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Mónica Araya y llegada de buses eléctricos: «Chile se anotó un golazo, porque ningún país había logrado eso en América Latina».

Experta costarricense en energías, Mónica Araya ha trabajado en temas de sustentabilidad por más de 20 años. Co-fundó la organización Costa Rica Limpia y la Organización Movilidad Eléctrica, la primera dedicada a la movilidad eléctrica de América Latina. Escribe frecuentemente para medios locales e internacionales y da charlas en América, Europa y Asia. En esta entrevista, conversamos sobre electromovilidad y por qué los países en vías de desarrollo pueden -y deben- liderar el cambio.

Alejandro Contreras | 5 Feb 2019 a las 6:30 am

La doctora en Gestión Ambiental, Mónica Araya, es optimista respecto de que el desarrollo económico de un país puede caminar de la mano con la protección ambiental. Desde Costa Rica, su país de origen, co-fundó la organización Costa Rica Limpia, iniciativa ciudadana que busca promover el impulso de energías renovables y formar una sociedad de emisiones cero.

En esta entrevista, Araya destaca el potencial de nuestro país respecto a la iniciativa de transformar el sistema de transporte público, en el marco de la llegada los nuevos buses eléctricos. Sin ambargo, advierte que la transición tomará tiempo y afirma que los consumidores tienen el poder de tomar las riendas en el consumo y forzar la mano de empresas que se resisten al cambio, ya que los efectos del cambio climático no esperan.

¿Qué tan imperativo es abandonar los combustibles fósiles?

En este momento, la comunidad científica internacional ya ha hecho varios estudios, pero el último, de octubre, habla de cómo el calentamiento global no puede superar 1,5º a finales de este siglo, comparado con la temperatura que había antes de la Revolución Industrial. No hay forma de cumplir esa meta con una economía petrolera, con gas natural y con carbón. Entonces ya es un imperativo científico, y en este momento por primera vez tenemos las tecnologías que nos permitirían hacer ese giro.

¿Qué falta para hacerlo?

Lo que hace falta en este momento es que podamos acelerar la transición a esas tecnologías y que encontremos estrategias para lidiar con la economía del pasado y las tecnologías obsoletas, porque obviamente ahí hay inversiones, hay trabajo, y hay empresas que van a tratar de atrasar la transición. Eso es normal. Lo que sí estamos viendo es que están entrando otros jugadores, el hecho de que haya entrado China al mercado de tecnologías de transporte eléctrico, como buses y autos, es muy interesante porque nos va a ayudar a abaratar los costos. De hecho, los buses eléctricos de Chile provienen de China.

«Está naciendo una nueva generación muy urbana, que quiere atacar el tema de la basura, del transporte, que quiere más bicicletas, que viaja y regresa para montar iniciativas, y lo estamos viendo en campos tales como arquitectura, en ingeniería. En los próximos 10 años vamos a ver una generación mucho más empoderada».

Has dicho que los países en vías de desarrollo deben ser los que lideren esta transición ¿Por qué este tipo de países y no aquellos ya desarrollados?

Había una idea obsoleta de que debían ser los países en desarrollo. ¿Por qué? ¿Quién dice? Tenemos más que ganar. Por qué tiene que hacerlo primero hacerlo Inglaterra, si tener energías renovables en Costa Rica es bueno para nosotros. En India, liderar con ese montón de contaminación es bueno para la gente de India. Antes había una idea muy sesgada de que como ellos eran más contaminados y más ricos, ellos debían liderar, y ahora lo que hemos visto en la práctica es que países como Costa Rica, que lidera en energías renovables; Chile, en energía solar. Más bien últimamente se ha invertido la pregunta y hemos dicho: ¿Quién dice que nosotros no podemos ser líderes? ¿Por qué tenemos que esperar a que sean otros?

¿Es más fácil para los países en vías de desarrollo en comparación a los desarrollados?

Los países desarrollados cada vez tienen más problemas. Rusia está en problemas, Inglaterra está en problemas, Estados Unidos está en problemas, entonces no es que ellos están bien y nosotros mal. Lo del Brexit es un problemón. Entonces, yo lo que veo es que en nuestros países, que cada vez tienen más crecimiento y más inversión, por primera vez tenemos expertos y tenemos ideas, y no tenemos que esperar que las inventen en otro lado para poder aplicarlas.

¿Cómo se ve ese cambio en nuestros países?

Lo que yo veo en nuestros países es que está naciendo una nueva generación muy urbana, que quiere atacar el tema de la basura, el tema del transporte, que quiere más bicicletas, que viaja y regresa para montar iniciativas, y lo estamos viendo en campos tales como arquitectura, lo estamos viendo en ingeniería. Entonces, yo creo que los próximos 10 años vamos a ver una generación mucho más empoderada que la de hace 20 años, porque el mundo está más conectado. Porque antes la brecha entre un país desarrollado y otro en vías de desarrollo era enorme, ahora muchos desarrollados vienen a vivir a nuestros países para ver cómo aprenden o colaboran.

También existe un grupo que se resiste a esta transición, que busca retrasarla

Lo que sabemos de muchos países -y ninguno escapa a esto- es que la industria del petróleo y del gas es una industria muy poderosa, es una industria que por lo general ha logrado ser escuchada en las esferas políticas. Y ahora que vienen las energías renovables, el transporte eléctrico, obviamente se sienten amenazados, aunque a veces no lo admitan. La única forma que nosotros tenemos de incidir en este momento es desde la demanda y nuestro rol como consumidores, tenemos que recordar que somos tomadores de decisiones.

«La decisión más visionaria y más transformadora que puede tomar un país es hacer una apuesta por algo que ahorra. El bus eléctrico tiene unas cuatro mil piezas menos que un bus de combustión interna, por lo que el mantenimiento es más barato, no usa gasolina, no contamina, no tiene  ruido».

¿Cómo pueden incidir en ese cambio los consumidores?

Esa toma de decisión tenemos que hacerla valer y tenemos que empezar a decir que «yo no voy a querer comprar de esta empresa», o «no quiero ser parte de este tipo de economía». A lo largo de la historia hemos visto muchos ejemplos de activismo cívico, como la lucha por el voto femenino, para abolir la esclavitud o prohibir los fumadores al interior de restaurantes. Todo esto surgió de gente que se unió y dijo que es hora de cambiar. Hay mucha asimetría, pero es un poco como lo de David y Goliath, si la ciudadanía es David, hay formas, hay estrategias. Lo que sí es cierto es que no es solo querer cambiar y querer ser ciudadanos, hay que hacer estrategias, tenemos que leer mucho, informarnos y sumar, porque es difícil.

¿Crees que Costa Rica Limpia es replicable en Chile?

Si, totalmente. Lo que sí, hay que saber bien cuál es el objetivo. En el caso de nosotros fue liberarnos del petróleo y pasar a la movilidad eléctrica. Hay que tener gente que sepa del tema, pero también tener un modelo que no sea muy caro, porque entonces no va a funcionar. Hay que tener un modelo virtual, no hay que complicarse mucho la vida creando oficinas e infraestructura, pues luego se te iría el tiempo buscando fondos para sostener esta infraestructura. Lo que hemos hecho es trabajar con un grupo pequeño, y eso sí, trabajando con muchos expertos y aliados, no hacemos nada solos. Siempre buscamos un partner.

En Chile ha habido algunas críticas al gobierno por la llegada de los buses eléctricos, argumentando que existen problemas ambientales más urgentes y más graves, ¿qué te parece esa crítica?

Esa es una falsa dicotomía, eso es no entender que en este momento lo que necesitamos es tomar las decisiones más visionarias, porque una decisión en el 2019 respecto a los buses nos afecta por unos 15 años. La decisión más visionaria y más transformadora que puede tomar un país es hacer una apuesta por algo que ahorra. El bus eléctrico tiene unas cuatro mil piezas menos que un bus de combustión interna, por lo que el mantenimiento es más barato, no usa gasolina, no contamina, no tiene  ruido. Entonces, lo que sí se va a necesitar para hacer el contrargumento es cuantificar el beneficio de estos buses porque son invisibles, y si no los visibilizamos la gente cree que no existe, pero me parece que lo que hay que hacer es contar más historias de cómo es esta transformación. En China tienen instalados 175 mil buses eléctricos, obviamente esto es imparable. Chile se apuntó un golazo, porque ningún país había logrado eso en América Latina.