Kendel: recuperación de agua y componentes valiosos desde la salmuera
Ad portas de iniciar una ronda de inversión para construir un piloto industrial, esta empresa ha validado a escala de laboratorio un sistema de recuperación de agua y compuestos valiosos desde salmueras de agua de mar, apuntando a que las plantas desaladoras tengan disponible mayor cantidad del recurso y sean más rentables al obtener minerales como el magnesio, que hoy concita mucho interés en la industria aeronáutica, automotriz y en la construcción.
Daniel Maturana y Álvaro González se conocieron en la universidad estudiando bioquímica, se hicieron amigos y siempre se plantearon como meta formar una empresa. Sin embargo, cada uno se acercó a una determinada especialidad y sus caminos se bifurcaron parcialmente: Maturana se especializó en innovación aplicada y fue docente durante más de un decenio, casi el mismo tiempo en que González -especialista en electroquímica- trabajó en un centro de investigación industrial, desarrollando tecnología de frontera.
En 2021, aún con la pandemia muy presente en las vidas de las personas, Maturana y González volvieron a converger en sus caminos. “Siempre quisimos que la empresa fuera de base científico-tecnológica para desarrollar temas de impacto global. Y estuvo dando vuelta la idea de hacer algo con hidrógeno verde o agua. Justamente nos decantamos por esta oportunidad que vimos: modernizar las plantas desaladoras de agua de mar”, explica Maturana, cofundador y CEO de la empresa Kendel, para quien “nuestra visión es convertir a las desaladoras en plantas fijadoras de carbono y productoras de una multitud de productos útiles para la sociedad”. González, es tanto, es cofundador y CTO de la firma.
La situación es crítica, según Maturana, porque “por una limitante tecnológica propia del proceso de osmosis inversa, las plantas desaladoras tienen una tasa de recuperación que bordea el 45 por ciento; el resto, se descarga como salmuera de vuelta al mar. En ese aspecto, “el agua que está volviendo como salmuera es de buena calidad, ya que pasó por un pretratamiento de filtración. Así, ideamos un sistema, tomando conocimiento actualizado del estado del arte, e ingenio en la integración de energía y subsistemas de separación, para destrabar algunas limitaciones de las desaladoras”.
La salmuera que es vertida al mar, asimismo, contiene minerales que se pueden recuperar y químicos que se pueden sintetizar. De ahí que en Kendel hablen de revalorizar la salmuera que forma parte del proceso de desalación. “Estamos en proceso de patentar una tecnología que permite este tipo de separación, con tal de modernizar los procesos para que las plantas tengan una mayor recuperación de agua, distinta a las aguas continentales, y abrir una nueva línea de negocios con los minerales y químicos producidos para mejorar la economía de las mismas desaladoras”, apunta el CEO de Kendel.

“Siempre quisimos que la empresa fuera de base científico-tecnológica para desarrollar temas de impacto global. Y estuvo dando vuelta la idea de hacer algo con hidrógeno verde o agua. Justamente nos decantamos por esta oportunidad que vimos: modernizar las plantas desaladoras de agua de mar”.
El proceso de Kendel
En estos precisos momentos, la empresa ya cerró el piloto de laboratorio y se apronta para abrir una ronda de inversión para construir un piloto industrial que se instalará en el norte de Chile, donde se encuentra la mayoría de las plantas desaladoras del país. El proceso que llevará Kendel es de base electroquímica y consiste básicamente en “tomar la corriente de la salmuera, que es parte de la salida del proceso. Nosotros buscamos anexarnos sin interferir en la operación, antes de que la salmuera vuelva al mar”, comenta Maturana.
Luego, Kendel espera devolver agua blanda a las plantas desaladoras, que retorna directamente al proceso de osmosis inversa, pero ya sin la concentración original de sales incrustantes, lo que reduciría el desgaste al que se ve sometido el sistema. “Eso significa un beneficio importante en la operación de desaladoras, disminuyendo la mantención de las membranas y el requerimiento de captación de una fracción de agua de mar y el respectivo pretratamiento”, agrega el bioquímico.
Si se apuesta a números conservadores, y con el modelo actual, Kendel podría recuperar al menos el 30 por ciento del contenido de la salmuera para revalorización en forma de agua disponible para las plantas y de minerales con gran valor en el mercado, y disminuir proporcionalmente la salmuera descargada de vuelta al mar. “Pretendemos impactar indirectamente en el problema de la sequía, justo cuando la escasez hídrica está declarada en gran parte de las regiones del país”.
Kendel ya cuenta con pre-acuerdos con plantas desaladoras del norte, aunque Maturana reconoce que “ese salto es complejo”. Cuenta él que podrían seguir con fondos públicos -ya se han adjudicado, por ejemplo, el fondo Startup Ciencia de la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID)- pero “se demoraría mucho más de lo que tenemos proyectado”. En agosto, de hecho, comenzarían a buscar inversionistas interesados en hacer escalar este proyecto.

“Eso significa un beneficio importante en la operación de desaladoras, disminuyendo la mantención de las membranas y el requerimiento de captación de una fracción de agua de mar y el respectivo pretratamiento”.
La oportunidad del magnesio
La salmuera que se vierte al mar en el proceso de osmosis inversa contiene, al margen de agua, minerales que pueden ser transados en el mercado. Dentro de esos minerales, según Maturana, “el más importante es el magnesio, que se comercia a nivel internacional y se usa en la industria aeronáutica, automotriz, y construcción en mayor medida”.
De acuerdo a Maturana, “el magnesio es un metal liviano, declarado crítico a nivel mundial porque está escaseando y se requiere para una transición efectiva en el uso de tecnologías verdes”.
También se plantea obtener varios subproductos químicos como ácido clorhídrico, sulfúrico, hidróxido de sodio y carbonato de calcio, pero la idea de Kendel es negociarlo con las mismas plantas desaladoras, que utilizan algunos de estos compuestos para la operación del proceso. “Esperamos que las plantas bajen sus costos operativos con la síntesis in-situ y autoconsumo de químicos”, sugiere el emprendedor.
Asimismo, Kendel podría impactar a la industria en términos económicos. Según Maturana, las plantas desaladoras recuperan su inversión en un plazo de entre 8 y 12 años, mientras que, a partir de la intervención de Kendel, es posible que el retorno de la inversión sea entre 5 y 8 años. “Esto podría impulsar que exista un mayor incentivo económico en los proyectos de desalación”, aduce.
Por supuesto que la idea de Kendel es asociarse inicialmente con las plantas desaladoras de osmosis inversa que existen en Chile. Hay varios proyectos en desarrollo y se proyectan 50 instaladas para el año 2030: “Existe una ventaja geográfica de operar en Chile y hay tecnología madura disponible: nuestro país es referente mundial en temas de desalación”, añade Maturana.

“Existe una ventaja geográfica de operar en Chile y hay tecnología madura disponible: nuestro país es referente mundial en temas de desalación”.
El premio en Desafío Emprendedor
El trayecto de Kendel se ha ido sedimentando gracias a la adjudicación de varios fondos: por ejemplo, en el año 2023, fueron ganadores del Desafío Mundial de BHP al que postularon junto a la Universidad de Concepción para proponer una solución de revalorización de salmueras proveniente de Nickelwest, una minera de Australia.
También obtuvieron el segundo lugar en Startup Biobío 2023 y, recientemente, finalizaron un Startup Ciencia de la ANID. Hoy están ejecutando un Semilla Expande de CORFO. Sin embargo, en 2022, postularon por primera vez al Concurso Desafío Emprendedor de Banco de Chile. No quedaron seleccionados y eso los hizo replantearse el modelo de negocio propuesto.
No obstante aquello, los socios se animaron a postular a la novena versión del Desafío Emprendedor y, esta vez, obtuvieron el segundo lugar en la categoría Desafío Global, es decir, dedicado a soluciones que tienen un impacto internacional. “Postularon 23 mil empresas y ya quedar entre las 100 primeras en el Desafío Global era increíble. Luego estar entre los 10 finalistas y salir segundos, fue tremenda noticia”, cuenta Daniel.
En definitiva, según Maturana, “cada proyecto ganado o adjudicado es un hito de confianza que les muestras a los inversionistas, que valida que vamos por buen camino. Esto demuestra que hay interés genuino en el proyecto y es una puerta de acercamiento hacia otros actores”.









