Guardador de semillas Julio Gamboa: “La única opción para comer saludable son los huertos agroecológicos”
En su campo ubicado en Corcolén, región de O’Higgins, Julio Gamboa y su familia producen unas 20 especies de hortalizas, con procesos donde no utilizan ningún agroquímico. Las semillas que siembran son en su mayoría nativas, sin intervención y obtenidas de sus mismas cosechas y mediante intercambio; nunca compradas. Vende directamente en su huerto, donde además hace demostraciones y charlas sobre agroecología e invita a todo el mundo a tener su huerto, aunque sea pequeñito. A pocos días de haber ganado por cuarta vez el Festival del Tomate Panquehue, Gamboa conversó con País Circular sobre la urgencia de reducir el uso de químicos en la agricultura, por la salud de las personas y del planeta.
“Mire, le cuento que aquí ha llegado gente que se ha puesto a llorar después de probar nuestros tomates, porque hacía muchos años que no sentían ese sabor. Son sabores naturales, antiguos, incomparables”, comenta orgulloso Julio Gamboa Morales, agricultor de la localidad de Corcolén, comuna de Malloa, en la región de O’Higgins. Esos sabores, explica, se deben a que usa semillas nativas y a que en sus procesos es todo natural, sin intervención de químicos.
Gamboa ha sido agricultor toda su vida y hace unos 25 años comenzó con su huerto agroecológico, donde trabaja junto a su esposa, Brunilda Machuca Muñoz, y su hija, Ana Belén Gamboa Machuca, quien además se encarga de promocionar sus productos en redes sociales.
Los tomates nativos tienen “olor a tomate” y son deformes, dice, “no como los que venden en el supermercado, esos ‘larga vida’, que son todos iguales”. Esas características de sus productos lo han llevado a ganar cuatro veces el Festival del Tomate Panquehue, algo que lo emociona porque es un reconocimiento a un trabajo dedicado y consciente de muchos años.
Julio Gamboa es usuario de INDAP, en particular del Prodesal de la comuna Malloa (Programa de Desarrollo Local), y cuenta que fue a través de ese programa que conoció la agroecología, por ahí por el año 2000. “Llegó un ingeniero agrónomo que es ítalo-chileno y traía la agricultura orgánica de Italia, porque Europa empezó primero que nosotros. Él me enseñó”.
Así, el agricultor de Corcolén primero se certificó como productor orgánico, pero luego optó por la agroecología, que es más integral y busca cuidar los ecosistemas, incluyendo a las personas.
“Somos productores de más o menos unas 20 hortalizas. Tenemos tomate, lechuga, zanahoria, pimentón y ají, acelga, kale, zapato italiano, pepino… Es un huerto agroecológico, que es sin químicos. Cero agrotóxico, cero agroquímicos, nada. Hay un control biológico natural”.
Julio subraya que su huerto es bien variado porque “un monocultivo no sirve para la agroecología, porque ahí las plagas se reproducen por millones. Ser agroecológico es un todo, porque la agroecología tiene que ver mucho con el ecosistema; conservar el ecosistema, comenzando por los seres humanos”.
“Yo siempre le digo a mi gente que la mayor ganancia de estos huertos es el autoconsumo, por la salud, y además es una tremenda economía familiar”.

Control biológico
En la agroecología, por ejemplo, el control fitosanitario se hace de forma “biológica-natural, entre los bichos. Y si nos falta, hay purines, ortigas, macerado de ajo con ají, hay también jabón potásico que limpia las plantas. Pero generalmente no hay plaga en estos huertos, porque tienen biodiversidad de plantas, de hortalizas”.
“Al haber bichos, llegan los pajaritos, los zorzales, las loicas, hay control biológico-natural. A los huertos agroecológicos llegan muchos pájaros porque no tienen olor a químico”, explica Julio.
Además del control de plagas, hay beneficio para el suelo y el agua: “Al no tener químicos, toda el agua que escurre desde el predio no va contaminada. No cae a los canales contaminados… Antes en los canales había muchos peces, pero ya no hay, por la contaminación”.
“Todo tiene su lógica en un huerto agroecológico”, explica el campesino de Malloa. Por ejemplo, cuenta que mantienen el pasto, porque si los bichos están ahí no se van a las plantas, a las hortalizas. “Y además el pasto verde le baja la temperatura al suelo, porque hoy día aquí había 37 grados”.
Para fertilizar la tierra usa compost, con guano de distintos animales, con una carga de nutrientes muy grande para las plantas.
Respecto a las plagas, insiste en que “de un huerto a otro se contaminan. En cambio, nosotros estamos enclavados a la orilla de un cerro, así que tenemos cercos biológicos naturales. Entonces no nos toca”.

Proteger las semillas
Otro de los temas relevantes es el de las semillas que usan; ninguna modificada genéticamente. Para todas sus hortalizas, Julio Gamboa produce sus propias semillas desde las cosechas, las guarda y las comparte, y también obtiene semillas de campesinos como él.
“El 90% de las semillas que tenemos nosotros son nativas. Por ende, son tomates que tienen 40 años, 50 años las semillas, algunas tienen más, que se han ido reproduciendo”, dice Julio Gamboa, quien está reconocido como guardián de semillas por el Ministerio de la Cultura, las Artes y el Patrimonio.
Cuenta que en la provincia de Cachapoal hay muchos guardianes de semillas, algunos reconocidos y otros no, que protegen e intercambias semillas antiguas o corrientes que se pueden reproducir. “También hay gente joven, muchachas de 20 o 25 años, que están entrando en esto porque se dieron cuenta de que se viene mala la cosa”.
“En el caso de la semilla de los tomates, es una cepa muy antigua que no está contaminada, y que se ha cuidado mucho y yo la sigo cuidando”. Además de los diversos tipos de tomates, tienen unas 20 o 30 semillas guardadas, las que produce todos los años, y si no es capaz de reproducirlas, las pasa a otro agricultor agroecológico que las reproduzca. “Regalo semillas, presto semillas. Es una forma de conservarlas, porque se puede perder un huerto entero por el cambio climático”.
“Nosotros no compramos semillas. Los guardianes vamos a los intercambios. Tenemos muchos intercambios aquí en la zona. Por ejemplo, si me falta un tomate o pierdo la semilla, el guardián de San Vicente o de Rengo la tiene. Y ahí intercambiamos con cualquier semilla. Los guardianes de semillas no compramos semillas. Hacemos intercambios, por lo menos, seis o siete intercambios en el año. Y uno va a buscar la semilla que necesita. Y le intercambia al amigo de allá, si él necesita la semilla que tengo yo y ahí vamos. Y también sirve para guardar la semilla. Porque con el cambio climático a veces uno pierde la semilla, pierde las plantas, se pierde todo y hay que ir a buscar las semillas de nuevo”, explica Julio Gamboa.

“Al no tener químicos, toda el agua que escurre desde el predio no va contaminada. (…) Antes en los canales había muchos peces, pero ya no hay, por la contaminación”.
Cambio climático y contaminación
El cambio climático, agrega, se siente fuerte en el campo. Las altas temperaturas (hasta 40 grados) y las modificaciones en los patrones de lluvia causan estragos en los cultivos. Frente a esto, sostiene, es cada vez más necesario incorporar prácticas amistosas con los ecosistemas, con el suelo y con el ciclo del agua.
“El calentamiento global, el cambio climático, nos afecta mucho. Con el calor se abortan muchas flores de las plantas. No cuajan. Y como son cosas naturales, la vida es así, no puedo curarla. Es otro ritmo; además, las plantas nativas son más lentas para florecer y para madurar también los frutos (en el caso del tomate)”, relata el guardián de semillas.
Por otra parte, dice, “un huerto agroecológico tiene que ver con todo, cuida el agua, el medio ambiente, el sistema biológico, el ecosistema, la salud, con el bienestar de las personas”.
Es por esta razón que cree que es muy necesario que cada día haya más cultivos agroecológicos, que no usen químico, “por el tema de la contaminación, porque todos los agroquímicos son volátiles”.
Julio Gamboa manifiesta su profunda preocupación por las consecuencias del uso de agroquímicos, especialmente en su región y en la región del Maule, donde la agroindustria en la principal actividad productiva. “Si yo le contara cuánta gente hay enferma en nuestra región por culpa de los químicos, no sé, estaríamos todos asustados”, comenta.
“Lo que se les pide a estos caballeros es que hagan la agricultura, pero con respeto al medioambiente, y le bajen un poco las cargas de químicos a la producción que ellos tienen. Nadie les está diciendo que no lo hagan, pero que lo hagan más de acuerdo con el medioambiente”, sostiene el agricultor de Malloa con relación a los grandes productores.
En contraposición, a sus 72 años, Julio Gamboa es un hombre sano y activo, lo que atribuye en gran medida a su alimentación.
“Estoy bien de salud, doy charlas, juego al tejo, hago deporte, estoy bien. Los huertos agroecológicos son huertos con salud y bienestar. La única opción de comer saludable son estos huertos agroecológicos, los huertos orgánicos y la agricultura limpia. No hay otra opción de comer saludable”.
“Yo siempre le digo a mi gente que la mayor ganancia de estos huertos es el autoconsumo, por la salud, y además es una tremenda economía familiar”, dice Julio en relación al beneficio que significa salir al huerto y sacar lo que va a consumir.

Feliz por perder clientes
La familia Gamboa Machuca tiene su casa en el mismo terreno donde está su huerto Eco-Corcolén, así que junto con las labores agrícolas reciben allí a sus clientes y también visitas que van a conocer en qué consiste la agroecología.
“Tenemos clientes de Santiago, Rancagua, Requínoa, Machalí, San Fernando, San Vicente, de muchas partes. Hace poco vino una persona de Purranque que queda en el secano costero, o sea, se demoran 3 horas en llegar acá al huerto. Vino a comprar y a conocer el huerto, porque tenía ganas de hacer un huerto”.
Muchas de las personas que llegan a su huerto van con el interés de aprender y saber más de agroecología, pero hay otro tipo de clientes: están los que solo van a comprar y también están lo que él llama los “Pachamama”, es decir, aquellos que “aman la naturaleza, la gozan, se meten a ‘pié pelado’ y pisan la tierra”.
“Nosotros, como guardianes, producimos, conservamos y entregamos conocimiento. Hacemos charlas a colegios, a Prodesales, a cualquier persona que venga. Y todos los guardianes somos así, los que tenemos huertos agroecológicos, porque nos interesa que las personas hagan su huerto agroecológico. Una huerta así, aunque sea en un patio, en un balcón, no sé, donde puedan”, sostiene Julio Gamboa.
“Hemos perdido varios clientes porque les hemos enseñado a hacer huertos. Y eso nos tienen muy contentos. Se van algunos, pero llegan otros”, cuenta feliz el guardador de semillas.
Por esto y por lo que ve a su alrededor, Julio Gamboa es optimista. Cuenta que cuando empezó eran unos pocos los que se reunían, los “convencidos”, pero ahora cada vez llega más gente: “Hemos crecido como familia, hemos crecido en la comuna. Hay más agroecológicos. Hay bastante más que hace 25 años. Antes llegaban 10 personas, ahora en una charla hay 50 o 60. Esto va a seguir creciendo, lo estamos viendo”.
“Hemos ido cambiando porque cada día es más necesario. Por el calentamiento global, el cambio climático. Un huerto agroecológico tiene que ver con todo, con el agua, con el medio ambiente, con el sistema biológico, con el ecosistema, con la salud, con el bienestar de las personas”, concluye Gamboa.








