Transición energética: avances en Santiago, alertas en el Maule
“Aquí se manifiesta con claridad la paradoja de la transición energética. Por un lado, una electromovilidad que crece con importantes beneficios ambientales y sociales; por otro, infraestructuras de transmisión que no han avanzado con la misma urgencia y que, al no ejecutarse a tiempo, obligan a gestiones de emergencia en territorios”.

La Región Metropolitana avanza a toda velocidad hacia la electromovilidad. La llegada de 1.800 nuevos buses eléctricos elevará la flota capitalina a cerca del 68% a comienzos de 2026, consolidando un cambio profundo en la experiencia de viaje y en la calidad de vida de millones de personas. Comunas como Puente Alto, Maipú y La Florida ya comienzan a percibir los beneficios de un transporte más limpio, silencioso y eficiente. Es una señal positiva que debemos celebrar: la transición energética está en marcha y muestra resultados concretos.
Sin embargo, este avance no es homogéneo ni ocurre al mismo ritmo en todo el territorio. Mientras la capital acelera, en la Región del Maule el desafío es mucho más complejo: asegurar el suministro eléctrico las 24 horad del día, sin cortes o interrupciones. En la zona abastecida por la línea 1×66 kV Los Maquis–Hualañé ha sido necesario recurrir a decretos de emergencia para prevenir déficits de energía. El Decreto N° 1, de enero de 2025, y posteriormente el Decreto N° 43, de diciembre del mismo año, no responden a eventos fortuitos, sino a una combinación conocida por todos: la salida prolongada de la central Licantén y una red de transmisión local que llegó a su límite operacional.
Aquí se manifiesta con claridad la paradoja de la transición energética. Por un lado, una electromovilidad que crece con importantes beneficios ambientales y sociales; por otro, infraestructuras de transmisión que no han avanzado con la misma urgencia y que, al no ejecutarse a tiempo, obligan a gestiones de emergencia en territorios que requieren energía segura y continua para sus hogares, el turismo, la agroindustria y la actividad productiva local.
Cerrar esta brecha exige pasar del diagnóstico a la acción. Proyectos estructurales de transmisión, como Itahue–Hualqui de Celeo Chile, son fundamentales para fortalecer la resiliencia del sistema eléctrico en el eje Maule–Ñuble–Biobío y acompañar de manera coherente el proceso de electrificación de la demanda. La hoja de ruta es clara: acelerar permisos y licitaciones de transmisión, coordinar de forma efectiva las políticas de energía y transporte —incorporando carga flexible y esquemas V2G— y priorizar las obras críticas en los tramos más vulnerables del sistema. La transición energética no puede seguir dependiendo de decretos de emergencia; requiere planificación, ejecución oportuna y visión de largo plazo.







