Ulrike Broschek, experta en temas hídricos: “Perú nos lleva 20 años de delantera en políticas públicas intensivas en agua”
La Subgerenta de Sustentabilidad de Fundación Chile y Directora de Escenarios Hídricos 2030, comenta con preocupación que el tema del agua ha perdido protagonismo en la agenda pública, a pesar de que los dos últimos años el 80% de las regiones de Chile presentaron un acumulado anual de déficit en relación a un año normal. “La buena noticia”, dice, es que en esta materia el país “no está polarizado”. “Tenemos consenso sobre las soluciones y la institucionalidad que necesitamos. Falta un liderazgo político para implementarlas”, sostiene Ulrike Broschek.
Más allá de las lluvias de los últimos días en la zona centro-sur, y de que en las grandes ciudades se mantiene el abastecimiento constante de agua potable, Chile vive una megasequía que ya es estructural, es decir, dejó de ser un fenómeno eventual para ser una condición permanente.
En términos simples, esto quiere decir que en el país precipita (lluvia y nieve) menos de lo que era natural, o normal. Si bien esta situación se está viviendo a nivel global, debido al cambio climático -aumento de temperatura y reducción de precipitaciones-, en Chile tiene características particularmente preocupantes. El Instituto de Recursos Mundiales (World Resources Institute) del Pacto Mundial de las Naciones Unidas sitúa a Chile en el lugar 16 de los 25 países con estrés hídrico extremadamente alto. Es el único país latinoamericano en este triste top 25, donde comparte podio principalmente con países del Medio Oriente y África.
Ese estrés hídrico significa que la demanda de agua es más alta que la cantidad disponible. Cuando esto ocurre, el agua que se usa va consumiendo las reservas -acuíferos, glaciares, humedales, ríos, etc.-, que no alcanzan a recuperarse porque llueve menos. El riesgo es que las reservas disminuyan tanto que ya no se puedan sostener las actividades económicas, ni la naturaleza, ni las necesidades humanas.
Ayer, 22 de marzo, como cada año en esta fecha, se conmemoró el Día Mundial del Agua, una efeméride destinada a recordar a la humanidad la importancia vital de este recurso y la urgencia de cuidarlo.
Con motivo de este Día Mundial del Agua, País Circular conversó con Ulrike Broschek, directora de Escenarios Hídricos 2030 (EH2030), iniciativa que cumple una década trabajando en pro de la seguridad hídrica en el país a partir de una gobernanza colaborativa, donde integra a diversas instituciones públicas y privadas, junto con la visión ciudadana y académica.
En sus diez años de vida EH2023 ha generado tanto diagnósticos como propuestas concretas de acción. Por ejemplo, en el estudio “Transición Hídrica: El futuro del agua en Chile” identificó que el 44% de los problemas de brecha y riesgo hídrico se originan en fallas en la gestión del agua y su gobernanza. Asimismo, presentó el portafolio MAS, con 212 medidas, acciones y soluciones hídricas. También elaboró una propuesta de Institucionalidad del Agua para el país, y hojas de ruta para la seguridad hídrica en las cuencas de Maipo y Maule, entre otros productos.
A partir de su experiencia, tanto en EH2030 como desde su rol de Subgerenta de Sustentabilidad de Fundación Chile, Ulrike Broschek posee una mirada crítica en relación a la forma en que se ha enfrentado la crisis hídrica en el país: “Si nos comparamos con otros países latinoamericanos que han generado políticas públicas intensivas en agua, en relación a ellos llevamos más o menos 30 años de atraso”.
“Tener un 80% de las regiones sistemáticamente con déficit es un tema súper preocupante. A partir de esa evidencia, Chile tiene un problema estructural en el tema del agua. Y no tenemos una política pública intensiva, consistente en esta materia”.
-El último tiempo los problemas de escasez hídrica parecen no estar muy presentes en la agenda pública ¿Cómo observa la situación en términos generales?
Hay una percepción de que el problema del agua bajó, o que la megasequía quizás no continuó, o hubo una pausa. Hay una percepción de que hubo años más lluviosos últimamente y eso hizo caer harto el tema a nivel de prioridad. Pero los datos y la evidencia dicen otra cosa: por ejemplo, el año pasado terminamos con un 80% de las regiones en déficit de precipitación, o sea, 13 regiones presentaron un acumulado anual de déficit en relación a un año normal.
-¿Eso es en el norte y centro …?
No. De hecho, en la zona sur el déficit ha sido consistente y sistemático año a año. En las regiones del norte y la zona centro va variando, pero en el sur es permanente. El año 2024, en que tuvimos el fenómeno del Niño, también el 80% de las regiones terminaron con déficit respecto de años normales, de acuerdo a información de la Dirección Meteorológica.
Tener un 80% de las regiones sistemáticamente con déficit es un tema súper preocupante. A partir de esa evidencia, Chile tiene un problema estructural en el tema del agua. Y no tenemos una política pública intensiva, consistente en esta materia.
Si nos comparamos con otros países latinoamericanos que han generado políticas públicas intensivas en materia hídrica, en relación a ellos llevamos más o menos 30 años de atraso. Brasil, por ejemplo, nos lleva 30 años de delantera. También México. En el caso de Perú, que es productivamente muy similar a nosotros en cuanto a minería y agricultura, tiene 20 años de delantera. Y eso se nota en los resultados.
-¿En qué se evidencia este retraso de Chile?
En que no tenemos una gestión descentralizada del agua, desde las cuencas. Chile necesita profundizar la descentralización en la gestión del agua para aprovechar el capital humano, la experiencia y el conocimiento que existe en las cuencas. Si observamos que tenemos 101 cuencas hidrográficas, con realidades y problemas distintos, no es factible que desde un nivel central podamos abordar adecuadamente el problema. Por otra parte, los territorios necesitan atraer inversiones y recursos para implementar las soluciones.
Además, a nivel de agenda país nos falta priorizar este tema y contar con un liderazgo político para conducir el problema al agua.
Los problemas estructurales son principalmente dos: la institucionalidad y la implementación de soluciones.
En cuanto a estos temas, la buena noticia es que ya existen diagnósticos y propuestas, con acuerdo transversal de qué es lo que hay que hacer, cuáles son las soluciones que hay que implementar y cuál es la institucionalidad que necesitamos. Ya hay varias propuestas arriba de la mesa. Desde el Escenarios Hídricos 2030 construimos varias con muchos sectores a nivel país.
Hoy día, en Chile, este tema no está polarizado, como ocurre en otros temas. Los sectores de la agricultura, minería, academia, comunidades, el sector sanitario, se han juntado en reiterados ejercicios para evaluar los diagnósticos sobre el agua, para actualizarlos, para generar las propuestas y ya hay consenso en estos puntos.
Lo que se necesita es el liderazgo político para llevar ese consenso a la implementación.

“Siempre se ha planteado, y hay un consenso transversal, que el ideal es llegar a una Agencia Nacional de Recursos Hídricos como una entidad autónoma, robusta técnicamente, que trascienda a los periodos gubernamentales de cuatro años, y que trabaje directamente con organismos de cuenca en cada una de las diferentes cuencas hidrográficas”.
-Cuándo habla de descentralización, ¿se refiere a establecer organismos de cuenca?
Así es. Cuando hablamos de descentralizar la gestión del agua hay que entender que tenemos 101 cuencas hidrográficas, con 101 realidades, problemas y necesidad de soluciones diferentes. En el mundo esto se ha resuelto a través de los organismos de cuenca, donde se reúnen los representantes del territorio de los diferentes sectores para planificar; priorizar, ejecutar y articular inversiones; hacer seguimiento y monitoreo de avances, de resultados, de las soluciones que se van colocando en cada territorio.
Chile no cuenta hoy día formalmente con organismos de cuenca. Si bien tenemos Organizaciones de Usuarios de Agua (OUAs), y hay algunas muy avanzadas, que han trabajado por mucho tiempo y tienen tecnología y grandes capacidades, las OUAs no están en todo el país y tampoco están a nivel de la cuenca completa, sino que operan por secciones de río. Lo que necesitamos es unir a la cuenca como un todo para la gestión. Chile es el único país de la OCDE que no tiene esa figura dentro de la institucionalidad. Incluso en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) existe una meta específica -el ODS 6- para medir el nivel de avance en la gestión del agua, y Chile está en el último lugar a nivel mundial.
Estamos muy atrasados en el tema de la institucionalidad del agua, en relación a los organismos de cuenca y a la institucionalidad nacional.
-El consenso que menciona existe hace algunos años, sin embargo, no se le ha dado prioridad ¿por qué?
Una de las razones es que todavía no hemos tenido cortes de agua en ninguna ciudad grande. Esto es gracias a que ha existido una gestión en el sector sanitario -que es importante reconocer-, que ha logrado sostener la oferta de agua. No ha sido fácil y va a seguir así, porque hay muchas complejidades detrás de eso. Pero la percepción de que hay agua, de que no hemos tenido cortes, ha bajado el tema a nivel de agenda. Y no es lo que necesitamos; no es lo que el sector sanitario necesita tampoco. Se requiere poner el tema en la agenda para asegurar el abastecimiento a futuro, porque estamos agotando la reserva de agua, como las aguas subterráneas.
En el sector rural hay muchos problemas de agua, pozos agotados, comunidades que llevan años con camiones aljibes, pero el foco no está ahí, solo se ve lo que pasa en las ciudades
La otra razón es que tenemos una institucionalidad fraccionada. Hay 56 organismos públicos que tienen competencias legales distintas y fraccionadas en el tema del agua, y cada uno ve su espacio de atribución y no se está observando el conjunto, de forma integral. Por eso se debe buscar una institución que unifique las competencias relevantes y que tenga el poder y liderazgo suficiente para llevar adelante una política pública.
Lo que hemos detectado es que la Dirección General de Aguas (DGA) es la institución que cuenta con la mayor cantidad de atribuciones, con poco más del 50% de las atribuciones en materia de gestión de agua. Y tiene las competencias de liderazgo. Si a la DGA se le elevara de jerarquía, si se potenciara y se aumentaran sus recursos tendríamos una entidad que se podría transformar en una Agencia Nacional de Aguas. La figura de Autoridad o Agencia Nacional del Agua existe en otros países, como Brasil y Perú. En Chile hace más de 15 años el Banco Mundial recomendó avanzar en esa dirección -a partir de la DGA-, pero no hemos sido capaces de generar esa institución.
Y por otro lado tenemos un mercado de derechos de agua para el sector productivo, para sostener el desarrollo económico, que ha buscado sus soluciones y sus formas de sostenerse de distintas maneras. Se destinan muchos recursos a proyectos que, por no tener economías de escala, encarecen el recurso para las empresas, disminuyendo su competitividad. (…) Hay trámites largos, a veces se compite con otros sectores, en algunas regiones hay oposición de comunidades que se ven afectadas… Todo esto se produce por la falta de una mirada de conjunto, de un espacio de coordinación y una gobernanza local.
“Hoy en día es más barato conservar que reemplazar. Si comparamos lo que cuesta una desaladora con lo que cuesta conservar un humedal, la diferencia es infinita”.
-¿Es posible avanzar de manera rápida para tener esa institucionalidad, ese liderazgo?
Creo que esto tiene que ser visto de una manera bien ágil y pragmática. El liderazgo puede ser tomado perfectamente por un ministro -por ejemplo, el ministro de Obras Públicas-, para conducir un proceso que genere esa institucionalidad, con metas a un corto plazo, y después a un mediano y largo.
El corto plazo es tomar la institución que tenga las atribuciones y empoderarla, darle el liderazgo para llevar adelante una estrategia nacional de recursos hídricos, con el trabajo en las distintas regiones. Avanzar en las soluciones con portafolios de proyectos para responder a los problemas de las distintas regiones, es decir, respetando la diversidad de soluciones y combinaciones de soluciones.
Luego, en el mediano y largo plazo, hay que ver cómo esa institución puede ir evolucionando a una Agencia. Siempre se ha planteado, y hay un consenso transversal, que el ideal es llegar a una Agencia Nacional de Recursos Hídricos como una entidad autónoma, robusta técnicamente, que trascienda a los periodos gubernamentales de cuatro años, y que trabaje directamente con organismos de cuenca en cada una de las diferentes cuencas hidrográficas.
-Respecto al nuevo gobierno, ¿hay alguna señal que haga prever si se va a priorizar el tema agua?
No, no está muy claro. En los programas presidenciales uno podía ver más o menos las propuestas, y creo que hay que esperar un poco para conocer bien esos lineamientos, qué cosas se van a priorizar. Puedo imaginar que se va a querer agilizar lo que tiene que ver con infraestructura, obras y proyectos en carpeta.
-El programa de José Antonio Kast mencionaba la desalación y el reúso de agua… ¿Cómo ve estas medidas?
La desalación probablemente no va a ser la respuesta para todo el territorio nacional. Sí está siendo una solución para el norte, donde las matrices de consumo de agua son pequeñas. Si se pone una gran desaladora hay un sector minero que puede pagarla, y está la oportunidad de generar sistemas integrados de desalación multipropósito, para generar un desarrollo y crecimiento en el norte, tanto en minería, como industria y agricultura.
En el norte también es relevante la solución de reúso de aguas residuales tratadas para fines de desarrollo productivo regional. Hay una experiencia en Antofagasta, por parte de [la empresa sanitaria] ECONSA, con un proyecto en construcción para reutilizar las aguas del emisario submarino.
También en la zona norte, en los sectores altoandinos, asoma otra solución. A partir de las intensas lluvias del invierno altiplánico, ese enorme volumen de agua podría ser aprovechado mediante infraestructura verde. Esto significa fomentar cierta vegetación que permite almacenar esa agua; por una parte, se evitan los aluviones, que arrasan con infraestructura y vidas humana; y, por otra parte, esa agua se puede infiltrar en los acuíferos, puede servir para alimentar vegas altoandinas, humedales, y entonces sirve para la ganadería, para el riego agrícola, para actividades industriales.
-Y para el centro y sur, ¿qué soluciones serían más adecuadas?
Hacia la zona centro y sur la matriz de demanda de agua aumenta exponencialmente. Por ejemplo, en el Maipo -una cuenca que hemos estudiado mucho- lo que más pesa como solución es la eficiencia en el uso del agua, que dentro de un conjunto de soluciones aportaría un 72% del volumen total de agua requerida para abordar la brecha; mientras que las soluciones basadas en naturaleza (SbN) -para almacenar, captar agua de lluvia- aportarían un 18% del agua. Las nuevas fuentes, como la desalación, solamente aportarían un 9%.
La situación cambia mucho respecto del norte porque en el Maipo la brecha de agua que tenemos actualmente es de 62 m3 por segundo de agua. Ese es el volumen que nos está faltando, y con el cambio climático, el año 2050 va a crecer a 92 m3 por segundo de agua. Y resulta que una megadesaladora, la más grande que hemos puesto en Chile, entrega 4 m3 por segundo de agua. Entonces, para cubrir la brecha a 2050 necesitaríamos 23 mega desaladoras. Y no caben en la costa de San Antonio, donde desemboca la cuenca del Maipo. Se puede pensar la desalación para usos específicos, pero no alcanza para sostener el desarrollo en la cuenca.
En el sur también es relevante la eficiencia, porque hay una migración productiva hacia esa zona y está el riesgo de sobreexplotar los recursos, sobre todo porque en el sur todos los años registran déficit de lluvias.
Junto a la eficiencia, en el sur la infraestructura verde tiene un potencial enorme; captar las lluvias en invierno, almacenarlas, infiltrarlas a los acuíferos y usarlas para actividades productivas, para sostener el consumo humano y, por supuesto, los caudales ecológicos. El aporte de las soluciones basadas en la naturaleza puede llegar a un 50, 60, hasta un 70% del agua necesaria para cubrir la brecha. El peso de las SbN crece hacia el sur porque hay más lluvia para aprovechar.
“Creo que estamos un poco sesgados en decir que necesitamos destrabar, por ejemplo, planes de embalses o desalación, que son relevantes en algunos territorios y deben avanzar, pero que no son soluciones que vayan a completar el abordaje de la brecha de agua de las diferentes regiones”.
-¿Cuánto influye la demora en algunos permisos para avanzar en las soluciones hídricas?
Es cierto que existe una situación respecto a los permisos, que pueden demorar proyectos y obras, y eso hay que destrabarlo para avanzar con proyectos de desalación, de embalses, etc. Sin embargo, no podemos empujar solamente ciertas soluciones y ciertos proyectos, sino que tenemos que pensar paralelamente en soluciones y proyectos alternativos, de corto plazo, que sean sostenibles, y que no requieren permisos complejos.
Cuando desarrollamos el portafolio del MAS (medidas, acciones y soluciones), vimos que más del 80% de las soluciones se pueden hacer en el corto y mediano plazo: todas las que tienen que ver con eficiencia en el uso del agua, contener la demanda, tecnificación de riego y soluciones basadas en naturaleza.
Además, los proyectos de gran escala -que normalmente se demoran-, si fueran multipropósito, es decir, que varios se beneficien de la solución, tendrían más legitimidad y más licencia para avanzar rápidamente.
Hay que ser estratégicos en las carteras de proyectos. Creo que estamos un poco sesgados en decir que necesitamos destrabar, por ejemplo, planes de embalses o desalación, que son relevantes en algunos territorios y deben avanzar, pero que no son soluciones que vayan a completar el abordaje de la brecha de agua de las diferentes regiones. Debiésemos tener un mix de acciones; en paralelo a las obras más grandes también tener soluciones sostenibles de corto y mediano plazo. Y las hay, como la eficiencia y las soluciones basadas en la naturaleza.
Hay que pensar de una forma nueva, porque si seguimos haciendo lo mismo de siempre, no vamos a lograr un resultado distinto.
-Los últimos días ha habido inquietud porque el Ministerio del Medio Ambiente frenó -al retirar 43 decretos desde Contraloría- varias acciones destinadas a la conservación. Pensando en la provisión de agua, ¿qué tan relevante es la conservación?
Hoy en día es más barato conservar que reemplazar. Si comparamos lo que cuesta una desaladora con lo que cuesta conservar un humedal, la diferencia es infinita.
A lo largo de todo el país hay ecosistemas relevantes en este sentido. En la zona sur, donde los ecosistemas probablemente entregan un volumen mucho mayor de agua, es importante localizar esas áreas, entender su contribución, no solo para fines ambientales y biodiversidad, sino que también para reserva de agua, y como fuente natural de agua para la agricultura, para el desarrollo, para el consumo humano.
Tal vez las SbN, los ecosistemas, no han estado dentro de la ecuación en el desarrollo de obras y de proyectos nuevos, y ahí es donde creo que está el problema; hay que integrarlos y que sean parte del desarrollo. Por ejemplo, cuando se toma la decisión de aumentar la superficie en una ciudad, y quizás va en contra de un ecosistema, o de alguna cobertura vegetal, hay que tener eso muy claro para ver cómo se va a reemplazar esa funcionalidad. Es decir, generar un balance, un equilibrio entre lo que es más costo-eficiente conservar, versus lo que se necesita para el desarrollo y que se puede reemplazar, de manera de no perder esa funcionalidad.
La infraestructura verde urbana es algo que se está haciendo en ciudades como Nueva York y Estocolmo. En Europa están generando ciudades verdes, resilientes, con bienestar, con salud, sin olas de calor (… ) Creo que es interesante conocer esta experiencia internacional para pensar un desarrollo armónico y respetuoso con el medioambiente.
-En Chile hay algunos proyectos piloto, pero no se masifica…
Lo que pasa es que se piensa de una manera muy polarizada: o conservo el medioambiente o tengo desarrollo. Tenemos que integrar ambos componentes con una mirada nueva. Ahí está el desafío: cómo seguir desarrollándonos en equilibrio con la función ambiental en todas sus expresiones. Eso puede generar muchos mercados, empleo, crecimiento, nuevos conocimientos, nuevas tecnologías.

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