Redciclach: los contenedores inteligentes creados en la Usach para una nueva experiencia de reciclaje
Nacida como idea universitaria en 2016, la propuesta consiste en el desarrollo de equipos -llamados Inkys- que ofrecen un reciclaje interactivo, fácil y digitalizado con una variedad de residuos que luego son recolectados por recicladores de base. Al indicar un mail, los clientes reciben información sobre su trazabilidad, impacto ambiental y cuentan con incentivos para perseverar en estos hábitos. Aunque partieron en universidades y colegios, hoy tienen 50 contenedores distribuidos en diferentes tipos de empresas e instituciones.
En la cantera de la Usach se esculpió esta startup que apuesta por un reciclaje más inclusivo, participativo, ameno y digitalizado. Todo partió en 2016 cuando Roberto Peña y Alejandro Ramírez -titulado de Ingeniería Eléctrica y entonces estudiante de Ingeniería Civil Industrial, respectivamente, ambos formados en la misma casa de estudios- decidieron participar en un concurso abierto por la universidad, titulado Smart Campus, y cuyo objetivo era promover soluciones a alguna problemática al interior del campus estudiantil. “En 2016 no estaba tan fuerte el reciclaje en las universidades. Estaban los típicos contenedores de colores, pero veíamos que al pasar el camión de la basura se llevaba todo junto”, recuerda Camila Quezada, ingeniera civil industrial y directora comercial de la hoy empresa Redciclach.
En ese concurso Peña y Ramírez diseñaron un contenedor diferente, cuyo principio central era hacerlo más bonito, lejano de la imagen fría y distante que tiene el grueso de ellos. Y el otro factor a considerar, para ambos creadores, consistía en que los estudiantes debían tener un feedback a través de un mail, donde figurara un resumen del volumen reciclado y la disminución de su huella de carbono. “Partimos con unos pilotos muy básicos en el campus, con cartulina, cartón, y detrás estaba Alejandro con un computador recopilando información. Teníamos un humano con un computador”, ríe Camila.
Al proceder con los pilotos, advirtieron una conducta en los estudiantes que les sirvió como base para el proyecto futuro: “Cuando hay un incentivo, la gente se motiva a reciclar mucho más”, señala Quezada. En esta fase embrionaria del proyecto, se entregaban tickets para comer en el casino de la Usach y otros. “La gente andaba buscando reciclaje en el patio, en el piso, en los basureros”, recuerda ella. El proyecto obtuvo el segundo lugar en Smart Campus. No había un fondo de por medio, pero esa distinción fue el trampolín necesario para afinar el modelo de negocios, postular a fondos y consolidar un modelo base de contenedores.
El proyecto logró tal recepción que logró incubarse en Innovo Usach, y luego postuló al Despega Usach, ganando dos años consecutivos en 2018 y 2019. “Esos fueron los primeros concursos con fondos y mentorías de por medio, donde se maduró el modelo de negocios y se empezó a trabajar el diseño final (y actual) del contenedor”, complementa Camila. Luego postularon a otro fondo más pequeño, el Ideas X de Santander, y así fueron obteniendo más recursos para la propuesta.
Ya en 2018 se funda Redciclach con un diseño de contenedor ya definido que perdura hasta hoy. Se trata del desarrollo de contenedores inteligentes que ofrecen un servicio de reciclaje con una experiencia interactiva y digitalizada para los clientes, y que entregan información sobre trazabilidad del reciclaje, impacto ambiental y una serie de incentivos. “Al principio nuestra intención era enfocarlo a educación, a colegios y universidades, y que diera ganas de abrazarlo a pesar de que fueras con una botella sucia”, ríe Camila.
“La gracia es que el contenedor está conectado a internet, tiene su banda conectada por dentro. La persona deja su mail y de inmediato recibe en su bandeja de entrada un resumen de lo que recicló en ese momento y su impacto en la disminución de la huella de carbono. Y con eso hacemos un ránking. Premiamos para incentivar el reciclaje en la comunidad”, comenta la directora comercial de Redciclach.

“La gracia es que el contenedor está conectado a internet, tiene su banda conectada por dentro. La persona deja su mail y de inmediato recibe en su bandeja de entrada un resumen de lo que recicló en ese momento y su impacto en la disminución de la huella de carbono. Y con eso hacemos un ránking. Premiamos para incentivar el reciclaje en la comunidad”.
Los contenedores tienen nombre. Se llaman Inkys, cuya inspiración surgió en el fantasma azul del mítico juego ochentero Pac-Man y en un juego de palabras. Los equipos estándar cuentan con dos boquillas grandes, donde se pueden depositar latas o botellas PET. Pero el contenedor puede adaptarse a los distintos requerimientos. “Algunos colegios nos han pedido incluir el tetra pak por el tema de las colaciones. Lo hemos adaptado para vidrio y con el tiempo también para pilas”, observa la integrante de la empresa.
En otro ejemplo, Redciclach también logró diseñar -en su taller de Puente Alto, porque esto es tecnología chilena- un contenedor sólo para residuos de aparatos eléctricos y electrónicos: “Se hizo un buzón y se puso una especie de colchón abajo para amortiguar el golpe. Y ahí se pudieron reciclar notebooks, teclados, mouses”.
Según Camila, el contenedor contiene un sensor que se adapta a distintas densidades de los residuos, y por lo mismo puede hacer un conteo automático de la cantidad de residuos depositados por el cliente.
Si bien Redciclach, por nacer desde la cuna universitaria, tuvo un foco inicial en educación, pronto se diversificó hacia otros públicos y otros rubros. Hoy tienen distribuidos 50 Inkys en condominios, centros comerciales, edificios, supermercados, municipios y empresas mineras, la mayoría en Santiago, pero también en regiones como las de Antofagasta, Valparaíso y Biobío.
“En el caso de los edificios el incentivo consistió en un sistema de acumulación de puntos para ganarse un descuento en el pago de los gastos comunes, y nos dimos cuenta que los incentivos con otro tipo de cosas funcionaban bien”, agrega Quezada, también formada en la Usach como todos los miembros del equipo actuales: Roberto Peña (CEO y cofundador), Alejandro Ramírez (COO y cofundador), Franco Moris (Data Science), Camila Quezada (directora comercial) y Francesca Peña (analista de negocios).

“En el caso de los edificios el incentivo consistió en un sistema de acumulación de puntos para ganarse un descuento en el pago de los gastos comunes, y nos dimos cuenta que los incentivos con otro tipo de cosas funcionaban bien”.
La proyección 2026 de Redciclach
La propuesta de Rediciclach ha logrado permear a las comunidades y propiciar cambios relevantes. Prueba de ello es el premio de Smart City Awards, en la categoría Smart Campus en Vanguardia Académica, en 2024, ocasión en la que la startup fue reconocida como el proyecto más votado por el público. Igualmente, el mismo 2024, la empresa obtuvo el Premio Internacional MetaRed TIC en la categoría Smart Campus y Conectividad, junto con una mención especial otorgada por la misma organización.
La solución además tiene un potente foco social por cuanto todo el material depositado en los Inkys es recogido por recicladores de base que trabajan en cada comuna del establecimiento donde están instalados los equipos. “El modelo de negocios cambió. Algunos números no nos daban si nosotros nos encargábamos de la disposición final. De manera que decidimos apoyarnos y tercerizar la gestión de residuos con recicladores de cada zona o de cada comuna”, complementa Camila. Según ella, el contenedor emite una alerta cuando está cerca del 80 por ciento de capacidad, para que la coordinación con el reciclador de base sea anticipada y pueda acudir oportunamente a retirar los residuos a la máquina.
A partir de ello, Redciclach ha podido obtener algunas métricas: desde 2020, han podido reciclar dos millones de envases, lo que equivale a 800 toneladas de CO2 que se han dejado de emitir al medioambiente, y cerca de 100 mil personas han ocupado los Inkys alguna vez.
El 2026 promete. El año 2025, Redciclach obtuvo un Startup Ciencia de ANID, el fondo más grande que se ha adjudicado, y les servirá, en palabras de Quezada, para “innovar sobre la innovación”. Según ella, “la idea es sumar valor al cliente con acceso a plataforma de monitoreo en tienpo real, añadiendo la opción de un catálogo de premios, incorporar una pantalla LED grande en un lateral del Inky para rotación de info dinámica, y la detección de envases con la integración de inteligencia artificial, donde ahora el Inky podrá enseñar a las personas a identificar en qué agujero se recicla cada material, con luces y educación ambiental”.
La proyección para este año entrante es contar con 100 máquinas activas en total, es decir, el doble de la actualidad. Según Camila, “existen otras empresas que tienen este tipo de máquinas, pero ninguno ha superado los 100 contenedores instalados. Seríamos la red de contenedores inteligentes más grande de Latinoamérica”. El sueño es “armar un modelo que llame más la atención para que puedan contratar el servicio, siempre con el foco en escalar, aumentar recursos humanos, traer más gente”, cierra la emprendedora.







