Biodiversidad / Ecosistemas Silvestres

Laboratorio Vegetal comprueba los beneficios hídricos y a la biodiversidad que entrega el incorporar vegetación nativa en las ciudades

Luego de cuatro años de investigación, el proyecto desarrollado en Viña del Mar ha demostrado que permite ahorrar hasta 95% del agua destinada a riego en espacios públicos y aumenta los servicios de polinización, por mencionar solo algunas ventajas. Uno de los investigadores, el biólogo Salvador Donghi, explica que además de las métricas, el Laboratorio Vegetal está probando las asociaciones vegetales nativas óptimas para replicar los ecosistemas silvestres de la zona en la ciudad.

En momentos en que los pronósticos indican que este será un verano muy cálido y varias olas de calor se registran entre las regiones de Valparaíso y Biobío, la atención vuelve a estar en problemas que ya son crónicos en el país, como la sequía y los incendios forestales.

Desde hace tiempo los especialistas han estado apuntando a hacer frente a estas situaciones mediante las denominadas soluciones basadas en la naturaleza, es decir, acciones destinadas a conservar, gestionar y restaurar de manera sostenible los ecosistemas para asegurar el bienestar de las personas.

Diversas experiencias a nivel internacional dan cuenta de los múltiples beneficios de este tipo de acciones, que en general tienen una excelente relación costo-beneficio, tienen un efecto relativamente rápido y sus resultados se mantienen en el largo plazo.

En esa línea, en Viña del Mar un grupo de investigadores lleva adelante desde 2017 una experiencia denominada Laboratorio Vegetal, donde están probando las asociaciones vegetales nativas óptimas para replicar los ecosistemas silvestres en la ciudad, con los múltiples beneficios que eso significa para la biodiversidad, el uso del agua, la reducción de la erosión, y disminución de riesgo de incendios, entre otros.

Ubicado al aire libre en la recta Las Salinas de la ciudad jardín, el Laboratorio Vegetal es como un gran jardín de 1.300 metros cuadrados, donde se han plantado 25 especies nativas muy específicas, para observar y medir sus interacciones y comportamiento.

Según explica uno de los investigadores, el biólogo Salvador Donghi, para obtener resultados óptimos es importante estudiar las interacciones entre especies y su entorno, que en algunos casos pueden no ser beneficiosas. “Todas las especies nativas se comportan dependiendo de qué compañero tienen al lado. De hecho, hay una rama en la botánica que se llama fitosociología, que describe cuáles son las asociaciones vegetales que permiten conformar un ecosistema”, señala el especialista.

Añade que en Chile se han descrito 125 de estas asociaciones denominadas “pisos vegetales”, aunque son más. En el caso del Laboratorio Vegetal, busca corroborar y medir cómo funciona un piso vegetal propio de esa zona costera -denominado matorral esclerófilo mediterráneo costero-, para poder luego replicarlo en parques urbanos del sector.

Donghi, quien además de liderar esta investigación es director de la bioconsultora Simbiosis, explica en esta entrevista los avances registrados en la investigación y algunos resultados alentadores, como por ejemplo, un ahorro de agua en riego cercano al 95%.

¿En qué consiste el Laboratorio Vegetal, y cuál es su objetivo?

En primer lugar, identificamos un piso vegetal característico de la región de Valparaíso, que es el matorral esclerófilo mediterráneo costero, donde predomina el molle en conjunto con el boldo, matorral que se compone de al menos 25 especies vegetales más. Eso fue lo que colocamos en el Laboratorio, tratando de replicar o acercarnos a cómo se configuran los ecosistemas silvestres.

Partimos con un estudio para ver cómo se daban estas asociaciones, en parte para hacer frente al escepticismo que existe en muchos paisajistas, que mantienen ideas un poco longevas de jardines con una visión estética, más que ecosistémica -que brinde servicios ecosistémicos-, y buscan el color, que siempre esté verde, algo que a mi parecer como biólogo es un error.

Luego, el estudio se transformó en una investigación. El punto es que en la literatura están descritas las especies, entonces uno creería que basta tomar una lista e ir con ella al vivero y pedir esas especies y plantar, pero no es así. Estas especies están en lo que se llama una asociación biológica, hay especies que actúan primero como nodrizas y una vez que se desarrollan admiten otras especies al lado, y hay muchas especies que necesitan estar junto a otras para poder desarrollarse.

Entonces, es una investigación para ir determinando cómo se tiene que ir desarrollando la mejor combinación en términos de asociación y tiempo.

¿Qué han podido observar y medir en relación con el consumo de agua?

Las especies nativas -sobre todo a nivel costero- se nutren de la vaguada costera, por lo tanto son independentes del riego directo, una conducta hortícola que tienen los sistemas de áreas verdes. Esa era nuestra hipótesis y la comprobamos.

Hemos hecho la comparación con un área pública con pasto que hay junto al Laboratorio. Ese pasto consume 7 litros de agua al día por metro cuadrado, y el Laboratorio Vegetal consume 1,6 litros por metro cuadrado por día, pero solo 2 veces a la semana; si se hace el cálculo, el Laboratorio consume menos del 6% de la cantidad de agua que consume un área de pasto, que se tiene que regar todos los días. Eso nos lleva a otra medición escalable: los municipios, por ejemplo, podrían ahorrar prácticamente el 95% del consumo de agua en áreas verdes con esta experiencia, lo que significaría un tremendo aporte al cuidado del agua.

¿Cuánto cuidado requiere una asociación vegetal nativa como la del Laboratorio en un contexto urbano?

Las especies silvestres acondicionadas para los espacios urbanos van a requerir siempre una pequeña mantención, aunque muchísimo menos de lo que estamos acostumbrados; requieren algo de poda, pues hay que irlas manteniendo porque no están en la ecuación dinámica de un espacio silvestre y están sometidas a otro estrés. Los costos de mantención van a ser siempre menores, partiendo por el agua, pero también con los cuidados, porque no es algo diario como el pasto que hay que estarlo cortando; acá se necesitaría 2 o 3 podas al año para ir manteniendo los espacios para que cada una de las especies se pueda ir desarrollando.

Con el tiempo es muy probable que estas áreas prescindan del riego, porque entran en esa dinámica en la cual se mantienen solas. En ecología se reconocen fórmulas de espontaneidad mediante las cuales se desarrollan los sistemas nativos, llegando así a conformar ecosistemas.

¿Qué otros beneficios han verificado?

Además del ahorro de agua, se produce un desarrollo mucho mayor de volumen vegetal, lo que permite producir más oxígeno, capturar más gases de efecto invernadero, especialmente CO2. Otra contribución es que estas asociaciones brindan muchos más servicios de polinización; nosotros estamos estudiando los polinizadores en el laboratorio y llevamos descritas -de forma preliminar- más de 30 especies de insectos que polinizan. En cambio, en muchos sistemas antrópicos o en la típica área verde urbana los insectos pasan por arriba, ni siquiera se posan sobre esas especies, es decir que servicio de polinización no brindan.

Y cuando hay polinizadores significa que hay aves, y cuando hay aves significa que hay un tránsito entre distintos espacios ecosilvestres, por lo tanto, hay un flujo energético que va multiplicando las especies vegetales a través de los excrementos de las aves. Entonces, la ciudad se vuelve muchísimo más interesante, porque ya no estamos en presencia de un parque urbano, sino que de un parque natural silvestre, y al interior de la ciudad se empieza a estar en cohabitación con los espacios naturales.

¿Además de requerir menos agua, estas asociaciones pueden ayudar a mantener el agua en el suelo, en los acuíferos?

Sí, mantienen la humedad en la atmósfera y también en el suelo. Ocurre que con la vaguada la hoja queda húmeda y cuando aparece el sol esa agua condensa y gotea; ese goteo por una superficie enorme va cayendo al suelo y va recargando los acuíferos y proporcionando mayor humedad al suelo, la que es beneficiosa para que germinen nuevas especies componentes de los pisos vegetacionales característicos.

La capacidad de almacenaje de agua subterránea aumenta con las especies nativas porque en nuestra zona es esencialmente esclerófila, es decir, tiene una hoja dura que no absorbe demasiada humedad sino que esa humedad la traspasa al suelo. A diferencia de otras especies en que la hoja es la que captura la humedad y la traspasa al árbol, acá se da el efecto de goteo que pasa toda esa agua al suelo y la especie no se deshidrata, porque es una hoja dura que permite resistir épocas prolongadas de ausencia de precipitación.

¿Restaurar esos ecosistemas silvestres tiene algún impacto en reducir el riesgo de incendios forestales?

Así es. Al producir una mayor masa vegetal se genera un suelo con mayor aporte nutricional, por lo tanto hay más especies por metro cuadrado, lo que disminuye la erosión.

En el caso de los incendios, las especies nativas no tienen el comportamiento de especies como el eucalipto, que son especies pirógenas. El eucalipto está adaptado para los incendios porque es una estrategia evolutiva; el hecho de que el tronco se empiece a desmembrar y caigan esos pedazos de madera o cortezas y llene el piso de estas plantaciones genera una carga combustible enorme. Cuando se genera fuego ahí, esa gran masa que está en el suelo arde y se quema todas las especies; pero el eucalipto, a diferencia de las otras especies está mucho mejor adaptado para poder reponerse a ese incendio; las yemas de germinación se desarrollan mucho más rápido, las semillas son mucho más resistentes al fuego, por lo tanto después de un incendio lo único que aparece es eucalipto.

El problema que tenemos alrededor de Valparaíso es que hay muchas plantaciones de eucalipto que no tienen manejo, que están botadas, y eso hace que tengamos un factor de riesgo enorme; si esas plantaciones fueran reemplazadas sistemáticamente por flora nativa, la probabilidad de incendio sería muchísimo menor. El riesgo siempre va a existir pero va a ser menor, porque estas especies no son pirógenas y ayudan a mantener una condición de humedad atmosférica muchísimo más alta.

“Tenemos comprobado con métricas el consumo de agua y los servicios de polinización en las áreas verdes comunes con respecto a especies nativas. Todos esos datos dan la seguridad que necesitan los municipios para hacer el cambio”.

El Laboratorio Vegetal está en una zona costera, con características muy distintas a las zonas interiores del país, donde las asociaciones vegetales adecuadas son otras…

Efectivamente, el Laboratorio Vegetal de la región de Valparaíso costero no es replicable en Santiago, por ejemplo, ni es replicable en otro lugar que no sea un sector costero de la región de Valparaíso.

Para Chile han sido descritas a alrededor de 125 asociaciones vegetales, además de otras muchas que pertenecen a estas macro asociaciones. En la Ligua, por ejemplo, están descritas alrededor de 8 y en un trabajo diagnóstico que hicimos con la bioconsultora Simbiosis describimos más de 19 asociaciones.

Cada sector tiene su característica en términos de las especies que lo identifican, por lo tanto, si se quiere llevar a los contextos urbanos es necesario el estudio previo que permita identificar cuál es la asociación vegetal de ese sector.

Esto también llama a desarrollar más proyectos, involucrando a las universidades, a un contexto académico científico que es extrapolable a la educación, se pueden abrir portales educativos básicos, por ejemplo; hay un abanico de posibilidades respecto a empezar a entender de forma naturalista los espacios que nos circundan.

Una investigación de este tipo toma tiempo, pero el problema del agua requiere soluciones de forma urgente, ¿es posible comenzar a incorporar especies nativas en las ciudades antes de tener los estudios?

Sin duda, se debe comenzar lo antes posible; ya se han perdido muchos años de estudio.

Uno puede cometer errores en esas asociaciones por desconocimiento, pero basta revisar un poco de literatura, hacer una observación naturalista de lo que está a nuestro alrededor y replicar eso, lo cual no requiere mucho tiempo. Al comenzar a colocar estas especies en un sistema de mosaico de todas maneras esa asociación va a entrar en la ecuación de espontaneidad, producto de que uno está replicando esas condiciones naturales que han tenido una tasa evolutiva enrome para conformarse de la forma en que están.

Con el solo hecho de colocar especies nativas se provoca que las aves e insectos empiecen a interpretar como propios de su territorio, va a entrar en la ecuación de espontaneidad y ellos mismos van a ir llevando otras especies que van a ir repoblando.

¿El aporte del Laboratorio Vegetal es entonces entregar datos y determinar la combinación óptima?

Exacto, con esto estamos dando una muestra empírica, números, estudio, metodología, una experiencia exitosa para entregar seguridad a quienes quieran implementarlo. Eso es lo que necesitan, por ejemplo, los municipios para poder aplicar estas acciones; el municipio necesita datos y ya podemos garantizar, por ejemplo, que con esto se optimiza el metro cuadrado de ciudad -que es caro- porque estamos desarrollando más volumen vegetal por metro cuadrado de lo que se desarrolla con pasto; ahí ya hay una ganancia. También tenemos comprobado con métricas el consumo de agua, y los servicios de polinización en las áreas verdes comunes con respecto a especies nativas. Todos esos datos dan la seguridad que necesitan los municipios para hacer el cambio.

En términos culturales estamos acostumbrados a pensar en parques con pasto ¿es posible cambiar esa idea?

El concepto de área verde que tenemos instalado es un concepto inglés land green, que es de Inglaterra, donde el pasto crece por una condición natural producto de su clima; eso quizá acá se puede dar de Temuco hacia el sur, en Osorno o Puerto Montt, pero no se da en la zona costera de la zona central.

Tenemos que sacarnos el concepto de “verde”, tenemos muchos otros colores, en Valparaíso nuestra área es azul, el mar es el principal aportador de servicios ecosistémicos y es el que mayor oxígeno genera, por lo tanto, tenemos que volver la mirada ahí.

No es necesario que los espacios urbanos silvestres estén siempre verdes, porque obedecen a una estacionalidad. Muchas veces pasa que se ve un jardín con solanum maritimum que se ve seco y se piensa que se murió y hay que sacarlo, pero es así, sino que una parte del ciclo de vida de esa especie (caméfita) es que se seque en invierno.

Entonces, al entender eso el concepto de belleza y de hermosura empieza a cambiar. Para lograrlo, necesariamente tiene que haber un componente educativo muy fuerte, y ahí estamos al debe.

Necesitamos una actualización de conceptos a todo nivel. Por ejemplo, los encargados de parques y jardines en los municipios, en las escuelas, ingenieros forestales, agrónomos, paisajistas, y también a nivel escolar.

Tenemos una visión muy antrópica de belleza y hay que cambiarla por servicios ecosistémicos para entenderlo desde esa perspectiva, una segunda interpretación de la belleza.

Creo que lo principal es el punto de partida y ya hay una toma de conciencia; ya no hay vuelta atrás.

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