Bionaute: la solución biotecnológica que controla las plagas en la agricultura
Creado por tres titulados de Ingeniería en Biotecnología de la UNAB, este emprendimiento desarrolla productos basados en RNA (ácido ribonucleico) para combatir los patógenos que atacan los cultivos agrícolas. Hay un producto completamente probado: un biofungicida llamado BotryShield, que neutraliza el daño que produce a la uva de mesa el hongo llamado Botrytis cinerea.
Juan Varas, Mateo Carvajal y Francisco Jara ingresaron en 2019 a estudiar Ingeniería en Biotecnología en la Universidad Andrés Bello (UNAB) y, aunque el año siguiente siguieron interactuando más vía internet por efectos de la pandemia, se hicieron íntimos amigos. Siendo estudiantes, además, congeniaron en querer emprender, en lugar de formarse netamente como científicos para la academia, como comúnmente ocurre con las y los jóvenes que optan por la biotecnología como parte de su formación profesional.
El caso ocurrió así: había un curso en la carrera llamado Biotecnología Vegetal y se encontraron desarrollando virus que atacaban bacterias patógenas en la agricultura. Ese proyecto no prosperó, aunque siempre tuvieron en mente buscar nuevas herramientas para llevar un control sostenible de las plagas en la agricultura. La chispita se encendió cuando Carvajal y Varas trabajaron en una terapia basada en RNA (ácido ribonucleico, presente en todos los seres vivos, y que es clave en procesos biológicos junto con el ADN y las proteínas) para tratar casos de cáncer de ovarios y cáncer gástrico. Lo que hicieron luego, sustancialmente, fue extrapolar esa molécula a la agricultura para generar un efecto análogo con las plagas.
“Entonces dijimos que si esto mataba células cancerígenas, por qué no podía controlar células o procesos biológicos de hongos, insectos, virus y cualquier tipo de patógeno. Trajimos la tecnología al campo y probamos si era viable. Por suerte, había empresas que trabajaban en lo mismo y nos dimos cuenta de que estábamos muy encaminados y adelantados incluso a nivel de razonamiento científico. Nos decían que el RNA no iba a funcionar y sí funcionó”, revela Juan Varas, CEO y cofundador de la empresa Bionaute, encargada justamente de desarrollar biotecnología basada en RNA para promover una agricultura más sostenible. Mateo Carvajal es el CSO de la empresa o director científico, de innovación y de laboratorio; y Francisco Jara es el CTO o director tecnológico, encargado de propiedad intelectual y regulatorio.

“Es una herramienta súper sostenible en comparación con los pesticidas actuales que matan lo que pillas. Nosotros no matamos: evitamos que los hongos germinen a través de sus esporas e infecten las plantas. El hongo está en el mismo lugar, sólo que no tienen capacidad de infección”.
Una de las grandes ventajas de los productos elaborados por Bionaute -ninguno de los cuales aún tiene salida comercial- es que controlan específicamente el patógeno que está causando el perjuicio, sin efectos colaterales hacia otros cultivos ni hacia las personas. “Es una herramienta súper sostenible en comparación con los pesticidas actuales que matan lo que pillas. Nosotros no matamos: evitamos que los hongos germinen a través de sus esporas e infecten las plantas. El hongo está en el mismo lugar, sólo que no tienen capacidad de infección”, agrega Varas.
El producto que ya fue desarrollado y está completamente probado es el BotryShield, un biofungicida líquido que se aplica a nivel foliar y que ataca el hongo llamado Botrytis cinerea, cuya presa favorita es la uva de mesa. “Con ella ya tenemos ensayo de campo, se ha reducido el uso de químicos y está totalmente validado”, dice el CEO.
Sin embargo, la tecnología es replicable para cualquier otro patógeno que quiera invadir otro tipo de cultivos. Por ejemplo, el hongo penicillium, el alternaria e incluso uno que ataca el virus del tomate rugoso. “Lo interesante es que, gracias al uso de la inteligencia artificial, podemos generar productos diferentes por cada patógeno. Por eso decimos que esta solución tiene impacto nacional y global. Es transversal y disruptivo, y se constituye en un eje de innovación para la agricultura, tanto desde el punto de vista económico como por la reducción de pesticidas de origen sintético en el campo. El producto controla sólo el hongo y no la biodiversidad. Tiene mucho potencial de crecimiento”, comenta Juan Varas.
La salida comercial del producto, no obstante, se espera que sea en cuatro años más, contando la tramitación de las regulaciones para salir al mercado, y otro año extra para otros menesteres. “Es una carrera de largo aliento, por eso apostamos al futuro”, añade Varas.

“Lo interesante es que, gracias al uso de la inteligencia artificial, podemos generar productos diferentes por cada patógeno. Por eso decimos que esta solución tiene impacto nacional y global. Es transversal y disruptivo, y se constituye en un eje de innovación para la agricultura”.
La aplicación en el agro
ARN Interferente (ARNi) se llama la tecnología probada en el BotryShield. Este principio activo se mezcla con otros elementos como el quitosano, derivado de la quitina, una molécula presente en desechos orgánicos como los de algunos crustáceos como el camarón y la centolla.
Al principio se había planteado desarrollar la solución para ser usada con el riego, pero, explica Varas, “al validarlo, los agricultores no querían usar muchas cosas en el agua. De manera que decidimos ocupar la aplicación foliar como cualquier producto bioestimulante y el agricultor lo dosifica en su tractor”.
El cálculo que realiza Bionaute para el precio del producto se estima en una base de 200 dólares por hectáreas, lo que representa “un valor inferior al de varios productos que se usan en el campo”.
La parte científica del proyecto está alojada en el Centro de Biotecnología Vegetal de la UNAB, mientras que los ensayos de campo a escala se escenifican en terrenos de la Región de Coquimbo y de la Región de O’Higgins.
Cuando el producto esté listo para ser comercializado en 2028/2029, el objetivo de sus fundadores es que pueda estar ya en el mercado nacional y en países estratégicos como México, Perú y Estados Unidos. “Para nosotros Chile es sólo un inicio, porque sabemos que el impacto es global. Debemos ser apenas 15 en el mundo los que trabajamos en esto y en Chile somos los únicos que hemos llegado a esta escala de testeo. Será una startup internacional”, vaticina Varas.

“En comparación con los otros productos fungicidas que quedan encima de la planta, donde el hongo deja con residuos a la fruta, el producto de Bionaute no deja residuos dañinos para el consumidor final y somos una herramienta versátil para generar planes sostenidos de manejo en el control de distintos patógenos”.
¿Cómo Bionaute contribuye a la sostenibilidad agrícola?
En tanto ataca sólo al hongo específico cuyo avance se desea controlar, el producto de Bionaute no produce efectos negativos a la biodiversidad presente en los cultivos ni a los seres humanos que interactúan en el sitio. Así también, en tanto el producto se basa en el RNA como molécula natural de los seres humanos, los agricultores pueden usarlo como herramienta preventiva para un control futuro, por ejemplo, disminuyendo el uso de químicos en función de un efecto más prolongado. Y, por último, “en comparación con los otros productos fungicidas que quedan encima de la planta, donde el hongo deja con residuos a la fruta, el producto de Bionaute no deja residuos dañinos para el consumidor final y somos una herramienta versátil para generar planes sostenidos de manejo en el control de distintos patógenos”, asegura Juan Varas.
Además, el productor agrícola se vuelve un actor más competitivo en el mercado al ofrecer sus productos en mejor calidad. “Puede acceder a nuevos mercados de exportación. Por ejemplo, en Europa es complicado usar manejo químico constante”.
Según detalla Varas, la solución basada en RNA tiene mucho potencial por cuanto se inspira en un efecto que produce esta molécula, llamado “efecto de silenciamiento genético inducido por RNA”. Esto es, en palabras sencillas, evitar que un gen se exprese o que genere una proteína para un proceso biológico en particular. De ahí que sea aplicable tanto como terapia contra el cáncer como para inhibir el efecto pernicioso que ejercen las plagas en la agricultura, sin dañar a los otros cultivos. “En el caso de las terapias, sería igual que actuar sin dañar las células buenas, como sí ocurre con la quimioterapia”.
Varas señala que tiene mucha afinidad con la pequeña y mediana agricultura. Y cree que la solución biotecnológica de Bionaute es “transversal”, es decir, puede permear tanto a la agricultura familiar campesina como a los grandes productores. “Buscamos que el precio no sólo se acople a las grandes empresas, sino que a los agricultores que viven de proteger sus cultivos de forma sostenible y a los que la innovación no los contempla”.
Los tres investigadores están muy conformes con haber elegido el camino de emprender por sobre formarse como científicos en la academia. “En Chile se ve muy poco esto de emprender en biotecnología. No se potencia mucho y se termina siendo científicos para la academia. Nosotros fuimos casi los únicos de nuestra generación que apostamos por emprender y nos ha ido bien. Somos una startup global dirigida hacia un aporte ecológico y social”, cierra Varas.







