Más que el reciclaje, el reúso se proyecta como estrategia clave para frenar la crisis mundial de contaminación por plásticos
Mientras anualmente se producen más de 400 millones de toneladas de plásticos a nivel global, menos del 10% de los residuos de ese material se recicla. Frente a proyecciones nada alentadoras de cara a los próximos años, especialistas señalan que urge potenciar herramientas para minimizar los daños, especialmente en el medio acuático. Entre ellas, destaca la reutilización que, según datos de Oceana Chile, con un modelo adecuado permitiría en diez años reducir casi tres millones de toneladas de envases plásticos en el país. Para ahondar en esta alternativa, sus avances, obstáculos y desafíos, conversaron con País Circular, Maximiliano Frey, jefe de proyectos de Pacto Chileno de los Plásticos; María Julia Wiener, académica de la Universidad de Valparaíso; y Cristóbal Correa, jefe de campañas de Oceana Chile.
Cada año, ocho millones de toneladas de plástico acaban en el océano, lo que equivale a vaciar un camión de basura por minuto. En tanto, se estima que para el año 2030 serán dos camiones por minuto, y para el 2050, el equivalente a tres camiones por minuto. Estas proyecciones, entregadas por el Pacto Chileno de los Plásticos, dan cuenta de la emergencia global que se enfrenta y que requiere medidas drásticas para frenar los daños irreparables sobre el ecosistema.
En la misma línea, la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico), en un reporte publicado en 2022, advirtió que, debido al crecimiento económico y demográfico, el uso de los plásticos podría triplicarse, pasando de una fabricación anual de 460 millones de toneladas de plásticos, a una producción global de 1.231 millones de toneladas anuales, en 2060.
Con el objetivo de detener estos impactos, Naciones Unidas impulsa un proceso para alcanzar un Tratado Mundial contra la Contaminación por Plásticos, donde los países participantes eligieron en febrero al diplomático chileno Julio Cordano como nuevo presidente negociador, con la misión de destrabar el proceso y avanzar hacia un acuerdo global vinculante.
Esto, mientras que en el contexto nacional, también el mes pasado, comenzó a regir el último tramo de la Ley 21.368, conocida como Ley de Plásticos de un Solo Uso (PUSU), que busca reducir considerablemente la entrega de plásticos en locales de expendio de alimentos, así como fomentar la retornabilidad en la compra de bebidas.
Maximiliano Frey, jefe de proyectos del Pacto Chileno de los Plásticos, valora la oportunidad que está teniendo Chile de incidir en la agenda internacional, destacando además que el país “históricamente ha asumido un rol de liderazgo en América Latina en regulaciones respecto a este tema”.
“Ahora, lo que pasa con la contaminación por plásticos es que hay consenso a nivel mundial de que es un problema. A diferencia de lo que pasó con el cambio climático, en un minuto, la contaminación por plásticos es evidente, porque está ahí. Donde está la discusión es en cómo lo solucionamos. Si lo hacemos desde el diseño, limitando la producción de plásticos, o a través de gestión de residuos. Personalmente, desde el Pacto y también la posición de Chile, es que necesitamos un tratado que abarque todo el ciclo de vida de los plásticos”, afirma el ingeniero industrial.
Cristóbal Correa, director de campañas de Oceana Chile, destaca por su parte que, aunque la crisis de contaminación por plásticos demuestra que hay muchos errores en el manejo de residuos a nivel mundial, “eso no quita que el plástico como producto también presenta beneficios en ciertos usos y eso no hay que dejar de considerarlo”.
“Entonces, es una discusión bien compleja. Y entre otras medidas, una idea que ha tomado cada vez más fuerza y en la que Chile es un muy buen ejemplo, es en empezar a poner limitaciones a los productos que son problemáticos, pero que son fácilmente reemplazables. Es decir, es muy distinto prohibir, por ejemplo, el plástico que se usa para la fabricación de automóviles, que prohibir el plástico que se entrega en un local al comprar congelados. En ese sentido, Chile tiene importantes avances regulatorios”, señala Cristóbal Correa.
Julia Wiener, académica de la Escuela de Ingeniería Industrial de la Universidad de Valparaíso, si bien valora los progresos, recalca que “las leyes por sí solas no alcanzan. Después de reglamentar, necesitamos que esa normativa se pueda difundir y fiscalizar como corresponde. Y por lo menos en Chile, hay acciones que demuestran cierta responsabilidad social y empresarial (…) Porque también pasa que las empresas, una vez que empiezan a generar cambios en su forma de trabajar, incorporando el reúso o el reciclado, es muy posible que a la vez adviertan beneficios en sus economías. Entonces, aunque el incentivo inicialmente es legal, luego se transforma en un incentivo de costos”.

“Hay consenso a nivel mundial de que es un problema. A diferencia de lo que pasó con el cambio climático, en un minuto, la contaminación por plásticos es evidente, porque está ahí. Donde está la discusión es en cómo lo solucionamos”.
Reciclar no es suficiente
Reducir, reutilizar y reciclar componen, en ese orden, el principio de jerarquía del manejo de residuos. La primera acción es la prevención frente a la generación de desechos, es decir, evitar que el objeto se convierta en residuo, lo que puede abordarse desde el diseño o, simplemente, sin producir. En segundo lugar está el volver a ocupar, extendiendo la usabilidad de un producto lo máximo posible y así evitar que se requiera incorporar nuevos productos al mercado. Y cuando a estos ya no se les puede dar una nueva vida, a través de la reutilización, recién en tercer lugar la estrategia es reciclar.
Las cifras no son alentadoras. Como se señaló, la producción de plásticos no se reduce, sino que crece considerablemente; la reutilización avanza de manera tímida; y solo el 9% del plástico mundial se recicla, además de que, de los diversos tipos de plástico que existen, solo unos pocos pueden reciclarse.
En el escenario local, cifras de Greenpeace Chile muestran que el reciclaje de plásticos no alcanza el 8%, por lo que la mayoría de los desechos derivados de este material terminan en vertederos. A escala global y nacional, queda en evidencia que los esfuerzos puestos el último tiempo en el reciclaje no bastan para atacar el problema de raíz.
Al respecto, Maximiliano Frey menciona tres grandes brechas de por qué hoy día el reciclaje no está avanzando. “Una tiene que ver con que todavía tenemos envases que no están hechos para ser reciclados, por ejemplo, porque son multimaterial. Entonces, es complejo segregarlos y es muy difícil poder valorizarlos efectivamente”.
“Después, hay una patita que tiene que ver con la recolección. No es sencillo ir a cada hogar del país y recolectar los envases que realmente son útiles para reciclar. Ahí hay un trabajo importante que tiene que hacer también la ciudadanía, pero hay brechas en educación ambiental que conocemos. Y tercero, que tal vez es lo que más le duele a la industria, tiene que ver con los mercados finales. Es decir, podemos recolectar todos los envases que queramos, pero si no tenemos un lugar donde volver a colocarlos [como material reciclado], si no hay nadie que los esté comprando al final de la cadena, no sirve de nada reciclarlos”, expresa el jefe de proyectos del Pacto Chileno de Plásticos.
En tanto, Cristóbal Correa plantea que, si bien el reciclaje es una alternativa válida, hay que observar que “de todas formas se está generando un desecho. Porque igual es un producto que entra al mercado, que tiene un uso y que luego es transformado para tener un nuevo uso”.
“Si me compro una botella de bebida en formato desechable, por más que yo recicle esa botella, que llegue a una planta de reciclaje y que luego forme parte de otra botella, igual esa botella tuvo que cumplir todo el ciclo. En cambio, la reutilización evita esa cadena”, afirma el director de campañas de la ONG especializada en conservación del océano.
Entre los obstáculos que complican el reciclaje de plásticos también destacan la calidad y el precio del producto reciclado, en comparación con su contraparte virgen. Debido a que los plásticos se adaptan y dependen de las necesidades estéticas o funcionales de cada fabricante, la diversidad de las materias primas dificulta el proceso del reciclaje, lo vuelve más costoso y afecta a la calidad del producto final.
En esta línea, Julia Wiener plantea que, en múltiples ocasiones, un producto reciclado no puede competir con un producto nuevo. “Ocurre que, si tenemos plásticos nuevos y plásticos reciclados, y todavía el material original sigue siendo más económico o estando más disponible, entonces las personas no van a elegir el plástico reciclado”.
“El proceso del reciclado muchas veces es más costoso que producir productos nuevos. Y ese es uno de los desafíos, lograr reducir los costos para que sea más competitivo. Esto, además de tener cadenas de suministro de los productos que funcionen y que sean eficientes”, añade la académica, entre cuyas líneas de investigación está la gestión de residuos sólidos urbanos municipales.

“Ocurre que, si tenemos plásticos nuevos y plásticos reciclados, y todavía el material original sigue siendo más económico o estando más disponible, entonces las personas no van a elegir el plástico reciclado”.
Reúso como estrategia clave
La reutilización es la segunda medida, según la jeraquía del manejo de residuos; es decir, que un producto esté diseñado para tener más de un ciclo de vida y siga manteniendo su funcionalidad.
Se trata de una práctica que ofrece importantes ventajas en el caso de los envases, ya que al usarlos varias veces, en lugar de desecharlos después de un solo uso, se reduce la necesidad de producir nuevos ejemplares y, por lo tanto, disminuye la cantidad de residuos que terminan en vertederos o en la naturaleza o, en el mejor de los casos, en reciclaje. Asimismo, el proceso permite ahorrar energía y recursos que se requieren para fabricar, transportar y almacenar nuevos envases; así como reducir las emisiones que se generan en los procesos de fabricación.
Según explica Maximiliano Frey, “la reutilización es una muy buena herramienta, sin embargo, no es el camino ideal para todos los contextos. Tenemos que entender que, por ejemplo, los sistemas de reutilización necesitan logística inversa. Es decir, que cuando ponemos un envase en el mercado, tenemos que ir a buscarlo, y volver a traerlo para llenarlo otra vez. Y eso implica también impactos ambientales como el lavado o las emisiones que podemos generar en recolectar ese envase”.
“Entonces, hay que ir evaluando caso a caso cuándo es conveniente y cuándo no. Por ejemplo, hay artículos de aseo personal que, por normativa, no se pueden vender a granel en retails o supermercados. A diferencia de lo que ocurre con el detergente, que sí es posible”.
Según el integrante del Pacto Chileno de los Plásticos, no solamente en Chile, sino que en el mundo, el reúso sigue “como en estado de piloto”, con iniciativas pequeñas que han funcionado y se quieren masificar. “En Europa, ahora con el Reglamento sobre Envases y Residuos de Envases (PPWR), se plantearon metas de reutilización. Mientras que en Chile, con la inclusión de la Ley de Plásticos de un Solo Uso, se pusieron metas específicas para la reutilización de envases retornables en retails”, destaca el ingeniero industrial en Tecnologías de la Información.
De este modo, aunque aún a una escala insuficiente, la reutilización se está impulsando como una medida efectiva para frenar la contaminación por plásticos a nivel planetario.
De hecho, según un informe presentado en 2023 por Oceana, en conjunto con la empresa pionera de reutilización Algramo (que ya no existe) y la Asociación Nacional de la Industria del Reciclaje (ANIR), si en el país se instala un modelo de reutilización -con normativas, incentivos y metas- se puede proyectar a diez años una reducción de 2.910.962 toneladas de nuevos envases introducidos en el mercado. Asimismo, esta disminución generaría un impacto positivo neto de 8.610 millones de dólares, a partir de ahorros relevantes en el uso de materia prima, así como en cambios en procesos de producción, inventario y distribución.
“Los generadores de residuos pueden modificar sus envases, pueden adecuarse a la ley, pero el ciclo de economía circular no va a estar completo si no tenemos consumidores responsables”.
Una transición posible
Frente a estas alentadoras cifras, cabe preguntarse cuáles son los elementos que frenan una transición más rápida a un modelo masivo de reúso de envases.
Consultado sobre los obstáculos en la implementación del reúso, el director de campañas de Oceana señala que van a depender del tipo de producto. “En un supermercado, por ejemplo, va a ser muy distinto un sistema de reutilización de envases en lácteos, donde hay una complicación mayor por la inocuidad alimentaria, versus un sistema de reutilización en legumbres o productos no perecibles”.
“De cualquier modo, pasar a la reutilización no es algo descabellado, y en Chile tenemos uno de los principales ejemplos, que es el uso de la botella retornable, que sigue vigente. Acá vemos que para el cliente tiene sentido la reutilización, sobre todo cuando hay un incentivo económico, es decir, cuando el producto es más barato”.
Y es que, al reducir la necesidad de producir nuevos envases, se disminuye el costo de producción, lo que se traduce en precios más bajos para los consumidores. Pero el reúso también impacta positivamente a la economía a través de la creación de empleos, en labores de logística reversa y de acondicionamiento de envases, entre otros.
Respecto a cómo avanzar en la reutilización, Julia Wiener destaca que influye mucho la educación ciudadana, pero también retomar acciones. “Hace mucho tiempo había estrategias de reúso, que son muy antiguas, de la época de nuestras abuelitas. Y que hoy vuelven como una nueva ola. Es el caso de las botellas retornables, que yo creo que dejaron de existir [a nivel masivo] porque las botellas desechables eran mucho más livianas, más económicas de producir y más fáciles de gestionar”.
“Entonces, para las empresas grandes, distribuidoras de bebidas, tener botellas retornables implica establecer un circuito para recuperarlas. En su momento, la persona la devolvía al almacén, el almacén se la entregaba a la empresa y la empresa se encargaba del reúso”.
“En ese sentido, son más atractivas las opciones cuando podemos reutilizar, como en el caso de las botellas, para un mismo fin. Pero luego, hay personas que, con materiales que eran residuos, los transforman o utilizan para otros usos. Por ejemplo, botellas que se transforman en maceteros. Pero esto tiene un alcance mucho menor. (…) Se requiere mucho compromiso de parte los consumidores, porque el consumidor que elige reúso, es un consumidor responsable”, afirma la ingeniera industrial.

“Pasar a la reutilización, la verdad es que no es algo tan descabellado, y en Chile tenemos uno de los principales ejemplos, que es el uso de la botella retornable, que sigue vigente. Acá vemos que para el cliente tiene sentido la reutilización, sobre todo cuando hay un incentivo económico”.
Desafíos pendientes
Los expertos coinciden en que ningún país tiene hoy un sistema completo de reutilización, sino que más bien han ido surgiendo, en los últimos años, proyectos piloto de soluciones de reúso para el formato de venta masivo.
“El sistema de retornabilidad de las botellas es algo que está asentado en varios países, pero todavía no hay uno en el que, por ejemplo, el 30% de lo que se vende al supermercado va a través de la reutilización”, declara Cristóbal Correa.
“Ese todavía es un desafío a nivel mundial. Y creemos que Chile puede ser ejemplo y liderar este proceso, sobre todo generando las regulaciones necesarias para que esto pueda ocurrir, con un buen acompañamiento de esas normativas”, agrega el director de campañas de la organización de conservación marina.
En este sentido, subraya, “quizás hay una falta de concientización ciudadana importante, que la gente sepa qué está regulado, qué no está regulado, qué me pueden entregar y qué no me pueden entregar, porque finalmente el mejor fiscalizador, no por quitarle mérito al fiscalizador municipal, es el cliente. Entonces, si la ciudadanía tiene la información a mano, eso va a significar un aumento en la eficacia de estas regulaciones. Y para eso se requiere esfuerzo a nivel transversal. No es solo la ONG, no son solo temas políticos, no son solo temas de gobierno, sino que entre todas y todos podemos empujar”, reflexiona Cristóbal Correa.
Al respecto, el abogado revela que actualmente, desde Oceana, están impulsando un cambio regulatorio. “Creemos que es importante que un decreto específico de la Ley REP, el decreto de Envases y Embalajes, incorpore la reutilización como una alternativa real y potenciar sobre todo los formatos de venta de consumo masivo, como los supermercados. Por eso, estamos impulsando que, en una posible modificación a este decreto -que debería hacerse el próximo año-, se incorpore la reutilización y se den los incentivos que lleven a que las empresas vean la reutilización no solo como una alternativa viable, sino como una alternativa conveniente”.
“Entonces, proyectando hacia el futuro, pensamos que se tendría que volver, entre comillas, un poquito al pasado. Nos gustaría que el día de mañana uno pueda ir al supermercado con sus envases, rellenarlos, que salga más económico y que con eso se eviten muchas toneladas de residuos generados. Si bien suena demasiado optimista, creemos que hay ejemplos que demuestran que es factible. Sí, es algo ambicioso y se van a generar algunas complicaciones prácticas, pero creemos que sí hay espacio para ir solucionando y volver a este tipo de sistemas”, recalca el representante de Oceana.
Julia Wiener, por su parte, pone el énfasis en la necesidad de construir más campañas a nivel comunicacional que permitan difundir a la ciudadanía las distintas iniciativas, en un marco más integrador.
“Me preocupa ver que, si bien los temas medioambientales siempre están presentes, no sé si logramos en la población un nivel de entendimiento de los reales efectos y de la importancia de reducir los plásticos. No sé si es que falta más comunicación de los riesgos o de los peligros, pero creo que deberíamos trabajar en ese aspecto de la educación”, plantea la académica.
“Cuando hablamos de plásticos de consumo, la principal responsabilidad la tiene, no solo el que genera ese residuo, sino también el que lo consume. Entonces, los generadores de residuos pueden modificar sus envases, pueden adecuarse a la ley, pero el ciclo de economía circular no va a estar completo si no tenemos consumidores responsables. Necesitamos pensar en estrategias para incentivar esos cambios culturales”, recalca Julia Wiener.










