Más allá de la polémica puntual, los bosques Miyawaki se posicionan como solución para combatir el calor extremo a escala urbana
Este método de bosques de crecimiento acelerado, creado por el botánico japonés Akira Miyawaki, ha estado en el debate público a partir de la observación de la seremi metropolitana de Medio Ambiente, quien recomendó incluir un Miyawaki dentro de un proyecto de remodelación de un terminal de buses. Quizá por desconocimiento, la idea generó puntos de discordia, pero es aprobada por expertos y expertas que ya han trabajado con esta técnica. Además, es avalada por un programa del GORE de Santiago, llamado Bosques de Bolsillo, que proyecta 33 bosques Miyawaki en distintas comunas de la región y de los cuales ha emanado evidencia científica respecto de su contribución a la lucha contra el cambio climático. Se han plantado nueve de los 33 Bosques de Bolsillo proyectados.
Si actualmente los bosques diseñados bajo el método Miyawaki están en boca de todos, se debe a las observaciones que formuló la seremi del Medio Ambiente de la Región Metropolitana, Sonia Reyes, dentro de la Declaración de Impacto Ambiental (DIA) del proyecto “Modificación del Proyecto Terminal de Buses del Sistema de Transporte Público de la Región Metropolitana El Retiro”, en la comuna de San Bernardo, presentada por el titular Fondo de Infraestructura S.A.
Evacuado el pasado 4 de junio de 2025, el ordinario N° 3528/2025 de la Seremi enumeró una serie de recomendaciones respecto de los 2.456 metros cuadrados de áreas verdes a los que se comprometió el titular dentro del proyecto urbano. Entre otros puntos, el documento firmado por Sonia Reyes señala que la empresa deberá “evitar extensas zonas de césped, priorizando núcleos arbóreos a escala de barrio”, “construcciones de posaderas, comederos y casas anidadoras para aves” y “señalética educativa de la flora, vegetación y fauna nativa que está presente en el área del proyecto”.
Sin embargo, la observación más polémica fue la mención explícita a los bosques plantados bajo el método Miyawaki, relativo a una técnica implementada por el botánico japonés Akira Miyawaki para restaurar el bosque nativo de su país de una forma acelerada, y que en Chile y en el mundo ha sido aplicada para regenerar entornos degradados dentro de las ciudades.
“La plantación debe ser mayoritariamente con una diversidad de especies de árboles nativos presente en la región, de bajo requerimiento hídrico, pudiendo considerar en algunos sectores la técnica de Miyawaki”, indicaba el ordinario firmado por la seremi metropolitana. La indicación específica respecto del bosque le valió críticas de diversa índole, desde que esto suponía frenar las inversiones hasta que era algo irrelevante en el contexto de la remodelación de un terminal de buses.
A tanto llegó la polémica que la seremi incluso fue invitada a la Comisión de Medio Ambiente del Senado para explicar los alcances de esta observación puntual. Para evitar confusiones, el 9 de junio esta repartición pública evacuó un nuevo informe rectificatorio en el que se aclara que la observación en sí es una “sugerencia” y no una “exigencia”, como había circulado por varios medios nacionales. De hecho, el documento rectificatorio (Rectificación ORD. N° 3528/2025) omite la palabra “Miyawaki”, pero conserva algunas de las recomendaciones del documento anterior y enfatiza que el proyecto debe cumplir “debidamente con lo establecido por la Ley Marco de Cambio Climático, que exige que los proyectos sometidos a evaluación de impacto ambiental consideren la variable cambio climático en el análisis de los componentes ambientales”.
Según cuenta la seremi Sonia Reyes a País Circular, “hubo mucha confusión porque en las noticias se estaba diciendo que estábamos pidiendo un jardín japonés, que está muy lejos de la técnica Miyawaki, la cual facilita el crecimiento rápido de la vegetación y no está diseñada para espacios extensos”. Del mismo modo, la sugerencia de incorporar elementos de la Ley Marco de Cambio Climático da cuenta, según la autoridad metropolitana, de que “no es algo arbitrario, sino que ayuda a que el titular entienda bien de qué se trata esto: por eso les sugerimos que pongan árboles que contribuyan a mitigar el efecto del cambio climático, que beneficie a las personas, que se planten especies nativas de arbustos, árboles y herbáceas”.
De cualquier modo, Sonia Reyes aclara que la observación no condiciona la calificación favorable o no del proyecto de remodelación del terminal (aún se encuentra en evaluación). “Está en su derecho si no quiere usar la técnica Miyawaki”, señala la seremi, “pero perdería una oportunidad de hacer un proyecto con beneficios directos para las personas que van a trabajar ahí y que se sumará a la masa vegetacional de San Bernardo, que ya es una comuna carente de áreas verdes”. Reyes defiende el método Miyawaki porque considera que “es muy apropiado para el proyecto y para la ciudad en general. Los sitios eriazos no tienen tanta materia orgánica, son suelos que se han secado y que no tienen riego ni nutrientes. Por eso se le agregan nutrientes, materia orgánica y así los árboles desarrollan mejor las raíces y eso facilita su crecimiento”.

“El titular del proyecto está en su derecho si no quiere usar la técnica Miyawaki, pero perdería una oportunidad de hacer un proyecto con beneficios directos para las personas que van a trabajar ahí y que se sumará a la masa vegetacional de San Bernardo, que ya es una comuna carente de áreas verdes”.
Los bosques Miyawaki del GORE de Santiago
Más allá de la polémica puntual del terminal de buses, los proyectos de bosques creados bajo el método Miyawaki ya se han implementado con notable éxito en la Región Metropolitana. Quizás el ejemplo más rotundo sea el programa Bosques de Bolsillo del Gobierno de Santiago (GORE Santiago), que consiste en la instalación de 33 bosques Miyawaki en distintas comunas de la Región Metropolitana (con acento en las que tienen menos superficie de áreas verdes) de los cuales se han plantado nueve. El último se plantó este sábado 28 de junio en el Centro de Educación Ambiental del Parque O’Higgins, en Santiago Centro.
Para el GORE de Santiago hay dos hitos relevantes que demostraron la virtud y eficiencia de los bosques Miyawaki. El primero fue una suerte de experimento en la comuna de María Pinto, en una iniciativa impulsada por el propio GORE y la Red de Alcaldes y Alcaldesas por la Sustentabilidad en 2023: hicieron una forestación con la técnica Miyawaki y al lado una técnica de forestación tradicional. “Me tocó ir a conocer el bosque Miyawaki y quedé muy impactado por la velocidad de crecimiento: después de un año el Miyawaki tenía 2 metros de altura y el tradicional tenía 45 centímetros”, revela a este medio Mauricio Fabry, jefe de la División de Planificación y Desarrollo Regional del GORE de Santiago.
El otro hito se podría citar como el precursor del programa Bosques de Bolsillo: el bosque Miyawaki plantado en la comuna de Independencia en 2023. “Me tocó plantarlo con mis manos y es un proyecto administrado por la comunidad. Lo he estado visitando permanentemente. Los árboles tienen 3 metros y medio, se ha mantenido muy bien, además que hemos ocupado una técnica de riego eficiente y adaptada a los árboles nativos del Chile central”, agrega Fabry. Después de este exitoso caso, el GORE decidió abrir un programa más amplio que se denominó Bosques de Bolsillo: las comunas donde ya fueron plantados son Cerrillos, Pudahuel, Vitacura, La Pintana, San José de Maipo, Renca, Maipú, Puente Alto y, este sábado, Santiago Centro.
“No hacemos restauración ecológica, sino una suerte de regeneración nativa en un espacio acotado. Si la metodología de los bosques Miyawaki se aplica con toda rigurosidad, tendremos bosques nativos de crecimiento acelerado que tienen una respuesta social súper interesante. Por eso, decimos que son proyectos no ecológicos, sino socioecológicos”.
Pero, ¿en qué consiste un bosque Miyawaki?
Para el diseño e implementación de los bosques Miyawaki dentro del programa Bosques de Bolsillo el GORE ha contado con la determinante colaboración de organizaciones que ya acumulan virtuosas experiencias en este particular: Symbiotica, Cultiva y Bosko (a las que se suma la empresa Bosques Miyawaki de la comuna de Parral, Región del Maule).
En el caso de Bosko, cuenta con alrededor de 60 proyectos concentrados en la zona central del país y, en algunos casos, en el sur. Los proyectos desarrollados por Bosko se extienden desde los 100 hasta los 2.400 metros cuadrados que comprende la iniciativa más grande en superficie: el bosque Miyawaki construido en el Museo Interactivo Mirador (MIM). Eso demuestra, a juicio de Magdalena Valdés, fundadora de Bosko, que el bosque Miyawaki se adapta a entornos urbanos a pequeña escala, lo cual marca una notoria distancia con un proceso de “restauración ecológica” que es un proceso más complejo y a escala de paisaje, como la que se diseña, por ejemplo, en el Cerro Renca.
“Nosotros no hacemos restauración ecológica, sino una suerte de regeneración nativa en un espacio acotado. Si la metodología de los bosques Miyawaki se aplica con toda rigurosidad, tendremos bosques nativos de crecimiento acelerado que tienen una respuesta social súper interesante. Por eso, decimos que son proyectos no ecológicos, sino socioecológicos. Es impresionante ver cómo las personas se conectan”, indica Valdés.
Para ella hay cuatro principios esenciales para un buen diseño e implementación de un bosque bajo el método del botánico japonés: “Primeramente, es muy importante el análisis de suelo y cuál va a ser la enmienda que utilizaremos. El proceso de descompactación es no menor y se debe usar una cuota de materia orgánica, de manera que el suelo se solvente y surja un bosque sano”.
Luego, la creadora de Bosko cita la selección y densidad de especies nativas (en la zona central, del bosque esclerófilo) como otro factor relevante. En Bosko han logrado plantar hasta 60 especies distintas con una alta densidad: en general, son tres plantas por metro cuadrado. “Eso produce una competencia natural entre las plantas por nutrientes y luz, pero al mismo tiempo son plantas que, como han vivido millones de años juntas, también están acostumbradas a colaborar. Entonces es colaboración y competencia en su justa medida”.
El tercer paso es la cobertura del suelo, señala Valdés. Al disponer de hojarasca, ramas, troncos podridos, hongos, bichos muertos, cáscaras de nueces, paja, cartón, piedra y otros elementos, se logra “proteger el suelo, bajar la temperatura y retener más humedad”. En cuarto término, señala el tema del riego, factor determinante en el primer y segundo año después de la plantación del bosque Miyawaki. Sin embargo, a partir del tercer año, plantea la representante de Bosko, “es bien sustancial la rebaja del riego que se produce, marcando una diferencia con un jardín convencional”.
Valdés, sin embargo, desmiente aquella creencia de que el bosque crece 10 veces más rápido que un bosque nativo tradicional. “No necesariamente es así, es algo que vamos observando, aunque hay una aceleración del proceso bien evidente en la zona central, y en el sur es más lento”. Sin embargo, en Bosques Miyawaki, a través de su fundador Rodrigo González, consideran que este tipo de ecosistemas “son 10X30X, es decir, 10 veces más rápidos y 30 veces más diverso, requiriendo una gran diversidad para competir por la luz y los nutrientes”. Con respecto al agua, González señala que el bosque Miyawaki, “al trabajar con especies nativas adaptadas del lugar, requiere mucha menos agua y con seguridad al tercer año o con condiciones ideales; al segundo año puede estar libre de mantención, incluso de riego frecuente. Así que es una inversión hipersustentable”.
Por su parte, Sergio Ortiz, jefe de la carrera de Construcción Sustentable en el Centro de Formación Técnica del Medio Ambiente (IDMA), cree que el método Miyawaki “funciona bien si se quiere generar un pulmón verde de rápido crecimiento, con gran diversidad y que replique ecosistemas de la zona”. Sin embargo, dice que las desventajas podrían estar en “los costos iniciales, debido a la cantidad de especies necesarias y el tipo de riego. También hay que conocer sobre asociaciones entre especies, y ver si hay una falta de capacitación en la mantención de estos métodos en el tiempo y en sus distintas etapas”.

“Estamos juntando mucha evidencia para la Región Metropolitana: midiendo cómo cambia la temperatura, el material particulado, el CO2, el ruido, de modo de entender cómo estos servicios ecosistémicos pueden ayudar a la ciudad, tanto en áreas verdes como en cohesión social”.
La evidencia científica del GORE
Mauricio Fabry comenta que se han aplicado todos los principios del método Miyawaki para garantizar su excelente puesta en marcha en distintas comunas de Santiago. Cada Bosque de Bolsillo es financiado con recursos del GORE, pero la mantención queda a cargo de los municipios y de las comunidades. “Todos estos bosques están en terrenos fiscales, pero no todos están abiertos las 24 horas. Sin embargo, todos tienen una administración para garantizar su mantención y seguridad”.
Fabry ha logrado percibir el componente social del diseño e implementación de este tipo de bosques: “A la gente de Independencia le encanta el bosque Miyawaki, porque es muy denso y está ubicado cerca de viviendas sociales, donde no hay muchas áreas verdes. El hecho de tener un bosque genera una percepción distinta porque quedas debajo de la copa de los árboles; no es como una plaza donde tienes paisajes planos que dan sombra. Es como caminar por el Parque Forestal, pero con una densidad 10 veces mayor. Algo pasa cuando la gente codiseña, planta y cuida el lugar. Es una verdadera revolución ecológica lo que ocurre con el programa”.
Por ejemplo, el sábado pasado el gobernador metropolitano, Claudio Orrego, y el alcalde de Santiago, Mario Desbordes, participaron junto a vecinas y vecinos de la región en la plantación de 1.500 especies vegetales del noveno Bosque de Bolsillo en el Parque O’Higgins. Se plantaron pimiento, peumo, tabaco del diablo, quebracho y especies de bajo consumo hídrico que contribuyen al escenario hídrico que vive la región y que combaten los efectos del cambio climático.
Dentro del programa Bosques de Bolsillo han logrado, además, verificar con números el efecto directo positivo que tiene en el ambiente la plantación de los bosques Miyawaki. “Estamos juntando mucha evidencia para la Región Metropolitana: midiendo cómo cambia la temperatura, el material particulado, el CO2, el ruido, de modo de entender cómo estos servicios ecosistémicos pueden ayudar a la ciudad, tanto en áreas verdes como en cohesión social”.
Es el mismo principio que defiende la seremi de Medio Ambiente de la RM, Sonia Reyes, al hacer su observación dentro del proceso de Declaración de Impacto Ambiental del proyecto de remodelación del terminal de buses de San Bernardo: “Cuando uno hace estas observaciones no piensa en los árboles, sino que piensa en las personas que trabajan en el terminal, en los choferes, en las personas que pasarán por ese lugar, en el lugar de descanso. Un terminal de buses es un beneficio social gigantesco”.

“Poner en un terminal de buses una zona de Miyawaki puede ser una buena idea; al ser tan denso, permite su preservación y su posibilidad de adultez. Los parques siempre están sometidos al estrés de los usuarios, así que Miyawaki bien cuidado permite el éxito y poder ver bosques adultos con árboles grandes en 10 años. Un árbol da sombra; un bosque da mucha más sombra”.
¿Es viable un bosque Miyawaki en un terminal de buses?
Las fuentes consultadas, en razón de su experiencia en el tema, coinciden en que diseñar e implementar un bosque Miyawaki en el terminal de buses de San Bernardo sería un gran aporte socioambiental, tanto por sus beneficios a las personas que transitarán por el lugar, como para mitigar los efectos del cambio climático y sus cada vez más frecuentes episodios de calor extremo.
“Es del todo pertinente la observación de mejorar las condiciones del lugar, de tener más resiliencia frente a los embates del cambio climático y del calor extremo que puede provocar problemas de salud. Se sabe que las estaciones intermodales o bimodales son espacios públicos usados diariamente que terminan siendo islas de calor. Por ejemplo, en el intermodal de La Cisterna hemos tenido que parchar esa construcción con sombreaderos y más vegetación porque para la gente es insoportable”, opina Mauricio Fabry. Sin embargo, cree que bastaba con sugerir un bosque denso, pero sin necesidad de mencionar la técnica Miyawaki, en el primer documento emanado de la Seremi de Medio Ambiente RM.
Análoga opinión tiene Magdalena Valdés, de Bosko. “Aplicar un bosque Miyawaki es un terminal de buses es completamente atendible y hace sentido”. Quizás, agrega Valdés, “haber enfocado a una metodología que tan pocos la manejamos en Chile, haya sido un error. Se pudo hacer una descripción más amplia, sin ponerle ‘método Miyawaki’, sino diciendo que es una plantación densa. Puedes buscar objetivos similares sin tener que encapsularlo en algo tan preciso”.
Por su parte, Rodrigo González, de Bosques Miyawaki de Parral, cree que “poner en un terminal de buses una zona de Miyawaki puede ser una buena idea; al ser tan denso, permite su preservación y su posibilidad de adultez. Los parques siempre están sometidos al estrés de los usuarios, así que Miyawaki bien cuidado permite el éxito y poder ver bosques adultos con árboles grandes en 10 años. Un árbol da sombra; un bosque da mucha más sombra”.
Mauricio Fabry también entrega una mirada en relación a las críticas que surgieron tras las observaciones de la seremi, y que referían a supuestos obstáculos de la administración pública respecto del proceso de remodelación del terminal de buses: “Hay una presión y una mala información respecto de los procesos de evaluación ambiental y la permisología. No puedo desconocer que hay muchos procesos burocráticos que generan incertidumbre. Sin embargo, en el ámbito de la evaluación ambiental los procesos son tremendamente normados. Los servicios públicos tenemos entre 15 a 20 días para pronunciarnos, pero eso se ha ocupado para decir que el Estado coloca trabas y eso no es así. Muchos proyectos se demoran porque el titular se demora mucho en contestar una observación”
En última instancia, suscribe Fabry, “necesitamos diversificar las ciudades y hacerlas a escala humana. Se requiere infraestructura verde, no por algo romántico, sino porque hay suficiente evidencia de la necesidad de arbolado. En Santiago tenemos un déficit de tres millones de árboles”.
Por último, la seremi Sonia Reyes se desmarca de las críticas que han surgido respecto del sistema Miyawaki, sobre todo las que dicen relación con la descompactación del suelo y de la poca eficiencia del riego. “Siempre se requiere descompactar el suelo, no sólo para la técnica Miyawaki. He participado en varias plantaciones en el cerro Renca, y lo que uno descompacta es la holladura, donde va a poner el árbol. Pero siempre que uno planta, hay que picar la tierra, y esa tierra tiene que estar mullida para que las raíces puedan penetrar”. Y, finalmente, el método Miyawaki “no requiere más agua que otras forestaciones, o que los parques; tampoco consume más horas de trabajo porque necesita menor mantención. En los parques tradicionales el mayor costo de mantención son las horas de trabajo y el riego. Hay un gran ahorro a largo plazo”.







