Sandra Cortés: “El tema salud tiene una posición más relevante en la actualización de las NDC 2025-2035”
La presidenta del Comité Científico Asesor de Cambio Climático analiza en esta entrevista las principales sugerencias elaboradas desde esta instancia y que fueron incorporadas al anteproyecto de ley que actualiza las Contribuciones Nacionalmente Determinadas (NDC), es decir, los compromisos voluntarios que adopta cada país para hacer frente a la crisis climática. Más del 50 por ciento de las recomendaciones fueron aceptadas dentro del proyecto definitivo, entre ellas, una mayor visibilización de la relación directa entre salud y vulnerabilidad climática, algo en lo que Cortés, en tanto especialista en este tema, se siente muy contenta y orgullosa.
Amparado por la Ley Marco de Cambio Climático, el Comité Científico Asesor de Cambio Climático (C4) culminó hace poco una de sus tareas primordiales: hacer sugerencias, basadas en la mejor evidencia científica disponible, para fortalecer el anteproyecto que actualiza las Contribuciones Nacionalmente Determinadas, más conocidas como NDC, y que son los compromisos voluntarios que adopta cada país para afrontar la crisis climática.
Este es el primer comité científico que funciona bajo la ya aprobada Ley Marco, siendo continuador del comité científico conformado para la COP25 que finalmente no se realizaría en Santiago, sino en Madrid, a causa de la revuelta social de 2019. Sin embargo, al estar regido por la ley, el presente comité actuó como un asesor estratégico del Ministerio de Medio Ambiente y entregó una serie de recomendaciones para tales efectos.
Integrado por 11 científicos y científicas de distintas universidades chilenas, el aporte del Comité fue coordinado por el Ministerio de Ciencia, citando a los llamados “Diálogos Científicos por la Acción Climática”, un proceso que convocó a más de 200 investigadoras e investigadores, revisando alrededor de 300 publicaciones. En total, fueron 100 propuestas concretas las que emanaron del Comité, con plena sintonía con los marcos internacionales como el Acuerdo de París, siendo aceptadas más de la mitad de ellas. El proyecto ya fue aprobado por el Comité de Ministros por la Sustentabilidad y el Cambio Climático el 25 de junio pasado y se presentará formalmente en la COP30 de Brasil. Entre sus hitos, la NDC cuenta con 51 compromisos en seis ámbitos: Pilar Social de Transición Sociológica Justa, Mitigación, Adaptación, Mitigación y Adaptación Integrados, Medios de Implementación y Subnacional.
El proceso y los resultados fueron presentados durante el mes de junio en el Parlamento Alemán y en la Conferencia Internacional de Océanos en Niza, Francia, y ha posicionado a Chile como un referente en acción climática a partir de un comité científico que aporta evidencia, conocimiento e investigación rigurosa para mejorar las políticas públicas sobre la vulnerabilidad climática.
De ello habla en esta entrevista con País Circular la presidenta del Comité, Sandra Cortés, médica veterinaria, diplomada en Educación Médica y magister en Ciencias Biológicas con mención en Ciencias Ambientales y doctora en Salud Pública de la Universidad de Chile. Es académica de la Escuela de Medicina de la Pontificia Universidad Católica de Chile, especializada en el estudio del cambio climático y su impacto en la salud pública. En su trayectoria, ha trabajado en la evaluación de la exposición a sustancias químicas y su relación con enfermedades crónicas. Así también, ha realizado distintas actividades en pro de la mejora de la calidad del aire en Chile y Latinoamérica, y ha sido integrante de comités científicos y educativos relacionados con el cambio climático y la salud humana, habiendo contribuido a la actualización de los planes nacionales de adaptación al cambio climático en el sector salud.
-¿Qué diferencia tiene este comité con el que trabajó para la COP25? ¿Dónde radica la importancia de que este comité esté amparado en la Ley Marco de Cambio Climático?
Bueno, no son muchos los países que tienen un Comité Científico que asesora a los correspondientes gobiernos. En América Latina son 5 solamente. Entonces esto nos hace muy distintivos a lo que sucede en otros países. Por eso es muy destacable que este comité tenga una ley que nos mandata. La diferencia es que nos da una posición en la toma de decisiones. La coordinación está en el Ministerio del Medio Ambiente, pero al lado estamos nosotros como comité asesor. Nosotros pasamos por un proceso de selección. Somos personas con experiencia en estos temas y estamos disponibles para todos los instrumentos amparados en la ley: la NDC, la Estrategia Climática de Largo Plazo y los planes de adaptación y mitigación. La idea es que todas estas acciones queden inmersas en la política pública y no sean arbitrarias.
No nos dan presupuesto para pagarnos. Todos trabajamos ad honorem. Somos 11 en total las y los investigadores afiliados a distintas universidades: la PUC, Universidad de Chile, Universidad Católica del Norte, UMAG, Universidad de Concepción, etcétera. Nuestras universidades nos dieron la autorización para hacer esta tarea de manera autónoma. Al estar amparado en la ley, nos permite abordar con claridad los conflictos de interés y nos deja en una estructura que permanece más allá del gobierno de turno. Nos da una sostenibilidad mayor que si esto dependiera de un gobierno u otro.
-¿Cuál fue el criterio de selección para determinar las y los integrantes del Comité Científico?
Se intentó tener representatividad a nivel de las universidades de Chile y acercarnos a la paridad de género. Fuimos elegidos en julio del año pasado, es decir, estamos cumpliendo un año de funcionamiento. La mitad fue elegida por tres años (en mi caso, por ejemplo) y la otra mitad por un año y medio. Provenimos de distintas disciplinas: océanos, biodiversidad, glaciares, economía circular. Yo, en lo particular, soy salubrista y abordo los temas de salud asociados a los peligros ambientales y climáticos. Hemos tenido que hacer un ejercicio interdisciplinario interesante. Los primeros meses nos hemos dedicado full a los planes sectoriales de mitigación y adaptación pendientes, y luego a las NDC. Hicimos un documento con recomendaciones para la autoridad ambiental y comenzamos el proceso de diálogos científicos en todo el país. En ese documento se pudieron tomar o mejorar algunas de las medidas que estaban enunciadas en el anteproyecto de la NDC. Hubo un proceso de participación ciudadana, donde organizaciones o personas naturales pudieron hacer sus sugerencias al anteproyecto, y en ese proceso de manera autónoma pudimos dejar una mirada crítica y opciones de mejora. Muchas se tomaron en cuenta y eso queda como un paraguas sobre el cual se desprenden acciones que tendrán expresión en los planes sectoriales, comunales o regionales.
-¿Cuáles fueron los principales desafíos de la actualización cada cinco años de las NDC?
Trabajamos con una perspectiva de largo plazo. Nos parece destacable que cada vez que actualizamos la NDC debiese ser mejor, fundamentada en evidencia y debiese avanzar en métricas que podamos evaluar a través del tiempo. Quiero dar un ejemplo: cuando hicimos el primer plan de adaptación al cambio climático en 2016, en el plan específico de salud enunciamos algunas cosas que pasaron inadvertidas, pero luego se sumaron a la estrategia nacional de salud y luego incorporamos ese indicador a los objetivos sanitarios del periodo 2010-2020. En la medida en que mejora el proceso tenemos que ir aprendiendo como país. Tenemos que mejorar nuestras métricas e indicadores para darle continuidad a esto, ya que los eventos extremos y las variaciones meteorológicas llegaron para quedarse. Es muy valioso que el país entero sepa lo que estamos haciendo, porque son problemas país que afectan la vida de las personas.
“Las personas que han sido expuestas a inundaciones o incendios reconocen que su salud se ve afectada, pero cuando estamos en el proceso de toma de decisiones, la salud queda invisibilizada. Todos los determinantes sociales y ambientales que tienen que ver con la salud se deterioran cuando el ambiente se deteriora, o el incremiento de los florecimientos algales en los océanos tienen impactos en la seguridad alimentaria”.

Los avances
-¿Cuáles diría que fueron los principales avances en mitigación y adaptación a partir de la indagatoria del Comité Científico?
Pudimos evidenciar las brechas que requerían fortalecerse y lo primero fue ponerle base científica. Esperamos que detrás de cada medida hubiera una evidencia científica, al menos una internacional, y que esa evidencia fuese pertinente a los problemas que tenemos en Chile. Que eso, por ejemplo, nos permita actualizar los inventarios de emisiones de gases de efecto invernadero. A mí en particular me alegra mucho haber podido comprometernos en algo fundamental como los temas de salud. Nuestra NDC tiene un pilar social que se hace cargo de las disparidades que hay en Chile y ahora logramos que salud tomara una posición más relevante. Quisiéramos también que fuera un pilar social y sanitario, pero pudimos poner el énfasis en la salud mental fuertemente agravada cuando ocurren desastres naturales o eventos extremos que destruyen comunidades completas, como hemos visto con los incendios y las inundaciones. Y logramos meternos en salud ocupacional, porque para poder generar riqueza, nuestro país necesita que sus trabajadores -no hablo sólo de agricultores- estén protegidos ante las vulnerabilidades climáticas. Esto no pasa en todos los países, por ejemplo, de involucrar ejes transversales con temas de seguridad hídrica, salud, infraestructura y biodiversidad, que están vinculados bajo una perspectiva integral. Sabemos que si mejoramos las ciudades con soluciones basadas en la naturaleza, hay impactos positivos en la calidad de vida de las personas; cuando nos comprometemos a reforestar con especies nativas, sabemos que eso tiene una consecuencia ecosistémica que beneficia a las comunidades y a la salud de las personas.
-¿Siente que salud estaba al debe en el anteproyecto de nuestras NDC? ¿Cómo es la situación en otros países?
Es bien paradojal, porque las personas que han sido expuestas a inundaciones o incendios reconocen que su salud se ve afectada, pero cuando estamos en el proceso de toma de decisiones, la salud queda invisibilizada. Todos los determinantes sociales y ambientales que tienen que ver con la salud se deterioran cuando el ambiente se deteriora, o el incremento de los florecimientos algales en los océanos tienen impactos en la seguridad alimentaria, en la seguridad hídrica y en las personas. En la medida en que visualizamos estos factores, seremos más efectivos para las medidas que se ejecuten en el país.
-¿En qué temas de mitigación se puso más énfasis? ¿Hay otros gases de efecto invernadero en que haya que focalizar la atención?
No sólo hablamos de metano y CO2 que son los gases más tradicionales. Los perfluorocarbonos en el aire, por ejemplo, los hemos empezado a medir y a poner en evidencia porque sabemos que están presentes y que tienen consecuencias ecosistémicas y, a la larga, consecuencias en las personas. Hemos intentado poner metas factibles, siempre incrementando la ambición, en vista que estamos en un punto de no retorno. Además, aparecen actores públicos que denuestan el valor de la ciencia. Estamos identificando esas brechas en las que no tenemos evidencia en Chile, pero sí a nivel internacional. Hay un compromiso relevante en la transferencia tecnológica, porque está demostrado que produce cambios. Hay muchísima evidencia que nos dice que necesitamos dejar de quemar carbón y avanzar hacia energías limpias; ahí es donde aparecen las soluciones tecnológicas. Es parte de nuestra tarea identificar las brechas que hay en formación de capacidades. Hay que fortalecer a los equipos de investigación para actuar de manera coordinada, con liderazgo, asumiendo mejores metas y fortaleciendo talentos que requieren apoyo para contar con una acción climática que merecen las personas.
“Si miramos el océano por separado y no lo vinculamos con el acceso de productos pesqueros, vamos a mirar porciones del problema; si no miramos al borde costero con sus comunidades y la sobrevivencia de especies, es lo mismo; o si no miramos el océano con los desechos que pueden acidificarlo y producir florecimientos algales, igual”.
-¿El Comité tiene facultad para proponer formas de financiamiento de todas estas acciones? ¿Todas las recomendaciones se ajustan a algún presupuesto?
En la medida en que podamos tener evidencia que sustente nuestras recomendaciones, tenemos la opción de hacer abogacía para fomentar un compromiso financiero como tal, y que cada ministerio no tenga que estar sacando de otra parte para las tareas comprometidas en acción climáticos. Yo soy salubrista y hablamos mucho en esta área de hacer abogacía, es decir, en cómo traducimos esto a un lenguaje sencillo para que un tomador de decisiones haga su tarea. Hay experiencias fuera del país que demuestran que cuando se controla la contaminación de aire mediante la reducción de la quema de carbón, se sabe que esa inversión va a generar un beneficio tan importante como reducir el número de enfermos o de producir un ahorro en salud que se traduce en una ganancia. La acción climática no es un eslogan, es un hecho que está demostrado. Dentro de nuestra tarea, entonces, está abogar por el incremento de los presupuestos de ciencia, incorporar estos contenidos en las escuelas, de manera que las personas puedan aportar su justa medida para las soluciones.
-¿Cómo se reflejó en las recomendaciones el tema de adaptación y mitigación integradas? ¿Es un componente nuevo?
No, cuando hablamos de adaptación y mitigación integradas hablamos de cómo se conjugan acciones que generen co-beneficios. Si miramos el océano por separado y no lo vinculamos con el acceso de productos pesqueros, vamos a mirar porciones del problema; si no miramos al borde costero con sus comunidades y la sobrevivencia de especies, es lo mismo; o si no miramos el océano con los desechos que pueden acidificarlo y producir florecimientos algales, igual. Pero si logramos integrar todo, vamos a producir un beneficio directo a la protección de los océanos y eso va a producir un co-beneficio a la salud de las comunidades. Son cuestiones integradas porque no podemos mirarlas por separado: somos parte de un ecosistema y como tal tenemos una responsabilidad por ser la especie que aporta más daño y pérdida de biodiversidad. Necesitamos esos ejes integradores.
-Finalmente, ¿cuán importante es el trabajo del Comité Científico en este contexto mundial tan difícil para la ciencia, con gobiernos derechamente negacionistas de la crisis climática y poniendo en cuestión a la ciencia como disciplina?
Sin duda que estamos siendo embajadores ante las reuniones internacionales. Investigadores como Álex Godoy y Camila Fernández han comentado de nuestra existencia y a otros les llama la atención. Nuestra experiencia ha sido llamativa porque podemos favorecer la toma de decisiones. Estamos siendo observados y es una responsabilidad tremenda. Somos un país pequeño y tenemos muchos criterios de vulnerabilidad climática. Es una tarea que tenemos que mover puertas adentro también.









