Alberto Tagle, Gerente General de Consorcio Santa Marta: “Los rellenos sanitarios son una infraestructura esencial para el funcionamiento de las ciudades”
Consorcio Santa Marta cumple un rol primordial en la gestión de residuos domiciliarios de la zona sur de la Región Metropolitana y en el desarrollo de infraestructura sustentable en el país. En esta entrevista, Alberto Tagle, su gerente general, explica la importancia de los rellenos sanitarios, su contribución a la salud pública, la innovación aplicada para mejorar su resiliencia, y cómo proyectos como Chaqueta Blanca, en Antofagasta, demuestran que una gestión responsable puede transformar realidades sociales y ambientales. La empresa estará presente con su experiencia en la tercera versión del Foro REP, que tendrá lugar desde el 14 al 16 de este mes.
Con más de 400 colaboradores y dos décadas de operación, Consorcio Santa Marta se ha consolidado como una infraestructura esencial para la Región Metropolitana, recibiendo y gestionando alrededor del 35% de los residuos domiciliarios generados en ella. Su labor, poco visible para la ciudadanía, pero determinante para el funcionamiento de la capital, se traduce en más de 120 mil toneladas procesadas mensualmente en un relleno sanitario certificado bajo normas ISO 9001, 14001 y 45001 y respaldado por tecnologías de punta para el tratamiento de lixiviados y la generación de energía a partir de biogás.
La empresa no solo presta un servicio de utilidad pública, sino que también se ha posicionado como un referente en gestión de residuos. Ha demostrado capacidad de adaptación frente a escenarios críticos como la pandemia, los desastres naturales o la creciente presión regulatoria, siempre con un enfoque en la seguridad de las personas, la sostenibilidad y la innovación tecnológica.
En la cabeza de esta empresa está Alberto Tagle, quien ha liderado una estrategia orientada a fortalecer a Santa Marta como actor clave en la gestión sustentable de residuos y la reducción de emisiones. En esta entrevista, profundiza en los desafíos actuales, la importancia de los rellenos sanitarios y el impacto transformador que generan proyectos como el de Chaqueta Blanca, en Antofagasta, donde se pasó de un basural a un Centro Integral de Gestión de Residuos.
Toda esta experiencia de Consorcio Santa Marta será también presentada en el marco del Tercer Foro REP, organizado por País Circular, que se realizará los próximos 14, 15 y 16 de octubre en el Hotel Marriott de Las Condes. La empresa será parte del panel “El nuevo paradigma de los rellenos sanitarios. Una mirada más integral y urgente a la gestión de residuos”, el miércoles 15 a las 15.15 horas.
-¿Cuál es el rol que cumplen los rellenos sanitarios en el funcionamiento de una ciudad moderna?
Los rellenos sanitarios son una infraestructura crítica para la salud pública y el equilibrio ambiental de cualquier ciudad. Si se detienen por un solo día, esta entra en estado de emergencia sanitaria: proliferan vectores, se saturan puntos de acopio y aumenta el riesgo de incendios y enfermedades. Nuestra labor es que eso no ocurra. En este sentido, la planificación de la infraestructura de las ciudades es fundamental para el desarrollo de un país, y parte de ella son los rellenos sanitarios, que cumplen un papel clave en garantizar la salud pública y el funcionamiento diario de las urbes.
En Santa Marta esto se traduce en procesos certificados bajo ISO 9001, 14001 y 45001; en una planta de tratamiento de lixiviados en operación desde 2004, y en una Central de Energía Renovable No Convencional (CERNC) que desde 2013 transforma el biogás en electricidad inyectada al Sistema Eléctrico Nacional. También significa transparencia y corresponsabilidad: abrimos nuestras puertas a autoridades, academia y comunidades; entregamos información a los organismos fiscalizadores y promovemos la educación ambiental para que se conozca el trabajo técnico que hay después de “botar la basura”.
Se nos confunde a veces con vertederos o basurales, y la diferencia es radical: aquí hay ingeniería aplicada, control y trazabilidad. Los rellenos no compiten con el reciclaje; lo hacen posible. Aun cuando aumenten las tasas de valorización, una fracción mayoritaria de los residuos requerirá disposición final segura por décadas. Nuestro compromiso es que esa última milla se haga con los más altos estándares, minimizando impactos y garantizando que la ciudad siga funcionando y proyectando su desarrollo todos los días.
“La planificación de las ciudades requiere considerar su infraestructura esencial, y la gestión de residuos cumple allí un papel fundamental”.

-Santa Marta recibe un volumen muy relevante de residuos, ¿qué significa ser considerada una infraestructura crítica para la Región Metropolitana?
Para mí, significa garantizar continuidad operacional en cualquier circunstancia. Prestamos servicio a más de tres millones y medio de habitantes de 18 comunas de la zona sur de Santiago, y recibimos del orden de 120 mil toneladas mensuales, aproximadamente el 35% de los residuos domiciliarios de la capital. Esta escala exige redundancias, planes de continuidad y personal altamente calificado en distintas especialidades. Trabajamos con sistemas de monitoreo 24/7, protocolos de contingencia y equipamiento con respaldo para operar ante sismos, temporales o emergencias sanitarias. Un ejemplo concreto es la Estación de Transferencia Puerta Sur: optimiza la logística, reduce kilómetros recorridos por los camiones recolectores, disminuye emisiones y descongestiona rutas. Sumado a ello, la combinación de certificaciones ISO, la planta de tratamiento de lixiviados y la central de generación de energía nos permiten entregar un servicio con estándar internacional. Además, contamos con una dotación superior a 400 personas entre operación, mantención y soporte, con turnos continuos y formación técnica para cada proceso. En síntesis, ser infraestructura crítica significa operar sin interrupciones, con total trazabilidad, asegurando que la ciudad nunca se detenga y, al mismo tiempo, impulsando su desarrollo sostenible.
-La resiliencia ha sido un concepto clave en la operación de los rellenos sanitarios, ¿cómo se traduce eso en la gestión diaria de Santa Marta?
Conocí este concepto trabajando en una empresa sanitaria de tratamiento de aguas. Y al llegar a Consorcio Santa Marta me di cuenta de que tiene una criticidad similar a las de empresas sanitarias tradicionales, por cuanto son servicios que no pueden ser interrumpidos bajo ninguna circunstancia y que son críticos para la vida de las personas, la operación y el desarrollo de las ciudades.
Para nosotros, resiliencia es anticipación, adaptación y mejora continua. Comienza por la cultura preventiva: liderazgo visible en seguridad, gestión sistemática de riesgos y entrenamiento permanente de los equipos. En lo técnico, diseñamos y operamos con criterios de robustez: estabilidad geotécnica, captación eficiente de biogás, impermeabilización certificada y control del escurrimiento de aguas.
Hemos incorporado analítica de datos e inteligencia artificial para modelos predictivos que soportan decisiones operacionales, como lo son las tasas de captación de biogás o condiciones de estabilidad, y hemos desplegado monitoreo en tiempo real de parámetros críticos. Resiliencia también es logística inteligente: con la Estación de Transferencia reducimos traslados innecesarios y huella de carbono. De la misma forma, se trabaja en el vínculo con el entorno social: mantenemos canales de información abiertos, realizamos simulacros y auditorías, y apoyamos iniciativas sanitarias locales cuando se requiere.
La resiliencia también se expresa en redundancias energéticas y operacionales, como tener siempre equipos de respaldo, rutas alternativas y almacenamiento suficiente de recursos hídricos, y en planes de continuidad probados con simulacros. Trabajamos con auditorías externas y certificaciones que nos obligan a mejorar cada ciclo, y con capacitación técnica para elevar competencias en todas las áreas. El resultado es una operación más predecible y segura, capaz de absorber shocks y seguir prestando ininterrumpidamente un servicio esencial.
“El gran aprendizaje de Chaqueta Blanca es que una infraestructura bien diseñada transforma realidades, y que solo con voluntad política y colaboración público-privada esos cambios son posibles”.

-El centro de tratamiento Chaqueta Blanca en Antofagasta ha sido presentado como un ejemplo de transformación ¿Qué aprendizajes deja ese proyecto?
Uno de los aprendizajes es que una infraestructura bien diseñada y gestionada tiene la capacidad de transformar realidades. En Antofagasta, Chaqueta Blanca permitió cerrar el histórico basural de La Chimba, que funcionó por casi 50 años sin control y llegó incluso a albergar familias viviendo entre los residuos. Esa emergencia sanitaria se transformó y ahora es un Centro Integral, que combina disposición segura, reciclaje y compostaje bajo estándares internacionales.
Pero el aprendizaje principal es que la sinergia entre sector público y privado, acompañada de rigurosidad técnica, voluntad política y perseverancia, no solo resuelve desafíos sanitarios y sociales, sino que también convierte a un Centro de Tratamiento Integral en pieza clave del desarrollo urbano.
El pasado 22 de septiembre comenzó a operar el nuevo centro de acopio de ReciclaMás, que recibe envases livianos y vidrio recolectados en los hogares de Antofagasta. Este hito, consolida a Chaqueta Blanca como un punto clave para la recuperación de reciclables en la región, asegurando la disposición final e impulsando la economía circular, integrando la valorización de materiales en la operación cotidiana a partir de la Ley REP. El mensaje es claro: cuando la infraestructura esencial evoluciona y se abre a la colaboración, el impacto positivo trasciende lo ambiental y mejora la calidad de vida de toda una ciudad.
-¿Cuáles son los principales desafíos que enfrenta hoy la gestión de residuos en Chile?
Enfrentamos desafíos estructurales, y uno de los más críticos es el de los permisos para operar. Los procesos de tramitación ambiental deben revisarse con una mirada que reconozca la relevancia que tienen estas instalaciones para el funcionamiento de las ciudades. No tomarles el peso puede terminar en una tragedia: basta con que un relleno no obtenga a tiempo la autorización para expandirse, y toda una urbe se expone a una crisis sanitaria. Estos trámites deben atender la criticidad de las instalaciones y resolverse de manera más razonable y expedita, siempre con rigurosidad.
El segundo gran desafío es cultural. Persiste un desconocimiento que equipara rellenos con vertederos, lo que desvaloriza un servicio esencial. También incide que entre un 80 y 90% de los hogares no paga derechos de aseo, distorsionando la percepción del costo real y reforzando la idea equivocada de que la gestión de residuos “no tiene valor”.
Finalmente, está el desafío de actualizar los marcos regulatorios y financieros para que acompañen la transición hacia la economía circular. Instrumentos como la Ley REP y la futura ley de residuos orgánicos deben venir acompañados de metas graduales, coordinación intermunicipal y financiamiento estable. Solo así cerraremos la brecha entre ambición y ejecución, asegurando que la disposición segura de residuos siga siendo un pilar de la salud pública.
“Con el proyecto BESS aseguramos la captura y quema del biogás casi 24 horas al día, ampliando de manera significativa la reducción de emisiones”.

-¿Cómo proyecta Santa Marta su rol en un futuro de economía circular y transición energética?
En primer lugar, no podemos desatender nuestro rol principal: la disposición final segura de los residuos que no son valorizados, reutilizados o reciclados. Esa es nuestra obligación con la ciudad, las personas y el medioambiente, y seguirá siendo el corazón de nuestra labor.
Sin embargo, somos conscientes de que la sociedad avanza hacia la valorización, y nuestro compromiso es acompañar y acelerar ese proceso. Ejemplo de eso es el trabajo que hemos realizado con Fundación Realim, con quienes hemos reutilizado más de 1.500 toneladas de orgánicos, transformándolos en alimento para animales de la zona sur de la Región Metropolitana. También promovemos la educación ambiental con visitas y programas que fomentan la corresponsabilidad.
Otro ejemplo es el proyecto BESS, de acumulación de energía en baterías, que permitirá asegurar la extracción continua y la posterior transformación del biogás en energía. Hoy nuestra CERNC, utilizando como combustible el biogás que contiene un 50% de metano, logra reducir cerca de 230.000 toneladas de CO2 equivalentes al año, lo que aumentaría en un 33% con esta nueva inversión, ampliando de forma significativa la reducción de emisiones que ya es muy relevante en nuestra operación.
En paralelo, hemos fortalecido nuestra gobernanza, con una política de inversión responsable que incorpora no solo criterios de rentabilidad, sino también el impacto en las personas y el medioambiente. Nuestro objetivo es demostrar que la “última milla” de los residuos puede y debe hacerse con innovación, trazabilidad y beneficio público.
Miramos la próxima década con metas claras: más valorización, más eficiencia logística y más energía limpia. Cuando la infraestructura esencial funciona con estándares altos, las ciudades son más sanas, competitivas y resilientes.







