Aculeo: El espejo de Vichuquén y la trampa del papel
“Aculeo hoy recibe descargas de fosas sépticas en mal estado, plantas obsoletas y arrastre de fertilizantes. Sin un sistema de alcantarillado moderno, cada pozo se transforma en una carga contaminante. Si no actuamos, el reflejo en el espejo es claro: proliferación de cianobacterias, pérdida de biodiversidad y el cierre definitivo de la laguna al uso humano”.

Ver agua nuevamente en la Laguna de Aculeo ha despertado un alivio legítimo. Sin embargo, esa imagen reconfortante puede ser una trampa si la celebramos como si el problema estuviera resuelto. Recuperar el espejo de agua es apenas el primer acto de una obra mucho más compleja: sin infraestructura y gestión, lo que hoy celebramos puede transformarse mañana en un riesgo sanitario tan grave como el que mantiene cerrado al Lago Vichuquén.
La declaratoria de Humedal Urbano busca proteger, pero en el contexto actual funciona como una “espada de doble filo”. Es aquí donde surge la trampa del papel: la normativa protege el valor ecológico en la teoría, pero en la práctica paraliza las soluciones técnicas necesarias para garantizar la calidad del agua.
Al exigir trámites burocráticos que detienen obras de llenado artificial, la medida deja a la laguna semillena y sin la renovación necesaria para diluir contaminantes. En un escenario de crisis climática y extracciones que superan el balance hídrico, la protección legal sin obras es una ilusión frente a una realidad física que exige acción inmediata. La naturaleza no entiende de decretos si no hay agua limpia que fluya.
Vichuquén: Una advertencia real
Vichuquén no es un caso remoto ni una metáfora lejana; es el espejo que nos muestra qué ocurre cuando la gobernanza ambiental falla en lo esencial. Allí, la falta de alcantarillado y las limitaciones legales para manejar el nivel del agua terminaron por asfixiar el ecosistema.
Aculeo hoy recibe descargas de fosas sépticas en mal estado, plantas obsoletas y arrastre de fertilizantes. Sin un sistema de alcantarillado moderno, cada pozo se transforma en una carga contaminante. Si no actuamos, el reflejo en el espejo es claro: proliferación de cianobacterias, pérdida de biodiversidad y el cierre definitivo de la laguna al uso humano.
Para evitar que Aculeo sea el próximo Vichuquén, debemos pasar del símbolo a la técnica. Esto requiere:
- Priorizar infraestructura sanitaria: La canalización y el tratamiento de aguas servidas son urgentes y no negociables.
- Superar la parálisis legal: La protección del humedal debe ir acompañada de un plan de obras que permita el llenado controlado y la mitigación de contaminantes.
- Fiscalización con recursos: Dotar a las autoridades de herramientas para monitorear sistemas domiciliarios y ofrecer subsidios para su actualización.
- Corresponsabilidad: Involucrar a la comunidad y agricultores en la vigilancia y cumplimiento de las normas.
Recuperar el agua fue el primer paso; ahora toca recuperar la capacidad de gestión. Solo así evitaremos que la ley sea un freno y que el alivio de hoy se convierta en la tragedia sanitaria del mañana.







