Mycoseaweed revaloriza algas marinas chilenas y las convierte en proteínas alternativas
El proyecto, aún en fase de laboratorio, se gestó a partir de la tesis doctoral de la científica e investigadora ecuatoriana -radicada en Chile- Catalina Landeta. A través de un proceso de fermentación con hongos, se llega a una solución que aspira a ser una solución alimentaria alternativa a la proteína animal y vegetal, disminuyendo además la cantidad de agua usada y la superficie de tierra cultivable. Actualmente adoptados por el CeBiB de la Universidad de Chile, en la empresa Mycoseaweed pretenden construir su propia planta piloto en el transcurso de 2026.
A punto de obtener la nacionalización chilena se encuentra la científica e investigadora ecuatoriana Catalina Landeta, a partir de cuya tesis doctoral se gestó un proyecto que pretende sumar una alternativa a la producción de proteína animal y vegetal, criticadas por su ingente impacto al planeta: dicho proyecto apunta a la valorización de algas marinas chilenas para aumentar la seguridad alimentaria en un mundo en el que reina la incertidumbre climática.
“He trabajado mucho con valorización de biomasa, y me interesó trabajar específicamente en biomasa marina, con algas. Con una profesora de la Universidad de Chile valorizamos las algas y tuvimos muy buenos resultados. Después de terminar el doctorado, yo quería trabajar en algo más enfocado a la alimentación y en ese camino conocí a comunidades de pescadores artesanales que trabajaban con algas marinas”, explica Catalina Landeta, bióloga, magíster en Ingeniería en Energías Renovables con Mención en Biomasa, y en Auditoría y Gestión Ambiental, y doctora en Ciencias de la Ingeniería.
Así nació entonces Mycoseaweed, una empresa de base científico-tecnológica que busca valorizar la biomasa marina -algas marinas, en este caso- para producir alimentos sustentables y saludables. En el mundo, sugiere la investigadora, hay una carencia de proteínas alternativas, y abundan otras que son muy dañinas para el medio ambiente. “Tenemos el problema de que en el mundo sólo se explotan muy puntualmente ciertas proteínas animales y vegetales, y ahora nace este desafío de otorgar una nueva opción que no altere los tipos de hábitats. La soya, aclara Landeta, no es una proteína alternativa por la intensificación de su cultivo y la degradación de las tierras, por lo que la valorización de algas marinas “nos permite disminuir la presión a la tierra y a los bosques, y mitigar la deforestación”.
Dentro de una visión más orientada a la salud, explica la CTO de Mycoseaweed, “3 de 4 adultos en Chile sufren malnutrición, ya que faltan proteínas de calidad”. En ese aspecto, las algas marinas surgen como un recurso estratégico de Chile para atraer inversión y diversificar la matriz productiva, en este caso, en la industria alimentaria.
Catalina reconoce que Mycoseaweed ha sido criticada por el uso de algas marinas, porque la idea no es devastar los llamados bosques de algas marinas. Sin embargo, aclara, las algas marinas chilenas ya se venden en grandes volúmenes al extranjero, pero para la industria cosmética y otros usos, sin ser valorizadas acá en Chile. “Nos devuelven productos procesados de algas que acá vendemos a muy bajo precio. En nuestro caso, podemos defendernos diciendo que las algas chilenas ya se explotan, pero se envían como materia prima. No se valorizan. La idea es a futuro poder cultivar y valorizar acá, y produzcamos algo de mucho más valor”, explica la también profesora de la Facultad de Ciencias Químicas y Farmacéuticas de la Universidad de Chile.

“Las algas no se consumen como tal. Tienen un sabor intenso y una baja digestibilidad. Entonces desarrollamos un proceso de fermentación a partir de hongos que tienen la capacidad de romper esas paredes celulares, y liberamos los compuestos que tienen las algas: proteínas, propiedades antioxidantes. Tenemos entonces una mayor digestibilidad y mejoramos el sabor y lo llevamos a uno más neutral”.
El proceso de fermentación
Aún en fase de laboratorio, el proyecto y empresa Mycoseaweed se vale de un proceso de fermentación para producir alimentos a partir de algas marinas. Según Landeta, “las algas marinas tienen unas paredes complejas que nuestro metabolismo no puede asimilar. Asimilamos muy poco los beneficios que tienen las algas”. De manera que Mycoseaweed “creó una proteína de alta calidad usando biotecnología”.
“Las algas no se consumen como tal. Tienen un sabor intenso y una baja digestibilidad. Entonces desarrollamos un proceso de fermentación a partir de hongos que tienen la capacidad de romper esas paredes celulares, y liberamos los compuestos que tienen las algas: proteínas, propiedades antioxidantes. Tenemos entonces una mayor digestibilidad y mejoramos el sabor y lo llevamos a uno más neutral. Sumamos los compuestos de las algas y los de los hongos. Somos un producto que tiene los nutrientes de las algas y de los hongos”, se explaya Catalina Landeta.
Según la investigadora, las proteínas alternativas son calificadas como “alimentos del futuro” porque teniendo pequeños fermentadores, cada cual podría generar sus propias proteínas. Por de pronto, Mycoseaweed está funcionando en el Centro de Biotecnología y Bioingeniería (CeBiB) de la Universidad de Chile, un centro de excelencia en investigación de vanguardia. La idea, sin embargo, es tener una planta piloto propia para comenzar a producir el producto a escala comercial. El diseño de la planta ya está listo, por lo que en 2026 se espera su construcción. Podría ser itinerante. Por ahora piensan en Santiago y Concepción.
Catalina Landeta explica que el producto resultante hasta ahora es harina, aún no comerciable y en modalidad de laboratorio. “Tenemos reactores muy chicos aún. Todavía no podemos producir dos kilos para saber si lo vamos a incorporar a una hamburguesa vegana o una barrita proteica”, señala. Han aumentado la digestibilidad del producto, al ser comparado con distintos tipos de algas. Además, dice la científica, que lleva 13 años radicada en Chile, “la proteína de algas marinas puede usar 5 veces menos tierra y 10 veces menos agua que una proteína animal”.

“Tenemos el problema de que en el mundo sólo se explotan muy puntualmente ciertas proteínas animales y vegetales, y ahora nace este desafío de otorgar una nueva opción que no altere los tipos de hábitats”.
Además, aclara Landeta, otra ventaja del proyecto Mycoseaweed es que “no se usan procesos previos para romper paredes celulares complejas. No usamos procesos químicos ni físicos, ni enzimas. Usamos hongos para actuar sobre la pared celular. Usamos fermentación. La idea es diseñar fermentadores más sencillos y fácilmente escalables”.
Mycoseaweed está conformado por un equipo multidisciplinario, integrado por especialistas en procesamiento y comercialización de algas, ingeniería química, biotecnología, bioprocesos y transferencia tecnológica, con foco en soluciones innovadoras y sostenibles. Aparte de Catalina Landeta, también están involucrados en la empresa María Isabel Guerra, José Luis Aldunce, Juan Francisco Aldunce y María Elena Lienqueo.
Lo relevante del proyecto -que fue incluido dentro del Catálogo 2025 Innovación Alimentaria de Chile, del programa Transforma Alimentos de CORFO y el Ministerio de Agricultura- es llegar en algún momento a contar con las condiciones para cultivar algas, ya que actualmente se venden a un precio irrisorio, sin ser valorizadas. “Podríamos tener una proteína de calidad, posible de vender de forma similar a una proteína animal, pero a partir de una cadena de valor que diversifica la matriz productiva de Chile”, cierra Catalina Landeta.







