posibilidad de llegar a acuerdos entre los países frente a los desafíos y riesgos que nos son comunes?

Antes de trabajar en temas de océanos y cambio climático yo trabajé en la NASA, y para mí el ejemplo de la exploración espacial siempre ha sido un gran referente de como países como Rusia y Estados Unidos se pusieron de acuerdo para crear algo tan ambicioso e impensable como era la estación espacial. Cuando la ciencia, el conocimiento y la tecnología son el centro, eso es lo que motiva y mueve una meta común, un sueño común. Todas esas divisiones que tenemos aquí en la Tierra se vuelven insignificantes, se vuelven un poco tontas. Muchos de los astronautas, cuando van a la estación espacial, ven la Tierra y se dan cuenta que todas esas divisiones entre países y las fronteras no se pueden visibilizar desde el espacio. Tienen un momento introspectivo de sentir una mayor responsabilidad por el planeta, ya no como noruego, estadounidense o costarricense; ya no con esa atadura a su propio país, sino con esa visión de ser humano, de ser una especie de todos iguales, igualmente valiosos. Yo quisiera que de cierta forma el ir a la Antártica o a cualquier ambiente que te saca de tu zona de confort, te haga ver hacia atrás y ver al lugar de donde saliste con nuevos ojos, con más empatía. No venimos únicamente a ese pedazo de tierra que llamamos patria, sino que tenemos una responsabilidad colectiva. Cuando los países recuerdan esa sensación común no es tan difícil identificar el camino a seguir.

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